29 dic. 2007

Lo mejor de lo mejor

(Este es el típico post de fin de año)

Desde que tengo memoria, y sin especial razón, siempre me han gustado los interminables recuentos de todo aquello que pasa en el año. He aquí el mío.


* * *


El momento del 2007 en el que no me la creía:

El viernes 23 de marzo en el MIDE cuando veíamos absortos a Otomo Yoshihide torturar a dos tornamesas. Los quince minutos que duró valieron la pena por todo el festival RADAR. Si no saben de qué les estoy hablando, métanse a youtube.com y busquen "mario de vega möslang müller kang otomo yoshihide".


El momento del 2007 en el que más fuerte grité:

Aquel domingo 27 de mayo cuando Cuauhtémoc Blanco convertía un tiro libre fuera del área en gol para el América en la final contra el Pachuca. Lamentablemente, ya todos conocemos el final de la historia.


El mejor concierto al que fui en el 2007:

Daft Punk el 31 de octubre en el Palacio de los Deportes. Quien haya ido no podrá estar más de acuerdo. Si no igual ahí está youtube otra vez. Por otro lado, Sonic Youth el 24 de febrero en el salón 21 por supuesto fue memorable, pero quien haya ido al primero, aquel 21 de octubre del 2004, sabe que ese día estuvo mucho mejor. Quizá si la guitarra de Thurston no hubiera estado desafinada y hubiera tocado Skip Tracer tal como iban a hacer otra cosa habría sido. ¿Llegará el día en el que accedan a tocar, como todos suplicábamos en el primero y el segundo concierto, The Diamond Sea?


El momento del 2007 en el que estuve a punto de llorar:

Algún día de enero, cuando leí la última línea de la segunda de tres partes de "Plataforma" de Michel Houellebecq. También aquel viernes 30 de marzo, cuando Aki Takahashi tocó la 1ére gymnopédie de Satie en un concierto de RADAR.


Los discos que más escuché este 2007:

Like Swimming, Morphine
Extraordinary Machine, Fiona Apple
Alive, Daft Punk

Estos los habré escuchado algo así como cinco o más veces al día durante varios días y a la fecha. Tengo particular disposición a escuchar lo mismo por horas. Cuando pasaba quinto de prepa, recuerdo que escuchar los cinco discos oficiales de Nirvana una y otra vez (a saber: Bleach, Nevermind, Incesticide, In Utero, Unplugged in New York y From the Muddy Banks of the Wishkah) aminoraba y hasta hacía placentera mi tarea de geometría analítica, que me tomaba prácticamente todo el sábado.


La mejor película que vi este 2007:

Según mis cuentas, sólo fui seis veces al cine. Pinche poco tiempo que tiene uno, a su vez, pinches precios de los cines. Sin embargo, tres se llevan enormes menciones:
-Zidane, un portrait du XX siécle, de Phillipe Parreno y Douglas Gordon. Esta la trajo el FICCO y sólo se proyectó dos veces. Aún recuerdo este gentil diálogo entre el Mario Flores, el greñas y un servidor:

MarioFlores: ¿Y de qué trata o qué?
Bob: Pues se pusieron a filmar a Zidane todo un partido del Real contra...mmm...
Greñas: El villareal ¿no?
Marioflores: ¿¡Y sale el cabezazo?!
Bob: No mario
Greñas: O sea, la cosa era tomarlo todo el tiempo, está bien buena, con el paso del tiempo ves cómo ya está cansado...
Bob: Sí, se ve que ya estaba harto, se nota que pronto se iba a retirar. Notas su respiración, sus gestos. De hecho es todo lo que ves, porque quedan nomás uno a uno.
Greñas: De hecho el único gol cae por pase de Zidane, ¿verdad?
Marioflores: ¡¿y sale el cabezazo?!
Bob: ¡No mames Mario, no sacan el cabezazo,para eso está youtube!

-La ciencia del sueño, de Michel Gondry. Uff, hace poco platicaba con Pau (chicaenaprietos.blogspot.com) y concordábamos: cuando terminas de verla sólo tienes ganas de enamorarte y de tener una botarga baterista. Véanla, véanla, véanla.

-Luz Silenciosa, de Carlos Reygadas. Nunca he visto ni Japón ni Batalla en el cielo. Por alguna razón, desde que ví escenas en la tele (noticieros comentando su paso por festivales y premios) me dieron ganas de verla. Eso y la peculiaridad de no conocer a nadie que le hayan gustado las dos anteriores. Es una maravilla y tan tan.


La mejor exposición que vi en el 2007:

Aquí hay dos puntos. Por un lado, estuvo la increíble "THE ATLAS GROUP: A project by Walid Raad" en el Tamayo. Y en la Galería de Arte Contemporáneo y diseño en Puebla estuvo la sensacional "Entre Patio y jardín", una relectura de la colección Jumex curada por Michel Blancsubé. Había piezas buenísimas de Mike Kelley, Olafur Eliasson, Mark Dion, Anri Sala, Mark Lewis, Francois-Xavier Courreges y José Damasceno entre otros, pero sobre todo, valió la pena el viaje por dos piezas (ida y vuelta con la misma película: Chiquito pero peligroso), Diamond sea, de Doug Aitken y Critical Laboratory, de Thomas Hirschhorn.
Otras expos fueron de gran relevancia, como La era de la discrepancia en el MUCA campus o Juicios Instantáneos en el tamayo. Pero también es cierto que no tuvieron oportunidad antes las otras dos. (¿Le corriendo despacio, fue usted a Puebla?).


El momento del 2007 en el que más reí por un post:

Alguno del Gabrielón NEB. Ahora mismo pretendía ponerles la dirección de un par pero todos son un garbanzo de a libra. Favoritos: Copa de oro, Mi tributo a Soda y las variadas entrevistas consigo mismo. Pinchi Gabriel, es un artista. Igual la Tamarocks. Ahora que este no tiene desperdicio: http://no-estoy.blogspot.com/2007/12/1_18.html


El momento del 2007 en el que descubrí algo nuevo de mí mismo:

Lamentablemente no fue alguna revelación ni una "enseñanza de vida". No. Fue cuando noté que mi organismo ya se había vuelto entre neutro e intolerante a la chela, lo que me llevó a descubrir que lo mío lo mío, de ahora en adelante, es la cuba. ¿A poco no les pasa? De repente ya no se ponen pedos con la misma bebida de siempre y descubren a otra que tenían descuidada y que no les pone una cruda descomunal. También descubrí que no es pecado ponerse bien pedo solito. Ajúa. Definitivamente necesito novia.

El momento del 2007 en el que de verdad de verdad tuve fe:

Aquel domingo en el Azteca cuando las Águilas tuvieron en sus manos vencer al Morelia en repesca y meterse a la liguilla pero la vieron ir cuando Rodrigo López falló dos veces el mismo penal. No, en serio, yo sí pensé que la iban a hacer.
Ah, y desde agosto, cada que me subo al RTP de periférico en las mañanas, aunque todo se va al diablo en muy poco tiempo. Ur-ba-ni-dad señora, niño.


El momento del 2007 en el que la vimos cerca:

Cuando los Pumas de la UNAM casi casi se hacen del título de no ser por los Potros de Hierro del Atlante, que jugaron la mejor final en su historia. Lo lamento, posibles seguidores universitarios, pero en la triste y amargada opinión de un servidor, un campeonato de los pumas es, junto con campañas políticas, lo peor que le puede pasar a la bella ciudad de México. No se arremanguen la camisa con coraje y mejor acuérdense de aquel bicampeonato: de repente salieron pumas de todos lados, debajo de las piedras, de las coladeras, del reclusorio, de los puestos donde venden ropa auriazul en las inmediaciones del metro Copilco y Universidad. Durante los seis meses (benditos sean los torneos cortos) que los Pumas hubieran ostentado el título, no se nos habría olvidado ni por un momento que 'cómo no te voy a querer', que 'gatitos ni madres', que 'hecho en CU'. En serio, recuerdo que tras la hazaña del bicampeonato del 2004 cundieron con un frenetismo notable las camisetas, las estampas de coches, etc. Por supuesto, se me podrá decir, eso ocurre cuando un equipo ale campeón, pero no, con los Pumas pasa distinto. Es, pues, cosa de decir que "no saben ganar".
Y si no pues ni modo.


Y ya, tan tan, seguro olvido algunas de importancia, pero ahora la onda es que ustedes las respondan en los coments, ¿qué no? ¿Somos organizados o qué chingados? Yaaa, ni les cuesta tanto, nomás son once.

Ah, sí. Feliz fin de año, que les sea leve. A mí, le mera verdad, es Enero el que si me cae como patada. Nunca entenderé por qué. Es como una cruda de un mes y medio o cosa por el estilo. Ah, podría ser peor.

22 dic. 2007

Ah, the youth

El viernes rompí con una nada despreciable cuenta de cuatro días sin bañarme, así como de no salir de casa. Todo se acabó cuando tuve que ir a pagar el teléfono. Telmex estaba demasiado vacío como para ser el último día hábil antes de navidad.
A falta de escuela -y eso que me las he arreglado para seguir allí-, de algún partido de futbol, de actividades productivas o de una novia que demande tiempo, Diciembre se abalanza sobre un servidor, o sea, que he estado picándome los ojos con insistencia. Por obvias razones, en estos días vago más de lo normal, por ejemplo, el lunes caminé de San Ángel al Centro, aunque eso es algo así como trabajo para mí. He estado horas en librerías de viejo y también de las elegantes, es algo así como un antidepresivo, me pasa cada temporada de ocio; Toda la educación que recibí siendo hijo único me indica que debo comprar un montón de porquerías y no regalarle nada a nadie. Iren nomás toda la basura de la que me he hecho en los últimos treinta días:

-El librito que editó Phaidon de Francis Alÿs
-Unos comix del Martí (fan, visítenlo en myspace.com/lo_fi_company)
-Inglaterra, Inglaterra, de Julian Barnes
-Abbadón el exterminador, de Sabato
-La conciencia de Zeno, de Italo Svevo
-De un castillo a otro, de L.F. Céline (¿por qué putas es tan imposible conseguir Viaje al fin de la noche a precio razonable?, si a alguien le sobra se lo cambio por uno de cartas de H.Hesse, ajá)
-El librazo que editó Phaidon de Thomas Hirschhorn
-El 'Alive' de Daft Punk en su versión pirata. Recomendadísimo, sobretodo si usted no fue y quiere saber de qué chingados se perdió.
-Cinco plumas de gel de punto hiperfino en una tienda de "todo por tres pesos"
-El capitán salió a comer... de Bukowski (de quien nunca jamás había leído ni un párrafo, caí de inmediato)
-Malacara, de Fadanelli
-Cinco libros de Saki, Burgess y Deleuze que por razones del destino -un intercambio, pura buena intención, una pizca restante de humanidad- tuve a bien regalar
-Y no pasa de la semana que entra para ir por el "Extension du domaine de la lutte" y "Poesie" de Houellebecq, qué maravilla que en francés sean tan baratos, si tan sólo supiera francés. Si alguien quiere clases de portugués se las cambio por unas de francés.

De niño quería un hermanito, aunque lo hubiera tenido/sufrido me imagino que no habría cambiado ya nada.

Entre otras cosas, las Águilas medio entendieron las fallas que nosotros los conocedores americanistas no nos cansamos de señalar y por fin se deshicieron de Duilio Davino, Rojas el chileno y Santiago Fernández. Hay que reforzar la pinchi defensa. En compensación, compraron a un medio-defensa argentino y al Richard Nuñez, que jugaba con el Cruz Azul. Cosa rara e incomprensible, si la máquina azulina ya andaba mal, ahora sin Borgetti, Nuñez y el chelito a punto de cambiarlo por una canasta de colación al mejor postor, lo más probable es que ahora vayan en una espiral en descenso. ¿Qué tienes que decir Gabriel NEBZ?

Ah (léase como un suspiro o algo refrescante y no como un súbito recuerdo que de repente reaparece), el comentario del Queque majestuoso y real enciende lo más bonachón de mis recuerdos. Para comprar mi Super Nintendo vendía paletas Vero en la secundaria. ¿Alguien recuerda las paletas "kiongo", mezcla psicodélica de sabores kiwi, tamarindo, limón, naranja y otros chorromil sabores? Eran una maravilla que, de hecho, no cabían en la boca. Ya no las venden. Si alguien sabe de dónde se consiguen hagan feliz a un nostálgico de los noventa. Junto con los aros de cebolla que vendía Barcel (un empaque marrón metalizado con un perico en un cofre lleno de aros dorados), son la golosina que aún provoca salivación. Ah, pero el super nintendo, yo lo compré precisamente con el Killer Instinct. Yo tenía la brutal capacidad de poder jugar en son rompemadres con cualquiera, pero casi siempre usaba al Jago o a Fulgore. Y sí, enfrentarte a Eyedol, como siempre que estabas a punto de acabar un juego, producía ciertos espasmos y escalofríos que uno se empeñaba en atribuir al frío o al organismo que se no se adapta a jugar doce horas diarias pero nunca al menor temor. Pues yo aún tengo mi snes bien guardadito, así que traed los cheetos/churrumais y unos jarritos de limón o de tamarroca. En los días de la huelga del 99, los domingos iba a jugar basquetbol (en contra de mi voluntad) y regresando pasábamos horas jugando Super Bomberman, Tetris Attack y sobretodo International Super Star Soccer Deluxe, en donde aún rompo madres. Después él 64 mandó todo al diablo y se acabó. Y fue hasta hace poco que jugué el de los ratones de Krusty el payaso, pero la verdad, a estas alturas del partido ya no le entendí nada. Lo tengo en un cd con otros miles de juegos de snes, igual viene truqueado o algo así. Se ve que ha de estar bueno, lástima, lo intentaré de nuevo.
Por otro lado, el comentario de las chichotas también me encendió (Gori gori, slurp, gori gori).

Hoy comí (hace como dos horas) media charola de comida china, lo que implica arroz de ese lleno de verduras, unos camarones empanizados, una carne agridulce roja como caramelo y pollo sencillo, todo acompañado de una manzana lift. Justo de eso platicaba hoy con una amiga, que lo que me agrada de estas fechas es comer como puerco con un refrescote que te haga pesada la comida, así, sin más, si la cena no es sensacional por sí sola basta "echarle Squirt" (juar juar Mario Flores) y empanzonarse. No sé, en verdad que la onda es empacharse. Eso me emociona sobremanera. Junto con la comida china venía un calendario cotorrísimo en forma de pergamino con caricaturas de los doce signos del zodiaco chino. Yo soy un cerdo, un tauro cerdo.

El martes pasado, mientras esperaba que empezara "Sólo de Futbol" en canal 4, último bastión de pambolerismo en navidades, me detuve en el canal 5 mientras pasaban "RBD La Familia". La verdad, ni por un momento tuve ganas de cambiarle. Lo siento. Como decía el Santos, ¿Qué hace uno con todo este deseo?, sólo hay adolescentes en pantalla, la mayoría se habla entre sí con un tono de irreverencia basada en la palabra "wey", pero no importa, a excepción de Anahí, anoréxica peleada con la libido de casi cualquier hombre, Dulce María y Mayté Perroni salen buenísimas. Así de interesante se perfila la temporada decembrina. Los adornos navideños salen al patio del edificio donde vivo y la amenaza de posada es latente, habrá que esforzarse para no levantar los ánimos.

Seguro no pasa nada interesante de aquí al martes, así que sirva este medio para felicitarles a todos, infieles y seguro ateos, y desearles feliz navidad al De la O, ferviente asistente de esta pérdida de tiempo, a la Radha-migraña, a la señorita de rosa, el queque majestuoso de harina royal, al Lear, iniciado americanista, al ruy, al Mario Flores, a la Tamara, al Gabriel y hasta al sirako, que aprecia el buen gusto de un fatality de Mortal Kombat II. Personalmente, mi favorito siempre será ese de Johnny Cage donde le saca tres cabezas al oponente.
Sigan perdiendo el tiempo por acá y serán inseminados.


Yaaaa, los quiero.

15 dic. 2007

Lamentaba que la gratitud fuera algo que sólo se le exige, tan violentamente, a los seres humanos; no veía reparo en civilizar al perro con un martillazo en la cabeza, un simple golpe de muñeca, apenas audible y luego una leve depresión en la mollera, un pequeño grito ahogado y es todo, era como desbastar el perro a ciudadano. Habría algo de sangre quizá, se imaginaba que no respondería al golpe, que se quedaría inmóvil, prolongando el desmayo, o que se echaría para atrás en su jaula, como arrepentido de meterse con el mundo, o por lo menos con uno que no era el suyo. Definitivamente, en su hipotético castigo y eventual conmiseración, le estaba dando todos los derechos a los que cualquier ciudadano puede aspirar.

Wyatt Byrnamm, en Iddle, Grove Press, 1983

12 dic. 2007

intercambio bloggero / post con dedicatoria

Como necesaria consecuencia de perder el tiempo leyendo blogs, le entré a un intercambio bloggeril organizado por el Gabriel-que-no-está-borracho (uff, ni crean que sé como hacer links, busquenlo a la derecha). Inicialmente creí que recibiría una taza con chocolates todos llenos de polvo de manos de una chica evidentemente bienintencionada, medio guapetona y tal vez con novio, o definitivamente muy guapa y definitivamente con novio, tal como le decía a mi "amiga-acompañante de la boda cristiana que para delicia de la anécdota es judía y que no digo cómo se llama porque a ustedes ni les interesa": si esa chica tan guapa, causante de mis desvaríos no tuviera novio, me preocuparía, sería señal de que esta vida ya no es la mía.
Pero la onda no era la interacción humana y el constante "Uhuuuuuu" cada que se sabía quién le daba qué a quién, como en aquel forzoso intercambio de mi secundaria, donde la maestra consideró una maravilosa idea, en una secundaria de gobierno (maravillosa manera de decir "Pública"), que pudiera darse que hombres le dieran regalo de san valentín a hombres. Imagínense:

El Chochobeto: A mí me tocó darle al Gumaro
Todos: ¡Uhuuuuuuu!

No, la onda era dedicarle un post a tu bloggero favorito, preferentemente elegido por Gabriel, quien a pesar de irle al Cruz Azul no es una mala persona. A mí me dió al Sirako (http://sirakoblog.blogspot.com).

Caballero: sólo recuerdo su comentario sobre su honrosa práctica del performance gay y sus dibujitos, así que a falta de mayor conocimiento de causa, acá entre artistas, vamos a la segura:


* * *


CÓMO HACER LOS FATALITIES* DE BARAKA, SUB ZERO, RAYDEN Y SCORPION EN MORTAL KOMBAT II PARA SUPER NINTENDO
(*los stage fatalities sólo los puedes hacer en los escenarios "The Pit II" y "Acid Pool")

BARAKA:

Fatality 1: atrás (4 veces) y luego Y
Fatality 2: atrás, adelante, abajo, adelante, B
Friendship: (mantén R) arriba, arriba, adelante, adelante, X
Stage Fatality: adelante, adelante, abajo, X

SUB ZERO

Fatality 1: 1. adelante, adelante, abajo, X (para congelar a tu rival); 2. (pegado al oponente) adelante, abajo, adelante, adelante, Y
Fatality 2: (a una pantalla de distancia) Presiona B y manténlo, luego presiona atrás, atrás, abajo, adelante y suelta el botón B
friendship: atrás, atrás, abajo, X
Stage Fatality: abajo, adelante, adelante, R

RAYDEN

Fatality 1: Presiona y mantén Y durante 4 segundos y suéltalo
Fatality 2: Presiona y matén A durante 3 segundos y luego presiona R y A hasta que tu oponente explote
friendship: abajo, atrás, adelante, X
Stage Fatality: (mantén R) arriba, arriba, arriba, Y

SCORPION

Fatality 1: (manten R) arriba, arriba, Y
Fatality 2: (cerca del oponente) manten presionado Y, abajo, adelante, adelante, adelante y suelta el botón Y
Friendship: atrás, atrás, abajo, X
Stage fatality: abajo, adelante, adelante, R

* * *


Y con eso quedan servidos tanto el Sirako como el pinche Gabriel. Todo el mundo dedica posts, la esa canción que salía en el Big Brother o alguna de Radiohead (cómo les gana la clase media, ya se los he dicho, chingados), pero hoy día ya nadie dedica fatalities del Mortal Kombat II, que es, a mi parecer, el mejorcito de todos, sobretodo porque en el III ya corrías y le ponías unas putizas brutales a tus rivales, digamos que perdía su encanto oriental-ninja-místico. Ajúa.
Por otro lado, quien no queda servido es cualquiera que no sea el pinche Gabriel o el Sirako; para ustedes, infieles lectores, ahí se las debo para el próximo post, que vendrá muy pronto.

Ah, y aprovecho para saludar y agradecer el post con dedicatoria de la señorita Gengibre o Jengibre, que es a quien le toqué en el intercambio (todos: Uhuuuuu!) y que habita en el http://gingersdailyshow.blogspot.com, vayan, y si a ustedes, como a mí, no les gustan Los Ramones, comiencen a agarrarles el gusto.
Ajúa.

8 dic. 2007

Petits Auteleux

Mi vida es una sucesión, no muy severa pero sí algo larga, de gente guardando silencio, esperando a que la conversación cese. Puedo imaginarla postrada boca arriba, con la mirada clavada en el techo, los ojos desorbitados, haciendo feliz a alguien, sin proferir una palabra; yo soy el primero en callar, pero también el primero en desesperarse, el primero que busca cualquier señal de aprobación o desagrado, el primero en hablar por ambos lados. No es a mí a quien pudiera hacerse feliz de esta manera, hablo de alguien más, cualquier otro...


(Wyatt Byrnamm, en Iddle, Grove press, 1983)




(1 viernes sin depresión)

2 dic. 2007

CAJA RÁPIDA MEETS HECKATEPEC

El pasado jueves 22 de Noviembre el triunfante Colectivo (es un decir) "Caja Rápida (Máximo 5 Artículos)" se dio una vuelta a Heckatepec a un festival-fracaso a hacer lo que sabe: llenar de cajas. Básicamente, la onda era ir al festival pitero, hacer lo nuestro y luego desentendernos de los organizadores. Fueron más rápidos que nosotros: para cuando nos dimos cuenta ya se habían tomado la molestia de desmontar nuestra pieza, apañándose nuestros $40 de cartón, por lo menos no hubo que ir de vuelta (la lección: Don't mess with Ecatepec). Para la anécdota jocosa, a 5 minutos en coche de llegar al lugar y comenzar la jornada laboral, siendo las nueve de la mañana o más, que se nos muere el coche y hay que esperar al seguro, patrullas del EdoMex (reputísimos) pasaban y no se detenían a ayudarnos. Eventualmente todo se reanudó horas después y comenzamos a trabajar hasta las tres de la tarde. Aún así logramos acabar antes de que soltaran los perros.

En este su blog de confianza, no se suele quemar a nadie, pero como a estos vagos ni los conocen: la fémina de sudadera blanca es la Caro (su mamá, dueña de una vinata, no se mochó con un six -o unos sixes, como Mario Flores dixit- pero patrocinó el cartón), el delincuente de camiseta morada es el Osbaldo (hay un link, revísenlo, recomendado), y de los jóvenes que alzan la mirada hacia la columna el de suéter negro es el Javo y el de camiseta azul el Gabacho. Un servidor, de chaleco y goggles, es inconfundible. Y ya que estamos en esto de quemar a gente, mi "acompañante" de la boda cristiana reclama lo genérico de decirle "acompañante"; aún así, a ustedes, bloggeros infieles, ni les interesa. Aprovecho para saludar.
Pues la cosa era hacer una columna de cajas así todas aplastadas como si soportaran el edificio.

La organización a la mexicain se impuso y hubo que responder con ingenio a la falta de una escalera que llegara al techo. Las cosas cambiaron drásticamente al momento de hacerlas, pero cuándo no.

La verdad es una proeza haberlas subido, así que imagínense el orden de las fotos y no se quejen.


Un servidor saludando con unos sabritones en la mano. Aside, cajas y cajas.

Aquí viendo si le cabía una más. Abajo, atentos, planean cómo jalar la escalera.

Esta me gusta cómo se ve. Duh.

Al final así quedó.

Las pacas de cartón.


La onda era ardua: doblar las cajas de manera que no se vieran las impresiones de la marca y reparar las rotas. Más atrás, una grua y unas sillas.

No sé porqué pero las manos que señalan me recuerdan más un video de Bill Viola que un cuadro viejo y polvoso. Clávense en las direcciones y en el efecto del poste verde atrás.

Como no se podían apilar las cajas, hubo que levantarlas con soga. Ingenio y picardía.


No, en serio, que bién me la pasé ese día.


Y nada. Dudas, comentarios, no sean tímidos. No tiren sus cajas, pagamos mejor precio. Ah sí, en mi hi5 hay unas cuantas fotos más. Conocedores, lléguenle.

1 dic. 2007

Viernes 30 de noviembre 2007
Día inicia no del todo mal: me levanto temprano, no mucho, pero sí lo suficiente como para considerarlo una ventaja real: regreso a la cama, cuando escucho movimiento en la cocina me dispongo a vestirme. Le puse baterías nuevas al control de mi estereo, así que ahora puedo programarlo para que me despierte sintonizando el radio en reactor 105, en cuanto se prende, a las seis de la mañana, me arrepiento hondamente. Con los pantalones puestos regreso a la cama por segunda vez. Me paro y ahora sí inicio. Hago mi mochila y desayuno. No hay té de limón para mi termo, me llevo uno de doce flores, mi mamá dice que es para el stress. Venga.
El camino de ida hacia la escuela es un poco menos doloroso que de costumbre (sólo un poco). El primer camión pasa rápido, no va muy lleno, logro hacerme no de un asiento pero sí de un pequeño espacio en el que no me tengo que mover mucho. Agradezco esto sobremanera. El segundo camión tarda un poco más en pasar, esta vez es un viaje menos placentero, hora pico, demasiada gente. Llego a la escuela a las 8:25 a.m. No ha estado mal.
Comienzo a trabajar con pinzas y desarmadores con basura que encontré hace unos días. No hay martillo, uso una piedra, se rompe fácilmente, es un metal muy sólido. Hago mucho ruido, lo soporto dentro de todo, no hay nadie, soy yo quien suele abrir en la mañana. Llega un compañero, me hace la plática, me aterra la idea de evadir algo ahora, de comenzar a preocuparme, me empeño en hablar, él jala un banco, parece que se va a quedar, yo no dejo de hacer lo que estaba haciendo mientras platico, me cuesta mucho trabajo. En algún momento trabajo fuera del taller, de cuclillas, golpeteando un manubrio contra el concreto del piso, alzo la vista y la veo salir del taller contiguo, a ella, alejo la mirada, me he reprendido tantas veces por este comportamiento tan ridículo que me cansa la idea de hacerlo otra vez, ya no me importa. Acabo de trabajar algo decepcionado. Me canso mucho y demasiado rápido. Me siento intranquilo. Me siento en mi mesa y trato de descansar. Sigo sintiéndome intranquilo. Saco mi termo con té, recién comencé a usarlo hace dos días, la idea inicial era tener algo que hacer de repente, en los cortos momentos en los que no sé que hacer. No fumo, no bebo café, el té parece la solución más sencilla. Tras el primer uso me digo que funciona y me alegra. Ahora lo tomo, hubiera preferido que fuera de limón, este deja un sabor semi amargo al final, más bien insípido. Mientras me sirvo no dejo de pensar en qué hacer ahora, la idea de trabajar, de ser lo más productivo posible el tiempo que estoy en la escuela me presiona constantemente. Me doy cuenta de que en verdad estoy cansado, me gustaría acostarme y dormir un rato. No me es posible tal cosa. De repente me paro y comienzo a trabajar en una tabla previamente pintada de negro que tengo a la mano. Le escribo la palabra ‘omega’ en mayúsculas con un crayón blanco hasta que se llena, muy a la Basquiat. En una comunidad, el animal alfa es el más fuerte, con algunos privilegios sobre los demás, como comer primero o copular con las hembras de la manada. Del animal alfa sigue el animal beta y así hasta el animal más débil, el animal omega. Houellebecq, claro. Una amiga va a buscarme con un amigo suyo que se supone ya conocía: no lo recuerdo en lo absoluto. Miento de todos modos. Antes tenía una muy buena memoria, hace tiempo que ya no recuerdo cómo era eso. Le digo que las cosas en el taller están horribles, desde hace un par de horas hay una evaluación de fin de semestre, me dice que me salga y vaya con ellos. Le trato de explicar sobre mi cansancio, sobre la falta de martillo y el metal sólido, la roca que se quiebra, pero sólo con un descomunal trabajo logro hilar las palabras necesarias para hacérselo entender. Prometo verla en cuanto acabe; poco tiempo para trabajar hoy, mejor seguir por el momento. En cuanto termino con la tabla la saco y me propongo hacerle una fractura por la mitad pisándola o apretándola contra la pared, cuando está hecha trato de repararla con masking tape. Eso es justo lo que quería. Terminé. La dejo recargada. No me siento menos intranquilo que antes. Aún así trato de participar en la clase que hace horas se lleva a cabo. Es el turno de una chica a la que desde hace poco tiempo conozco, me agrada, es amable y muy tranquila. Creo que lo que le digo sobre sus cuadros no es desdeñable. El profesor hace un sonido que intenta expresar algo entre asombro y hastío. Luego me voy. Una amiga/conocida tiene una inauguración en la escuela. Voy y todavía no empieza. Mientras hago tiempo me encuentro con otra conocida. No recuerdo qué le digo pero trato de retenerle un rato. Me cae bien, es afable, a pesar de, según yo, hace tiempo, parecer lo contrario. Se va y en el camino de vuelta a la exposición me encuentro con otra conocida. Responde con honestidad cuando le pregunto cómo está, me dice que ha estado algo estresada pero bien. Lo dice con una voz que hace complicado creerle del todo, es algo confuso o por lo menos me confunde. Nos interrumpe una ola de aplausos, ya empezó todo, hay mucha gente, a muchos les conozco, a los otros por lo menos les he visto antes, no es que eso importe.
Estando allí, sin mucho ánimo para hacer de cuenta que llegué allí por casualidad, me pongo a revisar ‘la obra’. Es un trabajo esencialmente malo e ingenuo, pero que tal vez sugiera la leve promesa de mejoría en un futuro. Por lo menos es arriesgada con el montaje, presenta una proyección en video y otro en una televisión, además de una serie de diapositivas. Se esforzó. Nunca antes se había presentado ese tipo de montajes en esa galería. Algunas amigas se acomiden y ayudan poniéndose a servir bebidas y comida a los asistentes. Me siento mal. Me encuentro con una ex maestra a quien quiero mucho, platicamos un rato, me pregunta por lo que estoy haciendo. Come aceitunas. Va a ver la exposición y luego se va, tiene prisa. Más gente aparece, bebo refresco y como papas, cuando se acaba el refresco sólo hay cerveza, creo que no tengo muchas ganas pero necesito tener algo en la mano, estar haciendo algo. Me quedo recargado en una pared junto a las viandas, aparece un par de compañeros, cruzamos un par de palabras, sostener la conversación, como me sucede desde hace un buen tiempo, se convierte en un acto heroico para mí, me angustio mientras hablo; eventualmente se van. Un tipo que se ha dedicado a sacar fotos todo el tiempo que dura el evento me pide le saque una a él con un amigo, tengo las manos sucias de polvo de chile, trato de limpiármelas mientras me tiende su cámara, parece ser algo cara, me molestaría que de ser mía la ensuciaran. Enfoco, él sonríe, evidentemente posa, aunque logra que se le vea natural, parece tener experiencia. Me quedo solo. Un sujeto me saluda, creo que es el amigo de mi amiga, el que no recordaba y mentí diciendo que sí; en poco menos de hora y media he vuelto a olvidar su rostro, tan es así que me quedo pensando si no será un amigo de mi amiga distinto, creo que sí, me hace algunas preguntas de rigor, si ya acabé la carrera, si seguía viniendo a la escuela. Le respondo que sí a ambas, que estoy tratando de ordenar mi tesis y sopesando la posibilidad de hacer el servicio social algún día. Se queda callado y me rodea, supongo que quería que ahora sea yo quién le pregunte, pero no tengo nada de ganas, la sola idea de pronunciar una palabra me cansa de antemano. Me aterra la idea de parecerle hostil, pero no estoy dispuesto a pasar por la angustia de conversar otra vez. Sonrío levemente, me quedo callado y se va. Suspiro. La gente se comienza a dispersar, para la hora en que la exposición se abrió y el tiempo que permanece la gente antes de irse, la muestra es, puede decirse, algo así como un éxito. Me alegro por ella, de verdad. Para entonces ya me es demasiado difícil sobrellevarlo, la depresión ataca brutalmente y me quedo tumbado sobre la pared, viendo para todos lados. Antes, cuando esto ocurría, me preocupaba tener esta imagen, la de alguien solo y distraído, evidentemente incómodo o, por otro lado, ser una incomodidad. La única ventaja es que ahora ya no me importa. Me salgo de la sala sin decir más, la chica que expone no me alcanza a interceptar pero voltea y me pregunta a dónde voy y si habré de volver, le respondo con el tono más nerviosamente divertido que puedo que ‘ya vuelvo, ya vuelvo’, un tono increíblemente innatural, fingido, me desconcierta cuando lo repaso en mi cabeza mientras bajo las escaleras, me asusta y me enoja muchísimo. Últimamente es así. Camino y resuelvo sentarme en una jardinera de camino al taller, justo en la esquina, la cabeza recargada en las palmas de las manos o en los puños. Una tipa que está en mi taller me aborda y me pregunta por la clase que ahora mismo se lleva a cabo, le digo que allí siguen y que avanzan lento. Trato de despacharla lo más rápido posible, es la primera vez que me dirige la palabra, pero es insaciable, cuando le respondo me dice que el profesor es un inepto, que nunca le dice nada, evidentemente apela por un poco de empatía o tal vez piedad, que me ponga a hablar mal de él, que estemos de acuerdo. Trato de terminar cada uno de mis enunciados de manera que les suceda un silencio y se vaya. No se va, me harto y le sigo la plática un rato, no le digo nada de interés, espero que se aburra, trato de ahuyentarla pero me hace preguntas y trae un cigarro encendido, bien podría apagarlo, detesto ser un fumador pasivo la mayor parte del tiempo, es algo que me indigna; mi salud respiratoria es pésima desde niño: bronquitis, principios de asma, sofocación. Aún así estoy convencido que cuando muera no va a ser por nada de esto. Logro que la conversación acabe y se va rumbo al taller. Cuando regresa la veo venir y tiemblo ante la idea de corresponder a la cortesía y alzar la mirada para decirle adiós; ella se anticipa. Bajo la mirada, así estoy un tiempo, me duermo un rato, me despierto y escucho la voz del novio de la chica que inauguró, me dice que creía que estaba hablando por celular, evidentemente por la posición de mis manos, un puño cerrado contra la oreja; le digo ‘no, ¿pues cómo?’ en una voz que intentaba denotar que todo estaba bien, de nuevo repaso mentalmente mi expresión y me aterra, era una especie de voz desesperada, frenética. Es un gran sujeto, me cae muy bien. Le pregunto lo mismo que le he preguntado en los últimos días, si ya acabó todo, si todo salió bien. Me dice que sí, que ya casi. Me pregunta qué voy a hacer al rato, le digo que tal vez regrese al taller. Creo que iban a festejar en su casa más tarde o en la noche. Se va, vuelvo a bajar la mirada e intento dormir, poco después una amiga se detiene frente a mí. Se me ocurre que escogí un mal lugar para detenerme. Me dice ‘¿otra vez deprimiéndote?’; me hierve la sangre, no tengo muchas ganas ni energías para increparle nada, le hago otra pregunta por pura amabilidad, no hay comunicación y se va. Mientras lo hace pasa frente a mí toda la gente de la inauguración, ya acabó todo, afortunadamente no me ven, o no reparan en mí, tal vez, y esto lo pienso en ese mismo momento, alguien se enojó por irme sin despedirme. Salvo la antipatía de una persona en particular, los demás no me importan. Están muy cerca de donde estoy sentado, en un campo visual común. Me siento increíblemente mal, me angustio brutalmente, un terror incómodo. Me levanto y me voy en dirección contraria, sin saber hacia dónde dirigirme, subo unas escaleras, veo un sitio apartado, tiene un letrero: ‘pintura fresca’. Mejor así, sigo deambulando, veo una banca de madera, la pared detrás de ella tiene el mismo letrero, pero es lo suficientemente grande como para evitar el contacto con la pared. Me quedo allí sólo un momento, trato de proyectar lo que habré de hacer esa tarde. Caminar, me repito la idea y finjo convencerme. Como sea, será mejor salir de la escuela, el viernes pasado me sucedió lo mismo, sin ganas de hacer nada y demasiado temeroso del viaje de regreso a casa, terminé sentándome en una mesa de una cafetería, recuerdo que me quedé así casi dos horas, luego todo empeoró y mejoró un poco. Fue ligeramente más difícil en aquella ocasión. Me enfilé hacia mi taller por mis cosas, segundos antes de entrar vi, con el rabillo del ojo, al imbécil que tenemos por profesor temporal. Noté que cuando pasé cambió su ruta y que ahora se dirigía al salón; yendo atrás de mí, evidentemente con el mismo destino, tenía ganas de entrar y cerrar la puerta a mis espaldas, justo en su cara. No lo hice. Habría sido fácil, es una figura de autoridad similar a una silla desvencijada pero arreglada con buena intención aunque torpemente. Pero no lo hice. Ya no había casi nadie. Recogí mis cosas, un par de despedidas, sin ver rostros. Me fui de allí. En el camino a la salida me encontré con otra amiga, no entendí lo que me decía, había mucho ruido, creo que me tildaba de cortado por no quedarme a algo que habría en la escuela más tarde, un festival o alguna ridiculez así. Salí tan rápido como pude. En la entrada busco el coche de mi amiga, le dejo una nota: ‘Me siento mal. Me voy. Voy a caminar un rato.’ Ya en la calle recordé la idea de caminar con más calma, no lo pensé mucho, anoté mentalmente que no quería emprender la vuelta a casa, subirme al camión, estar cerca de la gente. Decididamente iba a caminar.
Tal vez lo hago a manera de expiación. No me gusta esa idea. Eché a caminar, traía unos tenis muy incómodos, camisa azul y saco, a veces me visto así, tengo más sacos cómodos que chamarras cómodas, la mayoría gruesas y estorbosas; además cargaba mi mochila, aún así no vacilé. Para cuando salí eran las 3:30 p.m. pero no había sol. Mientras caminaba me repetía cosas en la cabeza, pensaba obsesivamente en la posibilidad de que algunas cosas pasaran, algunas coincidencias y otras que eran evidentemente súplicas, no del todo descabelladas a fin de cuentas, pero no muy en el fondo no me hacía muchas ilusiones, lo que no tiene que ver con tener esperanzas. Una vez leí que "Toda Expectativa Lleva Implícita Algo de Tormento", en su momento fue demasiado preciso leer aquello, ahora no lo es tanto, pero siempre lo tengo presente, quizá por eso. En mi camino también me di cuenta de una nueva muletilla que me asaltaba, el uso del verbo funcionar: ‘esto no funciona, no me funciona, no funciono así, no, así no funciona’. Para una hora de camino después ya me tenía asqueado, pero no la podía evitar. Veía a los coches que pasaban junto a mí, había tráfico, era posible verlos con detenimiento. Mientras esto pasa repaso las posibles explicaciones para estos malestares que me han estado atacando de repente y de manera tan feroz las últimas semanas. Cada una me parece perfectamente verificable y posible. Ninguna me deja muy satisfecho. De todos modos no suelo poner manos a la obra. Me dolía o me ardía una parte donde el cuello se convierte en nuca desde hacía una hora, me tocaba de vez en cuando como para localizarlo. Al llegar a Periférico me dije que no quería tomar el camión habitual, el más molesto de todos los que tomaba en el transcurso del día. Seguí caminando, a sabiendas de que eventualmente me cansaría, sobre todo por los tenis que llevaba puestos; cuando esto pasara me detendría y me subiría al camión. La idea seguía sin parecerme atractiva, boceté la posibilidad de seguir hasta Insurgentes y llegar a San Ángel y tomar un último y definitivo camión si aún no me cansaba. El pie izquierdo comenzaba a incomodarme, los dedos, los tenis no me apretaban pero podía imaginarme el calcetín gris adherido a la punta del pie y jalándolos hacia atrás, desde que tengo memoria cuando algo me duele me imagino la herida o la posible imagen de la dolencia, es una imagen muy precisa, también puedo ver cada una de las expresiones de mi rostro al momento de hacerlas. No sé si sea algo particular o si todo el mundo lo haga, a mí, desde hace unos años, se me figura que es síntoma o causa de mi poca espontaneidad. Pude detenerme un segundo, desabrocharme el zapato y aflojar la calceta pero no lo hice, me imaginaba –y esto es cierto- que al detenerme, aunque sea por un instante, comenzaría a sentir el cansancio; lo peor que puedes hacer cuando caminas mucho tiempo, y todavía más en las condiciones en que yo lo hacía, es detenerte, puedes caminar por periodos de tiempo muy largos siempre y cuando no te detengas a sentir tu cuerpo, debe ser algo similar a no mirar hacia abajo en alturas muy pronunciadas. Seguía caminando, hice lo de seguir por Insurgentes. Al carecer de referentes como edificios o anuncios y en su lugar tener árboles indiferentes, además de no escuchar nada más que el pasar de los automóviles, el recorrido por aquí fue especialmente sofocante, el tiempo pasaba de otra manera mucho más difícil. Para cuando llegué a San Ángel había filas enormes, me formé y esperé. Eran las 6:30 p.m. Cuando tomé asiento en el camión caí dormido casi de inmediato, era una sensación muy agradable, dormir a causa del cansancio. Al parecer había tráfico pero no lo sufrí. De vez en cuando abría los ojos y me percataba dónde íbamos, me sorprendía avanzar tan poco. Tal como el viernes anterior, desperté sólo un poco más adelante de donde debí haberme bajado. Tendría que hacerlo una cuadra después -que no fue lo que hice la semana anterior-, lo que suponía un aumento considerable en el camino que me quedaba: eran cuadras largas, bajar en la siguiente implicaba rodear una zona que, de no haberme quedado dormido, no tendría que tocar siquiera. No me atrevía, así como no me atreví hace una semana, a tocar el timbre para bajar en cuanto pudiese, era como pedir disculpas por mi error, no podía hacerlo. Afortunadamente alguien se bajó a media calle y bajé allí. Al abrir la puerta veo un sobre deslizado por debajo: una ex novia me envió su croquis, es para un proyecto que estoy haciendo, me prometo abrirlo después. Cuando llego me quito los tenis. Ya me lo esperaba: había sangre en el pie izquierdo, se veía desde el calcetín; era más que el tenis, la uña de uno de mis dedos estaba acomodada de manera que laceraba al dedo adjunto. Tengo los dedos de las manos chuecos, imposibilitados para hacer una recta como la que cualquiera podría, así que si los dedos de mi pie izquierdo podían juntarse y lastimarse entre sí no era nada que me sorprendiera. Me acosté sin apagar el foco, lo lamentaba y me cubría con una cobija, por otro lado, sabía que si lo apagaba podría caer dormido hasta la mañana o peor aún, hasta la madrugada siguiente. En algún momento querría levantarme y comer algo así que no me levanté a apagarlo. Sólo dormiría un rato. Sonó el teléfono pero no contesté. Salvo una o dos personas no era probable que quisiera contestar una llamada, así que no contesté. Tal vez no era para mí. Da igual.
Poco después me levanto, mi madre llega y me hace de comer, sólo tengo que ir a la mesa donde ya todo está servido; no como mucho. A las diez de la noche pasan el partido del América con el Arsenal de Sarandí en la final de la Copa Sudamericana, es un partido diferido con dos horas de diferencia, originalmente transmitido por cable, así que tomo todas las precauciones necesarias para no enterarme del marcador antes de verlo. Al principio me siento extraño de ver un juego que sé que ya se jugó, como si no debiera emocionarme. Cuando diez minutos después cae el primer gol del América esto se me olvida y veo atento. Al principio el América domina el juego, pero con el tiempo comienzan las patadas típicas de cualquier partido con equipos menores de centro y sudamérica. Sarandí es un equipo de una provincia cerca de Buenos Aires, Argentina, no tiene estadio local, juega sus partidos en el estadio del Racing. El problema que levanta la polémica antes y durante el partido es el hecho de que el dueño del equipo es el presidente de la Asociación de Fútbol Argentino y se teme un mal arbitraje; ya antes, en otra final de la copa sudamericana, le robaron el juego a los Pumas de la UNAM. Conforme avanza el juego las decisiones arbitrales son marcadamente en contra del América. Desde siempre, a la selección mexicana o a equipos nacionales se les trata con la punta del pie en el sur del continente, lo que se dice "pagar derecho de piso". Es un odio visible. Aunque el partido se desarrolla en el estadio Azteca el arbitro central es un paraguayo inepto y el arbitro auxiliar se la pasa platicando con el técnico del Arsenal. Más tarde, en el segundo tiempo, amonestan al técnico del América, Daniel Brailovsky, por hacer un gesto reprobatorio. En poco tiempo le caen dos patadas certeras y sutiles a Salvador Cabañas y no se marca un penalti del tamaño del estadio. Aún así, es la defensa del América la que permite que le empaten y le den la vuelta, a pesar de las manos del segundo gol del Sarandí. Basta decir que dos de ellos cayeron desde un saque de meta. En más de una ocasión me vi orillado a gritar cosas como “pinches sudamericanos de mierda, putos provincianos de coño”. No recuerdo haber visto un peor arbitraje en toda mi vida. Acabando el partido vi a Brozo, me arrancó un par de risas fuertes pero de todos modos, cuando terminó, apagué la televisión de bastante mal humor. Era claro que seguía agobiado. Desde hace un tiempo el mayor placer de mis días lo constituyen las actividades más básicas: llegar de vuelta a casa, comer, dormir. Si pudiera, en estos días no haría otra cosa más que dormir. El lunes lo hice, me acosté a las 9:30 p.m., de la mesa a la cama. No recuerdo cuándo fue la última vez que pude dormir tan temprano, probablemente en mi niñez. A pesar de esto, a la mañana siguiente desperté muy cansado, creo que dormí once horas o un poco menos. Anoche dormí bien, pero desperté un poco igual.