26 mar. 2012

Quiero leer. Me urge leer algo. Lo que sea. Estoy dispuesto a aceptar
folletos o volantes, incluso cuando estoy por salir a la calle. Antes
de abrir la puerta siempre reviso si hay publicidad de una pizzería
que hay por aquí. Su diseño y hasta las fotos de las pizzas son como
de hace 20 años. Me alegra que al menos en un local cuya existencia no
me consta más que por sus volantes todavía no se sucumba a la
hipercomputarización del diseño en pos de un rotulo simple.

Recuerdo que leer era una especie de válvula de escape hace no muchos
años, quiero eso otra vez. No sé por qué pero quiero mi vida 2
pulgadas más alejada de mí.

Odio que los libros en español (traducidos o en español original, no
importa) siempre comiencen en la página 12, 15, 17 y así. Todos los
libros en inglés que tengo empiezan en la página 1. Me gustan. ¿Soy
malinchista? ¿Por qué siempre es alguien más quien hace las cosas
bien en otro lado? Es como si en español tuviéramos un culto tonto al
material impreso mediante el cual las páginas con el nombre y los
créditos tienen valor como parte del libro por derecho propio,
mientras que en inglés sólo se ve por la historia. Debe ser
decepcionante para cualquier escritor que su novela deba esperar 11
páginas antes de convertirse en libro. Y no hablemos de numerales
romanos. Son lo más ridículo del mundo. Cuando los aprendimos en la
primaria parecían tener algún sentido, casi elegantes. Pero ahora...

Nota mental: hacer un libro con numeración de páginas en Binario.

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