15 nov. 2008

and, eventually this girl will moan about this little thing she lost, if you want to know the truth






de un tiempo para acá tengo no la teoría sino la certeza de la existencia de un odio generacional brutal, ya no digamos entre los padres de familia que pagan los ipods de sus hijos y estos últimos que los llenan con discos de café tacuba (¿en serio les gusta café tacuba, chavos?), sino entre gente dividida por cinco o seis años; cierto, la renuencia de las jovencitas de 19 a juntarse con ancianos de 25 puede hablar más de sentido común en algunos casos antes que de una teoría significativa, pero, en serio, incluso las maneras de ahora no infunden la menor presencia de futuro: ¿a alguien se le ocurre que harán los emos cuando crezcan -de edad-? habrá que esperar a que el emo más viejo llegue a los, no sé, 22, pero nada de esto es relatable al menor de sus nietos. se imaginan a un eskato (eskato con 'e') tratando de obtener algo de orgullo retrospectivo contándole de sí a su hijo. a la cuestión de si un eskato conseguirá progenie habrá que hacer caso omiso, tampoco es un asunto estético, a mí también, cuando veo un partido de futbol llanero entre el equipo sin camisa y el equipo otro, me parece que la posibilidad de joder al más cercano se reparten por igual: 50=50, ningún marcador será más exacto, igual no el más esperanzador, pero la exactitud no es algo que se mida con regla. pero regresando al odio (carente de escarnio, nótese eso, por favor) entre generaciones, ambas con myspace, hay que tomar un ejemplo más viejo: piensen en el veterano (estamos condenando a los jóvenes desde ahora, recuerden) que nació en 1970 más o menos y que, previa alineación de las tiendas de discos correspondientes y las revistas, formó parte de aquellos que escucharon en previa efervescencia de hormonas e ímpetus, a Nirvana y demás bandas grunge, cosa no tan fuerte de este lado del río Bravo, valga decir, pero valga este ejemplo: yo tengo la teoría de que el rock se murió con Kurt Cobain, y esto es putamente cierto, y la teoría es que todavía hay cierto heroismo en recordar a los slackers (todo esto suena tan lejano, pero google y mtv lo hacen más fácil), a los personajes de las novelas de Douglas Coupland; ¿habrá algo de glorioso en decirle a tu hijo que eras emo? por alguna razón, después de 1994 siento que todas las temporadas ideológicas (no vale decir modas o, válgame dios, 'tendencias') son un grosero alto en seco a cualquier idea de, digamos, cambio; un dejo de rebeldía acompañaba al adolescente de pantalones rotos que no salía a saludar a sus tíos los domingos en la tarde, quizá rebeldía como una respuesta casi como un acto-reflejo a ese tedio insoportable llamado clase media, pero rebeldía de algún tipo: alguien creía tener la razón en el asunto, cualquiera que fuera, y por lo general los menos interesados eran los padres que se sobaban el lomo: después de un tiempo, hay muchos teléfonos que dejas de marcar. no obstante, no veo semejante cosa con los emos (nótese que no hablo de música, nada podría ser más irrelevante en el caso), o con los chavitos de 18 años y 45 kilos y demás tribus en general. charlie montana tiene una canción que sirve como un documento magnífico:

una camiseta guanga
argollas en la nariz
tiene el pelo anaranjado
es cagada, que ni qué

rayaron los vidrios del metro
pintarrajearon la ciudad
no hay una pared decente
son chingaderas, es cagada

no soy un puto cholo
a mí me gusta el rocanrol
no me gusta molotov
tampoco plastilina mosh

ignoro exactamente de cuándo sea la canción, pero si recuerdan los años de 1996-1998 podrán ver el contexto: la aparición del eskato con 'e' en la superficie (subespecie tan odiada en su momento como los emos hoy), la proliferación mucho más masiva del grafitti en la ciudad de méxico, los pantalones cuatro tallas más grandes y demás. nadie veía sentido en la existencia de los eskatos, o por lo menos nadie en mi prepa, uno pensaba en sus dones o propósitos y la lista quedaba en blanco. a lo que voy: uno ve cierta razón, algo engorrosa o ridícula hoy día quizá pero razón a fin de cuentas, de 1994 hacia atrás, pero después de allí siento (siempre he sentido, desde que lo ví hasta la fecha, no es que ahora importe) que la consigna principal es: "no importa, tú dejame en paz". ¿qué harán los emos en su adultez? dudo que estén dispuestos a sacrificar su vida vendiendo discos en un puesto en el chopo con sus hijos en las piernas (cosa que, sacrificio rasta, punk o dark de por medio no deja de ser increíblemente deprimente), los veo demasiado ocupados haciendo nada. ¿alguien evadía o se sentía intimidado ante los padres de sus amigos cuando niños? algo similar ocurre ahora, sólo que ahora, el adulto inmediato, la imagen de lo que viene -por decir de alguna manera- recibe todo el odio. ¿por qué no el escarnio, como dije? el escarnio, junto con el cinismo, el sarcasmo, la ironía, digámoslo así, are so nineties, que las funciones elementales de comunicación, de pedir y recibir, se limitan a los caminos más directos, ni siquiera me dan ganas de hablar del flirteo. no les mentiré: miren a sus amigos plenamente entrados en la adultez y muy probablemente el ánimo se viene al suelo. algo muerto hay allí, quizá, sí, pero ¿cómo trasladar a la situación actual de los ancianos de más de 22 a los jovencitos de 18? ¿es posible el flirteo entre ambos extremos o es como juntar dos especies diferentes? el escarnio no tiene lugar cuando lo primordial es mantener a raya al viejo. recordar y repetir estas cosas podía ser ese escarnio precisamente, pero ya no hay mayor necesidad de repasar los episodios, tampoco es importante, no es que muchas cosas lo sean. los ipods siguen llenándose de bandas de discos de treinta minutos, de una o dos canciones de otras más, los celulares siguen siendo más y más ruidosos y nadie parece tener mucha prisa en contestar y silenciar el rigtone. hay una parte de Houellebecq donde lo dice de manera algo agresiva aunque concisa, pero no la puedo citar porque todavía no me devuelve mi libro de las partículas elementales. conclusión: ni lo intentes, tiene 18 años, te vas a cansar, a menos que no le preguntes antes. sobre la libido como una variante generacional y la educación de las mujeres en este país, no se me da la gana decir nada, pero valga decir esto: una cavidad es eso y nada más.

5 comentarios:

Lear dijo...

Con respecto a la pregunta que me hizo, amigo Bob, hace algunos días y de paso comentando el post, creo que Charlie Montana es una especie de alex lora pero con dignidad, aunque todavía no estoy muy seguro de qué significa eso. Lo que sí es que sin duda que entre una triste canción de amor y el amor apesta, me quedo por mucho, por mucho, con la segunda. Quizá por ahí ande ese abismo entre la niña de 18 y el anciano de 22, o quizá no.

Corriendo Despacio dijo...

Auch!

Y pensar que de verdad todo mi pensamiento is so nineties.

Anónimo dijo...

Me hubieras dicho eso antes y ni me le acerco. Ahora todas las noches sueño cómo me abandona repetitivamente.
Jaja.

Poala dijo...

No puedes confiar en alguien que tiene 18 años

Y en eso de título de película creo que sería “Thank you for your consideration”
Aunque “sadly you’ve been fooled” es la onda

joseph stam dijo...

apoyo a paola no puedes confiar en nadie joven, no somos estables y pero si sabemos lo que queremos (¿?)

amén.