22 mar. 2010

if I seem to you just a little bit remote, you'd feel better if you call me a misantrope

Hace varios meses empecé a escribir de varias cosas que, eventualmente, posteé aquí. Revisando un .txt olvidado, encontré un montón de cosas que, por obvias razones, no publiqué en su momento. Para no dejarlas completamente inútiles (nunca uso mis textos de los posts, los borro en cuanto aparecen aquí), las posteo de una buena vez. Reconocerán el mal gusto particular de estos textos, que son más bien preguntas hechas a base de ideas sueltas que, a la fecha, no tengo muy claras, pero digamos que ahora mismo tengo cosas más insoportables qué soportar. Las posteo en letra chiquita para que les dé flojera leerlos. Qué cosa tan increíble la cabeza del que publica algo que escribió, aunque sea en un blog, nunca sabe lo que realmente quiere. Yo sí, quiero un trabajo en el que me paguen por escribir esto, pero esas cosas no pasan. O no deberían.




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Nuestra generación da por hecho que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Que en base a esfuerzo y trabajo duro (y esto es parte de una ética antigua que, no obstante, persiste en la base de la clase media) merecemos todo. Esta lógica de desarrollo humano casi motivacional, plenamente moderna y progresista, trasladada al campo del consumo, se traduce en que cualquier persona tiene acceso a cualquier cosa, cualquier producto de consumo. Esto, pese a su fachada de intención social y emancipadora, no es más que un momento cualquiera del individualismo más voraz y puede ser visto incluso por el más obtuso. Me parece que hoy día, en que los accesos están tan abiertos que parecen succionar a quien se le ponga enfrente, en que los alcances son tan sencillos, es más importante afirmarse en base a lo que uno se niega a hacer que en base a las 'nuevas adquisiciones'.

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Tal vez el yo es una fantasía, quizá una persona aislada en su cuarto sin salir al mundo exterior no existe. Sin un contexto detrás, quizá el yo no tiene valor alguno. ¿Cómo es posible afirmarse a sí mismo en un estado de aislamiento semejante?

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No existen los universales, cualquier universal no es más que un acuerdo de la clase dominante, de la cultura del poder.

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El deseo y la competencia sexual es un universal. ¿Es posible negarse a esto y generar una posición mediante esta negación? Esta negación puede ser una afirmación. ¿En qué clase de mundo vivimos en que negar es afirmar? En uno que no se lee en base a criterios lógicos, la mayoría de nosotros nos relacionamos con el mundo irracionalmente. Esta es una salida y una alternativa.

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Pongamos un ejemplo exagerado pero útil: el fanatismo religioso, en el caso del catolicismo aquí presente: hay dos características básicas del fanático religioso: la autoadjudicación (indiscutible) de una superioridad moral enorme y una obsesión enfermiza con el castigo. Siempre he sentido que la religión católica, enseñada a un niño como el que fuimos, no deja mucho espacio para el desarrollo del sentimiento de culpa. La primera cosa que sentía ante las pocas autoridades religiosas que veía en la iglesia era que sostenían una especie de superioridad y esto nunca me gustó. Desde que tengo memoria, siempre me sentí fuera de lugar en la iglesia, siempre sentí que no debía estar allí, entre no merecer y no ser aceptado, mucho. Mi vida está marcada, en gran medida, por el sentimiento de culpa. Siempre me he sentido culpable en casi todas las situaciones, y este sentimiento que tenía en la iglesia es muy constante. Cuando la idea de pecado se me presentó en las clases de catecismo de los sábados por la mañana la idea de la vida ultraterrena y poner el marcador en blanco mediante la confesión me importaban un pito, lo que más me llamaba la atención era la idea de que casi todo lo que hacía uno era pecado, y esto trae, en la vida plenamente hedonista de un niño, una incomodidad. A menos que se trate de un niño previamente atemorizado, esta incomodidad nunca es reflexionada y no incide realmente en la vida inmediata ni posterior del niño. Ahora, muchos años después, pensándolo bien, una lógica tan consecutiva como la de falta-confesión-penitencia-pureza no te permite recapacitar en esta idea de culpa y genera una soberbia enorme. Piénsenlo en términos quasi domésticos: puedes pecar -y la aceptación de este término puede tomarse a la ligera incluso- y eventualmente confesarte. La penitencia que recibes es, usualmente y hasta donde tengo entendido, la repetición ridícula de algunas oraciones. Azotarse con una vara parece sólo un poco más estúpido que alguien hablando insistentemente con dios, en un drone interminable. Después de este castigo engañabobos, estás limpio y tienes el expediente limpio. Puede parecer una nimiedad, pero si recuerdas que desde el principio se te indica que este expediente es vital para tu vida final (morir sin confesión o nacer sin bautismo es camino directo al infierno -era 1993, no existía el limbo entonces), entonces, este juego de pena y castigo, por fútil que parezca, es importante. La idea de que puedes limpiarte con una pena, me parece, sólo puede generar soberbia. Desde niño, el primer sentimiento que experimentaba con las autoridades religiosas era que sólo eran superiores a mí por una especie de contrato social que nunca me gustó y con el cual nunca me sentí conforme. Cuando leí la definición de respeto de Pascal, que es básicamente tener miedo y distancia con el prójimo, sabía que era eso lo que había sentido. No desde mí, sino hacia mí.

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Tal vez las religiones no sirvan para procurar el bien de la comunidad sino de la humanidad, y esta cosa no es algo concensuado.

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Una de las cosas que más me llama la atención de Thoreau es que no era ningún aventurero, no corría con los lobos y no era un lobo estepario. Era un sedentario con la cabeza muy fría, muy romántico quizá visto desde ahora, pero con la cabeza mucho muy fría. Thoreau no es muy conocido por estos cursos, me temo, por este aspecto discreto y poco emocionante. Si Thoreau fuera más contemporáneo, quizá un siglo posterior, diríamos que vivió muy poco, que se pudo divertir más, pero decir esto es una demostración demasiado vulgar de un hedonismo que no podemos sacudirnos. Hace poco escribí 'pareciera que mereciéramos todo', y me tardé mucho (pero mucho) tiempo en darme cuenta de a lo que realmente iba. Una educación en la que el sentimiento de culpa está ausente no sólo nos priva de sesiones más duras de autoconciencia: limita la posibilidad de crecimiento a una serie de logros. La terapia de grupo y las clases de autoayuda han dado su parte al mundo sacando de la inercia a algunos votantes estáticos, pero la idea de 'mereces todo, el mundo es tuyo' es producto de una soberbia que no sólo no tiene límites hacia adelante (cuánto más se puede obtener), sino hacia atrás. La idea de tocar fondo es la de una competencia perdida, no pareciera haber una parte de autoexamen implícita. Si el mundo es una cosa a la mano, la lejanía de poseerlo es una falta y un fracaso. En todo este trance, es casi imposible experimentar culpa. 'Pareciera que lo merecemos todo', creo, es una manera de decir que la auscultación personal es más cosa de negarse y mantenerse al margen que estar en todas partes. La idea de omnipresencia virtual (que ya no entiendo qué tiene de virtual) es un síntoma de esto. Por supuesto, entre le trabajo, el bar y el gimnasio no hay mucho tiempo para buscar el nirvana, pero, aunque sea por un momento, y esto es de lo más viejo y repetido que suelo decir, mantenerse inmóvil es, en verdad, un acto de resistencia.

4 comentarios:

Sabandija dijo...

Ayer intenté comprar una moleskine para ti, pero no había en la librería. La compraré de todos modos, en otra ocasión. No sé cuándo es tu cumple, pero quiero dártela. Y permíteme tener una petición pa cuando la recibas (si quieres y contestas este mensaje): que durante un rato me hables diarte. Así. Tú hablas y yo escucho. Bueno, también preguntaré de vez en cuando, procuraré que no sea demasiado.

Bob dijo...

Juar Juar, Sabandija, nunca le digas a un artista que te hable de arte, porque es inevitable no hacerlo. Es una manera de decir: pero claro!

Sabandija dijo...

uy ¿entonces no va a ser un rato? No, pues tenkius por aceptar. Te aviso cuando la compre.

Lear dijo...

Sabe qué es curioso, amigo Bob, a mí Thoreau siempre me di miedo por eso. Me lo imagino usualmente sentado en una silla mecedora afuera de cualquier mañana en Massachusetts y me aterra pensar en todas las cosas que escribió.

Por otro lado, creo que tener un público que lee las cosas a pesar de la miniatura de la letra no tiene precio, sobre todo si justo en ese post le ofrecen regalos.

Y justo antes de leer los comentarios estaba pensando en ofrecerle uno ahora que visitaré la ciudad en poco menos de un mes, pero mejor me espero un poco, no vaya a ser que fomente la práctica de la fuente pequeña.