31 oct. 2009

los periodistas de rock sí son unos lelos que no saben escribir (este post es onda smart-ass mala onda, si lo piensan no necesito escribir esto)

Mi primer encuentro con las reseñas de discos fue en una revista La Mosca que, de hecho, creo que aún tengo (pese a haber tirado muchas que compraría después). Es, si no me falla la memoria, de Abril de 1999, tenía a los Beastie Boys en portada (mi grupo favorito en aquel entonces). Recuerdo muy bien, eso sí, la situación: la compré en la Comercial Mexicana, la huelga de la UNAM estaba a unos días de estallar si no es que ya lo había hecho y le daba un trasfondo de desempleo más grande a esto, iba con mi mamá, creo que la había visto en la sección de revistas de las cajas y me la llevé para leer mientras rellenaba el agua en la máquina de Harmony Brook (cuando alguien dice la marca de lo que está hablando en vez de sólo decir de qué producto se trata siento que es lo más gringo del mundo). El artículo de Beastie Boys era corto y sencillo, pero el resto de la revista se veía lo suficientemente apetecible para gastar $15 y comprarla. Mi historia de compra de revistas es discontínua: puedo ser mucho muy fan de una y dejar de comprarla al día siguiente. Buena parte de mi niñez la pasé leyendo la Club Nintendo (el número 3 fue algo así como mi regalo de Navidad en 1991); alguna vez traté de comprar comics (no puedo leer comics, se me hace lo más pesado del universo); hoy día compraba la Baby Baby Baby pero ya no la encuentro. El caso es que la llegada de una revista nueva a mi casa siempre suponía verter todo mi tiempo en ella en los días siguientes (a esa edad el tiempo pasa muy lento). Mi encuentro con La Mosca fue mi primer encuentro con una revista de corte 'juvenil' pero 'subversiva' y, especialmente, de esas que decía groserías. Más que groserías, llamaba la atención que era el tono y no tanto las palabras lo que retenía un tono sumamente violento. Este es el tono del que habla para que lo escuchen, pero para mí era muy nuevo. Los articulistas despotricaban abiertamente de MTV, Telehit, Molotov, y al mismo tiempo, y con la misma violencia, alababan a bandas underground, algunas de las cuales nunca volvería a escuchar (como Sonios, Lost Acapulco, Sr. González y El Gran Silencio). Lo que más me llamaba la atención del tono 'escucháme cabrón' era que no parecía albergar espacio para la duda. Por decirlo como lo leerías en un libro de sociología, era un comentario ingenuo que no albergaba su propio contracomentario, no tenía un mínimo dejo de humor y no suponía posible que existiera algo que pudiera no ser. Es por esto que cuando lees consignas de mantas estudiantiles en marchas (estoy de acuerdo, Elso, las marchas son lo más naïve del mundo) no puedes dejar de sentir una especie de pena ajena al leerlas: están completamente indefensas, y uno siempre siente pena ajena por quien no tiene ya nada a su favor. Dicho de otro modo, uno no puede sentir ninguna empatía con este tipo de escritura: o te adhieres a lo que dice o dices no way. Este, por simplón y burdo que sea, y estamos hablando de un chico de 15 años, es el principio de aprender a pensar por uno mismo. Cuando mis compañeros paristas de 15 años hablaban, para mí era obvio que habían leído más que yo y que conocían cosas que yo ni por equivocación conocía (como los pies de página y palabras como sociología o marxismo), pero que difícilmente eran más listos que yo. No way, en serio. Si eres un adolescente de 15 años que no lee, que usa pants y gorra y que veía caricaturas y sientes que un contemporáneo que habla de derechos sociales y hacer una huelga no es más listo que tú debe haber un problema, y la única manera de creerte más listo que alguien es ser un cretino, y si no lees, usas pants y gorra y ves caricaturas no puedes ser un cretino, a lo mucho un tonto, pero no un cretino, así que debía haber algo en la manera de decir de estas personas (ya sea que hablaran del Ché Guevara o de Sekta Core o los dos) que estaba mal. Es como en la película de South Park, cuando la chica que le gusta a Stan se enamora del francés que viene a organizar una revuelta para que liberen a Terrance y Phillip. Debe ser como una versión retorcida de cuando tienes 8 años y ya quieres aprender a manejar pero por el lado cultural, que ya le quieres gritar a la gente qué hacer. Regresando a La Mosca de Abril de 1999, este era el primer momento de novedad: pensar en voz alta. Podías, por la música que escuchabas, hacer una bandera y sugerírsela a alguien más. Algunos de los artículos que pasaban por el número de La Mosca además del de Beastie Boys eran sobre el Push the button de Money Mark, un disco de Sonios y Guillotina, el Are you experienced? de Jimi Hendrix, así como reseñas de discos aislados, como el 4 de Lost Acapulco, Celebrity Skin de Hole o NYC Ghosts & Flowers de Sonic Youth. Creo que es difícil, pero una revista como estas puede, no obstante, representar un primer momento en una educación 'cultural' de alguien (no sentimental, sino cultural, de cuando cada cosa nueva que conoces es una adquisición nueva, de cuando no escuchas aún, sino que consumes), sobre todo por un hecho: venían reseñas de películas underground y de arte así como de discos de jazz y blues. Por supuesto, estas reseñas eran por demás simplonas (cuando lees que alguien se expresa de Jamal Davies o similares como 'una chingonería jazzística' sabes que algo ahí no está bien canalizado) y los músicos eran músicos de cajón (en 1999 podías encontrar reseñas de Miles Davis o John Coltrane por jovencitos que apenas los descubrían, pero como nadie conocía al respecto, un editor complaciente no veía mal que se incluyera cualquier artículo con tal que fuera Jazz). Además, las películas, obviamente, eran lugares comunes de los cineclubes estudiantiles. En esta, reseñaban Doberman y hablaban de las películas de El Santo como joyas de la cinematografía mexicana; no discuto que lo sean, pero tienen más de 30 años para que alguien te quiera cuentear con eso. Es más o menos por este tiempo que el auge del diseño popular mexicano como kitsch empezaba a popularizarse en varios medios de comunicación del tipo 'jóvenes'. El punto culminante de extrañeza con el mundo juvenil-contestatario-undermusical-culto de mi experiencia con La Mosca fue un fragmento de un cuento de Armando Vega-Gil, músico retirado y escritor mediocre que apostaba a asustar chavos (como Limp Bizkit o Requiem for a Dream en sus respectivos campos). Este texto hacía sobreuso de palabras rimbombantes, lugares comunes atractivos para un público de 15-19 años y temáticas prometedoras (drogas, chicas calientes y rock, básicamente). Como las personas que después de decir 'huitlacoche' voltean para ver si alguien se empieza a reír. Tuve varios momentos con La Mosca: reconocí el tono brutalmente coercitivo de los articulistas, el tono laxo y neutro de las reseñas de discos en particular (que hacía que pareciera que los discos estaban ordenados por color, sobretodo cuando existen "calificaciones" y recomendación tipo 'te puede gustar si te gusta...'), el tono aguerrido ingenuo de los que hablan de algún objeto de consumo cultural relativamente underground, lo ridículo del rock guera de lugar y tiempo y, también, la publicidad juvenil (La Mosca, como cualquier revista que viva de tener ingresos, no tenía problemas con tener en contraportada un anuncio del Maybe you've been brainwashed too de The New Radicals). Yo ya sabía que el rock estaba relacionado con una idea de rebeldía, pero era la primera vez que accedía a él de manera segura: por una revista. Esto no lo hacía más deseable ni tentador. He de decir que, pese a no sentir empatía con La Mosca en la pared, sí accedí a algunas bandas por ella (Guillotina, Jimi Hendrix, Yes), no hay gran cosa en decir esto en tiempos pre internet en México (en los que había mínimos accesos para muchas cosas), pero el tono hiperfiltrado del rock editorial hacía que los momentos musicales sonaran a adquisiciones culturales, era todo. Como mis compañeritos cuando presumían gustar de Lacrimosa y se burlaban que me gustara Plastilina Mosh. Creo que el quid de este post (si es que lo hay) es que las ideas de escuchar y consumir se confunden con muchísima facilidad cuando confundes las esferas en las que te desenvuelves. Prueba de esto en todos los sentidos está en un juicio simple: La Mosca en la pared era una revista increíblemente pretenciosa. Por alguna razón muy muy extraña, cuando regalaban la revista Círculo MixUp también en aquellos años, se sentía un aire sumamente diferente: despreocupados de 'tirar línea' y bajo la lógica simple de no escribir mal de algo que, por definición, se espera que se compre, las reseñas eran más mentalmente sanas, más elaboradas, menos en pie de lucha y, el punto importante, se sentía mucho más que escuchaban los discos. Por decirlo de alguna manera, cuando leías reseñas escritas desde revistas como La Mosca sentías que tenías suficiente con ir a la tienda y ver la portada del disco, mientras que con una reseña más sincera y menos pretenciosa podías desarrollar la necesidad de ir y escucharlo. No estoy santificando la crítica de música pagada y cómoda (podemos estar hablando todavía de gente que no sabe escribir ni escuchar), pero sí creo que esta es de las principales señales de distinción entre la música como adquisición y la música como experiencia: cuando quieres compartir con el mundo la música como una experiencia de vida no sientes la necesidad de usarla como pretexto o disfraz de tu propia esfera de una vida no resuelta y puedes proceder a hacer una contribución al mundo. O dicho de otro modo, cuando no quieres tirar línea ni usar tus adquisiciones culturales como pancartas, es cuando realmente empiezas a tener una experiencia. Dada la naturaleza de la música en esta primera década, más fashionable y trendy, una crítica común suele caer en lugares comunes como reducirse a decir: 'está bien padre' y apelar al chiste común con el lector. La complicidad no es un asunto nuevo en el mundo editorial: tú escribes mal y yo lo leo, ligero y rápido, y me comprometo a leer lo próximo. Sobre el paso de un columnista que escribe en términos medios a una figura de opinión pública no hay demasiado qué decir: se agradece una opinión ligera cuando se pretende leer lo mismo cada cierto tiempo, y así algunas figuras que no saben redactar dos renglones pueden convertirse en una opinión de confianza. Cuando escuchaba las Dos Horas Debrayan me gustaba la música que ponían y todo. Algunos años más tarde, conocí a una amiga que escuchaba cosas similares (rockabilly, garage, fuzz y esa música tocada como si hubiera sido escrita hace 30 años) y se expresaba con un orgullo desmedido sobre el hecho que le gustaba esta música. Recuerdo cuando fuimos a Tepito a comprar piratería, le preguntaba qué iba a comprar y decía algo así como que la música que le gustaba era muy rara y no la tenían. Cuando yo buscaba piratería ya sabía que no tenían discos de Gastr del Sol, Jazkamer, Glen Branca u Otomo Yoshihide, pero poder vivir, aunque sea por unos segundos, de alardear al respecto, era demasiado. Es cierto, la contracultura tiene una aportación en la educación de muchos, pero siempre he creido que es un completo error glorificar el underground. El underground no exige mucho (es cierto, piénsenlo), es más cómodo de lo que los fanzines dicen, suele pecar de conformista con facilidad y, sobre todo, estos músicos no son hérores. ya he dicho que es muy fácil ser un campeón en silla de ruedas: si el enemigo es un fantasma allá afuera que no te deja triunfar porque el mundo prefiere lo comercial and so, para tí será my fácil vivir de quejarte al respecto. Y hay carreras forjadas así. Los músicos de este tipo no son héroes, en verada que no. Es algo similar a cuando el arte vitupera los logros de los grafitteros como marginales, alejados del mainstream y puros, es muy fácil caer en la trampa e ignorar que son artistas movidos principalmente por el estilo, mucho más susceptibles de caer en las facilidades de la repetición y la autocomplacencia cobijados bajo la idea de que están peleando contra algo y que el mundo y los espacios les deben algo. Así como 'no hay foros de expresión' para esta música rara y difícil de conseguir, ni espacio para un arte al que nadie le quiere abrir las puertas (o, en serio, ¿alguien cree que el peso del mundo es sentido por un grafittero o un ilustrador con la misma fuerza con que lo percibe, digamos, Richard Serra? -ya sé que es como comparar a Pink Floyd con Los Cavernarios o Los Elásticos, pero el principio es exactamente el mismo), cuando alguien, en calidad de consumidor, siente orgullo de esta contra cómoda y edifica héroes cuya principal característica es un handicap adverso, es ahí cuando se construye una educación sentimental basada en la música como consumo y cuando escribir al respecto se vuelve una conveniencia. ¿O alguien ha leído una reseña en la que se sienta la incomodidad del autor? ¿Cómo leíste hasta acá?




si alguien es periodista de rock o trabaja en una revista de esas, deme trabajo, por favor




Creo que el resumen perfecto de este post es un fragmento de Pinche Vatito de Charlie Monttana:

Pinche vatito, qué jodido estás
Confundes el rock and roll con las ganas de miar






los amo, ya saben

27 oct. 2009

crónica del américa-chivas estilo periodista que se quierehacer el chistoso y que aún lee libros de porrúa

si hacen bizcos se ve como en 3d (no es cierto)


Uno de cada tres o cuatro mexicanos tenían la misma fecha marcada en su calendario: domingo 25 de octubre, los más con plumón amarillo o azul, los otros, en rosa. En mi caso la cita era en casa de un amigo a las 2:30 de la tarde, para no llegar tarde y que nos tocara un mal lugar. La idea aceptada y ni por equivocación cuestionada era la misma por los dos bandos: se va a llenar. Al principio, cuando me invitaron a ver el América-Chivas en 3D en el cine sólo pensaba "ay, qué cotorro" pero, la verdad, me emocionaba la cosa. Me esperaba que la sala fuera una especie de extensión de la tribuna y que fuera posible lanzarle palomitas al de enfrente y patearle el asiento si gritaba 'puto' cuando despejara Ochoa (qué mal gusto, qué gente). Platicando con Pau, pensábamos en los pormenores vaciladores de la ocasión: sería la onda que vendieran cerveza en el cine, y mejor aun, que los vasos trajeran impresos los logos del clásico, onda "El Clásico en 3D América-Chivas sólo en Cinépolis" y que saliera Omar Bravo con su fleco sexy. La verdad, no estuvo tan lejos.

Llegamos como a las 3, y tomando en cuenta que el juego era a las 4:30, ya había bastante gente formada. Era muy raro ver tantos americanistas en Plaza Universidad una tarde de domingo, no se sentía como cuando entras por los túneles del Azteca, pero era una versión doméstica más user friendly. Hay que decirlo, en las colas de las salas donde iban a pasar el juego la mayoría era azulcrema, siete u ocho de cada diez traían la amarilla. La primera razón malaonda que le solté a una de las personas con quien venía era burda: 'le van a las chivas, ¿tú crees que tienen dinero para venir?'. Casi de inmediato, desde la fila, se sentía una camaradería como de viaje familiar a Europa o de familia en la cola a la montaña rusa: todos estábamos de buenas. El primer acceso de buena onda de la tarde era un don de traje que te regalaba unas palomitas chicas si traías la playera del américa. No nos explicamos esto en el resto de la tarde. Más arriba, en la entraba, empezaban a llegar familias enteras, era un desfile de modelos de camisetas viejas: la de rombos de las Aguilas afro-holandesas, las de aquella fatídica temporada de la peor posición en la historia y los jerseys de Ochoa de rigor. En cuanto entramos, como a las 4, el ambiente era inmejorable: los vatos de enfrente hacían la broma de 'cervezas, refrescos, sopas maruchan', un güey al frente abrió la gritería: gritó un quedo 'Chivas!' que le respondió con burlas una sala de cine llena y enardecida, para luego rematarla con un aislado '¡Grita como hombre!' Se podría pensar que lo que se estaba censurando era el ánimo festivo bobo, pero cuando alguien vituperó el clásico 'Aaaaaméeerica', la sala respondía: '¡Águilas!' Desde que entramos, obvio, la pantalla estaba apagada, aunque el sonido local estaba prendido (las trompetas esas toscas de plástico que de chavo no sabes hacer que suenen sonaban atrás de tí, bonita la cosa). En cuanto se prendió la pantalla, con una vista simplona de la media cancha en pleno entrenamiento, pasaron unos cuantos segundos para que todos se pusieran sus lentes y exclamaran al unísono: 'Oooh' y 'Ahhh no mames' (ese fue mío, ah, qué bonito). La tecnología tras esta onda 3D era relativamente simple y limitada: se usaban dos cámaras, una por cada ojo, así que lo que uno veía sin lentes era una figura doble, las cosas más cerca de la cámara, vistas sin lentes, eran casi claras y sin distorsión, y las más lejanas se veían como dos imágenes sobrepuestas. Lo único previo al juego que pudimos ver eran varias vistas del entrenamiento de águilas y chivas (en cuanto salieron, una pequeña minoría intentó aclamar a los tapatíos, cosa que se extinguió en segundos por la perrada americanista). Los comentarios en off sólo pasaban mientras que estaba el juego, y las repeticiones eran escasas: el problema es que, como estas cámaras juegan con un principio muy simple, es difícil mover la cámara rápido sin que se distorsione el efecto, así que, en efecto, el boleto de Cinépolis pagaba lo mejor de dos mundos: la vista del estadio (un poco a la fuerza), y los comentarios y ángulos de la tele. It was fun, seriously. Los ángulos de la cámara nos daba vistas privilegiadas: poder ver de frente a los hijos de algún empresario millonario (vimos cómo una chica de unos 13 años saludaba con desgano a los amigos de su hermano) o poder ver al arquero de Chivas, que en un movimiento de calentamiento, terminó enseñando el rabo a una sala que, a varios kilómetros de distancia, le hacía burla. Alguien hizo sonar un leve pero coqueto frrrrapppp.

Cuando empezó el juego, en efecto, la sala 7 del Cinépolis Plaza Universidad se convirtió en una extensión del estadio Azteca, más específicamente de la sección Águila. Lo único que no se escuchaba eran gritos al jugador en particular, pero los 'Ahh', los 'futs', los 'pta madre' y los 'ole' estaban a la orden del día. Corría el minuto 3 cuando un servicio fuera del área por la banda izquierda cobrado por Pavel Pardo era rematado por Aquivaldo Mosquera casi con la nuca y caía el gol americanista, el único de la tarde. El Cinépolis explotó, literalmente. No me fijé si alguien lanzó palomitas, pero hubiera sido lo único que faltaba. ¿Alguien ha gritado gol en un cine usando la camiseta de su equipo? Está raro, no chistoso, raro. Debió ser divertido para los empleados que estaban abajo ver a 300 personas con lentes vaciladores gritar gol.Por supuesto, las jugadas, los cambios y todo era aplaudido por la sala. Me sigue pareciendo más sano aplaudirle a Ochoa en la pantalla que a los títulos de una película sueca en la Cineteca. Una cosa sí no pasó: Nadie se levantó, ni siquiera cuando alguna jugada de peligro se veía venir, en cuyo caso la emoción se limitaba a inclinarse sobre el asiento. A partir de entonces, los oles y las faltas que el árbitro no cobraba (como un penal del tamaño del CCH Sur o un golpe de Mosquera sobre Omarcito Bravo) eran recordadas por toda la sala. Los 87 minutos que restaron, las Chivas no estuvieron cerca de convertir ni siquiera una vez, y el América falló muchas, como las de Reyna frente a Michel, o esa en la que Cabañas se quitó a medio desfile del orgullo gay para rematar sin ganas a la cabaña tapatía. El Guadalajara es conocido en el futbol mexicano por su valiente e inclusiva política de sólo alinear jugadores mexicanos gays, pero las Chivas, como equipo clasemediero y provinciano, calentó el juego por todas las maneras posibles: proponiendo apuestas millonarias al presidente del América (en una escena de tío borracho protagonizada por Lebrija), ofreciendo cantidades desorbitadas de dinero a los jugadores si ganaban (cual selección africana o asiática en un mundial), publicando banners de mal gusto en la página de las chivas. Es cierto, sólo se llevaron un gol de recuerdo a la ciudad más orgullosa del país, pero también es cierto que no pudieron hacer nada, dieron poquísima pelea, no estuvieron cerca ni una vez, al América le bastó jugar ofensivamente el primer tiempo y ceder espacio el segundo para que no hubiera un sólo momento de emoción rojiblanca. Chucho Ramírez, incluso, dio momentos de extraño conservadurismo, sacando no sólo al mejor jugador del partido, Enrique Esqueda, sino sacándolo en el que, muy probablemente, fue su mejor partido en la temporada. Esta no fue la única sorpresa: entrando en lugar de Jean Beausejour, Rosinei entró de titular haciendo algo muy distinto a lo que había hecho las veces que ha entrado de cambio: en lugar de tomar el balón, correr como su putamadre y tirar petardos, se dedicó a recuperar el balón, correr como su putamadre y colocar servicios. Ramírez incluso ve la posibilidad de hacerlos jugar juntos. Es obvio, con la inminente llegada de Jackson Martinez a finales de año, Rosinei sabe que su estadía en Coapa peligra sobremanera. Al final, puede decirse que el América pudo sacar más y que se vieron, como el periódico indicó ayer, 'avaros', pero que fue superior a las Chivas no es algo que necesite analizarse.

Cuando pasaba el minuto 93, los asistentes del Cinépolis pedían lo mismo: 'ya estuvo, tres minutos de reposición, a la goma, ya pita'. Cuando el árbitro declaró el juego por terminado, en un cierre emotivo, toda la sala aplaudió y lanzó 'Ehh!'s. Las pocas familias chivas salieron sin mayor problema. A eso de las 6:30 de la tarde del domingo, todo el lobby del Cinépolis Plaza Universidad estaba lleno de camisas amarillas. Extrañamente, con todas las señales claras y evidencia visual de alegría, una empleada del cine se me acercó tímidamente: 'Hola, una pregunta, ¿quién ganó?'. Le contesté con un ñero '¿Pues quién va a ganar'?. 'El América', replicó como con sofoco y se fue. Supongo que no le hizo gracia ni sintió empatía, ni siquiera de la vaciladora. ¿Por qué la banda se molesta cuando se trata del América? A decir verdad, al principio pensé que había notado que me robé los lentes de 3D. ¿Encontraré el amor, finalmente, con una empleada de Cinépolis? Incertidumbre.

América ya se comió a Cruz Azul, Toluca y Chivas. Vamos por los Pumas.


Este post feo en tono periodista que cree que escribe bien padre weeey está dedicado a los periodistas que leen este blog si es que los hay y si es que tienen tiempo con taaanto trabajo. ¿Qué pedo con los periodistas, se han puesto a pensar en que los periodistas no hacen absolutamente nada por el mundo? Los abogados y los publicistas hacen que este mundo sea peor cada día, va, ¿pero los periodistas? ¡Son un lastre cultural enorme!



los amo a todos, a menos que le vayan a las chivas, o si le van a las chivas y están bien guapas las amo igual. si son hombres y le van a las chivas, sus papás han invertido mucho tiempo y dinero en su educación para que les salgan con eso; ¿alguien captó el tono sexista escondido?





oigan, síganme en twitter, I'm the new guy in the hood, no sé qué onda








en serio, los quiero a todos

21 oct. 2009

Double Raised Up Self Grounded Subterfuge

Cuando entré a la prepa surgió una camaradería casi cursi: de repente todos eramos amigos, todos nos saludábamos de beso e íbamos al jarocho juntos, éramos adolescentes muy fresas en una especie de tregua, sobre todo tomando en cuenta que la secundaria es más o menos todo lo contrario; por supuesto esto no iba a durar, sin embargo, hay una cosa que recuerdo y mucho: una de las primeras cartas de presentación que se soltaba de rigor era qué música te gustaba. Así podías seccionar a las personas con un margen de error muy pequeño, creo que el 50% de la primera impresión constaba en lo que escuchabas. Si es que escuchabas algo. La respuesta más común cuando alguien no tenía ningún gusto en particular era de todo menos cumbia o grupera. Así debía ser, siempre lo supe. Desde que la música empieza a ser importante en tu vida sabes (o al menos yo sabía) que eso define parte de lo que eres en tu ridícula pubertad. A esta edad uno no sabe de posiciones ni ética, así que la música que escuchas se vuelve más que un refugio. Cambias de gustos en tu vida, puedes interesarte a mayor profundidad en la música o relajarte en lo que escuchas, pero sigues sabiendo que la música es importante. Algunos años después, y ni siquiera sé cómo decir que esto pasó, las cosas o la perspectiva desde la que medía dichas cosas cambió de manera drástica. Muchos amigos, o cuando menos contemporáneos escuchaban a Intocable, las idas a fiestas en casa de alguien cambió por ir a antros por un lado y por cantinas por otro, de decir salir en la noche se pasó por el ir a bailar. Esto no es realmente un cambio, ahora lo sé, así son las cosas, pero este es mi blog y el mundo gira alrededor de él. Bailar, para un adolescente que escucha sus discos en su cuarto, era un primer punto de resistencia. Ya sé, un punto muy ridículo de resistencia, pero no deja de ser uno. No bailo, es muy simple. Entonces, cuando ves que estas cosas que suponías piedras angulares en tu educación sentimental y crecimiento sólo son cosas que pasan casi por naturaleza, las cosas cambian. Con qué intensidad depende de uno, pero hay cosas que cambian. Hay una anécdota que ejemplifica esto: en la prepa había muchos vagos que tocaban la guitarra en los pasillos de la escuela, para mí estos vatos eran parias: no ibas a la escuela con guitarra en mano para tocar rolas del Tri. Un día que salíamos como a las 9 de la mañana, la chica que me gustaba y otros vatos saldríamos de la escuela, pus por ahí a echar el coto, sí, en la mañana. Hurra. A sugerencia de uno de los vatos presentes, llevé mi guitarra. Yo sólo sabía tocar cosas de Nirvana y Pearl Jam, y no lo hacía como un acto de exhibicionismo, y no era necesario, pues nadie las conocía. Entonces, este güey agarró mi guitarra y empezó a tocar rolas de Timbiriche, Hombres G y Enanitos Verdes, y recuerdo que la chica que me gustaba cantaba Lamento Boliviano con todos. Algo no cuajaba. Esta no era más que una de millones de pruebas de que la vida no es como en las películas, pero era una muy nueva demostración de que la vida no incluye el buen gusto en sus manifestaciones diarias, y de que esta cosa de espíritu rebelde-doméstico no era una cosa de edad, sino de clase social o algo así. Que algunos de tus amigos escuchen a K-Paz de la Sierra, que salgan específicamente a bailar, que de repente resulte que todos ellos sabían bailar cumbias perfectamente, que se sepan las canciones que considerabas anodinas, todo esto fue una especie de cambio lento. ¿Estábamos cediendo? ¿Así se movía el mundo naturalmente? Cualquiera que fuera la respuesta, no debilitaba la idea de que uno podía hacer de sus pequeñas resistencias un estandarte que denotara lo que uno era. En su momento no le presté tanta importancia: una respuesta fácil es que algunos se quedan en el camino. Esto aún estaba revestido de una ética del clasemediero individualista, pero funcionaba. Sentía que tal vez estábamos fingiendo, que algunos nos estábamos haciendo tontos, sobre todo porque la esfera de estas cosas apestaba a viejo, a cosas que hacían tus primos que eran más grandes que tú: de repente, entrábamos a las pistas de baile, a las cantinas, cosas que yo asociaba con un mundo adulto por el que nunca me sentí interesado y del que hasta entonces me sentía ajeno. No es que de niño no quisiera crecer nunca, mi infancia no fue de ese tipo de infancias divertidas, pero tampoco tenía la menor intención de entrar al mundo adulto. Nunca quise aprender a manejar, mi primera borrachera me la puse super viejo, me la pasaba viendo caricaturas, en una ocasión en que estábamos con chicas algunos años más grandes que nosotros en un Sanborn's saboteé la situación por todos los medios. Me sentía orgullosísimo al final, había metido un autogol. Juan Viloro dice que meter autogol ya no es futbol, le estás diciendo a los demás que lo tuyo es otra cosa. No era nada, realmente, era sólo que la idea de crecimiento, o como la entiende un adolescente, no me atraía y un poco me asustaba. Esto se puede resumir en un par de líneas: las piedras que has lanzado a el enemigo no eran piedras realmente, sino cosas por las que tenías que pasar. Esto fue un primer momento, sin embargo, un poco de tiempo después me vino una segunda vuelta de este sentimiento. Como pos adolescentes o adultos contemporáneos (término que siempre me ha parecido una ridiculez), de repente resulta que a todos se nos hace chistosos los noventas, ah, qué chistosos eran, y los ochentas están chistosos también, y decimos que nos gusta José José. Ya sé, es lo mismo que renglones más arriba, algunas personas no crecieron con Nirvana, sino con José José, pero sentía que ahora había una especie de acuerdo con esto: se nos hacía chistoso, escuchábamos Scat Man, Gloria Trevi, bolsas de mano de ixtle, colores demasiado chillones, un repentino auge del surf en el DF; a partir de estos años, principios del siglo XXI, comenzó una especie de revival por lo popular como kitsch y, en últimos años, como trendy. No es que este revival fuera nuevo, pero ahora se metía con un campo del diseño más voraz y con generaciones más veloces, por lo que se veía más a lo lejos. Estábamos haciendo de cuenta que dominábamos un campo que ni siquiera era nuestro. Pero se veía bien. El ridículo nos quedaba bien porque sentíamos que no había gran cosa que perder, y a partir de entonces la velocidad se confunde con crecimiento. Hace poco platicaba que hace más de diez años MTV pasaba MTV Clásico, que era, grosso modo, videos de los ochenta. Si decías 'es un clásico' hace diez años, te referías a los ochenta en el sentido más popular de la palabra. Si hoy día dices lo mismo, todos apuntan a la mayoría de los ochenta de nuevo. Esto es fácil de comprobar: recuerda cuántas veces escuchaste alguna rola de los ochenta en la última fiesta a la que fuiste. Es raro, es como si los noventas no se adecuaran al ánimo de estos tiempos, como si hubieran sido un lapsus. Nadie quiere aceptar que los noventa existen como existieron. O, por decirlo de manera más simple, ya a nadie le asusta toda esa cosa de que el futuro viene directo a nuestros hombros, ya a nadie le parece que los yuppies sean el enemigo. El autor característico de este sentimiento sofocante de los noventa es Douglas Coupland, cuya obra no se distribuyó en México más que en los años en que salían los primeros libros en inglés, editados por Ediciones Zeta (Generation X, Shampoo Planet, Microserfs, Polaroids from the death o Girlfriend in a coma, nada más). Una clara muestra de esta veloz y voraz obsesión por dar carpetazo a los noventa y recordarlos con sorna y una ironía que nada tiene que ver con la ironía de los noventa es el repentino y planeado cambio de giro de MTV Latinoamérica en 1999. Quienes no recuerden o no conozcan, un lunes de septiembre de 1999 MTV amaneció completamente distinto. Para mi sorpresa, pasaban Ren & Stimpy en las mañanas, junto con constantes repeticiones de Beavis & Butthead, Daria y Celebrity Deathmatch. Lo malo es que era un señuelo: ahora, incorporaban videos de latinos que antes sólo veías en Telehit, el némesis de cualquier televidente de MTV. Ahora, Alejandro Sanz, Shakira o Ricky Martin y su vida loca adornaban la programación. Esto no era todo, el mismo diseño gráfico cambió: ahora, la aburrida M gris en la esquina superior derecha había cambiado por una simpática esfera naranja que giraba, el diseño de la programación en general había cambiado de uno relativamente austero y rough (mucho muy de los noventa) por un abierto romance con el diseño sintético, de colores vivos y bordes duros. MTV, por ridículo que parezca, constituyó uno de los más importantes momentos en mi educación sentimental: acceder a música que no veía en otros lados fue un golpe tajante. Antes suplicaba por que pasaran en tv abierta algún video de La Lupita o Aterciopelados cuyo nombre ni siquiera sabía. Los primeros videos que vi en diciembre de 1997 eran de Bran Van 3000, Eels, Pulp, Cake, Oasis. Fue un cambio tan fuerte que desde entonces lo sabía. Con la búsqueda del mercado latino-tropical, MTV dejó de ser el bastión del rock que era, eso sin contar la música que se vendría en años posteriores: Nookie, de Limp Bizkit abría 1999, y con él una ola de rap metal y rock declaradamente masculino que podía ser una especie de vuelta a algo que se suponía que ya habíamos superado: del glam-rock-metal-macho de los ochentas a la bandera alternativa de la generación x de los noventa, regresó la testosterona burda del rock de hombres con bandas como Limp Bizkit, Staind y otras menos rudas pero no menos ridículas, como Sugar Ray o Crazy Town o Creed. Es cierto, el rock había muerto cuando Kurt Cobain dijo "is better to burn out than fade away" (que realmente lo dijo Neil Young, y de hecho, lo decía Joyce en The Dead), pero esto era todo, lo habíamos aceptado sin más, se había acabado, y con esto vendría lo peor: la aparición alrededor de 2001 del Is this it? de The Strokes traería consigo lo que marcaría el resto de la década. Con la manía de los recuentos, los tops y las revisiones de fin de siglo, muchos se preguntaban cuál sería el tono característico de esta década, si los ochentas eran el glam metal, los noventa el grunge y el alternativo, cuál sería ahora? La primera respuesta era que iba a ser la década del rap y niu metal, pero no tenían idea. La constante, a partir de tono 'retro-chick' de The Strokes, fue hacerse el chistoso. Creo que, de algún modo, sentíamos ese aire de 'cortar de cero' con el rock, y creíamos que ya lo habíamos superado, pero nos estábamos haciendo los cínicos, como cuando sales de un examen y afuera están los otros tontos que ya lo acabaron y sales con cara de saber de qué va la cosa pero estás igual que todos. Algunos de los más importantes momentos de esta década se caracterizan por revivals con los que todos estuvimos de acuerdo, que a todos se nos hicieron chistosos, algunos ejemplos obvios: The Strokes y sus poses gastadas pero no atacadas so capa de ironía, The Darkness y la idea de 'qué chistosos eran los ochenta', Kings of Leon y su bandera de country-rock setentero (que dejaron al menos en parte al adoptar en años recientes un look miles de años más juvenil que con el que comenzaron su escalada pública en el 2003), Yeah Yeah Yeahs y el guiño al punk sin control aunque con una producción cuidada, Clap Your Hands Say Yeah! y su música sencilla y sus letras y ejecución en vivo a las que parece no importarle nada. Esto ha producido o permitido varios efectos laterales: la cada vez más grande popularización de la música electrónica (en los noventa esto era todo un tópico), el surgimiento de más y más bandas con música sencilla y letras anodinas dada la idea de que no se requiere gran cosa para hacer una (si se revisa el modelo del rockstar de los noventa con el de hoy, se verá una diferencia tan increíblemente abismal que no parece haber sólo diez años de diferencia, no es posible siquiera poner en el mismo renglón a Kurt Cobain o a Maynard James Kenan a lado del vocalista de Franz Ferdinand) o la apertura de artistas del tipo exótico. Cuando veo a gente de mi edad o mayores o menores o lo que sea diciendo que bandas como Zoe o Arcade Fire son la neta, es cuando te das cuenta que se pasó por algunos pasos tan pero tan rápido que ya ni siquiera se puede ver cómo pasó todo. De repentel, de anonimato del que hace su vida y nunca se dejó el pelo largo y nunca se emocionó con la música pasamos al pos adolescente trendy que se hace el que le gustan las cumbias y de ahí al twittero oficinista que anuncia cada pequeño cambio en su agenda sin dejar de querer hacerse el chistoso. Este paso no es del todo gratuito, la popularidad de Twitter no es nada nuevo, realmente: la idea de estar siempre a la vista, de ser conocido desde tu cuarto (ahora más bien tu oficina) es completamente de los años noventa, aunque, ahora, sin la parte de aportación al mundo, lo que deja únicamente la parte estóico-hedonista de la omnipresencia y el saludo constante de la popularidad: el adolescente que mantenía un fanzine digital, el que mantenía una fanpage de Soundgarden o una guerrilla digital con más buenas intenciones que cabeza, todo esto se originaba de una idea de entrar en el mundo, no tanto de participar en sus intercambios (eso más bien sería una urgencia por entrar al mundo laboral), sino de darle algo. Sonará estúpido, pero es una de los pocos éxitos del individualismo urbano contemporáneo de clase media: hace soplar el aire del mundo, ese que llega hasta al más pequeño y alejado pueblito. Twitter mantiene únicamente la parte del exhibicionismo y la idea de la comunidad y de estar con y en. Esto es una lectura muy simple de todos esos libros que leímos en la carrera, y es un cliché decirlo, pero siento que es una cosa que no se debe subrayar sólo por gusto: los medios nos rebasan, tenemos los medios para comunicarnos con personas a miles de kilómetros de distancia pero no tenemos nada qué decir, y no queremos decir nada, no acercarnos a nadie (Asimov, McLuhan, Houellebec, you name it). Hace poco le decía a una amigo que qué diferencia habría entre reabrir mi Twitter y sacar banderas de colores de la ventana de mi cuarto con machotes o leyendas de estado: "Estoy bien, "Ya me desperté", "Desayunando", "No estoy haciendo nada", "Ya me voy a dormir", "No me siento bien". Es cierto, no es rápido, nadie lo leería, es ridículamente empecinado, con demasiadas 'intenciones', casi pretencioso, de mínimo valor comunicativo (y que nadie me diga que Twitter tiene un valor comunicativo en algún grado, porque las neuronas que manejamos ahora y las que se manejaban hace diez años son prácticamente las mismas). Sin embargo, me gustaría ver todo un vecindario colgando y constantemente cambiando sus banderas en las ventanas. No sé, estos actos tan pequeños e insignificantes, en esta escala, me parecen mucho más cercanos al mundo en el que, por donde se le vea, vivimos. Pero entonces estamos hablando de arte, y este blog pierde más y más lectores cada día por escribir de arte. No obstante, los quiero.




Update: Ya reabrí mi Twitter!

8 oct. 2009

anaquel de discos en una isla desierta




Advertencia:

Este es el post más largo en toda la historia de este blog. Me gusta decir eso cada cierto tiempo, pero creo que no lo voy a volver a decir en un muy buen rato. Lo dejaré por un par de semanas para apelar a que alguien lo lea entero. Si tú, que estás leyendo, me has odiado por escribir posts demasiado largos, con este no vas a volver aquí, o por lo menos no de buenas en un rato. Sobre
todo porque es mi post más sincero, lo que equivale a decir que es el más aburrido.


Hace algunos meses, la chica por la que moría fue a mi casa. Por extraño que parezca, le concedió importancia a mi pared de discos. No estoy diciendo que haya dicho algo como 'Órale, cuántos discos' ni nada parecido, no, se quedó frente a ellos y les dedicó unos buenos segundos. Le pregunté por qué lo hacía y me dijo 'bueno, dicen que puedes conocer a alguien viendo sus discos'. Como era ella, cualquier mínima muestra de interés en mi vida era más que bienvenida (fue una muy muy buena tarde, de hecho), pero yo difería en parte. Una de mis mejores amigas, cuyos gustos musicales son mucho muy dispersos y, según ella, dignos de un poco de vergüenza, me contaba que una vez un amigo suyo hizo lo mismo y se quejaba. 'Es lo peor que puedes hacer para conocer a alguien, ver qué lee y qué escucha'. Coincido con ambas partes: es engañoso pero no deja de dar una idea. Yo siempre hago referencias a discos en este blog, así que, de una manera u otra, ya se sabe más o menos qué es lo que escucho.


Este post es una reseña detallada y minuciosa de 56 de los discos que he escuchado más en mi vida, hay algunos que no son tanto como los mejores y otros que faltan, pero no son muchos, en total, con estos 56 discos podría sobrevivir. No los escucho todos con frecuencia, algunos los saco cada muchos años, pero eso no hace que sean menos importantes o que no los haya escuchado en el pasado. No los había visto juntos hasta ahora, nunca me ha gustado hacer grupos, sólo los fui tomando. Aunque dudo que un disco, o 56 de ellos, puedan hablar de alguien, las anécdotas de rigor que vienen con cada uno creo que sí lo hacen. No es que muera por ello, pero es mi blog, y uno siempre habla de sí mismo en su blog.


Conforme escribí todo esto, me di cuenta de que lo más importante cuando haces un inventario de tu música (y en esto el ipod no te ayuda en lo más mínimo) es darte cuenta cómo es que escuchas y cómo has ido cambiando eso con el tiempo. Hace poco encontré un pequeño texto que, como siempre pasa, apunta a un montón de cosas a las que llevo apuntando desde hace rato. No sólo resume algunas cosas que creo, sino que básicamente habla por mí en muchos asuntos. Cuando uno cita no deja de ser una cosa muy llena de ego, pese a dejar que alguien hable por ti, sin embargo, hay algunas cosas muy nuevas que encontré ya en él, y me emociona, porque me la paso hablando de la música de ahora sin, la verdad, saber bien a bien de qué estoy hablando. Lo cito antes de empezar el post:


Durante mucho tiempo mi colección de discos fue mi segunda familia. Gracias a ella pude captar la inmensidad y la diversidad de las formas musicales -sobre todo las llamadas de vanguardia. Mi placer supremo era descubrir discos que me introdujeran en nuevos universos. En la biblioteca pública me fascinaban los discos que nunca había sacado nadie. Ser el único chico que escuchaba eso no me provocaba orgullo ni remordimientos. Lo único que me impulsaba era la curiosidad.

Escuchar es reflexionar. Es algo que heredo de mis padres, que siempre me incitaban a reflexionar sobre todo lo que hacía y por qué y cómo lo hacía…

Escuchar es cuestionar cómo escuchamos. Mi meta no es, por principio, contrariar los deseos de la gente, sino incitarlos a preguntarse sobre sus motivaciones y sus hábitos de escucha -e introducirlos en el proceso de composición. Personalmente, es lo que me permite mantenerme espontáneo y a la vez ponerme en cuestión, huir del confort: apenas me siento un poco cómodo, siento la necesidad de partir.

Escuchar es devenir. Es mejor no tratar de imponer nada, ni un dogma ni una verdad, sino más bien ir trazando un camino a fuerza de signos de interrogación. Buscar siempre sabiendo que no hay nada que encontrar… Eso es lo que puede volver nuestros acercamientos musicales tan frágiles y fascinantes.

Escuchar es oir, no consumir. El problema no es el grado de dificultad para acceder a la música como objeto de consumo: es la falta de reflexión. La gente raramente supera la fase más básica del acto de escuchar. Todo queda limitado a un mero juicio estético. Y eso sucede en todos los ámbitos, desde el pop hasta la música concreta. Esa falta de impulso intelectual está sedimentando el progreso de la música. Precisamente es la lectura estética la que está dando pie a una serie de fusiones que pueden sonar mejor o peor, pero que no llevan a ninguna parte porque, en realidad, no son más que decisiones estéticas sin ánimo de trascendencia. Están vacías.

Escuchar en un nuevo territorio. Hay que empezar a contemplar un tercer ámbito en la cultura contemporánea donde se dan cita ciertos elementos de lo culto y otros de lo popular. Aunque tengamos que seguir tratando con conceptos tan caducos como “culto” y “popular”, al menos ese nuevo territorio ayuda a difuminar un poco esos limites.

Jim O'Rourke


























Plastilina Mosh / Aquamosh y Juan Manuel Era 1998, uno de los mejores años en cuanto a música (de este año son el Ava Adore de The Smashing Pumpkins, Yield de Pearl Jam, A Thousand Leaves de Sonic Youth o el Hello Nasty de Beastie Boys, por decir algo). Cuando salió el primer single, Niño Bomba, no me había pegado tanto como lo haría después (cuando compré el cassette, el día que inauguró el mundial Francia 98, escuché esta canción unas 6 veces antes de pasar a la segunda), tampoco cuando salió Mr. P Mosh, este era uno de esos discos que te tardas en darte cuenta cuán bueno es. Sólo a mí y a un par de amigos nos gustaba este disco cuando estábamos en tercero de secundaria. Cuando llegué a la prepa, todo el mundo odiaba a Plastilina Mosh. Eran unos pendejos, uno que escuchaba a Metallica y Lacrimosa opinaba: "o sea, pinche música pendeja, qué es eso de mister pi, em, ou, es eich, o sea, la neta, acéptalo, es una pendejada". La verdad, nunca he sido de los que desarrollan una especie de orgullo por escuchar tal o cual cosa que los demás no, pero ver que todos odiaban a Plastilina me hacía que me gustara más. El Juan Manuel, dos años más tarde, ya era otra cosa muy fuera de los alcances del radioescucha promedio: era abiertamente jazzoso y arriesgado, lanzar un segundo disco con un arte, música y todo tan experimental era muy arriesgado para una banda más o menos nueva. Sobre todo cuando dura 31 minutos, además de que lanzaron un documental con él en donde buscan al tal Juan Manuel por todos lados en Monterrey. Es una joya que pasaron en Telehit sólo una vez. Cuando salió este disco esperé su lanzamiento con muchísima expectativa, y el día que salió a la venta (14 de julio del 2000), un par de cosas bastaron para que mi ánimo se viniera abajo y lo dejara ir. Era un adolescente, perdón. Escribo esto porque, mes y medio después decidí intentarlo y lo compré por fin. Escuchar este disco en medio de una lluvia de hormonas adolescentes fue un enorme alivio. Soy de los que están mejor cuando las cosas se calman, no cuando se ponen intensas, y tener este disco en mis manos a mis recién cumplidos diecisiete años, y esto lo supe desde el momento, iba a ser un arma. Juan Manuel es un disco declaradamente arty, flashy, sofisticado y cool. Bassass y Human Disco Ball fueron los hits radiables y, como siempre, no pegaron en el grueso de la población (el problema con Plastilina Mosh es que hacen una música tan complicada que sólo las canciones no tan buenas son radiables, y cualquiera que haya escuchado Shampoo, Banano's Bar o Keepin' Strong sabe esto). Este disco, incluso, pudo parecerle odioso a muchos que ya detestaban el coolness de Mr. P Mosh, lo cual sólo es sobrepasado por el Hola Chicuelos, que ya es declaradamente fancy. canción: ode to mauricio garcés y nordic laser

Frank Zappa / Strictly Commercial, We're Only in it for the Money y Son of Cheep Thrills Cuando estaba en sexto de prepa, me sentaba hasta atrás, allí nos sentábamos los que no éramos partidarios de volver al país comunista pero que sabían qué pedo. Éramos cínicos, y no es bueno ser cínico salvo cuando hay alguien más torpe que tú que lo justifique, y los paristas de mi salón eran esa carne de cañón que, de algún modo, sirvió a nuestra educación ética-sentimental a nuestros 17-18 años. Nos creíamos, no inteligentes, pero al menos listos. O eso pensábamos, éramos unos mamones, pero los mamones más cool del salón, un salón de 70 personas. Un compañero hablaba todo el día de Frank Zappa y hacía muecas de las canciones (nos contaba cómo era The Big Squeeze, que era una canción llena de prprprpr y brbrbr y fttftfts nasales); por aquel entonces, el nombre de Frank Zappa me sonaba igual que Bob Dylan, Tom Petty o Bruce Springsteen, o sea, música de cantautor viejo y aburrido y que no sabes cómo es que sigue haciendo discos. Tardé muy poco en darme cuenta que era otra cosa. Frank Zappa fue mi primer encuentro con algo cercano a música experimental o progresivo, además, nunca había escuchado a nadie con un sentido del humor similar en música, y sobretodo que lo supiera poner en un disco bien: en aquellos años, el ska tenochca trataba de poner un toque de irreverencia en la música, pero todos terminaban con una demanda de izquierdas juveniles. Cuando a un amigo le comentaba sobre el sentido del humor, citaba a Oscar Chavez o La Maldita Vecindad, lo que me ponía, as usual, en una situación de Stand Alone. Este fue el primero de un montón de discos de Zappa de los que me haría, me sabía y cantaba todas las canciones, las partes cantadas y las recitadas. No estaba solo en esto, a veces lo hacíamos en el camión varios amigos. Los mamones cool del salón. El Son of Cheep Thrills me trajo la segunda novedad de Zappa: hacía Jazz, y uno muy complicado, y este disco, de menos de $100 en cualquier Mix-Up, era la mejor introducción, además de que el arte está poca madre. El Frank Zappa de la época hippie es el más difícil, está lleno de cosas de performance, poesía dadá y psicodelia. Este disco es uno de esos discos conceptuales. Un amigo siempre me preguntaba que qué era esa basura que escuchaba, y era Frank Zappa. Creo que tengo más discos de Zappa que de cualquier otra cosa, y los años que fui muy fan fue una etapa increíble: no importaba qué disco estuvieras escuchando o a cual saltaras, siempre te ibas a llevar una sorpresa: del Freak Out al Hot Rats hay un par de años y hay años luz de diferencia, de ese tipo de diferencias que algunos músicos, si las llegan a tener, les toman muchos pero muchos años. De discos como el de London Simphony Orchestra puede ser una lección valiosísima para cualquiera que sepa de música clásica y contemporánea. Todo Zappa era emocionante y esto me ha pasado con muy pocos músicos, y durante ese tiempo de descubrimientos me lo pasé muy bien. Ya no compro discos de Zappa, más porque se me acabó la batería que por otra cosa: con los años te haces menos curioso, es la verdad. Pero no es una empresa que haya abandonado del todo. Un último momento Zappa: uno de los mejores profesores (de 4) que tuve en la Enap era un melómano empedernido. Alguna vez platicamos de Zappa, me decía que a Bach le tomó doscientos años que revaloraran su música y que, tomando en cuenta las cosas que había hecho con orquesta, a él le parecía que le iba a pasar lo mismo a Zappa (Zappa onda seria es una extraña mezcla de Varese con música estadounidense). Ya no compro discos, mucho menos originales, salvo los de Sonic Youth y Frank Zappa (si me quieren regalar algo de cumpleaños ahí hay campo fértil). Eso dice algo. canción: muffin man, absolutely free y night school

Nazca / En vivo Facultad de Medicina 1988
Cuando era un cliente frecuente de Mix-Up y regalaban la revista Círculo Mix Up (al menos en aquél año 2001, un buen ejemplo de que si tratas de escribir algo bueno sobre un disco se escribe mejor que cuando se trata de ser muy original haciendo lo contrario, pero si eres un adolescente al que le pagan por hacer esto es entendible que no puedas contener tus ganas de decir: todo es basura), en algún artículo, creo que en la sección de novedades, hablaban de este disco. En él tocaba el violinista o guitarrista de La Barranca, y decía que era una mezcla de rock de cámara, progresivo, contemporánea y experimental. En esa época estaba mudándome poco a poco del rock al free jazz y el progresivo, así que cuando lo vi en el chopo a $100 no dudé mucho en comprarlo. Es uno de los discos más raros que tengo, es el disco más cacofónico, difícil y aletargador que he escuchado, tiene un fagot, una batería, bajo, piano y viola. No se lo recomendaría a nadie, aunque ese nadie fuera aficionado al noise siquiera. Para mí, es el disco más difícil que tengo. Mi opinión es que es 'música para espantar gatos', suena como si estuvieran levantando algún muerto. No es tétrico, no es lento, no tiene partes que suenen a incantaciones, simplemente es música puesta en los lugares donde justo nadie la pondría, como si ese cuento de Cortázar donde un hombre teme que todo haya cambiado de lugar porque pensó que perdió las llaves (¿alguien vio a Proust ahí?) se pudiera aplicar a música, todas las notas están donde no deberían. Este disco es una joya rarísima. canción: nervios de barricada

Gipsy Kings / Greatest Hits Cuando era niño había un montón de música que me gustaba: new age, jazz, flamenco y así. Había dos problemas: no sabía cómo se llamaba esta música, y la escuchaba una vez al año cuando la pasaban en la radio. Las canciones famosas de Gipsy Kings me encantaban, pero ni idea de quién las tocaba. En 1995 una de mis mayores aficiones era llegar de la escuela a escuchar el radio, a saber, Pulsar FM 90.5. Era increíble la vida a los doce años. Podía estar escuchando Pulsar FM desde las 12:45, que era la hora a la que llegaba a la casa, hasta la medianoche, cuando ya sólo ponían electrónica. Pulsar FM sabía el negocio: ponía pop y bandas de rock que se pudieran vender como pop. En el mismo bloque sonaba Magneto y Maná. A partir de esa época, quiero pensar, hubo una especie de descenso en el sentido del humor en el rock nacional, de por sí enclenque. En esa estación, comenzaron a circular los promos del concierto de Gipsy Kings y ya con eso bastaba para ir por el cassette al Gigante. Esta música era una de esas cosas que sólo aparecía en una esfera de experiencia muy rara (el radio, muy rara vez), cuando tuve el cassette fue como tener control de más cosas en el mundo a mi alcance. Este tipo de cambios siempre se adquieren de maneras por demás sencillas. canción: volare

Charlie Monttana / 15 Grandes Éxitos y En Vivo en el Teatro Isabela Corona El año pasado supe de Montty por un par de amigos y conocidos. Estos vatos eran de los 'banda' de su generación en la Escuela de Artes Plásticas, pues en esa generación había fresas más bien blancos o morenos más bien banda. Suena a apartheid, lo sé, pero así era. Esto de ser ‘de la banda’ podía ser un acto de resistencia o una enorme pérdida de tiempo, porque así como había una amplia banda-banda, había un buen número de fresas en esa misma generación; a la fecha, creo que a los fresas les va a ir mejor. Por ellos, los banda, salió el nombre de Charlie Monttana. Uno de ellos posteó un video de Vaquero Rockanrolero en mi hi5, yo odio que me pasen links de youtube por mail, o por Messenger, o en ventanas en mi hi5 ni nada. Prefiero leer dos cuartillas que ver un video de tres minutos que alguien cree que es muy importante que vea. No creo en la cultura audiovisual, precisamente porque me eduqué de ella y sé que cansa y mucho. Eventualmente, regresando al tema, en Tepito, de shopping, me llevé el Grandes Éxitos para empezar. Desde el principio supe que Charlie Monttana era algo que me había perdido toda mi vida. Reí como loco con No Soy un Puto Cholo y aprendí cosas nuevas con Pinche Vatito y vi mi vida inmediata en Llegaste Borracha. No soy de los que le gustan Charlie Monttana porque se les hace chistoso o kitsch o naco. Los que dicen que lo naco es chido son unos snobs con, sí, mal gusto. Charlie Monttana es maravilloso porque es el músico con más sentido común del universo, con las letras románticas más llegadoras del planeta, y escucharlo en vivo es una experiencia que te cambia la vida, todo lo que sepas sobre conciertos no te sirve en uno de Charlie Monttana. Si alguien les dedica una canción de Charlie Monttana, sépanse apreciados por alguien de buen gusto (a menos que sea de los que se le hace chistoso, en cuyo caso estás haciendo algo mal). canción: no soy un puto cholo y me vuelves loco

Daft Punk / Discovery Este disco lo conocía más por los videos que por las canciones. Cuando me quemaron el disco entero, como pieza entera que es, me sorprendió que Daft Punk hiciera música electrónica de tan altos vuelos, ya saben, 'componer' electrónica. Sobre todo que es uno de esos discos que se tienen que escuchar de principio a fin, cosa rara en general. Lo que es un poco triste es que desde Discovery, Daft Punk no ha alcanzado un disco similar, lo increíble es que son tan buenos que es difícil notarlo. Cuando salió Around The World a mi me chocaba porque aparte de que duraba tanto en esa época yo sólo quería oír rock. Perdí mucha música durante un buen tiempo por sólo querer rock. Todos en algún momento le entramos a Blur, The Cardigans, Pulp, Radiohead. Yo me lo perdí porque estaba escuchando a Mudhoney. El concierto de Daft Punk de hace dos años es uno de los mejores conciertos a los que he ido en todos los sentidos, si no fueron, qué pena. No puedo decir mucho, no tengo un vínculo sentimental ni una historia de ningún tipo con este disco, pero es un muy buen disco que me llegó muy tarde. Una vez le grabé a la chica por la que moría la de Digital Love en un cd quemado. Cuando vio el tracklist, me dijo: "Esta ya me la han dedicado como 6 personas". Nunca he entendido cómo es que, cuando tratas de ceder, alguien se pone a la defensiva y cree que está compitiendo. Somos los animales más estúpidos del planeta. canción: aerodynamic

Beastie Boys / Check Your Head
Beastie Boys fue la primer banda de la que me considere fan abiertamente. Ya antes había intentado ser fan de Michael Jackson o La Lupita, pero con Beastie Boys me propuse conseguir toda su música, cosa que no había hecho antes. No quería ser rapero en lo absoluto, pero me gustaba mucho y de hecho, una vez con los discos a la mano, las canciones que más me gustaban eran las de jazz y funk (si quieren saber de qué hablo, bajen el The In Sound from Way Out). Recuerdo que conocí a Beastie Boys por un programa conmemorativo de MTV, Beastieology, que era un programa de dos horas o más sobre su trayectoria. Yo soy muy muy fan del footage personal y anecdótico, y este programa estaba lleno de este. Lo pasaron un lunes de 1998, yo me quedé dormido con la tele prendida y cuando me desperté lo estaban pasando. Si mis compañeros de mi salón de brillantes prepos se mofaban de que me gustara Plastilina Mosh, cuando me empezó a gustar Beastie Boys la sorna era abierta, amplia y burda. Uno de mis congéneres decía: los backstreet boys, y se me quedaba riendo. Cuando alguien desarrolla un mínimo de pretensiones de individualidad y alguien cree que la está socavando, se baña en un extraño sentido de orgullo cretino (lo sé porque yo me burlo de los pintores a cada rato). Este tipo vivía en Coapa y estudió Derecho, él no tenía la culpa. Mi fanatismo por Beastie Boys fue muy pequeño, básicamente por dinero. Compré mi primer cd, el Ill Communication, en febrero de 1999, carísimo, y el Paul's Boutique el 30 de abril del mismo año. Este ya era demasiado Old School para mí. Junto con el Check Your Head, sólo tuve estos tres discos. Nunca tuve el Hello Nasty o el Licensed to Ill. También por Beastie Boys me empecé a dar cuenta de que me gustaba el jazz y el funk (Ricky's Theme, Pow, Sabrosa), lo que, para alguien que sólo compraba discos que veía en MTV, era algo. Fue una relación extraña, la mía con Beastie Boys. Una vez los trajeron a México en MTV Latino y les enseñaron videos de Plastilina Mosh, Control Machete y Molotov para que vieran cómo algunas bandas se habían influenciado de ellos. Fue maravilloso, AdRock, MCA y Mike D estaban frente a una tele viendo videos como si de una especie nueva de orangutanes se tratara. De ninguno de ellos se sintieron influencia, por supuesto. canción: groove holmes

Nirvana / Unplugged in New York e In Utero Hands Off! Este disco es de los más importantes en mi vida. Era diciembre de 1999, ¿lo recuerdan? Decembrísimo en MTV. Sentían que con el fin de siglo debían enterrar lo viejo de una vez por todas, y pasaron todas las cosas de los noventas que se puedan imaginar como si fuera algo viejísimo. De este tiempo es el documental '10 days that hit the nineties', que hablaba de las cosas que cambiaron la década, a saber: dificultad de sobresalir, los slackers, la comida macrobiótica como hip, la Generación X y el tema No. 1: Nirvana. Pasaron infinidad de conciertos unplugged, y esa misma noche pasaron el de Alice In Chains, Pearl Jam y Nirvana. En esa época, con cable recién adquirido, yo grababa programas a lo bestia, y sin saber nada de nada, sólo porque sí, grabé el Unplugged de Nirvana. Para diciembre del 99 yo ya no era tan fan de Beastie Boys, y con la huelga de la UNAM yo simplemente había dejado de ponerle mucha atención a la música en general, otra vez. El Unplugged me enganchó de golpe. Lo escuchaba en la videocassettera todos los días. Por este concierto me volví fan de Nirvana, quise aprender a tocar la guitarra y me afilié al club de las franelas. Yo ya usaba franelas, pero no sabía que en algunas partes del mundo eran un uniforme. Gustar de Nirvana, como Plastilina Mosh, fue otro caso de bad timing: a nadie le gustaba ni le emocionaba entre mis amigos. Un amigo muy cercano decía que eran ‘muy básicos’ y otros que ya habían pasado y superado a Nirvana se mofaban de la vertiginosa figura de Cobain. De nuevo solo en los pasillos de la escuela. De unos días a la fecha, se me ocurre que si Kurt Cobain no se hubiera quitado la vida (yo apoyo esta tesis) haría noise o música experimental. En entrevistas decía que tras el In Utero quería hacer algo muy muy diferente, aunque no le gustara a nadie. No es difícil pensar en Kurt presentándose en festivales de Música Experimental: fan y amigo de Melvins, mejor amigo de Dylan Carlson, fundador de Earth, presentados al mundo en Reading por Sonic Youth, o por canciones como Endless Nameless, Tourette o Gallons of rubbing alcohol flowing through the strip. Cuando compré el In Utero, el disco más rough de Nirvana, me sentía como si estuviera metiéndome en terreno ajeno. Hasta a mí me incomodaron canciones como Scentless Apprentice o Milk It. Lo compré un día en la noche en la Comercial Mexicana, regresé a escucharlo a mi cuarto con los audífonos porque mi mamá veía su telenovela. Creo que lo escuchó y me preguntó qué qué era eso que compré. Mi mamá intentó ser sobreprotectora, pero nunca le dedicó mucho tiempo. Otra cosa importante era la estética de Nirvana y similares. Cuando vi el video de Sliver me emocioné, tenía mil cosas que a mi me interesaban: cámara mal enfocada, props raros, cosas hechas a mano, espacios personales. Recuerdo que le comenté esto a mi amigo el abogado de Coapa, le dije que era un video super experimental y que yo siempre había querido hacer algo así. ‘¿Un video?’. La idea le pareció risible, hacer un video, ¿cómo de qué o para qué? Yo no sabía que, años más tarde, sí existía ese tipo de cosas y se podían hacer y te decían artista cuando las hacías. canción: plateau y milk it

Claude Bolling / Suite No. 2 for Flute and Jazz Piano Trio Este disco me lo quemó el pulque después de como tres meses de pedírselo. El pulque es un amigo al que le pedías que te quemara un disco y se le hacía divertido entregártelo 3 meses después sólo porque sí. No era mala persona, sólo estaba un poco fuera de lugar. Es una joya. Es jazz compuesto por alguien que no quería abandonar los días de la escuela de música. Es muy francés, también, lo que es reconfortante tomando en cuenta que los europeos no saben hacer jazz, quizá por eso este bordeé lo clásico con tanta fuerza. Un amigo, el que llevaba los discos más difíciles al taller de pintura (por él conocí a Morphine, Steve Reich y los discos raros de King Crimson) lo escuchó y dijo: ‘no está mal, medio fresa pero está chido’, lo que te habla de que esta parte de música clásica muy europea es fuerte. El primer track, Espiegele, es de las canciones que más he escuchado en mi vida, el disco se rayó un poco. Durante un tiempo en que no escuchaba mucha música (por ahí del 2004), este disco se convirtió en una especie de último reducto musical, de esos discos que escuchas en cualquier etapa de lo que sea que escuches y está bien. Jean Pierre Rampal toca la flauta transversa. Cuando descubrí que mi sobrina, tras años de no verla, quiere estudiar filosofía acabando la prepa y toca la flauta transversa, de inmediato pensé en regalarle este disco. Después descubrí que le gusta Maiden y Mago de Oz. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Nunca he sido un buen gurú. canción: espiegele

Sonic Youth / Washing Machine, Murray Street, Daydream Nation y Silver Session for Jason Knuth Antes de intentar siquiera escuchar a Sonic Youth, tenía un problema con ellos: pensaba que tenían un mal nombre. Por alguna razón, muy extraña, sentía que esas dos palabras juntas no iban (lo mismo me pasaba con DInosaur Jr.). Eventualmente me deshice de esto y lo intenté. Muchos pero muchos momentos con Sonic Youth: el primero, Washing Machine, lo compré porque oía que relacionaban a Nirvana con Sonic Youth, y cuando lo escuché por primera vez pensé que sería rock de batacazo, lo que no pasó y fue el inicio de que empezara a interesarme en la música experimental. Recuerdo que caminé mucho para comprarlo a mejor precio, lo que, un poco, agrandó la experiencia. El Washing Machine es un disco super denso con letras aún más creepy que las de NIrvana (Hello, 20-15). Desde que lo escuché fue mi disco favorito, aunque todavía no sabía muy bien por qué. Canciones como Saucer Like o Skip Tracer son casi incómodas, y otras como Unwind o Little Trouble Girl son bonitas pero tristes a la vez. Después de este disco empecé a comprar más de SY por todos lados. Uno de los primeros, si no es que el segundo, fue el Silver Session for Jason Knuth, y, de hecho, lo compré porque era el más barato de los que estaban en la tienda. No tenía idea de qué iba la cosa. Este disco son seis tracks de guitarras y bajos conectados a sus amplificadores sin ser tocados, sólo manipulados con las perillas de volumen y distorsión. Es un disco hermoso, denso también y muy humilde. Sólo hay ruido, las variaciones son mínimas. Sin embargo, me decepcionó muchísimo que no cantara Thurston o Lee y que no hubiera riffs imposibles de guitarra. Sólo después de varios años le entendí. Hoy día, junto con otros discos experimentales como el NYC Ghosts and Flowers o Goodbye Twentieth Century, es inconseguible en tiendas aquí. Por extraño que parezca, este disco no fue de gran ayuda a meterme en música experimental o de vanguardia, de principio fue demasiado para mí y yo quería canciones como Junkie’s Promise. Un disco inversamente proporcional a esto es el Daydream Nation. Este disco fue una especie de 'refugio emocional' para mí por muchos años. Cuando me sentía mal, podía estar seguro de que cuando escuchara este disco todo iba a mejorar. Y lo hacía. Es una especie de altar adolescente, he usado letras y fotos de este disco en infinidad de dibujos. Si alguien tuviera que ponerle música a cuando uno va hacia la luz debería ser con Trilogy. Este disco, que conocí a mis 19 años, es como un recordatorio de tu adolescencia, de cómo fue algo rápido y memorable pero, eventualmente, se vuelve una cosa más sofisticada y predecible. No me extraña que hayan grabado este disco cuando todos tenían, en promedio, 30 años. El Murray Street es, para mi, casi tan bueno como el Washing Machine. Sus partes experimentales son más musicales que experimentales, y las letras son más sencillas. En este disco Jim O'Rourke toca y graba, lo que hace que el disco tenga momentos épicos pero más instrumentales que noisey. Rain On Tin viene en este disco, y es mi canción favorita sobre cualquier otra de SY. Uno de los recuerdos que más conservo es cuando la tocaron la primera vez que vinieron a México (yo aún no conocía la canción), fue una cosa asombrosa. Creo que si Sonic Youth fue importante para mí es porque lindan con otros campos que, yo no sabía, me iban a interesar: el arte contemporáneo (en sus discos ha trabajado gente como Richard Kern, Raymond Pettibon, Mike Kelley o Gerhardt Richter) y la música experimental (tienen, especialmente Thurston, proyectos con mil músicos de vanguardia). Para muchas personas fue el primer contacto con este tipo de música, e incidir en la manera de escuchar de alguien no es poca cosa. canción: the diamond sea, rain on tin, hyperstation y silver panties

Emerson, Lake & Palmer / The Best Of Cuando me volví un fiel fan del progresivo probé en varios lados, pero no mucho (no tengo más de un disco o dos de ninguna banda del tipo). El de ELP es de los que más he escuchado, es progresivo inglés que suena viejo desde el principio. Este disco no tuvo ninguna historia o anécdota. Era una época complicada porque yo aún no abandonaba la idea de tocar la guitarra y el progresivo era muy difícil. Me gustaría tener grabado algo de lo que hacía en aquel entonces. Con este disco empecé a tener idea de algunas cosas de música que normalmente se entienden pero con música clásica (como la estructura o las secciones y eso). En este disco viene Hoedown, que es la única canción que me gusta bailar y a la que alguna vez le quise poner una coreografía, es como canción para brindar con whiskey y cruzar los brazos al bailar. En esos tiempos yo planeaba proyectos sólo porque sí. Recuerdo que entre esos proyectos estaba hacer una película sobre unos adolescentes que hacían una película, hacer un documental de la vida del Greñas o hacer un libro con todas las fotos de cosas en las que apareciera el Ché Guevara en el DF. Yo, y mis amigos, teníamos 19 años. canción: hoedown

Melt Banana / Cell Scape Yo no conocía a Melt Banana hasta el año pasado cuando vinieron en Radar y fui casi por casualidad. Antes de escucharlos en un disco los escuché en vivo, lo que hizo que no reconociera absolutamente nada de lo que tocaban. El concierto es de los más físicamente demandantes a los que he ido. La vocalista debe tener las cuerdas vocales más pequeñas del mundo, y la bajista es la bajista más guapa del universo. Cell Scape tiene la mezcla exacta entre noise y rock. Mucha de la banda que fue a ver a Melt Banana hace un año era banda que quería ver rock y bailar slam, incluso les lanzaban vasos. A un amigo de esos que les gusta Tool le recomendé el disco y creo que no le gustó. Creo que la banda que fue tiene el perfil de los que escuchaban las Dos Horas Debrayan. Este programa, con el Warpig y el Reverendo, es magnífico, pero, y esto es el único contra, el subgrupo underground que es fan de este tipo de música desarrolla un orgullo quasi enfermizo por lo que oye. A diferencia de tribus sociales como los punks o los darkies, que sienten que el mundo les rechaza, estos chavos que escuchan garage y rockabilly y música que parece grabada hace treinta años sólo se enorgullece porque es música que pocos escuchan. Obviamente, así nace lo Trendy. Hace unas horas, una amiga que quiero mucho estaba haciendo fila para un concierto de estos en el CC España, el lugar más wannabe de la ciudad. La banda formada afuera era el perfecto resumen de lo que escribí arriba: nada de especial, ni siquiera resentimiento, sólo una especie de código local importado o trabajado en casa, depende. Con Melt Banana, esto es raro, a muchos les gusta y todo, quizá hasta les guste Fantômas o Patton (a mi no me gusta ninguno de los dos), pero es raro que de aquí se pase a cosas más arriesgadas. No todos sus discos son tan perfectos como el Cell Scape, a veces son más rock/punk que otra cosa. Este dura media hora, de la cual 11 minutos son de soundscapes. Si me preguntan, es la banda perfecta en su disco perfecto. canción: shield for your eyes

Morton Feldman / String and Piano Quartet, String Quartet 1 y 2 Morton Feldman es de mis compositores favoritos junto con Satie. Escuchar su música, a mi cursi parecer, es casi un acto de resistencia. No obstante, Feldman es muy musical, aunque escucharlo es una cosa muy contemporánea. La primera vez que lo escuché fue A very short piece for trumpet, es incréible ver cuán preciso puede ser un músico. Su música siempre me ha parecido algo así como cortar un bloque de concreto con un alambre. Sus cuartetos son larguísimos, repetitivos y sofocantes. Es de esos personajes que cuando ves sus fotos sabes que brillaba, y mucho. Cuando lees sus textos los entiendes no sólo en cuanto a música, sino en cosas más amplias. Decía que él no repetía, que nunca escribía dos puntos en sus partituras (sus cuartetos son repeticiones y repeticiones) porque era probable que quisiera cambiar de opinión, y que no permitía que ninguno de sus estudiantes pusiera dos puntos. A mi esto me sirvió a entender cosas de arte. Creo que por esto me gusta este tipo de música. Yo entiendo cosas de video y escultura con ella. Feldman es uno de mis héroes, me corté el pelo como él. Nunca he escuchado nada de Feldman tocado en vivo, pero tomando en cuenta que casi lloro cuando Aki Takahashi tocó la prémiere gymnopedie de Satie, seguro pasaría lo mismo.

Keiji Haino / Tenshi no Gijinka Este es nuevo, es de la semana pasada, lo bajé porque cuando vi a Haino en Radar el año pasado rebasó todas mis expectativas. Quien haya ido seguro sabe de lo que hablo. Keiji Haino es un japonés de 1.60, de 56 años, con el pelo lacio y blanco casi platinado. Cuando se subió al escenario me tardé tiempo en saber si Keiji era nombre femenino, además de que toca con lentes oscuros. Es una especie de diva muy rough. Tocó hora y media, con una guitarra pasada por como veinte pedales, gritaba como si lo estuvieran matando y se tiraba al piso y se movía por el escenario y luego pasó a un theremin y más voces en loop, además, tocó con una caja de ritmos pesadísima, que sonaba como si estuvieran cayendo piedras al techo del Lunario del Auditorio Nacional. Fue un concierto brutal. Usaré la definicíón que usó Sanchez Villa ese día: "primero nos la metió toda y luego nos la fue sacando poquito a poquito". Este disco, no obstante que es lo contrario, sigue siendo muy japonés: está lleno de silencios, toca un gong, una batería y algunos instrumentos de esos muy japoneses, grita muy poco. Este tipo de cosas me complican, porque siempre las he querido hacer pero, ¿sabes? cuando algo no es parte de tu proceso, quieras o no, te tienes que hacer a la idea de que no puedes pasar por eso. No todos pueden correr con los lobos, pues. Haino es como si Feldman hubiera sido japonés y hubiera hecho rock, ya sabes, de esos músicos que te hacen pensar: ¿Cómo piensan o qué comen los japoneses que hacen música así?

Andy Biskin Quintet / Dogmental y THE HARD CORP / THE HARD CORP Estos dos discos los conseguí en la sección de remates del mixup en el 2003, de la cual me hice asiduo revisor y donde podías encontrar discos a $19. Fue una hazaña no sólo encontrarlos, sino decidirse a llevarlos. Estas secciones de remates son particularmente lastimeras: son cementerios de cd's. Discos de latinos de Miami, bandas de Ohio y cosas así. En estas secciones aprendí a revisar cuatro filas de discos al mismo tiempo. Estos dos son discos de jazz (cosa de la que me enteré tras revisarlos por todos lados para ver qué instrumentos tocaban o cuánto duraban las canciones). El de Andy Biskin fue primero, es jazz increíblemente cómico, como si el clarinetista de la High School se separara de la banda y se burlara de ellos con su música. Sí, esto suena muy geek, pero es justo el mood High School Band. Es casi música de caricaturas. The Hard Corp es otra cosa, es jazz pesadísimo, y es de esas joyas que ya nunca volví a encontrar ni siquiera en internet. Es free jazz rápido, de ese que le subes a todo el volumen. La compañía que lo lanzó, Cool Nation, traía, en todos sus discos una especie de manda, se proclamaban a favor de descubrir música nueva, de ser fashionable en un mundo lleno de liars and fools and evil doers. Es muy bonito. Era una declaración de principios que, pese a todo, me gustaba mucho. Recuerdo que el día que compré este disco, la chica que en aquel entonces me gustaba me había prestado música. Antes de regresar a casa me topé con este disco. Lo escuché todo el fin de semana, e incluso me sentí un poco mal de no escuchar la música que me habían prestado (al final sólo a mi mamá le gustó Stoa). Lo ponía a todo volumen en la casa y era la locura. El jazz fue otra etapa de mi vida. Yo era de los que, durante cierto tiempo, iba todos los sábados al CNA a escuchar bandas mexicanas (aquí se hace buen jazz, valga decir) y era muy feliz haciéndolo. En serio, feliz, regresaba a casa muy de buenas, escuchaba el radio en la noche. Ya no me emociona, y esta es una cosa que me entristece un poco. Me gustaría que me volviera a gustar el jazz tanto como entonces. El jazz (en especial el Bebop o el cool o el free) era a mis diecisiete años lo que la música experimental es hoy para mí. Hay un par de videos en Myspace de The Hard Corp, recomiendo los busquen. canción: table manners y restrictions

Johanna Billing / You don't love me yet Este disco de una canción es, de hecho, un cover y un proyecto arty. Una artista sueca grabó una canción de Roky Erickson y la cantaba en varios museos. Es de esas piezas que no entiendo cómo funciona pero me gusta. La canción repite por más de 4 minutos su coro: "Todavía no me quieres". La letra es muy triste, pero la cantan con tanta emoción y esperanza que se te olvida la letra y empiezas a cantar; la primera vez que la escuché, en una proyección de videos en el Tamayo, iba justamente con la chica por la que moría y que 'didn't love me yet', lo que creo que agudizó que cuando encontrara esta canción por internet (sólo se consigue descargándola, y ya les he puesto el link aquí) me salieran casi casi las lágrimas. Recuerdo que al salir de la proyección me dijo que no le había gustado esa. Un año después se la grabé en un cd y de nuevo, nada. Uno pide lo que recibe.

Cansei de Ser Sexy / Donkey No apoyo la escena arty escenosa de bandas como CSS, no soy de los que le gustan las perras drogadictas de copete de niño con ropa de colores. Este disco es años luz menos pretencioso y soberbio que su primer disco, en el que la música era más fashionable y las letras más de perra drogadicta ('quiero ser amiga de todos y darme besos con mis amigas también'). Una de las cosas que me atrajo más de CSS es que pareciera que cantan sexy. Sé que una banda que canta sexy no puede decir gran cosa (como las Tropicosas o Las Nenas), pero CSS me encanta por esto. No sé si en el futuro esto sea algo de lo que las bandas saquen más provecho, pero considerando que todos los vocalistas son gays que usan sombrero de hongo, lo dudo, o pasaremos a una época homoerótica que a todos-les-hará-gracia y jaja, qué chistoso. Cuando fui a Guadalajara el año pasado escuchaban mucho este disco en la casa donde nos quedamos, por lo que en mi cerebro se pareó con la música una imagen de adolescentes irredentos y despreocupados. Fools rush in, as they say. canción: let's reggae all night

Michael Jackson / Bad Si bien no es el primer músico del que me hago fan (pues no tenía todos sus discos ni me urgía tenerlos), Michael Jackson sí fue mi primer ídolo. Es mi primer recuerdo musical, el Bad, es un disco maravilloso, con mejores momentos que el Thriller y no tan desesperadamente moderno como el Dangerous. Mientras escuchaba el Bad, como no sabía inglés (y aprenderlo es también gracias a escuchar su música) asociaba alguna especie de historia completamente inventada con todas las canciones. Creo que por eso tenía una fascinación por ver videos. No me interesaba la producción ni lo flashy de los videos ni nada, pero poder ver una especie de historia ligada a la música le daba un giro total a la experiencia. Me desesperaba mucho, porque e televisión abierta casi nunca pasaban videos, y si lo hacían los cortaban a media canción. Lo escuchaba mucho, el Bad, y me apenaba que supieran que me gustaba Michael Jackson, siempre he sido relativamente reticente a bordar una bandera con mis gustos, cosa que hoy hago más bien por auto escarnio y motivos muy arty. Cuando era un niño de 7 u 8 años yo quería bailar como MIchael Jackson y todo, pero era un niño gordo, sadly. No fuí al concierto del Estadio Azteca, nadie me llevaba, nadie escuchaba que quería ir y nadie parecía entender cuanto quería ir. Y no fui de todos modos, a mi edad, quizá no hubiera sido tan grande la experiencia, aunque hubiera tenido la experiencia, quizá habría sido más fan de Michael Jackson y no estaría aquí escribiendo posts aburridos. canción: man in the mirror

La Lupita / Tres D En 1995 yo empezaba a escuchar rock en español, muy poco, y este disco lo compré, por $60, casi por azar, sí, en la Comercial Mexicana. Este es el primer disco que me aprendo completo, lo escuchaba de principio a fin y cantaba todas las canciones, ninguna me gustaba menos que la otra. Creo que este es mi primer 'disco favorito'. Originalmente lo compré, creo, porque los matones de mi salón de secundaria lo escuchaban y lo cantaban en la clase (sólo las partes en las que había groserías). Traté de reproducir el dibujo de la portada con no tan malos resultados. En una ocasión, un par de matones de mi casa lograron (literalmente) entrar a mi casa so pretexto de un trabajo en equipo. Cuando vieron el dibujo en uno de mis cajones, uno de ellos se sorprendió y creo que me otorgó un poco de respeto. Le dijo al otro matón que viniera a ver: 'Ira como dibuja este wey, le quedó bien verga, te la mata cabrón'. Fue un momento lindo. Me quise hacer fan de La Lupita, pero los casetes en Discolandia no estaban baratos. La verdad, creo que el problema no es tanto el dinero, sino que cuando vas a la tienda hay mucho de dónde escoger, y no sabes si estás llevando a cabo una decisión importante o sólo estás tirando tu dinero, cosa que se refuerza cuando tus papás te ven regresar con tu nuevo disco ridículo y te lo reprochan. Eventualmente, en la huelga, con un abierto desprecio al rock mexicano de bajos vuelos, le vendí el cassette a un amigo por $20. canción: haciendo bizcos

King Crimson / B'boom Live in Argentina Este disco me lo regaló una exnovia cuando cumplimos un mes, y me hizo sentir mal porque a mi no me pareció un día especial y yo no tenía nada para ella. De hecho, fue el doble de especial: ese día me admitieron en la carrera. King Crimson es de esas bandas que escuchaba todo el tiempo, que no me cansaba de escuchar. De todas las bandas de progresivo que probé, King Crimson no tenía defectos. Yo siempre he sido un aficionado clavado y freaky, y este disco, junto con el que mi entonces novia también fuera fan, hizo que siguiera por un rato impunemente. Este disco en vivo es buenísimo, ni siquiera se escucha en vivo, suena muy limpio. Este disco, junto con el VROOOM es de esos discos de progresivo que ya son más música contemporánea y que hacen que el joven pretencioso de 20 años se haga más curioso. Poco después, cuando King Crimson vino a México por tercera vez, que era la primera vez que me tocaba, no tocaron como en los discos que tenía, y la experiencia fue mucho menos de lo que esperaba, la batería de Pat Mastelotto no era ni la mitad que la de Brufford, Trey Gunn se adueñaba del escenario, no tocaron con tantas ganas, ni todas las que debían tocar (que tocaran Elephant Talk o Frame by Frame fue un logro). Yo había esperado este concierto con muchísima emoción y no fue ni la mitad de lo que pensaba; por si fuera poco, Santa Sabina abrió el show y no me hizo más placentera la experiencia. Rompimos cuatro días después del concierto. canción: lark's tongues in aspic pt.II

Mudhoney / 5 Dollar Bob’s Mock Cooter Stew Este disco me sirvió como un acto de resistencia en aquella temporada decembrina del 2001. Un amigo quería comprar ropa Giorgio Armani y su última opción se había reducido a Santa Fe. Suena a mala idea por todos lados, pero yo aproveché el viaje en coche para conocer el MixUp. Era el más barato de Mudhoney que había (a quien le entraba porque también lo relacionaban con Nirvana). Me vi obligado a ponerlo en el viaje de regreso (No Giorgio Armani in Santa Fe, kid, get back to loserland). Era entre punk y rock con sentido del humor, muuuuy slacker y muuuuy sucio. Este disco es de mis más queridos, yo usaba franelas en un mundo de moda decente y este tipo de música, quieras o no, cursi o no, adolescente o no, es de alguna ayuda para que te creas las cosas. Siempre he dicho que si fuera a Estados Unidos lo primero sería ir a Seattle, sería como ver fotos de las fotos que ves en los libros. Cuando veo fotos en blanco y negro de Charles Peterson de la escena de Seattle me entra una especie de nostalgia inventada que es, no obstante, muy sincera. Hace unos años, cuando Pearl Jam vino por segunda vez a México a tocar el mismo repertorio que en su primer concierto, me enteré, unos días antes, que Mudhoney iba a abrirles. Yo, quien desde siempre sabía que no iría, de muy gana hubiera pagado un boleto por verlos. Ya no había boletos ni previsión para ahorrar. Una amiga fue y me llamó justo cuando empezaron a tocar. No estaba en casa. Este fue un gesto muy lindo de su parte, y creo que no le hice mucha fiesta. Hay personas con quienes, aunque lo intentes, las cosas no te nacen. Mudhoney sigue tocando con exactamente la misma alineación desde hace más de veinte años, y uno de mis sueños es verlos antes de que se retiren. canción: in the blood

Beethoven / Novena Sinfonía Creo que esta es de mis poquísimas incursiones en la música clásica. Sí, me empezó a interesar por A Clockwork Orange. Me encanta este disco, es fabuloso, el segundo movimiento es maravilloso, y durante una temporada muy larga me la pasaba silbando la tonada a la menor provocación. Una vez lo intenté poner en el taller de pintura, me morí de pena la hora y pico que duró. Intenté conocer más, pero no pude gran cosa, la música clásica es, de plano, difícil para mí. Para mí, la música empieza en Satie. Una vez escuché esta pieza en vivo, en una vulgarmente llena OFUNAM. Ya había escuchado tanto el disco que me pareció que tocaron mal el segundo movimiento, demasiado rápido y comiéndose una nota. Cuando alguien hace comentarios de esos nunca entiendo, yo no reconozco esas cosas, pero con este me pasó. Este disco lo tomo por temporadas, pero no lo he encontrado, creo que lo perdí. Lo tengo en una versión chafísima que compré en la Comercial Mexicana. Son los mejores $20 que he pagado.

Alice In Chains / Alice in Chains Este disco me lo regalaron (pero yo lo escogí) en mis últimos días de escuchar grunge y cuando estaba a punto de pasar a cosas más acá, a mis 19 años. Este disco es sólido, con arrestos y con momentos muy bonitos. No sé qué más decir. Es buen ejemplo del tipo de música que oía en aquellos años, y es de esos que aún puedes retomar. De esos discos que puedes platicar con algunos amigos que también lo tuvieron y decir: eran tiempos mejores. También es ejemplo de cierta estética del arte de los discos grunge que solía ser o muy Do It Yourself o muy estrafalario, desde los cuadros super de miedo de Kurt Cobain (como en el single de Lithium o el Incesticide) hasta este, que usa grabados del siglo XIX, muy al estilo American Gothic. Hasta en eso me ayudó este tipo de música. ¿Cómo vas a acceder a cosas grandes si sólo escuchas tus discos ridículos? Pues así. ¿Por eso todo se verá emo hoy día? canción: shame on you

John Cage / Sonatas and Interludes for prepared piano Antes de tener este disco lo escuché en vivo. Fue otro de esos momentos fuertes. Antes de él, un par de amigos músicos hablaban pestes de Cage, básicamente porque eran músicos que aún encontraban demasiado placer en tocar piezas viejas y musicales. Cuando haces algo y le encuentras el gusto ya te jodiste. Cuando escuchas a Cage lo primero que pasa es que vulneras la manera en que escuchas, te cambia todo de un golpe, así, paff. Este disco me sorprende y mucho. Tiene un manejo de silencios que hace casi imposible seguirle el ritmo con los dedos. Muy no-musical. A Cage, por extraño que parezca, sientes que puedes aprenderle tanto o más sólo leyendo sobre sus piezas que escuchándolo. Así me pasó con LaMonte Young, por ejemplo. Me gusta más Feldman o Satie que Cage, pero es como Duchamp con la música: los que no saben escribir de música siempre lo citan como el origen de todo. No deja de ser verdad en buena parte, pero ya les dije que los periodistas de rock no saben escribir un ápice. No deben saber qué es un ápice, siquiera (lo que me da ventaja, porque yo tampoco). Cuando escuché, en vivo, los Freeman Études, cambiaron un montón de cosas. Recuerdo que en ese concierto, por una extraña sucesión de circunstancias, fueron varios amigos y cercanos que no tenían nada que hacer en él. Me gané boletos e invité a una amiga más por gusto de ‘te invito’ que por pensar que pudiera gustarle. Fue al baño y cuando regresó ya había empezado. Dice que cuando escuchó se consterno, se dijo para sí misma que se sentía como alguien que no sabe nada de arte cuando va al museo. Este concierto es de los que más importantes han sido en mi vida, simplemente me cambió todo. Casi todas las personas que conocía que fueron a este concierto lo odiaron (y el actual director de Radar confiesa que fue un concierto dificilísimo). Duró 100 minutos y a mí me pareció que apenas había pasado media hora. Te das cuenta de la idea de musical y no musical con Cage. Es la puerta de acceso de muchos. canción: totem ancestor

Guillotina / Rock Mata Pop
Al igual que con Mudhoney o Sonic Youth, Guillotina me llamó la atención porque lo tildaban de ‘la única banda mexicana de grunge’. Así, sin pensarlo mucho compré un disco y vi que en efecto, lo era. Lo único que uno sabe que está mal con Guillotina son sus letras, que a veces pecan de sinceras (nunca he escuchado a otra banda usar la palabra ‘democratizar’ en una canción). Como era la única banda mexicana de la que sí era fan (tengo cinco discos de Guillotina), cuando se presentó una firma comunal de autógrafos en Plaza Cuicuilco, fui específicamente a que Guillotina me firmara mis booklets. Había cuanto rockero viejo y desempleado se puedan imaginar, La Cuca o La Casta o Los Fabulosos Cadillacas o una mierda así. Cuando por fin llegamos a la mesa, pasé a todos de largo (creo que un wey se sintió mal, ni idea de en qué banda tocaba). Al llegar con el guitarrista y el baterista de Guillotina les dije que rifaban y que chido. Cuando vieron que tenía el primer disco el mismo guitarrista se extrañó: “¿Cómo conseguiste este?- Me costó un güevo” Y en efecto, yo revisaba cada MixUp en la sección de rock en español hasta que un día lo encontré. Una vez me enteré de que tocaban en la colonia Pensil Norte, era, de hecho, mi primer concierto de Rock-Rock, en septiembre de 2001, en un deportivo en una zona horrible de la ciudad. Me la pasé fenomenal. De ese concierto sacaron un disco en vivo, y un sonoro ‘¡A huevo!’ de un servidor se escucha en él justo antes de una canción. Rock Mata Pop no solo resume algunas de sus ideas más contraproducentes (de que el pop es basura y que hay personas malvadas en el mundo y todo eso), sino que también resume que son buenos músicos. canción: no da igual

Morphine / Cure for Pain Este disco fue una cosa completamente nueva para mí. Lo llevaba al taller de pintura un amigo que siempre llevaba discos raros. Yo había leído de Morphine en un ejemplar de La Mosca, y aunque el artículo era malísimo, se alcanzaba a entender que una banda que tocara con bajo, saxofón y batería definitivamente sonaba interesante. En verdad, este disco, con líneas de bajo complicadísimas, batería seca, saxofón muuuuy grave, letras beat y la voz de Mark Sandman, era algo completamente nuevo. Todo era perfecto. Este disco lo escuché miles de veces en muy poco tiempo. Conocer a Morphine ya viejo (a mis 21 años) fue un poco triste: pertenecían a los mismos tiempos que Nirvana y similares, pero nunca los conocí, y aunque no sonaba parecido, tenían todo lo demás en común. Era como si estos slackers sucios y desobligados que leían a Kerouac, en vez de tocar rock, tocaran jazz. Mark Sandman murió como Moliére, haciendo lo que hacía subido en un escenario, y es muy triste, porque no hay un disco de Morphine que no te guste por entero. Si puedo recomendar cinco discos de los 56 de este post, definitivamente uno de ellos sería que bajaran el Cure for Pain de Morphine. canción: i'm free now

Entre Ríos / Sal Hacía el 2005, no entiendo por qué, comencé a ‘afresarme’ en un montón de cosas. De repente, las canciones felices cantadas por chicas con voz linda me mataban; en esta época, me sabía todo el Sin Restricciones de Miranda, y lo cantábamos (a medias, yo no aceptaba del todo este nuevo giro mío) de camino a la escuela una amiga y yo, tan culpable fue este gusto que m copia pirata de ese disco se lo quedó ella. Escuché Salven Las Sirenas, la primera canción del Sal, casi por error en la radio. A veces me quedaba todo el día esperando que la pasaran. Yo me volvía una perra loca de felicidad cuando la pasaban. Lamentablemente, pasó un tiempo para que disqueras mexicanas lo trajeran, y de hecho, en unas horribles versiones nacionales (la portada de este no es la que tengo). Nunca me tocó ver a Entre Ríos en vivo, y si aún se pudiera, cosa que dudo, sería tan fuerte como ver a Mudhoney en vivo. Entre Ríos es una de las mejores bandas de electropop que han existido en el mundo, y a nadie parece importarle. Siempre me pareció un poco patán que las canciones, que las escribían los hombres del grupo, las tuviera que cantar Isol sin cambiar el género masculino de la primera persona. Sentía que, tal vez, como Isol sólo cantaba, menospreciaban su parte. canción: más

Fiona Apple / Extraordinary Machine De la misma época que Entre Ríos, comencé a escuchar a Fiona Apple cuando empezaba a ceder con las chicas que cantaban. Durante mucho tiempo, las bandas en las que había una ‘chica que cantaba’ me daban urticaria, aunque creo que esto era culpa del contexto, las bandas mexicanas que usaban a su vocalista como extensión de sus tonterías eran malísimas. Es decir, Las Ultrasónicas podían estar chistosas, pero cuando a tus amigas se les hacían chistosas todo el tiempo unas malcogidas que tocaban feo y cantaban mal ya te empezabas a dar cuenta que a ciertas bandas les gusta llevar desventaja. A algunos, el under les queda bien. Actualmente muchas chicas se aprovechan de ese ‘soy una chica, no tengo por qué destacar, canto feo y qué’ y viven de dar risa y de hacer una música que nadie se toma en serio, pero somos tan hipócritas que hacemos de cuenta que sí. Ejemplos sobran: Jessy Bulbo, Maria Daniela o Amandititita. Regresando al tema, yo toleraba a Kim Gordon de Sonic Youth porque ella era otra cosa. De Fiona Apple sólo tenía un par de canciones aisladas en discos quemados. Fue por un amigo que supe de este disco, decía que lo había mandado comprar de internet y que, en efecto, era invendible, muy folk y muy fuerte para llegar a tiendas. Yo no entendía gran cosa, pero siempre había tenido curiosidad por escuchar a Fiona Apple. Cuando lo vi a $10 en Tepito no dudé un segundo. Este disco está en mi top 5, es increíble. He citado letras de él mil veces aquí. Es increíblemente triste y áspero. Este disco es de esos que entiendes algunos años después. Oh Well es la historia de mis últimos 19 meses, Parting Gift la de toda mi vida posterior, Red Red Red la de todo lo demás, Waltz la de ahora mismo. No conocía el tono ‘culero, mira lo que me hiciste’ hasta que no conocí a Fiona Apple. El Tidal o When The Pawn son discos maravillosos, pero este funciona desde la primera hasta la última canción, completos. Y sí, Fiona siempre tiene razón, en todo. canción: oh well

The Simpsons / Sing the Blues Wow Man! Este disco es de mis posesiones materiales más memorables junto con mis cassettes de Michael Jackson. Este cassette me lo compró mi mamá en una oferta de la Comercial Mexicana, de cuando los discos estaban en vitrinas. Ahora que lo pienso, por extraño que parezca, aunque no hubo una cultura ni musical ni literaria en mi casa (no heredé ni un solo libro o disco, todos los que tengo los compré yo), mi mamá siempre, en sus momentos, fomentó mi consumo de música, quizá por cómo escuchaba el Bad de Michael Jackson. Me compró un radio para tocar cassettes como a mis 9 años, uno de doble cassette a mis 15, y todo sin que yo lo pidiera. De niño, accedía a comprarme un cassette a mí, un niño que los escogía por la portada, y cuando apareció uno con la familia Simpson en la portada ya era mío. Por supuesto, en su momento no lo disfruté tanto como ahora. Este disco trae varias canciones clásicas cantadas por los Simpsons y algunas originales. Son varios estilos, Bart canta rap, Lisa y Homero cantan blues, el señor Burns canta la canción más moderna del cassette, y Smithers toca un solo de guitarra. Una de estas canciones, Moanin’ Lisa Blues, es casi casi la banda sonora de ese capítulo donde Lisa pasa por una depresión. De los primeros capítulos, quizá de los primeros diez, de cuando los Simpsons abordaban temas serios. Las letras, con todo y ser cantadas por personajes de caricaturas, son maravillosas: “I wish i had a ponny, I wish I were eighteen, I wish I had a dime for every trick that hits me mean, they tease me ‘cause I’m different, little different from the rest”. Este disco es fácilmente descargable y es un clásico que no debería pasar de moda nunca. canción: moaning lisa blues

José González / Veneer Este disco me vino por casualidad: un amigo me quemó un disco de Cream Fields, en donde venía la de Crosses. Le grabé un disco a una amiga y recordé esta canción, la escuché con más tiempo y busqué el disco sólo para verlo. Cuando vi que costaba $29 original lo compré sin más (aunque eso no hace a Noiselab una mejor disquera). Una vez que lo escuché se volvió uno de mis discos favoritos de inmediato. Veneer es uno de esos discos declaradamente melancólicos y tristes, pero bonitos. Cuando lo escuchas sientes que lo grabó en su casa mientras afuera nevaba. Las letras son de las más sencillas que he escuchado, pero también de las más bonitas (you, left a lovestain on my heart, and you, left a bloodstain on the ground, but blood, comes off easily). Un poco por José González me di cuenta que me estaba empezando a interesar en el folk sin saber bien a bien qué era tal cosa, y sobretodo, que me estaba volviendo a interesar en la difícil labor de escuchar un disco. Desde entonces, eso es de principios de año hasta la fecha, he escuchado mucha música muy cursi. Es chistoso cuando notas que estás escogiendo discos nuevos justo mientras lo haces (se supone que uno nota estas cosas después, cuando lo ve todo en retrospectiva, a menos, claro, que uno siempre viva en retrospectiva). No tengo mucha más historia de este disco porque es de principios de año que lo escuché, pero tengo la impresión de que pese a lo increíblemente sincero y humilde que es, no ha de tener mucho éxito. Siento como si estuviera fuera de lugar, como si toda la música a su alrededor fuera una cosa completamente distinta. Al menos, cuando lo escuchas sientes que es una pausa respecto a lo que sea que pasen en el radio. Quizá, si uno es de los que ve el folk como algo trendy, le guste este disco y también los de Devendra Banhart (a quien nunca le he podido entrar) y se le haga chistoso, pero, por sí solo, el Veneer es de esos discos que se acomodan a la vida del usuario. canción: save your day y broken arrows

Maldita Vecindad / El Circo Este disco, por raro que parezca, lo compré cuando salió, en 1991, y me acuerdo que lo compré la misma tarde que compré el Dangerous, de Michael Jackson. No sé bien qué me impulsó a pedirlo para que fuéramos a comprarlo al Sears de Universidad, yo ya sabía que era rock y que eso estaba relativamente fuera de mis límites. Aun así lo compré. Escuchar este disco fue una experiencia rara, creo que es el primer disco en español que tenía, y oír las letras, aprenderse las canciones y meterse con esas frases era una cosa bastante ajena. No entendía la mayoría de lo que decían, pero me quedaba claro que había mucho humor, y sobre todo, que no hablaban de amor. El cien por ciento de música que llegaba a mi casa, si llegaba, era a través de la televisión. Durante toda mi niñez siempre me preguntaba por qué era que todas las canciones hablaban de amor. Me consternaba la idea de que algo tan universal como la música fuera algo monotemático. Mis primos, muchos años más grandes que yo, tampoco fueron de ayuda: uno de ellos compraba el ‘Notitas Musicales’, así que las respuestas las tuve que encontrar por mi cuenta. Nuca fui un rebelde, cuando llegaba a la escuela no llegaba con un paliacate y cantando ‘Pachuco’, este disco fue muy importante pero, a mis ocho años, la esfera de vida no se mezcla con otras tan fácil, yo siempre me sentí ajeno a esto. Incluso legué a comprar el Baile de Máscaras, que era un disco tan mediocre como cualquiera de Manu Chao o El Tri (a saber, el mismo disco grabado toda su carrera). Es muy triste, pero Maldita Vecindad hizo ‘historia’ en el rockcito nacional, pensaron que podían vivir de sus rentas y se echaron a perder. No fue un caso tan triste como ver a los de Botellita de Jeréz envejeciendo y viviendo del erario público. Ver al Señor González brillar con un disco muy chico, a Armando Vega-Gil pensar que podía vivir de escribir como si tuviera 15 años o a Fernando Rivera Calderón queriendo hacerse famoso a costa de lo que se pueda, esas son cosas que, entre seres humanos, no deberíamos permitir que pasen. canción: toño

Placebo / Without You I’m Nothing Definitivamente, nunca he sido ni seré de los que idolatran a Brian Molko, de hecho, conocer este disco me vino en pleno descubrimiento de otro montón de cosas, por lo que fue un poco cosa de suerte que le pusiera más atención. Lo conocí por una amiga que era fan from hell y con quien pasaba algo así como el 70% del tiempo en sexto de prepa. Es la única relación heterosexual basada en el rock que he tenido. Ella quería tocar la guitarra y le chocaba el progresivo porque no tenía feeling, íbamos al Chopo a ver discos y todo. Era el espíritu del rock, era el año 2001. Un poco a la fuerza, después de tanto tiempo de convivencia, compré el Without You I’m Nothing y me sorprendió que fuera un disco tan redondo. En esa época, el Niu Metal se empezaba a poner de moda, y con él cierto mal gusto de sus bandas plenamente masculinas y rechonchas (¿por qué todas las bandas de niu metal siempre tienen gordos entre sus intregrantes?). Un disco como el de Placebo, tan mesurado y refinado, con un arte de tan buen gusto, era raro. Muchos lo recordábamos por la banda sonora de Cruel Intentions, que, contrario al tono de toda la década de los noventa (con películas como Clerks, Wayne’s World o Singles), promovía una idea de juventud más fancy y sofisticada. Placebo era un poco así en el tiempo que le vio nacer. Este disco es de antes, lo sé, pero a mí me llegó como un buen ejemplo de buen gusto en música. No tengo más discos de Placebo, creo que es difícil seguirle la pista a Placebo, no es una banda a la que puedas tolerar todo el tiempo. Incluso esta amiga me invitó al concierto, el primero de los miles que han hecho aquí. No fui en pos de ir a una fiesta a la que iba una chica. No siempre he tenido la cabeza fría. canción: burger queen

Jamiroquai / Travelling Without Moving Este disco es importantísimo. Cuando lo conocí, alrededor de 1997 o 98, yo apenas estaba encontrando cosas en música. El día que lo compré también compré el primero de Molotov. Ese mismo año me empecé a hacer fan de Beastie Boys y Plastilina Mosh. Un disco tan smooth como el de Jamiroquai era muy difícil de escuchar para un adolescente gordo con gustos de gordo. Y lo fue, en serio, toda mi atención se fue por el de Molotov y casi no le puse atención en su momento. Molotov es una banda de buenos músicos muy desperdiciados. Todos pensábamos eso como un último acceso de indulto, pero cuando empezaron a sacar sus últimos discos en solistas, ya era obvio que les importaba un pito que nos diéramos cuenta que siempre habían sido unos fresas de tenis converse. Lo mejor que podrían hacer es retirarse, en México, un roquero retirado tiene tanto trabajo como uno en activo, se sigue presentando en los mismos lugares sucios y malolientes, pero tiene la enorme ventaja que no tiene que preocuparse por componer nada nuevo. Regresando a Jamiroquai, lo primero que conocí fue Virtual Insanity. Yo, desde que tengo memoria, me ha gustado el jazz y esa música, pero ni sabía cómo se llamaba ni podía escucharla mucho, así que siempre he tenido disposición a estas cosas. Cuando veía a Jay Kay en el video (Jonathan Glazer era un genio en esa época), se me ponía la piel chinita: nada de pretensiones adolescentes, nada de guitarrazos, puro coolness. Era un grado de coolness al que me gustaba pensar aún tenía acceso. Afortunadamente nunca me compré un gorro como el de Kay, pero sí me bordé el logo del disco en una sudadera (mentira, lo hizo mi mamá y le tomó semanas de trabajo). Un amigo me cuestionaba por qué me gustaba si el wey que cantaba era gay. Sabía que algo estaba bien, entonces. De hecho, para mí incluso era muy difícil escuchar este disco, había cosas que no sabía si me gustaban o no. Cosmic Girl o Didjital Vibrations por ejemplo. Yo era tan bruto que incluso llegué a pensar que eran chilenos porque en el video de High Times Kay usaba la camiseta de la selección chilena. Me encanta Jamiroquai, y sólo tengo este disco, y en cassette, y está en mis pendientes hacerme de todos los demás. Con el tiempo, este tipo de coolness no se me disparó en la cara, nunca me hice de discos de chill out ni nada por el estilo, cosa que durante un breve periodo de mi vida vi que se ponía de moda (sobre todo entre cierto círculo cerrado que no extraño, que escuchaba versiones mezcladas de Miles Davis y Jazz at Punta y esas cosas), pero aún me gustaría, y mucho, tener discos de Tosca. canción: high times

Brazilian Girls / NYC Con este disco puede aplicarse más o menos lo mismo que con el de Jamiroquai: mucho coolness pero no como pasta y vino los sábados con mis amigos en la terraza. A Brazilian Girls los conozco por el Gabrielón-No-Estoy-Borracho: ‘¿Qué estamos escuchando? A Brazilian Girrrrrrrls’. Este exceso de erres es como el resumen de este disco: es de esos discos muy amplios, que le gusta al que sólo oye discos de Putumayo y al que le gusta Kruder & Dorfmeister por igual. También puede aplicarse a lo que decía de las voces femeninas. Creo que una segunda explicación de mi actitud reacia en el pasado hacia las vocalistas era que, en el caso del rock, las chicas cantaban como chicos a los que no se les puede recriminar nada y que pueden cantar años igual, tipo Yeah Yeah Yeahs o No Doubt. Pocas chicas en el rock decidían cantar en un plano distinto y no pasar a la gratuidad de ‘la vocalista toda loca poca madre’. Elastica es un ejemplo, y también un ejemplo de popularidad contenida. Con Brazilian Girls, obvio, la cosa va por otro lado. También, el escuchar este disco, me hizo darme cuenta, como con el de José González, que estaba escuchando cosas nuevas que antes no (menos gritonas y más discretas). Este disco, un poco predica una especie de motto de lo fashionable, lo global, la movilidad y el futuro-es-ahora (Nouveau Americain, Ricardo, International, Berlin, St.Petesburg, por ejemplo), pero no es de esa música que se hace trendy desde sí misma, como CSS. He escuchado los tres discos de Brazilian Girls (no con mucha dedicación, en una reunión y del ipod de un amigo), y la verdad es que ni el primero ni el Talk to La Bomb le llega a los talones al tercero, que es más arriesgado y, de hecho, tiene momentos más ‘movidos’. También recomendaría descargarlo. canción: mano de dios

La Perra / La Perra Supe de La Perra por una revista La Mosca y la verdad nunca le presté mucha atención. Los conocí en un concierto en el Alicia. Este era mi primer concierto de progresivo de algún tipo, abría La Perra y seguían Cabezas de Cera e Iconoclasta. Ambas cosas me emocionaron mucho, ver este tipo de música en vivo era muy distinto a lo que estaba acostumbrado con otras cosas que escuchaba. Pero La Perra, sobre todo, se caracterizaba porque aparte de ser una música muy precisa y muy exacta (sientes que no se equivocan en una sola nota), tenía arrestos, le agregaba una dimensión como de distancia a este tipo de música, que normalmente no la tiene. No era rock, pero tocaban con tanta fuerza como si necesitara serlo. Es un baterista que hacía chistes entre canción y canción y una bajista que se mueve por el escenario como nadie. Muy chistoso, es como ver a tu tía hacer muecas con un bajo. Me encantó. Esa noche, de la pléyade de discos invendibles a la que tienes acceso al final del concierto, me llevé este. El baterista me contó una anécdota sobre que el tipo que le hacía los bajos a su esposa se llamaba Bob, luego me cabuleó y él mismo dijo ‘Nah, cómo crees, es broma carnal’, pero esa noche yo estaba pachequísimo. Sólo tenía 18 años. La dedicatoria dice: ‘Para el bob, tocayo del bob, que le hace los bajos a elena, vive con el rock, Perico’. Años más tarde, en mis primeros días en el taller de escultura, alguien hablaba de La Perra. Me sorprendió que alguien conociera a una banda tan tan tan underground. ‘¡¿Conoces a La Perra?! -¡Son mis tíos!’ Era un amigo que traía los discos más acá de todo el salón, y al parecer él los conocía de sus tíos. Hoy día, de todas las bandas que escuchaba y ya no escucho, La Perra es de las pocas que aún trato de ir a sus conciertos. No dejan de sorprenderme cada que hay uno. Dudo que este disco pueda descargarse, pero si lo encuentran, bájenlo. canción: pamela

Pink Floyd / Meddle De cómo conocí a Pink Floyd es una historia curiosa: intentábamos buscar baños en una facultad de derecho desierta el Mario Flores y un servidor y me preguntó, de plano, si conocía a Pink Floyd. Se sorprendió cuando le dije que no, él es un poco de los que, cuando está metido en algo, le sorprende que los demás no lo estén también. Recibí, por mi cumpleaños número 19 (aunque varios días antes, nunca entendí por qué), tres discos quemados y un instructivo con dibujitos que aún tengo. Es una selección sin pies ni cabeza, por lo que entrarle a Pink Floyd siguió siendo difícil para mí. Tengo pocos discos, y todos son maravillosos, me costó trabajo elegir cual era el importante, y creo que es el Meddle. Cuando iba a la videoteca de la escuela a perder el tiempo en mi año sabático, en alguna ocasión vi el Live At Pompeii. Me sorprendió mucho, la música de este disco era muy distinta a la que me había grabado (luego descubriría que había omitido la época hippie a propósito). Creo que es el disco más término medio de Pink Floyd, tiene partes experimentales como Echoes o One of These Days, otras más declaradamente bonitas como A Pillow of Winds o Fearless, y accesos de humor como Seamus. Recuerdo que cuando lo compré, fui a ver a unaamiga a su facultad y de ahí fuimos a mi casa y lo escuchamos. Cuando escuchábamos Echoes, ella decía que la parte del intermedio le parecía como alguien cayendo al vacío y que gritaba. No le respondí con la sorna de rigor porque, aparte de que en esos tiempos yo era mejor persona, tampoco estaba en posición de’echar a perder la situación’ (mi casa, a medio camino de todos lados, propiciaba varias situaciones ventajosas, y’know what I mean). Recuerdo que sólo le dije que no opinaba igual. Echoes es la canción que más me llamaba la atención porque mezclaba la parte instrumental semi psicodélica con letras en un tono completamente distinto (todos los grupos de progresivo tienen estas partes tan delimitadas), no había visto a alguien hacer eso, tal vez a Emerson, Lake & Palmer, pero incluso ahí sonaba cortado. Lamentablemente, ya no compré más discos de Pink Floyd, es de esas cosas que asocio directamente con esa etapa de mi vida, y no hay mucho para volver a ellas, ya no tengo tanta paciencia para escucchar canciones de 23 minutos que, como no dejan de ser canciones, exigen ser escuchadas esos 23 minutos; aunque si pudiera, por fin, escuchar el A Saucerful of Secrets (¿así se escribe?), lo haría. canción: fearless

Yes / Close To The Edge Este disco lo conocí también por La Mosca en la Pared. Lo ponían en la sección de clásicos, decía que era un disco grandilocuente y pantagruélico (perio-dismo-de-rock), lo que equivalía a decir cursi y pretencioso, y era justo mi tipo. Es un disco completamente representativo: muy inglés, casi gaélico, muy cursi, muy aparatoso, con más sonidos de los que uno pensaría se necesitan. Son sólo tres canciones larguísimas, una mixta, otra muy ridícula y otra muy rockera. Las letras son fantasiosas y las ilustraciones son como dibujos de un libro de niños. No obstante, este disco es maravilloso. Fue un poco como tocar fondo, podía escuchar a EL&P, a Jethro Tull o a Rush y ninguno implicaba la ridiculez que implicaba escuchar a Jon Anderson cantar seguramente con los brazos alzados en el estudio de grabación. Aunque cursi, este disco tenía momentos de rock muy claros y decididos, era de esos discos que podía intentar imitar con guitarra en mano. La batería de Bill Brufford es sumamente jazzística, la guitarra es rápida pero no se pierde en los solos imposibles y es muy melódica todo el tiempo, los teclados, aunque desbordantes, me gustan. Suena a que es un disco histórico, ya sabes, de esos a los que no podrías quitarle nada o dejaría de ser lo que es. Pese a lo que he escrito en este párrafo, de todas las bandas de progresivo ridículo que escuchaba, sólo de Yes me quedan ganas de comprar otro disco, el Fragile. canción: close to the edge

Erik Satie / Complete Piano Works Vol. 4 Este disco me lo regaló el pulque cuando le pedí que me quemara algo de Satie si es que tenía. El pulque, además de tomar los meses de rigor, prefirió regalármelo que grabármelo. Hacía eso con frecuencia: si un disco no le gustaba, buscaba a quién regalárselo. A Satie lo conocía, poquísimo, de una exnovia. De todas las cosas que me prestó (Radiohead, Björk y cosas así), lo mejor que salió fue Satie. De Satie no tengo anécdotas ni similares, la verdad no recuerdo muy bien cómo fue que convirtió en una especie de músico de culto para mí. Creo que, aparte de su música, son sus textos. Cualquiera que lea sus textos sabe que este tipo estaba en otro plano, su juego era otro. Para mí, la música tiene dos momentos: Antes de Satie, y después de Satie. Es cierto que Cage es más importante en la historia de la música, pero eso es sólo porque aún no se reconoce el trabajo de Satie. Es increíble que alguien en su tiempo hiciera lo que él hacía: antes de empezar el siglo XX ya había rozado el minimalismo y la música concreta. Sus indicaciones de carácter en sus obras (esas cosas que dicen con qué sentimiento se debe tocar la pieza) son demasiado para cualquier músico de ese tiempo u hoy. Tengo miles de discos de Satie, pero este fue el primero que escuché. A partir de aquí fue que empecé a escuchar más música contemporánea (Boulez, Messiaen, Nancarrow, Scelsi, Stockhausen), porque fue hasta ese entonces que vi que sí podía con este tipo de cosas. Lo maravilloso de Satie es que, aunque se mueve por caminos mucho muy complicados (en lo musical y en todo lo demás), conserva un grado de accesibilidad que hace que a cualquiera le pueda gustar. De Satie no puedo decir mucho, es un músico tan redondo que no puedes decir mucho. Es mi compositor favorito junto con Morton Feldman y sólo una vez he escuchado algo de él tocado en vivo y casi casi empiezo a llorar. canción: le picadilly

Pearl Jam / Vitalogy Fui fan from hell de Pearl Jam un buen rato, justo después de acabarme todo lo que había de Nirvana en el MixUp. Fue un paso lógico. Tengo todos los discos, bootlegs, singles y todo. Cuando vinieron por primera vez, aunque definitivamente ya había pasado el furor, fui los tres días. Lo último que tuve de Pearl Jam fue el Riot Act. El caso de Pearl Jam no es tan trágico como otras bandas: se hicieron viejos muy rápido. Ya desde el Yield se escuchan muy maduros y buenos, y poco a poco se enseñoraron. Es todo, al menos en cuanto a música. El Riot Act es un muy buen disco, pero cuando vinieron con el de la portada infame del aguacate ya era muy claro que no querían dejar de ser rockeros, y los guitarrazos se escuchaban falsos. Sonará muy tonto, pero aunque Pearl Jam fue mainstream casi desde el principio esto no fue decisión suya sino hasta estos últimos años, cuando pensaron que era buena idea lanzar un disco doble de éxitos. Para mí, y no hablo de un tema que desconozca, la mejor etapa de Pearl Jam va de 1993 hasta 1998. Sólo cinco años de sus dieciocho de trayectoria. El Ten era un disco muy redondo, si hubieran dejado todo tras ese ya hubieran sido grandes, y mucha gente opina que es su mejor disco, pero a partir del VS, cuando en verdad hicieron canciones que parecira que ni ellos se acuerdan de haber hecho (blood, wma, glorified g, rats) es cuando iniciaron su mejor época, justo la mitad de los noventa. El VS es el disco rabioso de Pearl Jam, donde se dan el lujo, a sus veintimuchos, de hacer canciones de rock duro. No Code era un disco más tranquilo y con momentos algo extraños (In My Tree, Who You Are?). Yield, de 1998, era una especie de No Code muy pulido y trabajado, con cada vez más partes de esas sentimentales (wishlist, low light) e, incluso, en las partes más arriesgadas, no deja de haber una producción más y más refinada (push me pull me, pilate). Jack Irons tocó en esta época, y creo que es el mejor baterista que ha tenido. Pero Vitalogy, mi disco favorito de Pearl Jam, es otra cosa. Es su disco más arriesgado, nadie podría discutir eso. Para empezar, el arte, como había dicho de toda esta estética grunge, era muy hecha a mano, muy arty y sin refinar. Es el único disco de Pearl Jam en el que no hacen solamente fotos. Pero, además de esto, toda la estética es sumamente oscura, muy freaky. El disco no es más sencillo. En Vitalogy se encuentran algunas de las canciones más ‘pesadas’ de Pearl Jam (Last Exit, Spin the Black Circle, Whipping) y algunas de las más melosas (Nothingman, Immortality), pero además están las canciones más experimentales de toda su carrera. Desde las canciones que siguen siendo rock pero conservan una cosa rara (Not For You, Tremor Christ y sus tres acordes o Satan’s Bed) hasta piezas en las que de plano jugaron con eso que llaman ‘un disco conceptual’, que, a mi parecer, Vitalogy es el único que tienen. Bugs, tocada en acordeón con una letra super freaky, Pry To o Aye Devanita, que es casi casi un soundscape de lo cuidadas que están las voces o la que para mí es su mejor canción: Heyfoxymophandlemamathatsme, también conocida como Stupid Mop, de la cual, hace 8 años tomé el nombre para mi mail. Para los que no la hayan escuchado, puede ser como una mezcla entre Nurse With Wound y grabaciones médicas de diagnósticos con niños. Las voces son de miedo, las letras son super oscuras. Lamentablemente, es muy difícil encontrar este disco en versión original (que es un libro), porque todas las versiones son las de precio amigo con la portada escaneada horrible, así que si lo encuentran seguramente será muy caro. Este disco en verdad recomiendo comprarlo o si no se puede, de perdida Taringa.net. canción: stupid mop

Olivier Messiaen / Quatuor Pour La Fin Du Temps Este disco no recuerdo cómo llegué a él. Creo que porque lo asociaba con Satie o porque siempre había tenido curiosidad por la Sinfonía Turangâlila en la que tocaban un ondes martenot (y de hecho nunca la he podido escuchar). El caso es que llegué a este disco completamente indefenso, sin ninguna expectativa. Messiaen es grande, mucho muy. El disco está escrito basado en la vida de Cristo y su trágico final, o eso creo. Aunque me equivocara, el disco es de esos que expiran religiosidad por todos lados. Su trasfondo también cuenta: Messiaen lo hizo mientras estaba preso, así que lo escribió para los instrumentos a los que tenía acceso (piano, clarinete, violín y chelo). Es un disco increíblemente humilde, de esos discos muy muy hondos. El quinto y octavo movimiento son brutales. Nunca he podido escuchar ninguno de los dos sin estar a punto de soltar lágrima. Es un poco como con el Daydream Nation de Sonic Youth, sé que cuando lo escucho va a haber una especie de pausa, como un grado cero desde el que se puede empezar otra vez. Cada que pienso en Messiaen, preso, componiendo una pieza tan fuerte como esta, que el día de su estreno en la cárcel antes cinco mil personas la tocó con una tecla hundida del piano y un chelo con tres cuerdas, me asombra cómo algunas personas pueden cambiar el mundo desde un espacio tan reducido y pequeño. Me gusta pensar que este disco es humilde porque creo que lo es, sin ninguna intención de grandeza puede moverte sin que te des cuenta qué te pegó. Nadie podría escuchar un disco como este y no sentir nada. Las cosas no funcionan así. canción: louange à l'immortalité de Jésus

Boredoms / Seadrum/House of Sun Leí de Boredoms una vez en una revista Código. El artículo era muy corto y se limitaba a enlistar infinidad de nombres de personas con quienes han trabajado, de proyectos alternos y bandas sonoras. Con esto bastó para intentarlo. Bajé de internet el Seadrum porque escuché que lo habían grabado en el mar, con la marea subiendo y alterando el sonido de las baterías. El disco bordea lo tribal y un minimalismo casi casi como de Steve Reich. Son sólo dos piezas de veinte minutos cada una, la primera como la describí y la segunda en un tono más exageradamente oriental. Este disco, y en general todo lo que es Boredoms, me llegó en un buen momento. Leí este artículo en el 2005, y en aquel entonces creo que nada de ellos me hubiera gustado. Antes de escuchar nada grabado pude ver a Yamataka en vivo en Radar, cuando vino con Taeji Sawai y su proyecto de sensores de luz. Yamataka gritaba y alzaba los sensores que traía en las manos y eso modificaba el sonido. Los 100 o 200 que estuvimos en el Palacio de Medicina aquél jueves 24 de Abril del 2008 vimos uno de los mejores conciertos en toda la historia del festival. La verdad, y esto me entristece un poco, no tengo mucho que decir de Boredoms, es una banda increíble a la que llegué muy tarde, y tal vez hay algunas cosas que hubiera sido más emocionante descubrir con ellos que con las cosas con las que lo descubrí. En ese mismo 2005 en que leí el artículo yo escuchaba cuartetos de Wolfgang Rimm en Opus 94.5 y creo que un poco fue el camino difícil (no recuerdo mucho de esos cuartetos). Boredoms, también, es un poco mi idea de una banda perfecta: que saca miles de discos, colaboraciones y proyectos muy experimentales y que cambia de alineaciones a cada rato. Si hiciera una banda o un proyecto de este tipo (pinchi sirako, ya aplícate master) sería así, hacer y hacer y hacer. Este tipo de música me hace feliz. Hagan changuitos para que los traigan en Radar el próximo año. canción: seadrum

Otomo Yoshihide New Jazz Quintet / Live in Lisbon Otomo fue un parteaguas en la música que escucho. Llegué a él por mera casualidad. Antes, iba a todo Radar excepto a las jornadas de electrónica llamadas Decibel. Un viernes, llegando de la escuela, un poco harto y cansado, vi el programa: a las nueve de la noche, en el MIDE, $50 con credencial. Lo pensé y decidí ir. Casi no llego, el tráfico estaba horrible y mi humor no mejoraba. El concierto incluía a dos actos que ya fueron suficientes para ponerme de buenas, pero cuando llegó Otomo se cayó todo el edificio. Para empezar, Otomo es un japonés de cuarentaytantos que usa sudadera y es medio tímido. Se subió y empezó a destrozar un tornamesas. Le sacaba unos ruidos fuertísimos, muchas personas se tapaban los oídos y algunos (mujeres sobre todo) se fueron. En vez de poner discos en las mesas puso platillos de batería, y el tornamesas estaba conectado a algunos pedales, el sonido era más de lo que imaginan siquiera, lo mejor de esto era que veías a Otomo hacer presión sobre los platillos y podías escuchar esa diferencia en el sonido, no como otros artistas sonoros que hacen el teatro de estar tocando y cambiando de instrumentos y nunca escuchas un cambio en lo absoluto porque con una barrera de ruido les basta para salir con la conciencia tranquila del escenario. No era así con Otomo, todo lo que hacía era en vivo, con cambios y altibajos. Después de esto, hizo una pausa y cambió a una guitarra. Mucho menos ruidoso y más ordenado, te dabas cuenta que este sujeto era un músico completo en todos los sentidos de la palabra, que podía componer y tocar para cualquier situación. Para mí todo cambió después de Otomo. Cuando conozco a alguien y descubro que estuvo ahí me tomo el tiempo de platicar al respecto. Este disco, Live in Lisbon, es otra faceta de su trabajo, que es un quinteto de jazz en el que él se hace cargo de la guitarra. Es básicamente lo mismo que cuando tocó en vivo pero con un ensamble perfectamente ordenado encima. Es un ruidero, valga decir. Este disco difícilmente podría ser llamado jazz o siquiera free jazz, porque todas las capas de sonidos se mezclan y hacen una cosa más complicada. La última canción, Eureka, es un cover de una canción de Jim O’Rourke. Yo no conocía a O’Rourke hasta entonces, y esta pieza me fascinaba, sonaba a canción de cuna tocada con saxofones, guitarra y batería. Repetía la frase inicial miles de veces y sostenían sonidos por periodos de tiempo muy prolongados, y era por este tipo de cosas que te dabas cuenta que ya no era jazz. Si me casara me gustaría bailar esta canción en vez del tradicional vals. canción: eureka

Jim O’Rourke / Halfway to a Threeway, Insignificance y Eureka Después de escuchar ese cover de Otomo me interesó buscar la fuente, que era Jim O’Rourke. Tenía varias referencias de O’Rourke antes de empezar a buscar sus discos. En primer lugar, había tocado con Sonic Youth del 2000 al 2004, cosa que me extrañó un poco, porque SY siempre había tenido una alineación inmodificable que, de repente, admitía a un sujeto nuevo. De hecho, me tocó ver a O’Rourke tocar en vivo cuando SY vino por primera vez a México, aunque esa vez me clavé viendo a Thurston todo el tiempo. Esa fue mi primera referencia, a partir de ahí empecé a ver el nombre de O’Rourke a lado de mucha gente: Anthony Braxton, Derek Bailey, japoneses. Hasta ahí ya me quedaba claro que era uno de esos músicos experimentales que hacía miles de proyectos con otras personas. Esto no era tanto como para interesarme en él, sobre todo porque nunca había escuchado nada de él solo, por eso, cuando, hurgando en Taringa encontré sus discos de solista probé con uno. Encontré del que salió la canción de Otomo, Eureka, y lo bajé pensando que era un disco de noise, lleno de soundscapes o guitarras destrozadas. Cuando llegué a casa y lo puse me extrañé muchísimo. No era un disco de noise en lo absoluto, de hecho, era lo menos noise del universo. Era un disco de pop-folk increíblemente bien grabado y limpio (hace que Butch Vig suene acartonado en comparación), con momentos, en general, muy cursis. Sólo en una canción había soundscapes, Eureka, y de hecho se acercaban más a música instrumental muy bien hecha que a algo experimental. En resumen, que no tenía idea que este sujeto hiciera este tipo de música también. Y tan bien. Lo escuché muchas veces, miles, no podía dejar de escucharlo. Hace un par de semanas, me di cuenta, como cuando no estás acostumbrado a cambiar en algunas cosas, que este ya era mi nuevo disco favorito, desplazando al Washing Machine de Sonic Youth. Eureka es un disco perfecto, sin una sola falla. Tiene un par de covers y un par de canciones con nombres de obras de Chris Burden. No es demasiado largo, con 8 canciones, de las cuales, aunque un poco cursi aparentemente, el tono de las letras no lo es en lo absoluto. Las canciones de O’Rourke son más como alguien que se toma un respiro, piensa en lo que pasó y sigue caminando. Se oye como alguien que no tiene tiempo para corazones rotos. Es el músico más humilde del universo, O’Rourke. Eureka, se podría decir, es un disco sencillo, maravilloso pero muy sencillo, sin ningún alarde de grandiosidad. Es un disco casi acústico, que en momentos casi grita, no se me ocurre cómo un disco puede ser tan prudente. Insignificance, por otro lado, es un disco abiertamente de rock, sin canciones completamente instrumentales, con canciones de esas calmadas, con el tono de las letras de Eureka: sin angustias ni prisas. All Downhill from Here o Therefore I Am están llenas de guitarras y distorsión, y otras como Memory Lame y Life Goes Off siguen con la línea acústica. Al igual que con Eureka, sólo hay un momento relativamente experimental: el cierre del disco son dos minutos de loops que van subiendo de volumen hasta explotar, y ahí termina. Halfway to a Threeway es una mezcla extraña. Es un EP, Fuzzy Sun, The Workplace y Halfway to a Threeway son canciones sumamente tranquilas, no demasiado distintas entre sí, con letras un poco más melancólicas que los otros dos pero aún con ese grado de higiene mental. Por otro lado, Not Sport, Martial Art, pese a ser la canción instrumental de siete minutos del disco, es increíblemente sencilla, con una estructura muy simple y unos arreglos escuetos. Eso es algo que me llama la atención de O’Rourke: mientras lo escuchas sabes que tú podrías tocar lo mismo, que no es una música que se base en asustar a nadie. O’Rourke parece ser un sujeto sumamente obstinado en lo que hace, como si no le asustara equivocarse. Escuché un disco más drone, de noise y soundscapes grabado en vivo en Holanda cuando tenía 23 años. Sabes que apenas empezaba porque los aplausos son nutridos pero nadie grita de emoción, además de que son pocos, era un auditorio pequeño. Los cuarenta minutos que dura los cambios son mínimos: basó toda su presentación en una serie muy sencilla de decisiones alrededor de un sonido y se mantuvo así todo el tiempo. Me gusta cuando un músico tiene los arrestos de olvidarse de los que se supone le escuchan y sigue haciendo lo que hace. Jim O’Rourke es una especie de guía espiritual para mí, y el texto con el que abro este post es una muy clara muestra de por qué. Había leído declaraciones de músicos al respecto de este tipo de cosas, pero cuando lees las de O’Rourke te das cuenta que sus soluciones son más amplias, más humildes. Creo que la palabra es humilde en su caso. Además, y esto no me pasa con muchos discos, los álbumes de Jim O’Rourke que tengo siento que se los puedo regalar quemados a quien sea, que no puede haber persona que no le guste. Le regalé el Eureka en mp3 a una amiga cuyos gustos musicales son muy dispersos y no coincidimos y aún en esas condiciones estoy seguro que le gustó. Simplemente no concibo que alguien pueda no gustar de lo que hace, y creo que cuando piensas así acerca de algo no es por nada. Así pensaba, sólo un poco, de Nirvana cuando lo conocí, hace casi diez años. Si alguien me quiere hacer feliz esta navidad, un disco cualquiera de Jim O’Rourke quemado basta. canción: not sport martial art, all downhill from here y ghost ship in a storm




Este post está dedicado a la chica por la que moría, que decía que se puede conocer a alguien viendo sus discos.