viernes 13 de noviembre de 2009

vengo de una caminata. desde mi casa hasta casa de otra persona cuya dirección cree que ignoro. fueron tres horas. creo que ya no me gusta tanto caminar, me distraigo, y no se supone que lo haga para distraerme. tengo que pensarlo.





escucho mis discos de jim o'rourke. una y otra vez. en serio.





cito mucho en este blog, pero sólo libros, nunca a bloggers. no obstante, este párrafo del gabrielón neb siempre me ha dejado frío:



Dos circunstancias hacen que la vida del ser humano valga progresivamente pito: que alguien te rompa el corazón y romper el corazón de alguien. Luego de que esas dos se dan, el resto es envejecer y redundar.





anoche se terminó todo.





este blog se retira por tiempo indefinido. los quiero a todos.

miércoles 11 de noviembre de 2009

over archived seized up undeterred jerked jig saw







(este post es sobre películas que me gustaría ver, pero me gustan los títulos de posts muy pretenciosos, y las fotos igual, a que no saben de donde saqué esta de arriba)








Películas que nos gustaría ver



En una agencia de coches, dos historias: una roadmovie de la jefa manejando a una convención de la industria automotriz muy importante, ella está convencida que este evento será muy importante para su carrera profesional pero al final la cosa es medio decepcionante; por otro lado, la historia de su equipo de ventas, que asiste a una competencia no profesional de clavados. Al final no ganan, por supuesto. Siento que es una especie de mezcla entre 'Jamaica bajo cero' y 'Hasta que el dinero nos separe'. La historia del equipo clavadista se me hace como las monjas voladoras de Mister Lonely.


Una mujer descubre, después de años, que su madre, a quien no conoció, era una actriz de películas de clase b de acción. La idea de buscar y reencontrarse con su madre le parece demasiado, y prefiere buscar a la actriz que era su doble en las escenas de acción para tener una 'versión de segunda mano' de su madre, menos traumática.


Película que sigue por un día a una edecán. La película abarca sus preparativos en su casa, su trabajo del día en una feria de pequeños emprendedores, en donde reparte folletos y dos veces al día baila en una tarima con otras dos decanes; después, camino a su casa y hasta que se queda dormida viendo la tele. La película está salpicada de pequeños diálogos muy densos. Es una mezcla entre Zidane, un retrato del siglo XXI, Slacker y mi película nunca realizada 'Un día en la vida del Greñas'.


Un hombre que es alérgico a los gatos, tras un accidente, descubre que uno de sus senos nasales se daña y ya no presenta alergia. Siempre le han gustado los gatos, así que esto provoca que compre uno. La película trata de la introducción de un hombre en una vida de amantes de los gatos de la que antes estaba vetado: le pone 'Oliveira' de nombre, compra un libro sobre gatos, busca información en internet, le saca fotos. Sin embargo, no deja de tener mentalidad de alérgico, y es el propietario de gatos más uncool del mundo. Al final, no se deshace del gato y aprende a vivir con un animal que, por definición, pensaba que era más divertido vivir. Puede ser vista como una apología de John Arbuckle y sus sueños rotos.


Un sujeto inventa un juego de mesa en esta nueva ola de 'juegos de mesa con muchos aparatos de pilas y así'. La película lo sigue mientras lo patenta en la oficina de derechos de autor, busca una empresa que lo fabrique y es constantemente rechazado, hasta que una juguetera local se interesa y debe hacer un viaje a otro estado para mostrarlo a los ejecutivos. Mientras seguimos al protagonista, se desarrolla a cabo un monólogo sobre cómo se importan las diversiones en un país en el que las reglas del juego son modificables, la importancia de la creación, cómo el sistema oprime al empresario soñador y la importancia del ingenio local.


Un hombre tiene problemas para elegir una corbata y su prima, con quien vive, le ayuda. Se va al trabajo. Mientras está fuera, ella organiza una reunión en la casa para vender calcetines de esos que tienen espacios para los dedos hechos a mano, con muchos colores. Todas las amigas y vecinas que asisten opinan que es muy buena idea pero demasiado complicadas para hacerlas a mano. Una le sugiere que mejor vendan joyería de fantasía. La reunión se termina y ella, decepcionada por el desgano de sus compañeras y el fracaso de su pequeña empresa, se dedica a arreglar la casa, levantar cosas, ordenar otras. En el trabajo, a su primo le iban a traer un libro de Werner Herzog, Of Walking in Ice, pero el compañero de trabajo al que se lo encargó le dice que cancelaron el pedido en la página de internet donde la comprarían porque ya no la tienen en existencia. Aburrido y desesperado, busca por varias librerías y tiendas de la ciudad hasta que lo encuentra. A su regreso, ambos ven una película, comen pizza y se cuentan su día. Su primo está más o menos de acuerdo en que tejer calcetines con dedos sí es muy complicado para una sola empresaria. Ella parece haberlo superado. La película termina con ellos dos, a la luz de la lámpara del comedor, con el libro de Herzog en la mesa, la pizza y mucho estambre e hilo. La película se llama 'Caminar en el hielo'.









No usen estas ideas para hacer una película de gran presupuesto, pero pueden hacer un video para la escuela, y si lo hacen, no se hagan ricos con ellas, por favor.



síganme en twitter! sigo sin entender cómo es la cosa en esto

lunes 9 de noviembre de 2009

dicen que los pitufos fueron introducidos en el imaginario cultural para preparar visualmente a los niños a la venida de Vishnu

Detectan el virus AH1N1 en gatos y hurones, los animales más adorables, trendy y que en mayor cantidad abarrotan los álbumes fotográficos de facebook en todo el mundo. Eventualmente, por supuesto, habrá que incinerarlos. Adultos contemporáneos propietarios de alguno de estos animalitos que además son usuarios de Twitter advierten: se metieron con la persona equivocada: sabemos organizar Trending Topics.

viernes 6 de noviembre de 2009

Pumas de la UNAM, qué grande es tu orgullo, tus rastas y la peligrosidad social de tu barra; ¿cuántos puntos llevan?, ¿10?





Con la desastroza derrota del América en territorio estudiantil, un par de cosas se confirman, algunas retesabidas de antemano y otras ignoradas (o negadas) por la población en general: La primera, que la barra de la UNAM es la de mayor peligrosidad social, la más orgullosa, la que, entre la playera de gatitos ni madres y el pantalón khaki, lleva el libro Porrúa maltratado de Kant, la que, pese a tener una de las peores temporadas de su historia, llena el estadio para vencer al único rival que se ha prestado a interpretar un clásico con él. El orgullo Puma es un ejemplo claro del estado de la clase media trabajadora que cree que merece todo y no va a invitar a cualquiera a la fiesta, el síntoma principal: negar al otro. La consigna de rigor en círculos de pretenciones cultas que, por error, bordean el tema del futbol, es que le puedes ir a cualquier equipo excepto al América. De hecho, el futbol en este país se divide en dos bandos, básicamente: le vas al América, o le vas a cualquier otro equipo. Otra vez, esto es sintomático. El orgullo Americanista no incluye los lugares comunes del orgullo universitario: no cree necesario merecerlo todo sólo por ser 'el equipo de la máxima casa de estudios', no cree que el orgullo deba responder a un edificio de oficinas, sino a la gente que llena el único estadio decente de este país, no cree que se deba acceder a un orgullo basado en una falsa humildad (como llegar a la arrogancia de decir que los Pumas serán el próximo equipo únicamente con jugadores mexicanos, cuando es una manera triste de decir que no hay dinero para contratar jugadores y que no por eso van a despedir a los extranjeros que tiene). Es muy fácil improvisar una lección de decencia y recato diciendo que, mientras los demás equipos cambian de técnico cada temporada, los Pumas sostienen al Tuca Ferreti porque es un equipo estable y serio. La verdad es que el romanticismo de una institución que confunde lo futbolístico con la arrogancia y el negocio con el espíritu hace que, por definición, tengan una lógica de equipo llanero, y para esto, sin llegar al ensayo sociológico, basta ver a la barra Puma, la de mayor peligrosidad social del país. La segunda cosa puesta en claro en juegos como el de ayer es simple pero difícil: el América, y de esto no se percata la banda 'yo soy culto, yo leo, no veo la tele y no me gusta el futbol posted 22 minutes ago from twitter iphone', es un catalizador social, quizá el más grande de este país. Permite que una turba iracunda agite el puño por algún motivo. No estamos hablando de un chivo expiatorio, sino de un motor. Cuando las Águilas son vencidas en el estadio más peligroso e irrespetuoso de la liga (aficionados salvajes sobre Insurgentes, bocinas frente al visitante, un número de vigilancia alrededor del doble de imperativa que cuando el partido es en el Estadio Azteca) el país tiene un respiro. El enemigo invisible es derrotado. La inoperancia asistida de ese establo monumental llamado UNAM tiene un saque de pecho cuando, en una temporada desastroza, el acuerdo común es por lo menos ganarle al enemigo. Hasta las chicas que les da igual el futbol te dicen cosas tipo 'ay, ¿le vas al América?, me caías bien'. Nótese que no estamos hablando del rival, sino del enemigo, el de todos. Pumas juega en el mismo equipo que Chivas, con la diferencia que los Tapatios reparten su orgullo en el concepto 'el pueblo feo, pobre y oprimido' (contra 'la banda fea, pobre, oprimida y desmadrosa' de la UNAM). Revisen los estados de facebook de sus amigos de hoy. Hablamos de una distribución erronea de la energía y los ímpetus de un sector sociocultural que, de alguna manera, requiere una distribución de algún tipo. Y no estamos hablando de la UNAM. ¿Saben quién le va a los Pumas? Alex Lora. ¿Saben quiénes opinan que el wey de Aceite Nutrioli está bien galán? Las chavas de la Facultad de Derecho que van de traje sastre martes, miércoles y viernes. ¿Saben quiénes organizaron la huelga-secuestro de la UNAM en 1999? Puros Pumas.


No, en serio, no le vayan a los Pumas; sus papás invirtieron mucho tiempo y dinero en su educación para que les salgan con eso.





mmtamadre, perdió el américa



los amo

sábado 31 de octubre de 2009

los periodistas de rock sí son unos lelos que no saben escribir (este post es onda smart-ass mala onda, si lo piensan no necesito escribir esto)

Mi primer encuentro con las reseñas de discos fue en una revista La Mosca que, de hecho, creo que aún tengo (pese a haber tirado muchas que compraría después). Es, si no me falla la memoria, de Abril de 1999, tenía a los Beastie Boys en portada (mi grupo favorito en aquel entonces). Recuerdo muy bien, eso sí, la situación: la compré en la Comercial Mexicana, la huelga de la UNAM estaba a unos días de estallar si no es que ya lo había hecho y le daba un trasfondo de desempleo más grande a esto, iba con mi mamá, creo que la había visto en la sección de revistas de las cajas y me la llevé para leer mientras rellenaba el agua en la máquina de Harmony Brook (cuando alguien dice la marca de lo que está hablando en vez de sólo decir de qué producto se trata siento que es lo más gringo del mundo). El artículo de Beastie Boys era corto y sencillo, pero el resto de la revista se veía lo suficientemente apetecible para gastar $15 y comprarla. Mi historia de compra de revistas es discontínua: puedo ser mucho muy fan de una y dejar de comprarla al día siguiente. Buena parte de mi niñez la pasé leyendo la Club Nintendo (el número 3 fue algo así como mi regalo de Navidad en 1991); alguna vez traté de comprar comics (no puedo leer comics, se me hace lo más pesado del universo); hoy día compraba la Baby Baby Baby pero ya no la encuentro. El caso es que la llegada de una revista nueva a mi casa siempre suponía verter todo mi tiempo en ella en los días siguientes (a esa edad el tiempo pasa muy lento). Mi encuentro con La Mosca fue mi primer encuentro con una revista de corte 'juvenil' pero 'subversiva' y, especialmente, de esas que decía groserías. Más que groserías, llamaba la atención que era el tono y no tanto las palabras lo que retenía un tono sumamente violento. Este es el tono del que habla para que lo escuchen, pero para mí era muy nuevo. Los articulistas despotricaban abiertamente de MTV, Telehit, Molotov, y al mismo tiempo, y con la misma violencia, alababan a bandas underground, algunas de las cuales nunca volvería a escuchar (como Sonios, Lost Acapulco, Sr. González y El Gran Silencio). Lo que más me llamaba la atención del tono 'escucháme cabrón' era que no parecía albergar espacio para la duda. Por decirlo como lo leerías en un libro de sociología, era un comentario ingenuo que no albergaba su propio contracomentario, no tenía un mínimo dejo de humor y no suponía posible que existiera algo que pudiera no ser. Es por esto que cuando lees consignas de mantas estudiantiles en marchas (estoy de acuerdo, Elso, las marchas son lo más naïve del mundo) no puedes dejar de sentir una especie de pena ajena al leerlas: están completamente indefensas, y uno siempre siente pena ajena por quien no tiene ya nada a su favor. Dicho de otro modo, uno no puede sentir ninguna empatía con este tipo de escritura: o te adhieres a lo que dice o dices no way. Este, por simplón y burdo que sea, y estamos hablando de un chico de 15 años, es el principio de aprender a pensar por uno mismo. Cuando mis compañeros paristas de 15 años hablaban, para mí era obvio que habían leído más que yo y que conocían cosas que yo ni por equivocación conocía (como los pies de página y palabras como sociología o marxismo), pero que difícilmente eran más listos que yo. No way, en serio. Si eres un adolescente de 15 años que no lee, que usa pants y gorra y que veía caricaturas y sientes que un contemporáneo que habla de derechos sociales y hacer una huelga no es más listo que tú debe haber un problema, y la única manera de creerte más listo que alguien es ser un cretino, y si no lees, usas pants y gorra y ves caricaturas no puedes ser un cretino, a lo mucho un tonto, pero no un cretino, así que debía haber algo en la manera de decir de estas personas (ya sea que hablaran del Ché Guevara o de Sekta Core o los dos) que estaba mal. Es como en la película de South Park, cuando la chica que le gusta a Stan se enamora del francés que viene a organizar una revuelta para que liberen a Terrance y Phillip. Debe ser como una versión retorcida de cuando tienes 8 años y ya quieres aprender a manejar pero por el lado cultural, que ya le quieres gritar a la gente qué hacer. Regresando a La Mosca de Abril de 1999, este era el primer momento de novedad: pensar en voz alta. Podías, por la música que escuchabas, hacer una bandera y sugerírsela a alguien más. Algunos de los artículos que pasaban por el número de La Mosca además del de Beastie Boys eran sobre el Push the button de Money Mark, un disco de Sonios y Guillotina, el Are you experienced? de Jimi Hendrix, así como reseñas de discos aislados, como el 4 de Lost Acapulco, Celebrity Skin de Hole o NYC Ghosts & Flowers de Sonic Youth. Creo que es difícil, pero una revista como estas puede, no obstante, representar un primer momento en una educación 'cultural' de alguien (no sentimental, sino cultural, de cuando cada cosa nueva que conoces es una adquisición nueva, de cuando no escuchas aún, sino que consumes), sobre todo por un hecho: venían reseñas de películas underground y de arte así como de discos de jazz y blues. Por supuesto, estas reseñas eran por demás simplonas (cuando lees que alguien se expresa de Jamal Davies o similares como 'una chingonería jazzística' sabes que algo ahí no está bien canalizado) y los músicos eran músicos de cajón (en 1999 podías encontrar reseñas de Miles Davis o John Coltrane por jovencitos que apenas los descubrían, pero como nadie conocía al respecto, un editor complaciente no veía mal que se incluyera cualquier artículo con tal que fuera Jazz). Además, las películas, obviamente, eran lugares comunes de los cineclubes estudiantiles. En esta, reseñaban Doberman y hablaban de las películas de El Santo como joyas de la cinematografía mexicana; no discuto que lo sean, pero tienen más de 30 años para que alguien te quiera cuentear con eso. Es más o menos por este tiempo que el auge del diseño popular mexicano como kitsch empezaba a popularizarse en varios medios de comunicación del tipo 'jóvenes'. El punto culminante de extrañeza con el mundo juvenil-contestatario-undermusical-culto de mi experiencia con La Mosca fue un fragmento de un cuento de Armando Vega-Gil, músico retirado y escritor mediocre que apostaba a asustar chavos (como Limp Bizkit o Requiem for a Dream en sus respectivos campos). Este texto hacía sobreuso de palabras rimbombantes, lugares comunes atractivos para un público de 15-19 años y temáticas prometedoras (drogas, chicas calientes y rock, básicamente). Como las personas que después de decir 'huitlacoche' voltean para ver si alguien se empieza a reír. Tuve varios momentos con La Mosca: reconocí el tono brutalmente coercitivo de los articulistas, el tono laxo y neutro de las reseñas de discos en particular (que hacía que pareciera que los discos estaban ordenados por color, sobretodo cuando existen "calificaciones" y recomendación tipo 'te puede gustar si te gusta...'), el tono aguerrido ingenuo de los que hablan de algún objeto de consumo cultural relativamente underground, lo ridículo del rock guera de lugar y tiempo y, también, la publicidad juvenil (La Mosca, como cualquier revista que viva de tener ingresos, no tenía problemas con tener en contraportada un anuncio del Maybe you've been brainwashed too de The New Radicals). Yo ya sabía que el rock estaba relacionado con una idea de rebeldía, pero era la primera vez que accedía a él de manera segura: por una revista. Esto no lo hacía más deseable ni tentador. He de decir que, pese a no sentir empatía con La Mosca en la pared, sí accedí a algunas bandas por ella (Guillotina, Jimi Hendrix, Yes), no hay gran cosa en decir esto en tiempos pre internet en México (en los que había mínimos accesos para muchas cosas), pero el tono hiperfiltrado del rock editorial hacía que los momentos musicales sonaran a adquisiciones culturales, era todo. Como mis compañeritos cuando presumían gustar de Lacrimosa y se burlaban que me gustara Plastilina Mosh. Creo que el quid de este post (si es que lo hay) es que las ideas de escuchar y consumir se confunden con muchísima facilidad cuando confundes las esferas en las que te desenvuelves. Prueba de esto en todos los sentidos está en un juicio simple: La Mosca en la pared era una revista increíblemente pretenciosa. Por alguna razón muy muy extraña, cuando regalaban la revista Círculo MixUp también en aquellos años, se sentía un aire sumamente diferente: despreocupados de 'tirar línea' y bajo la lógica simple de no escribir mal de algo que, por definición, se espera que se compre, las reseñas eran más mentalmente sanas, más elaboradas, menos en pie de lucha y, el punto importante, se sentía mucho más que escuchaban los discos. Por decirlo de alguna manera, cuando leías reseñas escritas desde revistas como La Mosca sentías que tenías suficiente con ir a la tienda y ver la portada del disco, mientras que con una reseña más sincera y menos pretenciosa podías desarrollar la necesidad de ir y escucharlo. No estoy santificando la crítica de música pagada y cómoda (podemos estar hablando todavía de gente que no sabe escribir ni escuchar), pero sí creo que esta es de las principales señales de distinción entre la música como adquisición y la música como experiencia: cuando quieres compartir con el mundo la música como una experiencia de vida no sientes la necesidad de usarla como pretexto o disfraz de tu propia esfera de una vida no resuelta y puedes proceder a hacer una contribución al mundo. O dicho de otro modo, cuando no quieres tirar línea ni usar tus adquisiciones culturales como pancartas, es cuando realmente empiezas a tener una experiencia. Dada la naturaleza de la música en esta primera década, más fashionable y trendy, una crítica común suele caer en lugares comunes como reducirse a decir: 'está bien padre' y apelar al chiste común con el lector. La complicidad no es un asunto nuevo en el mundo editorial: tú escribes mal y yo lo leo, ligero y rápido, y me comprometo a leer lo próximo. Sobre el paso de un columnista que escribe en términos medios a una figura de opinión pública no hay demasiado qué decir: se agradece una opinión ligera cuando se pretende leer lo mismo cada cierto tiempo, y así algunas figuras que no saben redactar dos renglones pueden convertirse en una opinión de confianza. Cuando escuchaba las Dos Horas Debrayan me gustaba la música que ponían y todo. Algunos años más tarde, conocí a una amiga que escuchaba cosas similares (rockabilly, garage, fuzz y esa música tocada como si hubiera sido escrita hace 30 años) y se expresaba con un orgullo desmedido sobre el hecho que le gustaba esta música. Recuerdo cuando fuimos a Tepito a comprar piratería, le preguntaba qué iba a comprar y decía algo así como que la música que le gustaba era muy rara y no la tenían. Cuando yo buscaba piratería ya sabía que no tenían discos de Gastr del Sol, Jazkamer, Glen Branca u Otomo Yoshihide, pero poder vivir, aunque sea por unos segundos, de alardear al respecto, era demasiado. Es cierto, la contracultura tiene una aportación en la educación de muchos, pero siempre he creido que es un completo error glorificar el underground. El underground no exige mucho (es cierto, piénsenlo), es más cómodo de lo que los fanzines dicen, suele pecar de conformista con facilidad y, sobre todo, estos músicos no son hérores. ya he dicho que es muy fácil ser un campeón en silla de ruedas: si el enemigo es un fantasma allá afuera que no te deja triunfar porque el mundo prefiere lo comercial and so, para tí será my fácil vivir de quejarte al respecto. Y hay carreras forjadas así. Los músicos de este tipo no son héroes, en verada que no. Es algo similar a cuando el arte vitupera los logros de los grafitteros como marginales, alejados del mainstream y puros, es muy fácil caer en la trampa e ignorar que son artistas movidos principalmente por el estilo, mucho más susceptibles de caer en las facilidades de la repetición y la autocomplacencia cobijados bajo la idea de que están peleando contra algo y que el mundo y los espacios les deben algo. Así como 'no hay foros de expresión' para esta música rara y difícil de conseguir, ni espacio para un arte al que nadie le quiere abrir las puertas (o, en serio, ¿alguien cree que el peso del mundo es sentido por un grafittero o un ilustrador con la misma fuerza con que lo percibe, digamos, Richard Serra? -ya sé que es como comparar a Pink Floyd con Los Cavernarios o Los Elásticos, pero el principio es exactamente el mismo), cuando alguien, en calidad de consumidor, siente orgullo de esta contra cómoda y edifica héroes cuya principal característica es un handicap adverso, es ahí cuando se construye una educación sentimental basada en la música como consumo y cuando escribir al respecto se vuelve una conveniencia. ¿O alguien ha leído una reseña en la que se sienta la incomodidad del autor? ¿Cómo leíste hasta acá?




si alguien es periodista de rock o trabaja en una revista de esas, deme trabajo, por favor




Creo que el resumen perfecto de este post es un fragmento de Pinche Vatito de Charlie Monttana:

Pinche vatito, qué jodido estás
Confundes el rock and roll con las ganas de miar






los amo, ya saben

martes 27 de octubre de 2009

crónica del américa-chivas estilo periodista que se quierehacer el chistoso y que aún lee libros de porrúa

si hacen bizcos se ve como en 3d (no es cierto)


Uno de cada tres o cuatro mexicanos tenían la misma fecha marcada en su calendario: domingo 25 de octubre, los más con plumón amarillo o azul, los otros, en rosa. En mi caso la cita era en casa de un amigo a las 2:30 de la tarde, para no llegar tarde y que nos tocara un mal lugar. La idea aceptada y ni por equivocación cuestionada era la misma por los dos bandos: se va a llenar. Al principio, cuando me invitaron a ver el América-Chivas en 3D en el cine sólo pensaba "ay, qué cotorro" pero, la verdad, me emocionaba la cosa. Me esperaba que la sala fuera una especie de extensión de la tribuna y que fuera posible lanzarle palomitas al de enfrente y patearle el asiento si gritaba 'puto' cuando despejara Ochoa (qué mal gusto, qué gente). Platicando con Pau, pensábamos en los pormenores vaciladores de la ocasión: sería la onda que vendieran cerveza en el cine, y mejor aun, que los vasos trajeran impresos los logos del clásico, onda "El Clásico en 3D América-Chivas sólo en Cinépolis" y que saliera Omar Bravo con su fleco sexy. La verdad, no estuvo tan lejos.

Llegamos como a las 3, y tomando en cuenta que el juego era a las 4:30, ya había bastante gente formada. Era muy raro ver tantos americanistas en Plaza Universidad una tarde de domingo, no se sentía como cuando entras por los túneles del Azteca, pero era una versión doméstica más user friendly. Hay que decirlo, en las colas de las salas donde iban a pasar el juego la mayoría era azulcrema, siete u ocho de cada diez traían la amarilla. La primera razón malaonda que le solté a una de las personas con quien venía era burda: 'le van a las chivas, ¿tú crees que tienen dinero para venir?'. Casi de inmediato, desde la fila, se sentía una camaradería como de viaje familiar a Europa o de familia en la cola a la montaña rusa: todos estábamos de buenas. El primer acceso de buena onda de la tarde era un don de traje que te regalaba unas palomitas chicas si traías la playera del américa. No nos explicamos esto en el resto de la tarde. Más arriba, en la entraba, empezaban a llegar familias enteras, era un desfile de modelos de camisetas viejas: la de rombos de las Aguilas afro-holandesas, las de aquella fatídica temporada de la peor posición en la historia y los jerseys de Ochoa de rigor. En cuanto entramos, como a las 4, el ambiente era inmejorable: los vatos de enfrente hacían la broma de 'cervezas, refrescos, sopas maruchan', un güey al frente abrió la gritería: gritó un quedo 'Chivas!' que le respondió con burlas una sala de cine llena y enardecida, para luego rematarla con un aislado '¡Grita como hombre!' Se podría pensar que lo que se estaba censurando era el ánimo festivo bobo, pero cuando alguien vituperó el clásico 'Aaaaaméeerica', la sala respondía: '¡Águilas!' Desde que entramos, obvio, la pantalla estaba apagada, aunque el sonido local estaba prendido (las trompetas esas toscas de plástico que de chavo no sabes hacer que suenen sonaban atrás de tí, bonita la cosa). En cuanto se prendió la pantalla, con una vista simplona de la media cancha en pleno entrenamiento, pasaron unos cuantos segundos para que todos se pusieran sus lentes y exclamaran al unísono: 'Oooh' y 'Ahhh no mames' (ese fue mío, ah, qué bonito). La tecnología tras esta onda 3D era relativamente simple y limitada: se usaban dos cámaras, una por cada ojo, así que lo que uno veía sin lentes era una figura doble, las cosas más cerca de la cámara, vistas sin lentes, eran casi claras y sin distorsión, y las más lejanas se veían como dos imágenes sobrepuestas. Lo único previo al juego que pudimos ver eran varias vistas del entrenamiento de águilas y chivas (en cuanto salieron, una pequeña minoría intentó aclamar a los tapatíos, cosa que se extinguió en segundos por la perrada americanista). Los comentarios en off sólo pasaban mientras que estaba el juego, y las repeticiones eran escasas: el problema es que, como estas cámaras juegan con un principio muy simple, es difícil mover la cámara rápido sin que se distorsione el efecto, así que, en efecto, el boleto de Cinépolis pagaba lo mejor de dos mundos: la vista del estadio (un poco a la fuerza), y los comentarios y ángulos de la tele. It was fun, seriously. Los ángulos de la cámara nos daba vistas privilegiadas: poder ver de frente a los hijos de algún empresario millonario (vimos cómo una chica de unos 13 años saludaba con desgano a los amigos de su hermano) o poder ver al arquero de Chivas, que en un movimiento de calentamiento, terminó enseñando el rabo a una sala que, a varios kilómetros de distancia, le hacía burla. Alguien hizo sonar un leve pero coqueto frrrrapppp.

Cuando empezó el juego, en efecto, la sala 7 del Cinépolis Plaza Universidad se convirtió en una extensión del estadio Azteca, más específicamente de la sección Águila. Lo único que no se escuchaba eran gritos al jugador en particular, pero los 'Ahh', los 'futs', los 'pta madre' y los 'ole' estaban a la orden del día. Corría el minuto 3 cuando un servicio fuera del área por la banda izquierda cobrado por Pavel Pardo era rematado por Aquivaldo Mosquera casi con la nuca y caía el gol americanista, el único de la tarde. El Cinépolis explotó, literalmente. No me fijé si alguien lanzó palomitas, pero hubiera sido lo único que faltaba. ¿Alguien ha gritado gol en un cine usando la camiseta de su equipo? Está raro, no chistoso, raro. Debió ser divertido para los empleados que estaban abajo ver a 300 personas con lentes vaciladores gritar gol.Por supuesto, las jugadas, los cambios y todo era aplaudido por la sala. Me sigue pareciendo más sano aplaudirle a Ochoa en la pantalla que a los títulos de una película sueca en la Cineteca. Una cosa sí no pasó: Nadie se levantó, ni siquiera cuando alguna jugada de peligro se veía venir, en cuyo caso la emoción se limitaba a inclinarse sobre el asiento. A partir de entonces, los oles y las faltas que el árbitro no cobraba (como un penal del tamaño del CCH Sur o un golpe de Mosquera sobre Omarcito Bravo) eran recordadas por toda la sala. Los 87 minutos que restaron, las Chivas no estuvieron cerca de convertir ni siquiera una vez, y el América falló muchas, como las de Reyna frente a Michel, o esa en la que Cabañas se quitó a medio desfile del orgullo gay para rematar sin ganas a la cabaña tapatía. El Guadalajara es conocido en el futbol mexicano por su valiente e inclusiva política de sólo alinear jugadores mexicanos gays, pero las Chivas, como equipo clasemediero y provinciano, calentó el juego por todas las maneras posibles: proponiendo apuestas millonarias al presidente del América (en una escena de tío borracho protagonizada por Lebrija), ofreciendo cantidades desorbitadas de dinero a los jugadores si ganaban (cual selección africana o asiática en un mundial), publicando banners de mal gusto en la página de las chivas. Es cierto, sólo se llevaron un gol de recuerdo a la ciudad más orgullosa del país, pero también es cierto que no pudieron hacer nada, dieron poquísima pelea, no estuvieron cerca ni una vez, al América le bastó jugar ofensivamente el primer tiempo y ceder espacio el segundo para que no hubiera un sólo momento de emoción rojiblanca. Chucho Ramírez, incluso, dio momentos de extraño conservadurismo, sacando no sólo al mejor jugador del partido, Enrique Esqueda, sino sacándolo en el que, muy probablemente, fue su mejor partido en la temporada. Esta no fue la única sorpresa: entrando en lugar de Jean Beausejour, Rosinei entró de titular haciendo algo muy distinto a lo que había hecho las veces que ha entrado de cambio: en lugar de tomar el balón, correr como su putamadre y tirar petardos, se dedicó a recuperar el balón, correr como su putamadre y colocar servicios. Ramírez incluso ve la posibilidad de hacerlos jugar juntos. Es obvio, con la inminente llegada de Jackson Martinez a finales de año, Rosinei sabe que su estadía en Coapa peligra sobremanera. Al final, puede decirse que el América pudo sacar más y que se vieron, como el periódico indicó ayer, 'avaros', pero que fue superior a las Chivas no es algo que necesite analizarse.

Cuando pasaba el minuto 93, los asistentes del Cinépolis pedían lo mismo: 'ya estuvo, tres minutos de reposición, a la goma, ya pita'. Cuando el árbitro declaró el juego por terminado, en un cierre emotivo, toda la sala aplaudió y lanzó 'Ehh!'s. Las pocas familias chivas salieron sin mayor problema. A eso de las 6:30 de la tarde del domingo, todo el lobby del Cinépolis Plaza Universidad estaba lleno de camisas amarillas. Extrañamente, con todas las señales claras y evidencia visual de alegría, una empleada del cine se me acercó tímidamente: 'Hola, una pregunta, ¿quién ganó?'. Le contesté con un ñero '¿Pues quién va a ganar'?. 'El América', replicó como con sofoco y se fue. Supongo que no le hizo gracia ni sintió empatía, ni siquiera de la vaciladora. ¿Por qué la banda se molesta cuando se trata del América? A decir verdad, al principio pensé que había notado que me robé los lentes de 3D. ¿Encontraré el amor, finalmente, con una empleada de Cinépolis? Incertidumbre.

América ya se comió a Cruz Azul, Toluca y Chivas. Vamos por los Pumas.


Este post feo en tono periodista que cree que escribe bien padre weeey está dedicado a los periodistas que leen este blog si es que los hay y si es que tienen tiempo con taaanto trabajo. ¿Qué pedo con los periodistas, se han puesto a pensar en que los periodistas no hacen absolutamente nada por el mundo? Los abogados y los publicistas hacen que este mundo sea peor cada día, va, ¿pero los periodistas? ¡Son un lastre cultural enorme!



los amo a todos, a menos que le vayan a las chivas, o si le van a las chivas y están bien guapas las amo igual. si son hombres y le van a las chivas, sus papás han invertido mucho tiempo y dinero en su educación para que les salgan con eso; ¿alguien captó el tono sexista escondido?





oigan, síganme en twitter, I'm the new guy in the hood, no sé qué onda








en serio, los quiero a todos