26 mar. 2009

si no tienes un disco favorito no tienes alma, si tu disco favorito es demasiado favorito sí tienes alma pero una más bien fea

Recuerdo que en mi adolescencia una de las cosas que hacían que se me cayera el alma en pedazos a los pies era cuando le preguntaba a alguien qué música le gustaba y el susodicho/a respondía algo del tipo "cualquier cosa menos cumbias o electrónica". Dada la vida y los alrededores de un clasemediero de 17 años, las razones para construir un criterio moral se basan, la mayoría de las veces, en la música. Esto no aplica en generaciones mucho más jóvenes en un 100%: con la llegada de los ipods, la cuestión de selectividad se intercambió por la de inmediatez, velocidad y variedad. Algo similar me sucede cuando alguien que estudió lo que yo dice estar leyendo un libro de esos pesados que sólo lees porque algún profesor te lo dejó, aunque esto no puedo evitarlo hoy día. Igual hay un dejo de razón en fruncir el seño. Como sea, cuando a un adolescente le da igual la música siempre sentía que algo estaba mal. Con el paso de los años, increíblemente triste es decirlo, esto se confirmaba. Es como ese poema de Ginsberg, donde dice que vio a las mejores mentes de su generación caer una a una, aunque nunca pensé que la jefa de mi grupo de preparatoria o mi cuate el que jugaba futbol todo el día fueran las mejores mentes de mi generación ni por equivocación. Siempre he sentido que hay una idea torcida del karma aplicada a un "libertad-castigo". Como cuando Coupland introduce el concepto de "descubrir el cuerpo", en este caso (uno menos poético y nostálgico), el adolescente que vive el cuerpo sin dudas ni tripas amarradas termina pagando cierta libertad con zapatos lustrosos y las mismas mochilas que usaba en la prepa, bailando salsa. Es una idea increíblemente malcogida del karma, pero es una idea, definitivamente. No puedes negar eso. Byrnamm decía que no puedes pelear con tus propios impulsos. Si esto es cierto en un nivel fisiológico, entonces la idea de "fracaso tatuado en la frente" no sólo es una idea probable, sino imbatible e irremediable. Si alguien se tatuara la palabra 'fracaso' en la frente y lo hiciera al revés (por no hacerlo frente al espejo) sería una especie de ejemplo ilustrado demasiado contundente para que alguien sacara a relucir conceptos viejos como "igualdad", "piedad" o "empatía". Nadie se identifica a plenitud con alguien en el piso, salvo en un nivel teórico, y es un plano más de posición que de vida real. Los que suelen dejar de luchar conservan muchísima más dignidad de la que parece. Pese a todo, estoy de muy buen humor (cuando ando de buenas me la paso molestando a todo el mundo). No sé qué decir. Es preocupante, ¿no?, ver cómo tus contemporáneos pasan demasiado rápido como para tropezar o siquiera notar el piso y que, diez años después, todo lo malo, malvibroso, mamón y tonto que pensabas es demasiado evidente como para que alguien quiera cambiar el tema. Me entristece, no miento. Y sí, es cierto, a la fecha la cuestión de la música genérica en adolescentes ya no es un problema (uno deja de preguntar eso a cierto tiempo), pero sí creo que hay puntso en los que debería insitirse, como una mínima selectividad, un mínimo buen gusto y la ortografía. Nadie después de los 18 debería tener mala ortografía. Esto hoy día también es político (antes era mera ignorancia u omisión). Quítate los lentes de pasta, se te ven falsos y lo sabes. Ya estás grande, ya nadie se ríe de tus chistes.



Ya no sé qué más escribir, iba a poner cosas mixtas de Charlie Monttana (como que si no te gusta es que no tienes sentido del humor), o Be Kind Rewind (como que si no te gustó no tienes alma), Radar (sobre lo increíblemente cabrón que fue Keiji Haino) o el América (que siempre le gana al cruz azul), o la felicidad en general (tan accesible en general), o mis gustos culposos (Ximena Sariñana), y así.




Tenemos a un ganador, Keiji Haino es Dios:




6 comentarios:

Lear dijo...

Cuando yo estoy de buenas me dan ganas de patear palomas, como en el cuento de Fonseca, pero aún no me he atrevido (porque además se van volando). Suscribo lo de la ortografía, salvo cuando se trate de errores de dedo (pequeña propuesta: llamar a todos los fiascos errores de dedo, algo parecido a hacer un Homero).Con respecto a Be kind rewind me considero un desalmado.

Anónimo dijo...

Esa es la pregunta más incómoda y difícil de responder que me han hecho. Sobre todo en las entrevistas laborales. Debí contestar que amo el death metal a ver que cara ponían.

Yo soy el amor dijo...

Mi alma acusa fealdad causada por el Since i left you de The Avalanches. El otro día dije, en un hotel de zona rosa, le dije a unas tapatías: si no te gusta calle 13 y si no haces el paso del robot y ríes con "si tu me dejas y me das permiso podemos tener hasta trillizos" eres un obtuso. Siempre me cayó muy mal que se tomaba el rock o el pop en serio... tampoco es como para castigarlos y ponerlos a estudiar a Cobham y Nancarrow... nomás me caen mal.

Yo soy el amor dijo...

Perdón por el doble "dije"... error de cut & paste.

Silvia Black dijo...

esa frase: "Nadie después de los 18 debería tener mala ortografía." definitivamente se ha convertido en un estandarte para mi

me late que tu post empezó como algo tranquilo: los adolescentes que no tienen un disco favorito.. y se fue complicando, estudiaste filosofía o psicología o algo asi? XD

saludos Bob :)

Octopus Queque dijo...

"El mundo era realmente muy viejo
Cuando tú y yo éramos jóvenes"

Es la verdad. Chesterton es como comer Sugus, la verdad.

Y oh, la inmediatez. Yo sigo con mi teoría de que este conformismo musical es aterrador. La accesibilidad, la maldigo. O algo así.

Besos, monsieur Bob!