10 ene. 2011

COSAS CIERTAS QUE SE APRENDEN DE LAS PEORES MANERAS, GENERALMENTE TRISTES.

Ayer vi Hiroshima, de Pablo Stoll, en al Cineteca. Tengo momentos grandes parcialmente gracias a ese director. En el 2002 vi 25 Watts, era de él junto con su cuate, Juan Pablo Rebella. La película era magnífica, eran 24 horas en la vida de unos weyes sin oficio ni beneficio en Montevideo. Era como la versión uruguaya de Slacker. Es preciosa. Cuando salió Temporada de Patos, todo el mundo la citó, aunque comparada con Temporada de Patos, 25 Watts parece una película de acción. Era maravillosa, tan naïve, tan 'nada', no obstante, mis amigos de la Enap que fueron conmigo (por sugerencia mía, of course), la odiaron, y de ahí se agarraron para burlarse de mí cada que sugería algo. Ese día fue aún mejor porque me compré, por $38, en la sección de botadero del Mix-Up, un disco con las sesiones de John Peel de Sub-Pop. Fue un gran día para vivir en 2002. 3 años después sacaron Whisky, que era igual de bonita, pero más user friendly, de manera que tuvo mucho más éxito. Es sobre un sujeto que usa a su empleada para fingir que tiene esposa ante la visita de su hermano. La película está llena de silencios, momentos cumbres y todo. Es bellísima, si no la han visto, están perdiendo el tiempo. Anyway, con Whisky la dupla Rebella-Stoll se dio a conocer a públicos más grandes. Hace un par de años, me enteré que Rebella se suicidó. Es muy triste, las dos películas me parecieron de lo mejor que se ha hecho en este continente (sobre todo en la década de la brasilofilia y sus películas de pobreza animosa). Ahora, Hiroshima es la primera película del sobreviviente Stoll. Cuando Sirako me dijo que él invitaba y que era de él, pensé que debía verla no matter what, aunque me reservé mis alegrías porque todo puede pasar, y pasó. Hiroshima es mala, pero sobre todo, es pretenciosa, lo cual no es algo que se pueda decir con mucha frecuencia de una película, al menos no de las que veo últimamente. Se supone que es una especie de retrato de Rebella, o un homenaje. Actúa el hermano de Stoll. Lo pone como uno de esos protagonistas adorables porque son espontáneos, despistados, callados, guapos (el tipo es como Lio Messi pero sin el padecimiento hormonal que lo hace parecer niño), que se va de repente sin despedirse. Un cronopio, en términos netos. Sólo vaga por aquí y por allá. La película no tiene diálogos, cuando hablan ponen una pantalla negra con letras blancas. Algunas acciones son demasiado planeadas y se ven ridículas, como cuando rueda en el pasto con su papá. Otras, se ve que el sujeto más bien se ve haciendo videoclips, por ejemplo, en la escena afuera del hospital. Además, la música con la que abre la película es muy buena, y te hace pensar que todo va a estar bien, pero de inmediato cambia. Es como indie-instrumental sudamericano que abusa demasiado de los sonidos chistosos de los sintetizadores. Es de esos personajes que, como si no fuera suficiente con ser lo que dije allá arriba, le ponen toda clase de aventuras en el día: hace el quehacer, va a una entrevista de trabajo en Ferrocarriles, carga equipo de una banda en la que canta a una camioneta, vende cachivaches en un mercado de pulgas, camina hasta los suburbios, se echa un toque, juega fut, nada en el mar, coge, compra cigarros y consigue trabajo en la misma tienda, llega a la tocada para la que cargó el equipo en la mañana. El momento en el que canta es el primer y último momento en el que escuchamos su voz. La canción es como de banda indie que toca en el Alicia. Hay dos momentos que de plano todo está mal: el perro está acechando al protagonista, que come un sandwich, y la pantalla de diálogo muestra un "guau guau", y en segundo, cuando le hablan a lo lejos en la pantalla de diálogo muestran su nombre en una tipografía muy chiquita y cuando por fin lo encuentran y le gritan de cerca, la tipografía es del tamaño de la pantalla. Allí creo que escuché un redoble de tambores. Bueno no. La película no es más mala que otras, pero sí es mucho muy pretenciosa. No obstante, no es mucho más pretenciosa que otras que he visto, el problema es que este sujeto era el 50% de dos de las mejores películas de la década, lo cual sólo demuestra una cosa triste: el del talento era el que se murió.