26 jul. 2010

bajo ciertas condiciones teóricas (muy estrictas), la única forma de actuar 'natural' es hundirse en la tierra lo más posible

No he posteado, cierto. Creerán que he estado ocupado. Nada más falso. En el último mes no he salido de casa más que en tres ocasiones (una para ir a la expo de alguien cuyas expos no me pierdo, otra para recoger mi libro nuevo de Mike Kelley que está de no mames, y la última para ver al Greñas que me guardó la sección deportiva del Universal durante el mundial y me quemó mp3's en un CD). Esto no sólo quiere decir que estoy en un muy-muy pleno proceso de hermitañez (como ese capítulo de Ren & Stimpy del que hasta puse una foto hace tiempo), sino que, al no salir, las anécdotas y experiencias que componen la vida (y eventualmente el Blog) escasean. Esto se veía venir, desde el post en el que podíamos ganar el concurso de Charlie Monttana (y perdimos vilmente ante los Panchitos que se aplicaron y bien), no he podido escribir nada. De hecho, el post de Plastilina Mosh lo programé desde Abril. Tengo un post listo para salir, pero está en la Mac (pesa como 20 kilos, cargarla a la sala no es de mis actividades favoritas), aunque es de esos posts sobre música y lo horribles que son los nuevos tiempos and so. Siendo así, sólo puedo postear de lo que he hecho aquí en mi casa, como cuando en la primaria te preguntan qué hiciste en vacaciones y respondes que ver las caricaturas y jugar Super Nintendo todo el día.



Mi aislamiento no es existencial ni vivencial ni tormentoso ni emocional (aunque es parte de todas, e incluso me corté el pelo como no lo hacía desde que iba en la primaria), es, principalmente, laboral. Durante estas semanas de claustro, he trabajado. Ya saben que soy artista, así que métanse su concepto de la palabra 'trabajo' por el rabo. Estoy continuando una serie de dibujos en pequeño formato (les llamo 'postales') que empecé en enero del 2009. Ya llevo más de 300, y estoy en una racha. Normalmente, hacer estas piezas es muy tormentoso, son dibujos pero funcionan más bien como pinturas, o sea, poniendo cosas, viéndolos de lejos (pese a que miden menos de 15 cm de alto), pensando, por lo que realizarlos es una prueba de resistencia. El chiste es empezar y no detenerse hasta terminar. Después de la primera fase, pensé que podía iniciar otra, y después de esa otra, y en esa estoy. Y de hecho, estoy en el internet por causas mayores: como siempre, posibles dineros. Me puse tan de malas por tener que entrar aquí, que anoté los tres temas que estaba trabajando en el brazo para seguir con ellos al terminar, dicen:



narrativa del culo
dilema del pintor
hundirse en la tierra



Suenan pretenciosos, pero son peores. Como sea. Cuando vino Vito Acconci al DF a dar una conferencia, dijo algo simple, simplísimo de hecho, pero muy interesante: dijo que tal vez el yo es una ilusión, que la única manera de existir quizá era siendo parte del cuerpo social y que un hombre encerrado en su casa no existe. Cuando lo dijo me puse a pensar con calma y no estaba de acuerdo. Ahora que estoy literalmente encerrado, sigo en desacuerdo, pero creo que es precisamente alejándose del mundo (un poco, calma) cuando uno comienza a ser, como por méritos propios. Algo así como esa teoría que tengo de que Céline, con todo y su enorme odio a las personas, es de los seres humanos que más han amado al mundo en su historia. La cosa es que, generalmente, cuando uno se mete consigo mismo, las ideas tardan en llegar, yo mismo llego a pensar en que debería salir a que me diera el aire y el sol para no dar vueltas alrededor de mi cuarto por no tener ideas para mi trabajo, y después de unos días difíciles y lentos, te das cuenta que no es cierto, es un poco lo contrario: en estos días, trabajando en estas piezas que son más bien anodinas y simples, he pensado en tantos proyectos que me asusta. Lo más curioso es que estas ideas "importantes" vienen como remanentes de otras ideas más bien intrascendentes (como los enunciados de arriba). Entre esos proyectos está construir una línea del tiempo de hechos anodinos (como el año en que unas modelos de trajes de baño salieron en una serie de tarjetas en el 92 o el gol de Cuauhtémoc al Pachuca en la final del 2007), la historia de un científico que en un colapso nervioso decide volverse comediante, grabar un video en el que unos fantasmas juegan caballazos o cosas por el estilo.



También he pensado en temas poco relevantes y he construído teorías sobre, por ejemplo, el posible ocaso de los hipsters (en resumen, el advenimiento de una estética falsa tan tan falsa que ni los hipsters la toleren), el interés en las historias marginales en el arte contemporáneo (por unas piezas de Tacita Dean) y cómo éste es una mirada esencialmente inalterada de la historia, o, por decirlo de otro modo, que hay muchos historiadores amateur en el gremio, o una teoría entre el arte popular mexicano y el folk art estadounidense.



Un aspecto positivo es que he dejado de ver la tele (inicialmente, atribuía la falta de ideas a esto), ahora mismo, mientras escribo esto, la tele está apagada y ya no trabajo con la tele prendida, no veo Pare de Sufrir, sólo veo Se Vale cuando desayuno y si acaso veo, religiosamente, House M.D. todos los días a las 9. Ya ni Bob Esponja veo.



Otra cosa interesante es que ahora, como estoy siempre en el escritorio con lápiz a la mano, puedo anotar en una lista todas las canciones de mi niñez que debo bajar cuando vaya a casa de alguien con internet de verdad. La lista se ha hecho interminable (el principal problema son las canciones techno sin letras, de título difícilmente identificable). Son canciones pop de los noventas, cuando yo no decidía mucho en mis gustos musicales y no compraba cassettes ni nada, sino que me conformaba con la música que salía de la radio. Estos son unos ejemplos:



Ilse/we we
Mercurio/enamoradísimo
Saturday Night (no sé quién la canta)
Jon Secada/otro día más sin verte
Sean Lennon/home



Y así. También anoto discos que debo bajar, entre ellos, el Soundtrack de Gummo, de Harmony Korine. Tras verla, he tenido una cierta necesidad de escuchar, por primera vez, trash metal o death metal o cosas así, así que recurro a mis discos más 'pesados', lo que constituye un caso triste: Aenima de Tool, Bullhead de Melvins o Alice in Chains. También quiero el Soundtrack de Drawing Restraint de Matthew Barney (hecho por Björk, eeeuk) y un disco nuevo de Tosca.



Mi insomnio no mejora. Ante mis desveladas trabajando y mis nervios, decidí voltear todos los relojes a fin de dejar de preocuparme por la hora y enfocarme en el trabajo. Ayer me dormí a las 5:30, literalmente, dibujando.



Ahora que estoy en internet, aprovecharé para despachar los asuntos que tengo que tratar aquí, entre ellos:



-Investigar quién es y de dónde salió Jack T. Chick, dibujante de propaganda religiosa californiano.
-Ver cuánto cuesta el 3CD Set de Destroy All Monsters 1974-1976, porque nadie en Taringa lo ha subido ni los conoce.
-Investigar quién es Alan Clarke y por qué Harmony Korine lo cita en una entrevista con Mike Kelley
-Mandar un mail a los Guinness World Records
-Investigar el nombre de una canción que dice: "Don't call my name, don't call my name, Alejandro, Fernando, Roberto"
-Investigar qué paso con dos modelos que salían en una serie de Trading Cards en 1992 y, si Dios es grande, lograr entrevistar a alguna de ellas vía mail.



(sí, me gustan las listas)



También me preocupa mi salud, así, mucho. Empecé a hacer ejercicio, pero unos cretinos en el radio dijeron que hacer ejercicio de músculos sin mover el cuerpo antes sólo es endurecer el músculo y sirve para dos cosas, así que lo dejé. Ahora hago pesas con botes de agua mientras doy vueltas por el cuarto pensando en lo que voy a hacer en las postales.



No extraño caminar por el Centro, ni vagar en las chácharas de Tepito. Los últimos mails o mensajes de Facebook que he tenido que responder, los acabo con 'estoy enclaustrado y no reviso mi mail como debería, cualquier cosa, estoy en mi casa', incluso los que respoden a mails de chicas guapas. Creo que ese es el highlight de todo esto. Tampoco extraño las expos que no he ido a ver (como la de Soulages en el MCM). Mi horóscopo del viernes decía que si tomaba cartas en el asunto y le hacía una invitación a alguien, tendría buenos resultados (y a Capricornio le decía que recibiría invitaciones de alguien interesante, suck on that, World!). Por mi parte, me quedé esperando que empezara la liga con el Tecos-Cruz Azul.



No obstante, los amo.





Cualquier cosa, estoy en mi casa.

14 jul. 2010

Plastilina Mosh, Juan Manuel, 14 de julio 2000



En Julio del año 2000 yo era un adolescente que escuchaba a Nirvana todo el día, lleno de hormonas de 17 años. Para aquel entonces yo ya había escuchado todos los discos y no entraría mi siguiente banda de fanfromhellismo, Pearl Jam, sino hasta el 28 de julio, cuando compré el Ten en la venta del 2x1 de la Comercial Mexicana (el otro fue el In a gadda da vida de Iron Butterfly). Esas ventas eran maravillosas, era increíble ver a un padre de familia cargar una torre de 15 discos (que incluía a Lucerito, Chente Fernández, Sentidos Opuestos y Moenia) nada más porque estaban en oferta, la gente se peleaba durísimo, y para el adolescente alternativo que quisiera algo, simplemente no había nada (a menos que quisieras el último de Limp Bizkit o Korn). En fin, otras bandas de las que había sido fan antes ya no me interesaban, un nuevo disco de La Lupita, Jamiroquai o Beastie Boys ya no me decía nada (el Paul’s Boutique había sido demasiado old school para mí, a la fecha no recupero mi amor por Beastie Boys), sin embargo, había un disco anunciado para el 14 de Julio que me generaba la mayor de las emociones, pero así, en serio: el segundo disco de Plastilina Mosh, Juan Manuel. De toda la música que me gustaba, Plastilina Mosh era la única banda en activo que aún lanzaba discos, y esperar el disco nuevo de una banda en activo me emocionaba mucho, porque representaba estar en el lugar y en el momento en que pasan las cosas (y prueba de ello es este post).


TIMBALERO PA’ BAILAR

Me gustaba Plastilina Mosh. A la fecha es de mis grupos favoritos ever. Me empezó a gustar en la secundaria, era 1998 y yo compré el cassette el mismo día que inauguró el mundial de Francia 98, recuerdo que iba con un amigo, pero no recuerdo cuál, veníamos saliendo de la secundaria. Yo tenía cable desde hacía medio año y había sido expuesto a Mr P Mosh, Afroman y Monster Truck lo suficiente para entender lo groovy que era. Cuando lo compré escuché Niño Bomba como 15 veces antes de dejar que el cassette siguiera su curso. A los matones de mi salón les gustaban cosas tipo Caifanes, Molotov, Los Estrambóticos o la de Gallito Inglés de Zurdok, pero a nosotros, los cool del salón, los que no éramos matones pero sabíamos de qué lado mascaba la iguana sabíamos que Plastilina Mosh era la onda. Cuando llegué a la prepa, en medio de un mar de freséz y buenondismo, todos mis compañeros me hacían burla de que me gustara, y eso incluía al MarioFlores, que llevaba 12 discos de Metallica diarios para prestar a quien se dejara. Se burlaban de la profundidad de las letras de Mr P Mosh…. y nada más. Cuando escuchas el primer disco te das cuenta que las pocas canciones que fueron ampliamente radiadas eran éxitos pop contundentes que, no obstante, estaban sujetos al escarnio de los rockeros de mal gusto del gremio (una carta de un lector de la revista La Mosca en la Pared los llamaba niños que juegan con el sinte que les trajo Santa, y pedía a Marilyn Manson en portada), sin embargo, una vez que ponías atención te dabas cuenta también de un revolcado sentido del humor y, sobre todo, de una calidad musical pocas (pero pocas) veces vista al sur del río Bravo. Ejemplos de esto: Ode to Mauricio Garcés, Banano’s Bar, Bungaloo Punta Cometa, Aquamosh o I’ve got that Milton Pacheco kinda feeling (melancolic mix) remix, que eran, básicamente, algo entre jazz y lounge. Eso no iba a cambiar que mis compañeritos lo aceptaran de mejor manera, por el hecho de que estas canciones no sólo no eran radiadas, sino completamente ignoradas por ser poco comerciales. Durante una pequeña temporada, cuando el Aquamosh ya estaba de salida, intentaron pasar Banano’s Bar, sólo en la radio, como quinto sencillo, pero ya la gente no quería saber tanto. Esto ha pasado en todos sus discos (muy probablemente sólo conozcan Peligroso Pop y Oxidados del Hola Chicuelos, mientras que canciones del tamaño de Keepin’ Strong o Garret Club son prácticamente desconocidas). Cuando estaba por salir el Juan Manuel, dos años después de Aquamosh, yo estaba en una etapa pro-Nirvana casi intolerante, pero no podías olvidar el coolness que representaba Plastilina Mosh, ni siquiera cuando usas pantalones rotos y franelas. En aquellos tiempos yo estaba en una situación ene veces más complicada: adolescente que descubre el rock en un ambiente hostil y se siente creativo e incomprendido. El día que salía a la venta había tablas gimnásticas en la escuela y debíamos ir a ver una obra de teatro culera a unas cuadras. Siempre me ha gustado pensar que Plastilina Mosh es una banda de la que todos sabemos, pero la verdad es que es un pequeño secreto del que nadie quiere hacerse responsable.


JUAN, JUAN MANUEL, JUAN MANUEL, EL, EL

Durante el tiempo de promoción previo al lanzamiento de Juan Manuel y a raíz del éxito que había tenido el Aquamosh, Plastilina Mosh probó su éxito megacomercial por cerca de un año más o menos (es decir, salir en TV abierta y similares), mismo que perdería después del mismo (por razones que veremos más adelante). Aunque blanco del odio televisivo más justificado, Otro Rollo, de Adal Ramones fue, quizá, el mejor escenario para quienes recordamos con melancolía los momentos de megaéxito de Plastilina: su presentación en vivo de Niño Bomba para promocionar su primer disco y de Human Disco Ball para el segundo estaban llenas de ruido pero ‘sofisticado’. Recuerdo que esa vez regalaron una caja con las portadas del disco y demás memorabilia y yo no llamé porque me daba güeva pensar en que, de ganar, debería ir hasta Televisa. Dicen que Plastilina Mosh en vivo es la mitad de bueno, y puede entenderse porque los discos están hiper-producidos, pero esas presentaciones en Otro Rollo eran sensacionales, tenían garra, pero no garra de músicos que quieren que se les escuche, sino de los que saben lo que hacen y saben que no se les va a reconocer como tal. En su plática con Ramones hablaban de Cerveza Sol, Nintendo 64 y sus amigos, y el mismo conductor de cachucha tenía que desviar las preguntas a cosas más ‘genéricas’. En los alrededores de mi escuela había carteles (era Coyoacán, recuerden), y en Telehit pasaron, una sola vez, un minidocumental (el cual puede ser adquirido con el DVD de videos de Plastilina Mosh que puede conseguirse en casi cualquier Mix-Up) en el que buscaban a Juan Manuel en los alrededores, ya saben, casas de Monterrey con jardines frondosos al frente, manejando en troca a velocidad lenta. Iban de lado a lado preguntando por Juan Manuel, y terminaba con la tonada de Nordic Laser con la letra Juan, Juan Manuel, Juan Manuel, el, el…


BOLA DE ESPELHO HUMANA

Aunque la fecha de salida era el 14 de Julio del 2000, yo compré el Juan Manuel hasta el 31 de agosto de ese mismo año en la Comercial Mexicana por $129; el día que salía tenía angustias adolescentes y todo eso. Aunque creo haber escrito al respecto, escuchar este disco fue un golpe en seco en todos los aspectos: su diseño, su concepto artístico visual y musical, incluso la estrategia comercial que representaba. Visualmente, el Juan Manuel era el disco más sofisticado (en el mejor sentido) que hayan visto las disqueras mexicanas (lanzado entre Emi y Happy Fi). El disco tenía el nombre impreso directamente sobre el plástico de la caja, no tenía una sino 8 portadas, todas ellas fotografías increíblemente arty tomadas por varios fotógrafos (Napoleón Habeica y Aldo Chaparro entre ellos, del crew Celeste, a quien amamos). Musicalmente, el disco, que tenía encima la mano de Money Mark Nishita (que produjo los mejores discos de Beastie Boys) es simplemente redondo. La dificultad del Aquamosh es que entre canciones jazz hay piezas declaradamente rock que sacan de onda al escucha más distraído, y un disco como Hola Chicuelos, que está plagado de lounge, tiene, entre pistas, cientos de chistes locales y muestras del humor más ácido y fancy, lo que hace difícil poner atención la hora y cuarto que dura. Juan Manuel es todo lo contrario a su antecesor y predecesor: es un disco de 33 minutos, con 11 canciones, todas entre el jazz más fino, el lounge más delicado y la electrónica, con letras en español, inglés, italiano, portuñol y francés. Nordic Laser, que es la canción que abre el disco, es una pieza en piano y batería que repite una melodía simple increíblemente fuerte, Shampoo es un mensaje en la contestadora de Jonaz dejado por una italiana de voz sexy, Arpoador es un monólogo de una chica que habla en portuñol con un teclado detrás, Tiki Fiesta es música de terraza y carnes, Boombox Baby es música disco, Goodbye Happy Farm, grabada en la primera toma, son sonidos de animales de granja con un órgano como de programa de televisión abierta. Cuando les preguntaban qué tipo de disco era el Juan Manuel, ellos sólo decían: es música feliz.


BESITOS, LÓPEZ

Hoy día, el Juan Manuel es una joya más o menos inconseguible. Si buscan en Mix-Up lo más probable es que encuentren la versión japonesa con precio tipo B27. No obstante, lo vale. Tras el éxito de Aquamosh, Juan Manuel decepcionó un poco no por ser considerado malo, sino por ser demasiado arty y hubo hasta quien lo tachó de pretencioso. Por obvias razones, tuvo un mejor recibimiento en Estados Unidos que aquí, en donde le gruñimos a lo que nos parece una amenaza, y llenamos el Vive Latino para ver momias que viven de sus rentas. Se necesitó de un éxito como Peligroso Pop tres años después para recuperar la fama, pero el nivel de genios musicales que tuvieron con el Aquamosh nunca lo recuperaron. Plastilina Mosh siempre ha sido grande, pero en 1998 estaban por igual en la mira de programas de Televisa, estaciones de radio de poca monta, de mejor presupuesto, MTV, Telehit y revistas como La Mosca, Switch o Eres (que tenía buenas reseñas de música, o al menos más honestas que las de La Mosca). En los diez años que siguieron, ninguna banda realizó un salto tan arriesgado como el de Juan Manuel. Muchas bandas se dedicaron a recuperar sus carreras tras ver que los conciertos empezaban a llenarse en proporciones estratosféricas, unos con buenos resultados (Fobia), otros con mucho, mucho peores (La Gusana Ciega, Six Million Dollar Weirdo); otros artistas se dedicaron a darle un giro a su carrera, que dividió en principio a sus fans y, eventualmente, simplemente perdió todo interés (Molotov y Julieta Venegas). Otros simplemente se desgastaron y tomaron el asunto con relativa dignidad (Control Machete, El Gran Silencio). Aunque en los tiempos en lo que salió el Juan Manuel el público era más o menos receptivo y tenía mucho mejor sentido del humor que ahora, poco a poco las bandas indie con más pose de la que sus cuerpos de 48 kilos pueden aguantar empezaron a imponerse, y el nulo sentido del humor y las letras bobas y azotadas se impusieron (Ximena Sariñana, Zoé, Porter), por lo que se entiende que hoy día Plastilina tenga un público abismalmente distinto. Juan Manuel es un momento importante en la historia de la música en este país, lo que equivale a decir un momento olvidado de un país ingrato. A 10 años de su lanzamiento, descarguen el Juan Manuel de Plastilina Mosh dando click aquí (si no funciona googleénlo, ustedes tienen mejor internet y equipo que yo); sólo pesa 33 MB.