21 oct. 2009

Double Raised Up Self Grounded Subterfuge

Cuando entré a la prepa surgió una camaradería casi cursi: de repente todos eramos amigos, todos nos saludábamos de beso e íbamos al jarocho juntos, éramos adolescentes muy fresas en una especie de tregua, sobre todo tomando en cuenta que la secundaria es más o menos todo lo contrario; por supuesto esto no iba a durar, sin embargo, hay una cosa que recuerdo y mucho: una de las primeras cartas de presentación que se soltaba de rigor era qué música te gustaba. Así podías seccionar a las personas con un margen de error muy pequeño, creo que el 50% de la primera impresión constaba en lo que escuchabas. Si es que escuchabas algo. La respuesta más común cuando alguien no tenía ningún gusto en particular era de todo menos cumbia o grupera. Así debía ser, siempre lo supe. Desde que la música empieza a ser importante en tu vida sabes (o al menos yo sabía) que eso define parte de lo que eres en tu ridícula pubertad. A esta edad uno no sabe de posiciones ni ética, así que la música que escuchas se vuelve más que un refugio. Cambias de gustos en tu vida, puedes interesarte a mayor profundidad en la música o relajarte en lo que escuchas, pero sigues sabiendo que la música es importante. Algunos años después, y ni siquiera sé cómo decir que esto pasó, las cosas o la perspectiva desde la que medía dichas cosas cambió de manera drástica. Muchos amigos, o cuando menos contemporáneos escuchaban a Intocable, las idas a fiestas en casa de alguien cambió por ir a antros por un lado y por cantinas por otro, de decir salir en la noche se pasó por el ir a bailar. Esto no es realmente un cambio, ahora lo sé, así son las cosas, pero este es mi blog y el mundo gira alrededor de él. Bailar, para un adolescente que escucha sus discos en su cuarto, era un primer punto de resistencia. Ya sé, un punto muy ridículo de resistencia, pero no deja de ser uno. No bailo, es muy simple. Entonces, cuando ves que estas cosas que suponías piedras angulares en tu educación sentimental y crecimiento sólo son cosas que pasan casi por naturaleza, las cosas cambian. Con qué intensidad depende de uno, pero hay cosas que cambian. Hay una anécdota que ejemplifica esto: en la prepa había muchos vagos que tocaban la guitarra en los pasillos de la escuela, para mí estos vatos eran parias: no ibas a la escuela con guitarra en mano para tocar rolas del Tri. Un día que salíamos como a las 9 de la mañana, la chica que me gustaba y otros vatos saldríamos de la escuela, pus por ahí a echar el coto, sí, en la mañana. Hurra. A sugerencia de uno de los vatos presentes, llevé mi guitarra. Yo sólo sabía tocar cosas de Nirvana y Pearl Jam, y no lo hacía como un acto de exhibicionismo, y no era necesario, pues nadie las conocía. Entonces, este güey agarró mi guitarra y empezó a tocar rolas de Timbiriche, Hombres G y Enanitos Verdes, y recuerdo que la chica que me gustaba cantaba Lamento Boliviano con todos. Algo no cuajaba. Esta no era más que una de millones de pruebas de que la vida no es como en las películas, pero era una muy nueva demostración de que la vida no incluye el buen gusto en sus manifestaciones diarias, y de que esta cosa de espíritu rebelde-doméstico no era una cosa de edad, sino de clase social o algo así. Que algunos de tus amigos escuchen a K-Paz de la Sierra, que salgan específicamente a bailar, que de repente resulte que todos ellos sabían bailar cumbias perfectamente, que se sepan las canciones que considerabas anodinas, todo esto fue una especie de cambio lento. ¿Estábamos cediendo? ¿Así se movía el mundo naturalmente? Cualquiera que fuera la respuesta, no debilitaba la idea de que uno podía hacer de sus pequeñas resistencias un estandarte que denotara lo que uno era. En su momento no le presté tanta importancia: una respuesta fácil es que algunos se quedan en el camino. Esto aún estaba revestido de una ética del clasemediero individualista, pero funcionaba. Sentía que tal vez estábamos fingiendo, que algunos nos estábamos haciendo tontos, sobre todo porque la esfera de estas cosas apestaba a viejo, a cosas que hacían tus primos que eran más grandes que tú: de repente, entrábamos a las pistas de baile, a las cantinas, cosas que yo asociaba con un mundo adulto por el que nunca me sentí interesado y del que hasta entonces me sentía ajeno. No es que de niño no quisiera crecer nunca, mi infancia no fue de ese tipo de infancias divertidas, pero tampoco tenía la menor intención de entrar al mundo adulto. Nunca quise aprender a manejar, mi primera borrachera me la puse super viejo, me la pasaba viendo caricaturas, en una ocasión en que estábamos con chicas algunos años más grandes que nosotros en un Sanborn's saboteé la situación por todos los medios. Me sentía orgullosísimo al final, había metido un autogol. Juan Viloro dice que meter autogol ya no es futbol, le estás diciendo a los demás que lo tuyo es otra cosa. No era nada, realmente, era sólo que la idea de crecimiento, o como la entiende un adolescente, no me atraía y un poco me asustaba. Esto se puede resumir en un par de líneas: las piedras que has lanzado a el enemigo no eran piedras realmente, sino cosas por las que tenías que pasar. Esto fue un primer momento, sin embargo, un poco de tiempo después me vino una segunda vuelta de este sentimiento. Como pos adolescentes o adultos contemporáneos (término que siempre me ha parecido una ridiculez), de repente resulta que a todos se nos hace chistosos los noventas, ah, qué chistosos eran, y los ochentas están chistosos también, y decimos que nos gusta José José. Ya sé, es lo mismo que renglones más arriba, algunas personas no crecieron con Nirvana, sino con José José, pero sentía que ahora había una especie de acuerdo con esto: se nos hacía chistoso, escuchábamos Scat Man, Gloria Trevi, bolsas de mano de ixtle, colores demasiado chillones, un repentino auge del surf en el DF; a partir de estos años, principios del siglo XXI, comenzó una especie de revival por lo popular como kitsch y, en últimos años, como trendy. No es que este revival fuera nuevo, pero ahora se metía con un campo del diseño más voraz y con generaciones más veloces, por lo que se veía más a lo lejos. Estábamos haciendo de cuenta que dominábamos un campo que ni siquiera era nuestro. Pero se veía bien. El ridículo nos quedaba bien porque sentíamos que no había gran cosa que perder, y a partir de entonces la velocidad se confunde con crecimiento. Hace poco platicaba que hace más de diez años MTV pasaba MTV Clásico, que era, grosso modo, videos de los ochenta. Si decías 'es un clásico' hace diez años, te referías a los ochenta en el sentido más popular de la palabra. Si hoy día dices lo mismo, todos apuntan a la mayoría de los ochenta de nuevo. Esto es fácil de comprobar: recuerda cuántas veces escuchaste alguna rola de los ochenta en la última fiesta a la que fuiste. Es raro, es como si los noventas no se adecuaran al ánimo de estos tiempos, como si hubieran sido un lapsus. Nadie quiere aceptar que los noventa existen como existieron. O, por decirlo de manera más simple, ya a nadie le asusta toda esa cosa de que el futuro viene directo a nuestros hombros, ya a nadie le parece que los yuppies sean el enemigo. El autor característico de este sentimiento sofocante de los noventa es Douglas Coupland, cuya obra no se distribuyó en México más que en los años en que salían los primeros libros en inglés, editados por Ediciones Zeta (Generation X, Shampoo Planet, Microserfs, Polaroids from the death o Girlfriend in a coma, nada más). Una clara muestra de esta veloz y voraz obsesión por dar carpetazo a los noventa y recordarlos con sorna y una ironía que nada tiene que ver con la ironía de los noventa es el repentino y planeado cambio de giro de MTV Latinoamérica en 1999. Quienes no recuerden o no conozcan, un lunes de septiembre de 1999 MTV amaneció completamente distinto. Para mi sorpresa, pasaban Ren & Stimpy en las mañanas, junto con constantes repeticiones de Beavis & Butthead, Daria y Celebrity Deathmatch. Lo malo es que era un señuelo: ahora, incorporaban videos de latinos que antes sólo veías en Telehit, el némesis de cualquier televidente de MTV. Ahora, Alejandro Sanz, Shakira o Ricky Martin y su vida loca adornaban la programación. Esto no era todo, el mismo diseño gráfico cambió: ahora, la aburrida M gris en la esquina superior derecha había cambiado por una simpática esfera naranja que giraba, el diseño de la programación en general había cambiado de uno relativamente austero y rough (mucho muy de los noventa) por un abierto romance con el diseño sintético, de colores vivos y bordes duros. MTV, por ridículo que parezca, constituyó uno de los más importantes momentos en mi educación sentimental: acceder a música que no veía en otros lados fue un golpe tajante. Antes suplicaba por que pasaran en tv abierta algún video de La Lupita o Aterciopelados cuyo nombre ni siquiera sabía. Los primeros videos que vi en diciembre de 1997 eran de Bran Van 3000, Eels, Pulp, Cake, Oasis. Fue un cambio tan fuerte que desde entonces lo sabía. Con la búsqueda del mercado latino-tropical, MTV dejó de ser el bastión del rock que era, eso sin contar la música que se vendría en años posteriores: Nookie, de Limp Bizkit abría 1999, y con él una ola de rap metal y rock declaradamente masculino que podía ser una especie de vuelta a algo que se suponía que ya habíamos superado: del glam-rock-metal-macho de los ochentas a la bandera alternativa de la generación x de los noventa, regresó la testosterona burda del rock de hombres con bandas como Limp Bizkit, Staind y otras menos rudas pero no menos ridículas, como Sugar Ray o Crazy Town o Creed. Es cierto, el rock había muerto cuando Kurt Cobain dijo "is better to burn out than fade away" (que realmente lo dijo Neil Young, y de hecho, lo decía Joyce en The Dead), pero esto era todo, lo habíamos aceptado sin más, se había acabado, y con esto vendría lo peor: la aparición alrededor de 2001 del Is this it? de The Strokes traería consigo lo que marcaría el resto de la década. Con la manía de los recuentos, los tops y las revisiones de fin de siglo, muchos se preguntaban cuál sería el tono característico de esta década, si los ochentas eran el glam metal, los noventa el grunge y el alternativo, cuál sería ahora? La primera respuesta era que iba a ser la década del rap y niu metal, pero no tenían idea. La constante, a partir de tono 'retro-chick' de The Strokes, fue hacerse el chistoso. Creo que, de algún modo, sentíamos ese aire de 'cortar de cero' con el rock, y creíamos que ya lo habíamos superado, pero nos estábamos haciendo los cínicos, como cuando sales de un examen y afuera están los otros tontos que ya lo acabaron y sales con cara de saber de qué va la cosa pero estás igual que todos. Algunos de los más importantes momentos de esta década se caracterizan por revivals con los que todos estuvimos de acuerdo, que a todos se nos hicieron chistosos, algunos ejemplos obvios: The Strokes y sus poses gastadas pero no atacadas so capa de ironía, The Darkness y la idea de 'qué chistosos eran los ochenta', Kings of Leon y su bandera de country-rock setentero (que dejaron al menos en parte al adoptar en años recientes un look miles de años más juvenil que con el que comenzaron su escalada pública en el 2003), Yeah Yeah Yeahs y el guiño al punk sin control aunque con una producción cuidada, Clap Your Hands Say Yeah! y su música sencilla y sus letras y ejecución en vivo a las que parece no importarle nada. Esto ha producido o permitido varios efectos laterales: la cada vez más grande popularización de la música electrónica (en los noventa esto era todo un tópico), el surgimiento de más y más bandas con música sencilla y letras anodinas dada la idea de que no se requiere gran cosa para hacer una (si se revisa el modelo del rockstar de los noventa con el de hoy, se verá una diferencia tan increíblemente abismal que no parece haber sólo diez años de diferencia, no es posible siquiera poner en el mismo renglón a Kurt Cobain o a Maynard James Kenan a lado del vocalista de Franz Ferdinand) o la apertura de artistas del tipo exótico. Cuando veo a gente de mi edad o mayores o menores o lo que sea diciendo que bandas como Zoe o Arcade Fire son la neta, es cuando te das cuenta que se pasó por algunos pasos tan pero tan rápido que ya ni siquiera se puede ver cómo pasó todo. De repentel, de anonimato del que hace su vida y nunca se dejó el pelo largo y nunca se emocionó con la música pasamos al pos adolescente trendy que se hace el que le gustan las cumbias y de ahí al twittero oficinista que anuncia cada pequeño cambio en su agenda sin dejar de querer hacerse el chistoso. Este paso no es del todo gratuito, la popularidad de Twitter no es nada nuevo, realmente: la idea de estar siempre a la vista, de ser conocido desde tu cuarto (ahora más bien tu oficina) es completamente de los años noventa, aunque, ahora, sin la parte de aportación al mundo, lo que deja únicamente la parte estóico-hedonista de la omnipresencia y el saludo constante de la popularidad: el adolescente que mantenía un fanzine digital, el que mantenía una fanpage de Soundgarden o una guerrilla digital con más buenas intenciones que cabeza, todo esto se originaba de una idea de entrar en el mundo, no tanto de participar en sus intercambios (eso más bien sería una urgencia por entrar al mundo laboral), sino de darle algo. Sonará estúpido, pero es una de los pocos éxitos del individualismo urbano contemporáneo de clase media: hace soplar el aire del mundo, ese que llega hasta al más pequeño y alejado pueblito. Twitter mantiene únicamente la parte del exhibicionismo y la idea de la comunidad y de estar con y en. Esto es una lectura muy simple de todos esos libros que leímos en la carrera, y es un cliché decirlo, pero siento que es una cosa que no se debe subrayar sólo por gusto: los medios nos rebasan, tenemos los medios para comunicarnos con personas a miles de kilómetros de distancia pero no tenemos nada qué decir, y no queremos decir nada, no acercarnos a nadie (Asimov, McLuhan, Houellebec, you name it). Hace poco le decía a una amigo que qué diferencia habría entre reabrir mi Twitter y sacar banderas de colores de la ventana de mi cuarto con machotes o leyendas de estado: "Estoy bien, "Ya me desperté", "Desayunando", "No estoy haciendo nada", "Ya me voy a dormir", "No me siento bien". Es cierto, no es rápido, nadie lo leería, es ridículamente empecinado, con demasiadas 'intenciones', casi pretencioso, de mínimo valor comunicativo (y que nadie me diga que Twitter tiene un valor comunicativo en algún grado, porque las neuronas que manejamos ahora y las que se manejaban hace diez años son prácticamente las mismas). Sin embargo, me gustaría ver todo un vecindario colgando y constantemente cambiando sus banderas en las ventanas. No sé, estos actos tan pequeños e insignificantes, en esta escala, me parecen mucho más cercanos al mundo en el que, por donde se le vea, vivimos. Pero entonces estamos hablando de arte, y este blog pierde más y más lectores cada día por escribir de arte. No obstante, los quiero.




Update: Ya reabrí mi Twitter!

5 comentarios:

sirako dijo...

yo también te quiero.

a mí me gustaba el tri, qué pedo conmigo, pero al menos nunca toqué sus rolas en mi prepa. ni besé hombres. creo

Poala dijo...

En mi prepa abundaban los tipos con guitarras, como que la mayoría eran del tipo “tokines y aguas locas”. It was fun indeed.
Me acuerdo que una vez una amiga y yo estábamos hablando con un tipo, su banda se llamaba "shake shake now" la verdad thumbs up, suena a algo que yo usaría.
Este wey era onda fans de the libetines y el brit pop y yara yara. El punto es que había como una gran conmoción, porque un wey que antes tocaba con “Los mutantes” (l-a-m-e) había empezado a tocar con ellos. Y de mutante a sahke era una graaaan diferencia.
Le preguntamos que que pedo y nos dijo de lo más serio “Pero si ese we ya es alternativo, ya ni usa playeras negras!” Juar, ah la prepa, ya no hay nada de eso en la uni. Sigh.

joseph stam dijo...

Tenia algo muy bueno que comentar al respecto, pero me levante por mi cena y lo olvide.

Lo unico que puedo decir es que anoche estaba bailando en una fiesta de desconocidos pasito Duranguense, ¿qué pasa conmigo? probablemente me deje seducir por la informalidad del momento

estoy a favor de poner cortinas de colores en las ventanas, creo que es mucho más creativo.

saludos!

C. De La O dijo...

Tu mejor posteo y después el de los discos.

A veces no sé que pensar cuando pones en palabras cosas que estoy pensando mucho últimamente.

Me das miedo.

Radha dijo...

Changos Bob!! ya se me había olvidado por que era fan. Este post me dolió. Abrazo!