26 abr. 2010

constante y aburrido triunfo técnico, avasallante triunfo artístico

suban y bajen el scroll mientras ven la imagen, se van a marear (pero no mucho)







cuando tengo cosas que buscar en internet, lo anoto un renglón antes que los posts, estos son los de hoy

Ilona @ select models
Buscar foto ‘texas auditorium’ o ‘community auditorium’ o ‘community center’
Duran duran / electric barbarella

Cuando tengo una idea o muy buena o muy curiosa que en verdad necesita ser anotada, lo hago con los mensajes de mi celular. Estas son los que llevo hasta el momento:

Tal vez ese es el problema, creces con demasiado amor. Comprar galletas bob esponja.aquí todos son príncipes huérfanos. Amar la vida es estar en el mundo? Chica se acuerda de alguien cuando saca tenedores.


Me acuerdo que cuando estaba en sexto de primaria, una vez, sin razón o motivo aparente, nos trajeron a cada grupo (sexto “a” y sexto “b”) un pellón enorme y gises de colores para que cada uno hiciera algo así como un mural. No sé, el caso es que nosotros, los 27 alumnos del sexto b éramos más cool que los del a, estaba seguro. Yo iba en ese grupo, hasta que al entrar a quinto, y nunca me explicaré esto, los relativamente más feos amanecimos en el grupo b. Cuando eres niño, aunque vayas en escuela de gobierno (o precisamente por ir en escuela de gobierno), tienes una idea, absolutamente vaga pero eficaz, de quiénes son los ricos y quienes lo pobres. Esto era, básicamente, que unos venían más limpios que otros. Y por ridículo que parezca (como si el razonamiento de un niño de 11 años fuera igual de eficiente que el de una secretaria de 43), todos los que nos sabíamos menos alzados, terminamos en el b. Nunca voy a olvidar mi primera reacción cuando, los primeros días de primaria noté que algunos niños llevaban una bolsa del super en lugar de mochila: me entristeció como pocas cosas me entristecieron en mis seis años allí, en esa escuela detrás de un hospital gigante. El caso es que, desde que quedamos en el b, nos sabíamos, como por venganza y obstinación, más cool que los payasos del a. En futbol barríamos el piso con ellos, así como con los de quinto (4º “a”, esos sí eran peligro), y era más fácil sentir empatía por gente como Corona con su vagancia, el Pacheco y su liviandad (era la réplica exacta del niño que siempre vomita en los simpsons), el Raúl, a quien le descubrí toda una serie de dibujos con los logotipos de Los Temerarios en la parte trasera del cuaderno, o a Alejandro, el niño más canoso del mundo y con quien bailaba La Macarena cada que alguno metía gol en el recreo. Los del a eran señoritas correctas, los que eran pobres eran alzados y, por si fuera poco, tenían a la chica más guapa de sexto, y nosotros los odiábamos. El caso, volviendo al pellón y a los gises, es que recuerdo mucho ese día. Todos, sobre el pasillo, nos volcamos sobre el pellón con todo lo que Dios nos dio para trabajar: cada quien hizo lo que se le dio la gana y lo que Dios le dio a entender: monos, caricaturas mal hechas (los que tenían algo de iniciativa), casas y animales (los que no tenían ninguna iniciativa), garabatos y pintas en general. Lo que más recuerdo de esa etapa de mi vida es que lo que más dibujaba, lo que más me gustaba dibujar, eran logotipos. Tenía una memoria fotográfica con los logotipos de todos los equipos de futbol, básquet y americano que las tarjetas y álbumes de estampas nos enseñaban. También me obsesionaba con las banderas, las sabía todas. En cuanto tuve que dibujar, dibujé logos de equipos de fut. Lo que más recuerdo, exactamente, es que dibujaba el del Santos Laguna cuando Umberto (no recuerdo si llevaba H o no) enfureció cuando me vio haciéndolo. Dijo algo así como ‘¿eres idiota o qué, cómo haces un logotipo, o sea, qué tienes en la cabeza?’ Era un niño de madre abandonahogares, su padre le coqueteaba a la de quinto. Umberto estaba furioso el 90% del tiempo. Por unos segundos pensé que sí, que era poco pro pintar cuanta porquería se nos ocurría sobre el pellón, como animalitos salvajes. Eso duró poco: cuando me asomé al de los del sexto a la cosa era abrumadora: se habían puesto de acuerdo, casi como scouts, habían dibujado el tercio inferior de verde (era pasto) y el tercio superior de azul (era cielo), completamente uniforme, y creo que con flores y uno que otro árbol intermitente. Era lo más triste que podías ver. Me sentí orgulloso de nuestro pellón lleno de mugre. Con el tiempo, cuando eres artista, sientes esta especie de orgullo profesional sobre una cierta ternura despectiva con mucha frecuencia. Yo dibujaba desde que tengo memoria, recuerdo que mi amigo de toda la vida y yo nos poníamos a dibujar y siempre quería que al final se los llevásemos a su mamá para que decidiera cuál era mejor. Yo era y sigo siendo la persona menos competitiva del universo, y yo siempre ganaba. Vale la pena anotar esto: como hijo único, no aprendí a compartir de manera natural, y no obstante, cuando su mamá llegaba a decir que el de su retoño era mejor yo entendía perfectamente el ardid maternal detrás de esto. Eran momentos de constante y aburrido triunfo técnico, sin embargo, cuando vi el pellón horrible del Sexto “A” fue mi primer momento de avasallante triunfo artístico, y siempre lo acuerdo.

Sigo más o menos de buenas.

23 abr. 2010

waterjump projects announces that we are now a sound art gallery (sí, bob, he estado buscando lo milagroso, buscándolo toda la noche)



Así como con los libros y los oficios, en mi casa no heredé discos, los únicos que más o menos veía a lo lejos eran unos LP’s en el mueble de la sala, de cuando en aquel departamento de la Del Valle vivíamos 8 personas. Había uno que recuerdo vagamente, tenía a Superman en la portada y era de la familia de mi tía, y sólo una vez mis primos accedieron a ponerlo (me tomó segundos descubrir que era aburridísimo). Mi madre tenía sus LP’s también, había unos de Juan Gabriel con Rocío Durcal y uno de Neil diamond y una serie de discos que regalaba la marca Relox, que tenían en las portadas chicas en traje de baño (nada revelador, pero tremendamente sugestivos, de hecho, creo que algo vulgares) y se llamaba ‘La Música más hermosa del mundo’ en varios volúmenes. Salvo por una mínima excepción que no escucharía sino hasta mi adolescencia (Juan Torres y su órgano melódico), todos esos discos me deprimían enormemente, me olían a viejo con un tufo prácticamente insoportable. Creo que, en cierto modo, para nuestra generación, que creció con cassettes y cd’s (y algunos de ustedes, mp3’s), los LP’s nos llegaron directamente como una reliquia, no como música, y por eso para muchos melómanos, ver en acetato un disco que conocimos en otros formatos resulta una especie de nostalgia más bien ficticia, casi trasladada directamente al campo de la memorabilia sin pasar por el de la música. Para mí, en cierta manera, los LP’s me funcionan del mismo modo que un cuadro de Luc Tuymans. Como sea, yo crecí viendo LP’s detrás del sillón, polvorientos y aburridos en comparación con los cassettes que veía en la Comercial Mexicana, eran principios de los noventa, así que nunca les presté la atención y siempre les tuve como antigüedades. A partir de ahí, los únicos criterios que podía aplicar para escoger mis primeros discos eran más bien por la portada o las referencias, y si algo puedo rescatar es que mi madre me llevaba a la venta semestral de cd’s y cassettes de la Comercial Mexicana (40% de descuento) y me pedía que escogiera alguno. Es curioso, aunque pero recuerdo bien que su primer argumento para comprarme cassettes era que no tenía ninguno, mi madre veía en mi caso una especie de pobreza o carencia musical, lo que era más extraño si tomamos en cuenta que mi madre prácticamente no consume música, técnicamente hablando. Hace 12 años me compró, por mi cumpleaños, una grabadora, esta vez de doble cassettera, y en verdad decía cosas como ‘no tiene en dónde tocar sus cassettes’. El otro día, mientras comía con mi tía (que ya aplicó la de venir a quedarse todos los fines de semana), le decía: siempre está cantando. Por alguna razón, hay una especie de vena musical no explotada en la familia. Cómo sea, mi madre fomentaba mi consumo de música, el de un niño que no sabía la diferencia entre derecha e izquierda, y en ese orden de ideas tuve (y aún tengo) el cassette de la película de las tortugas ninja o el de The Simpsons sing the blues. Sin embargo, uno de mis accesos más importantes a la música fue a través de los videojuegos. Me encantaba la música de los Megamanes, era como rock progresivo (varios años después, escuchando a Liquid Tension Experiment en el discman del MarioFlores, lo primero que le dije fue ‘suena como a Mega man’). Hoy día, que bajé en formato de computadora todos los juegos de Nintendo que jugué en mi infancia, la música de todos los juegos que recordaba reapareció como si de verdad hubiera marcado mi vida. Hay personas que se enternecen cuando escuchan un cencerro al tiempo que una pezuña pisa el heno y el viento sopla, a mí me pasa con la música de Mega Man 3. No entré a la música sino hasta 1993 o 1994, por el radio (escuchaba Pulsar FM todo el día, ya les había dicho), me gustaba All that she wants de Ace of Base (pero mi favorita era y siempre ha sido The Sign) y las de Gipsy Kings, e incluso una que decía ‘tú, y yo, a la fiesta, tú y yo, toda la noche’. Tengo que bajarla.

El viernes por la noche, mientras escuchaba el Satie, Piano Works Vol. 3 de Naxos hubo un cortocircuito de memoria. El tercer track, Je te veux se iba ajustando a una melodía que ya conocía, pero no del disco. Me tomó segundos recordar que era la misma de un videojuego: Binary Land, desarrollado por Hudson Soft en 1985. Quienes vivimos el infierno disfrazado de orgía que representaban los cartuchos de Nintendo japoneses pirata que traían 300 juegos en 1 (yo sólo tenía uno de 30 en 1), recordarán que se trataba de un juego tipo laberinto en el que debías controlar a una pareja de pingüinos (uno verdizaul, la otra rosa), pero que los movimientos de ambos eran simétricos, de manera que el chiste del juego era lograr mover a la pingüino con movimientos inversos, además de sortear arañas a las que podías rociar con spray, para que al final los dos pingüinos tocaran un corazón al mismo tiempo y pasaran al siguiente nivel (ahí sonaba el Himno a la Alegría, de Beethoven). Cuando reconocí a Binary Land en Je te veux hubo un vuelco. “Ay, Bob”, ok, pero cuando fuentes de tiempos distintos, en un extraño movimiento, se mezclan, entonces algo se mueve hoy, ahora. Esto no es ningún descubrimiento, está anotado en el artículo de Wikipedia sobre la pieza y sobre el videojuego, pero no sé, un videojuego, un acceso de otro tiempo, entremezclándose con un acceso mucho más reciente, como es Satie. Desde que conocí a Satie la manera en que escuchaba la música cambió de golpe, fue un giro de 181º. Si ni Satie ni la música del Nintendo son maneras directas de entrar a la música, entonces es suficiente para hacer un post y dejarlo hasta aquí. Lo siento, hasta cuando estoy de buenas soy complicado.

pedazo de Erik Satie, Je te veux, Piano Works Vol. 3, Klara Körmendi, piano.

(un pedazo cantado)

pedazo de Binary Land, Hudson Soft, 1985

en serio, estoy de buenas

20 abr. 2010


vimos que se estaba poniendo el sol y decidimos caminar hacia él, se me ocurrió que entráramos en un sanborn's para ver la baby baby baby (que volvieron a editar después de casi dos años, aunque ahora cuesta el doble); cuando salimos ya era de noche. no importó.


mi momento de gloria en maco el sábado fue cuando el encargado de samson projects, que ostentaba los tenis de colores más bonitos hasta entonces, se me quedó viendo mientras entraba, con mis coloridos tenis que vencían a los suyos sin piedad. me cayó bien de antemano porque se parecía a savion glover. hace años los encargados de una galería de los angeles me chulearon mi camiseta de sonic youth, platicamos un rato; en maco hasta yo puedo ser hip.


mientras paseaba por maco me llegó un sms de una chica que decía:

hola roberto, estás disponible?


luego llamó su novio (desde el celular de ella), empecé a imaginar escenarios interesantes. habían confundido mi número con el de un roberto que maneja un taxi.


la distancia entre tu cara y el jpeg es grande


han escuchado 'vaquero rockanrolero' de charlie monttana cantada con el ritmo de 'i will always love you' de whitney houston? si vinieran a mi casa la escucharían y mucho.


pasaban smallville (la serie de superman adolescente) a las 2.30 am en el 4, como pasaban dos capítulos siete días a la semana, vi toda una temporada en una semana. me enamoré. ayer me la quitaron y me puse a dibujar y a escuchar a wilco. desperté antes de las 9am: mi insomnio desapareció


soñé con gradas, una clase y el advenimiento de jim o'rourke, yo estaba tan relajdo que incluso decía: "anda jim, tómate tu tiempo, no hay prisa, te esperamos"; soñé luego que sirako traía una amiga japonesa que estudiaba en nueva york, yo le hacía platica, emocionado, hasta que los papás del pulque (mientras menos sepan quién es, mejor) le hacían comentarios tipo "y cómo es tu cultura?" y se la llevaban. me puse muy triste. luego uno de los hermanos pulque decía que tenía unos juguetes viejos: eran figuras de acción de los gatos samurai en perfecto estado. le dije que eran reliquias invaluables y empezó lo necesario para venderlas. no me volví a encontrar con la japonesa. me levanté de buenas.


estoy escuchando a grisey y a cardew, me gustan mucho




pronto: post más ñoño pero igual de feliz

15 abr. 2010




Jim O'Rourke, tocando en 1999


La primera vez que descubrí que en mi laptop prestada de 1999 podía reproducir varios archivos de sonido al mismo tiempo y generar capas y capas de ruido me emocioné. Desde que tengo memoria, nunca he tenido las herramientas más nuevas (o mínimamente prácticas) para hacer varias cosas, y técnicamente eso no ha cambiado casi nada. Por ejemplo, pasé mi educación, así, completa, sin una computadora, escribiendo a mano y pasándolo a una velocidad desesperante a Word. Cuando decidí que quería hacer cosas con sonido, lo que tenía a la mano era una grabadora en formato cassette doméstico (no de las chiquitas de reportero, sino un tabique), dos walkmans, un cable doble-macho, un amplificador de guitarra y un tornamesas viejísimo que apenas servía y que tuve que tirar. Pasaba 56 minutos sentado frente a mi amplificador sólo manipulando las perillas, grabando en cassettes viejos que compré en una librería de remates de Copilco (que hoy es un restaurante), alejando y acercando el walkman sintonizado en AM al estéreo y haciendo un ruido horrible (que, eventualmente, fundió el micrófono de mi grabadora y ahí se acabó todo). Estaba haciendo un archivo colosal de ruidos en cassettes de una hora, cosas simples, como grabar el sonido de una gota por una hora, que luego rotulaba con un papel en el que explicaba, con un diagrama, qué está conectado a qué y así. Totalmente artesanal, pero prácticamente todo lo que hago (y eso incluiría hacer ruidos con archivos reproducidos al mismo tiempo en el mediaplayer de una compu de 1999) es quasi artesanal. Lo que más me gustaba era poner en AM el radio del taller de pintura donde trabajaba en un día de no-actividad, subirle al máximo y tocar la antena con un gancho de ropa, haciendo unos ruidos brutales, noise a las 9 de la mañana. Cuando le platicaba a alguien de mis procesos forzosamente análogos lo primero que decían era que por qué no lo hacía en mp3’s y yo tenía que lanzar un ‘no, si no tengo ni computadora ni nada’, y me respondían que ‘ah’ y ahí acababa todo. Cuando vi esta foto de Jim O’Rourke en 1999, tocando con una laptop aparatosamente llamativa y con cassettes en la mesa recordé lo que dicen, que algunas personas brillan (esto lo leí en un post de lo radha), que las ves y sabes que brillan. No es como eso de que algunas personas tienen un eje de rotación distinto al de los demás y los cronopios y eso, no, brillan. Es bonito cuando algo tan simple como un jpeg te hace recobrar ganas de hacer cosas complicadas y un poco inútiles. Quienes hayan pasado horas escuchando las variaciones de sonidos que produce un amplificador sin nada conectado sabrán de lo que hablo. Ya se habrán dado cuenta que por el momento no tengo nada que postear y que tuve un momento de revelación al ver esta foto, muy cursi si quieren, pero muy emotiva. Creo que es más sano y lúdico que postear rebuscadas teorías socioeconómicas basadas en lo que veo en televisión (y en las que, no obstante, creo). Les juro que me gustaría cambiar el giro del blog, pero no sé cómo, actualmente tengo pocas fuentes. No sé qué postear, este es de esos posts muy sinceros en los que, básicamente, les digo que soy un ñoño complicado que los ama a todos.

También es un post de los que incluye canciones que a nadie podría no gustarle, una particularmente muy en el humor del post:

Jim O’Rourke, Movie on the way down, Eureka, 1999

9 abr. 2010

tú no sabes dónde ha estado ese teléfono





Con la polémica… ¿polémica? A partir de la noticia de que sería necesario registrar el número de celular, las voces ociosas que leen el periódico en línea en la hora que la oficina les da para comer se alzaron de nuevo. Discutámoslo en términos netos: ¿les gustan sus Metrobuses en Insurgentes y Xola?, ¿sus tarjetas de prepago para el Metro?, ¿sus bicicletas rentadas en el Centro y la Condesa?, ¿sus Starbucks con cafés de $43?, ¿se sienten cómodos pagando su Metro de $3 porque ay es que uno no paga nada?, ¿les gusta su nuevo museo universitario de arte contemporáneo de cinco días laborales y exposiciones de seis varos que cobran como si fuera museo importante?, ¿les gustan sus tiendas Adidas y Nike?, ¿les gustan sus tiendas de diseño trendy, con monitos ojones y libros con estilo exageradísimo?, ¿les gustan sus bares indie? Somos tercer mundo, eso incluye a la Ciudad de México,va, pero nos gusta pensar que vivimos en Ámsterdam cuando pagamos una playera de $699 y compramos café orgánico como si fuera una curiosidad folklórica (que lo es, pero no para nosotros), pero cuando se nos pide que dejemos de ser animalitos salvajes con comercios que no pagan impuestos y anonimato generalizado (leyes tolerantísimas para cambiar de domicilio sin notificarlo, de colonia a colonia, de estado a estado o, en este caso, números de teléfono móvil prácticamente mutables), entonces vemos la posibilidad de hacerlo un tópico trendy. Hashtags contra el Renaut, gente que se ampara contra la ley (son las empresas de telefonía las que deberían buscar el amparo, en todo caso). Y todo porque no sabemos vivir, a la buena, la completa, en una mínima idea de civilización. Creemos que pagar más por un transporte, más por un café, más por una blusa, es estar cerca de primer mundo. La verdad es que tenemos lo que merecemos. No digo que sea una buena o mala idea el registro (de hecho, es un mero asunto de civilidad). Como dice De La O, el Facebook te pide menos datos que el Renaut, no mames. Lo que en verdad es un autogol, o un propio jalón de orejas, es que somos lo suficientemente soberbios y ociosos como para ampararnos contra un proceso de registro simple. Cierto, muy cierto, es un proceso de registro simple en un país en el que la mayoría de sus legisladores no saben siquiera hablar correctamente y confunden Honestidad (“Aceptamos nuestra falta”) con Cinismo (“¿pus qué tiene?”), pero, cuando a nosotros, ciudadanos, se nos pide un poquito de civilidad, se nos hace más fácil pensar que algo malo hay ahí. A partir de cierta generación, es muy dado pensar que hay algo malo con todo lo que se mueve (¿recuerdan los forwards de retrasados que decían que “la influenza es una gran mentira NO LES CREAS NADA?”). Somos uno de los 15 o 20 países más ricos del mundo, pero nos encargamos de vivir en una provincia. ¿Saben por qué tanta gente le va a las Chivas?, porque el tapatío es el mejor ejemplo del mexicano promedio. Ejemplos: un club de altos ingresos como las chivas de Vergara, con dineros que también generaban cosas padres (la revista WOW o Celeste), pero que cae en la publicidad de quinta a la menor provocación. Un club que tiene, como uno de sus grandes íconos, a un jugador tan soberbio y mediocre como Omar Bravo. Una ciudad tan preciosa como es Guadalajara, que es una ciudad por derecho propio, sí, pero cuyos habitantes se empeñan en seguir viviendo en provincia, porque así somos y nos gusta. Por eso, amamos la frase ‘Orgullosamente Mexicanos’, porque implica una cierta soberbia y un orgullo en esa tozudez que no se va a ir tan fácil en algunos años (no tantos, no se crean). Y cuando se nos da la oportunidad, decimos en Facebook: “¡NO REGISTRN SU CELULAR!!!”, o “último día que uso mi celular, jejejeje, no lo registre”. No somos más ni menos listos que un austriaco, no necesariamente, sólo menos preparados y con menos ejemplos, es todo, pero eso no nos quita lo autóctonamente asnos.

La primera vez que conocí el sonido estéreo fue impresionante. Fue un día de 1994 en mi escuela, la siempre querida Escuela Primaria Reino Unido de la Gran Bretaña, en la colonia Del Valle. Una amiga (la primera niña que me gustó, ever, pero que ya no me gustaba porque ahora estaba enamorado de la segunda, la güera de rancho que vivía en Neza) traía un Walkman, yo llevaba el soundtrack de The Bodyguard, ya saben, ese donde Whitney Houston canta superbonito. A la fecha, escucho “I will always love you” y se me pone la piel chinita. Cuando empezó a sonar una cosa por un oído y otra por el otro, el mundo se abrió. Creo que ya había mencionado esto, pero es bonito y no tengo mucho qué postear, todo en 1994 fue bonito.

Nos faltó malicia

Alfredo Castillo, jefe de las investigaciones del caso Paulette y Subprocurador de justicia del Estado de México

El caso Paulette es maravilloso, es el tipo de noticia que necesitábamos. Las noticias de ciudadanos paupérrimos que asesinan a sus hijos o que los tiran a la basura con apenas 5 meses de vida nos causan malestar de la misma manera en que nos causa malestar ver a un gato llevar un pajarito en las fauces, porque, básicamente, es el orden de la naturaleza. Esas personas no están demasiado alejadas de un animal, y las atrocidades que comete un animal en terror, angustia, pobreza, en pleno uso de la tradición y de un absoluta ignorancia (linchamientos, ajusticiamientos familiares, hostigamiento en una esquina, mostrar los dientes) son naturales. Sobre si está mal que un país esté conformado de animales violentos es otro punto, pero, el caos es que la portada de La Prensa o El Metro no nos asusta, porque sabemos que esas cosas pasan con esas personas. Pero cuando el caso es el de una familia que vive en un departamento que parece el lobby de un hotel, que vive en una de las zonas más acaudaladas del EdoMex, la cosa es distinta. Nos molesta que una mujer que ha dado a luz 6 veces en 5 años mate a su bebé porque no tiene con qué alimentarlo, pero ver a una mujer acaudalada, que lo tiene todo, asesinar a su hija (las fotos de Paulette son las de la niña más bonita que hayan visto los páneles de asociaciones de niños perdidos y anexas), entonces la cosa no es malestar, es indignación y furia. Si el crimen es completamente gratuito y conlleva el necesario buen gusto que, querámoslo o no, siempre trae el dinero, entonces la cosa es indignación. Ver las escenas de la casa miserable donde la familia de 9 vio la muerte de su miembro más pequeño puede asquear o hasta hacernos sentir una mínima lástima, pero en el departamento de Tecamachalco de hiperlujo donde asesinaron a la niña, nadie puede identificarse, y no queda más que marcar distancias. Pero lo mejor fueron las consideraciones que se tomaron con la familia, las más grandes que hayamos visto en un caso televisado: una permisividad gigantesca, una tolerancia a las declaraciones ridículas que cualquier policía consideraría una grosería. Sabemos que los pobres se matan entre sí, pero también sabemos que los güeros no, y entonces la justicia se perdió en la cosa mediática, y, ante un cuerpo plantado de la manera más torpe, las autoridades del EdoMex, con la cola entre las patas, tienen que aceptar, como todos los televidentes, que les faltó esa malicia y saña por omisión que acompaña a la justicia en miniatura que tenemos. Sentimos un apoyo exorbitante, una indignación de clase pocas veces vista, un entendimiento de la moral basado en la estética y el buen gusto. En casi tres semanas descubrimos que los ricos también lloran.

Hacía años que no traducía mis fotocopias de libros mamertos, últimamente, con mis accesos de insomnio, me acordé de este y aquí les va:

He permanecido en la cama mucho tiempo, demasiado, más del que es necesario, no sé cuánto es necesario, pero suficiente tiempo como para que el día comience a rotar y del descanso pueda pasar al cansancio. Sí, me levanto cansado. Y la idea de dormir se vuelve amenazante. Me paro de la cama sólo para no pensar en horizontal. Camino por la casa, del cuarto a la sala, al baño, a la ventana, al cuarto, a la ventana, que no es realmente una ventana, o al menos no con los objetivos de una ventana: sólo puedo ver otras ventanas vecinas, afortunadamente nadie está haciendo lo mismo que yo, y puedo ir y regresar a la ventana sin preocupación, aunque todas las veces, mis últimos pasos antes de llevarme frente a ella son más pausados y cautelosos. Hoy vi movimiento, no mucho, una mano, parte de un brazo, cerraba las cortinas, o las sacudía. Alguien que no debe de caminar mucho, mirar por una ventana sentado es triste, es algo que ni siquiera a mí me gustaría hacer. De la ventana a la sala al cuarto a la ventana a la sala al cuarto a la sala al cuarto a la sala. Demasiada luz, el día está perdido. No me gusta desayunar, pero es lo primero que hago. Desobedecer me gusta aún menos. Siento que alguien está allí. No hay nadie, me consta. Veo poco, demasiada luz, el día está perdido. Sí, otra vez, perdido. La luz se mete por la sala, por la misma ventana por la que veo otras ventanas. Tal vez ellos sí observan por ellas, tal vez sólo me vean a mí, cegado por la luz. Sólo veo luz, partículas. No veo colores, o sólo veo color, o no sé, ambas cosas. Cuando era niño hacía algo similar, veía la televisión, era una televisión en blanco y negro, y yo veía color, veía algo rojo, con partes naranjas y rosas. Mira cómo se alcanza a ver el color. Mi mamá decía ‘en verdad estás ciego’. Entendía perfectamente, pero el color estaba ahí. Es algo con lo que he cargado toda mi vida. También demasiada memoria. Demasiada memoria, demasiada memoria, demasiada memoria. Mucha luz y mucha memoria. Es suficiente para mí. De camino a la ventana recuerdo, y cuando la luz me ciega sólo pienso en que no veo más que luz o color o ambos, y de regreso recupero la memoria (recupero la vista), y regreso a la ventana y vuelvo al mismo punto. Un nuevo punto: el sillón: del sillón a la cama a la sala al sillón a la ventana a la sala a la cama al sillón. No me gusta estar demasiado tiempo en el sillón. A veces espero en el sillón. Realmente no espero nada, sé a qué hora pasan las cosas. No hay sorpresas aquí, excepto por la ventana, que a veces trae cosas. No muchas. Nada importante. Nunca paso por la cocina. Me asusta ir por ahí, descalzo. Es pequeña. Antes sí pasaba mucho tiempo en la cocina, pero por la ventana que estaba allí. Eran otros intereses. Me escondía, no podían verme. No me gustaba, tenía que cuidarme. Nadie me vio nunca, estoy casi seguro. De lo contrario hubieran tocado a la puerta. Nunca lo hicieron. Y si lo hubieran hecho no habría respondido. Es lo mismo. Aquí tampoco pasa nada en la puerta. Ni en la puerta ni en la ventana ni en otras zonas de acceso. Estoy pensando en grietas en los muros y por las tuberías. Una absoluta estupidez, no son accesos, el aire no son accesos. El aire corre, te pasa por la cara, pero el aire no es un acceso. Puedes entrar al mundo dejando que el aire te golpee en el rostro. Mundo de mierda. El mundo es más que aire. No, no es agua. Agua de mierda. Mar de mierda. Odio el mar. Mar de mierda, en verdad. Es curioso: no me asusta el mar. Las fotografías que he visto son aterradoras. Entiendo que alguien pueda morirse de miedo ante una fotografía del mar, es oscuro, es un hueco. Nunca ha sido algo, el mar. Es un hueco. Pero el mar no es gran cosa. Hueco de mierda. Personas vestidas de blanco. No sé de dónde vienen, pero vienen juntas. Tal vez. Y creen que pueden meterse en las primeras olas, ante el paisaje se mueren de miedo. Escriben libros, hacen metáforas. Y se meten al mar, y creen que podrían trazar una línea en él y sobrevivir, como si el mar fuera tierra. El mar no es tierra. Vemos el mar como tierra porque el mar no nos pertenece, y pensamos en él como otra masa en la que podemos hacer cálculos, pasar el compás, levantar construcciones. Si entras en el mar simplemente abandonas el mundo. No es una línea en la que puedas moverte. El mar es un hueco. Hueco de mierda. Una postal tenebrosa y una experiencia palpitante. Yo también he entrado en él. Olvidé muchas cosas, pero no olvidé el mar. Eso es algo que pasó porque iba a pasar. Entrar en los primeros metros del mar, chapotear y lanzar agua al aire. Aire y agua. Tierra y agua. Aire y tierra. Tierra y tierra. Agua y agua. Una experiencia palpitante. No estamos en el mundo si estamos en el mar y tampoco estamos en el mundo si estamos en el aire, pero no estoy seguro. Sólo vemos tierra. En forma de agua, en forma de aire. Y luz, demasiada luz. Mucha más de la necesaria. El sillón es como el mar y la ventana es como la tierra, o la luz de la ventana. Del sillón a la cama a la ventana al sillón. La cocina no. Demasiados ejemplos. Cuando voy a la ventana, o al sillón o a la cama o a la sala no uso ejemplos. Sé dónde están. Quizá las personas en las otras ventanas sí usen ejemplos o historias o mitos o cálculos. Quizá cálculos. Nueve pasos a la cama y los mismos a cualquier sitio. No los cuento. No es para tanto. Quizá las personas en las otras ventanas sí lo hagan. Me sorprendería, no miento, en verdad me sorprendería mucho. Creo que ni siquiera yo lo haría. Cuento muchas cosas. Recuerdo la mayoría de ellas. No es importante. Demasiada luz. Una aguja en la piel y luego en las venas y luego al corazón. No es un ejemplo. Estoy leyendo mal. El algo que ya he hecho. Quizá ellos también. Los fieles. Es un ejemplo. Pero está bien. De otro modo, tendría que ir por ahí, tendría que usar zapatos. Está bien. He olvidado muchas cosas, como los zapatos. Mucho tiempo aquí. No sé dónde estén. Desde que llegué aquí no sé muchas cosas. Los zapatos, por ejemplo. No sé si sean un ejemplo o no. Como sea, no sé de ellos. Mejor. Del sillón a, bueno, sería lo mismo. Quizá si espero lo suficiente podría preguntarle muchas cosas. ¿Dónde están mis zapatos?, ¿dónde está mi cama, mi otra cama?, aquella. ¿Qué hora es? No sé qué hora sea. Le preguntaré cuando llegue. Ahora olvidé a qué hora va a llegar. Quizá siempre ha sido así. Quizá sea mejor. Ya no hay luz para entonces. Ahora hay demasiada, demasiada luz. Tengo tiempo. Puedo hacer tiempo. No mucho. Le preguntaré. No tengo prisa. Nunca he tenido prisa. Recuerdo mi niñez. No es mucho. Tampoco tenía prisa en ese entonces. De la sala a la cama a la sala a la cama al sillón a la ventana a la sala a la ventana a la cama. Eso es todo. No es un ejemplo.

Didier Thierbout, In Account of my years as an adolescent, 1991


Como ya nadie comenta en este blog, empezaré a escribir cosas muy muy personales a ver si pega: nací un miércoles, siempre me despierto de malas, me aterroriza llamar por teléfono y dejé las drogas hace años, junto con las rebanaditas bimbo, de las que plaqueta también era adicta.







Los amo mucho.

7 abr. 2010

todo el mundo está gritando menos un sujeto que graba todo y que está más calmado

David Shrigley, Metaphor, en Human Achievemente, Chronicle Books, 2005




(escuchen esta canción mientras leen el post, serán felices durante siete minutos)




No sé qué postear, les juro que estoy preparando algo muy grande. Tengo, oficialmente, insomnio, no puedo dormir antes de las 6 o 7 y eso me jode la vida. Creo que debo dejar de ver televisión gradualmente. Estoy tratando de mejorar mi salud. Cuando iba en la prepa, mi mejor amiga hacía todo tipo de deportes y yo le preguntaba por qué los hacía. Yo era un adolescente de 17 años que escuchaba a Nirvana todo el día, y despreciaba el deporte. Ella decía que sentía que necesitaba jugar básquet o fut porque así sacaba todas las energías que tenía en el día y que no podía sacar. Me parecía, por muy mi mejor amiga que fuera, que vivir así era una vida muy miserable. Hoy día, 10 años después, creo que la entiendo. El cuerpo siempre habla más fuerte, un poco vulgarmente, pero siempre va a hablar más fuerte. ¿Les he contado uno de mis más grandes placeres? Es trabajar en el día, cansarme hasta no poder más y comer. Creo que somos muy simples. Esa es mi vida no-blog hoy día, ustedes estarán muy guapos, ¿no? Yo los amo.




Cosas muy amargadas en las que creo:

Cuando eres hijo único y sólo vives con uno de tus dos progenitores, cada vez que alguien dice que no puede ir a cualquier cosa porque tiene una comida en casa de su abuelito o va a comer con sus hermanos, siento que es una pérdida de tiempo. Simplemente, nunca, a menos que me case y genere vínculos con la familia nueva, no puedo entender lo que significa el término ‘vida familiar’.

Puedo trabajar 24 horas seguidas y creo que así debe ser, pero si alguien sale con que hay que ir a comer a la 1 y una chelita a las 6 todo se echa a perder.

No entiendo cómo funciona la cabeza de alguien que dice ‘Hay que salir a bailar’, simplemente se trata de un orden neuronal distinto.

Cuando como, comer es lo más importante. Cuando no estoy comiendo, comer es más bien irrelevante. Soy muy intolerante con la gente que cuando tiene hambre no coordina y se pone de malas.

Creo que hay personas capaces de sentir amor, personas que sienten afecto, personas que a lo mucho sólo saben sentir admiración, o personas que sienten un asco continuo. Creo que, a nivel de humanos, somos groseramente simples.

Odio el cigarro y soy abiertamente antipático con los que fuman.

No me gusta El Tri, no tengo discos de él ni mp3’s que se me hagan chistosos. Independientemente de su mal gusto, lo aburrido de su música o del hecho que hayan grabado el mismo disco durante 42 años, no me gusta El Tri porque me deprime, y es que creo que El Tri es el ejemplo más perfecto de lo máximo que puede lograr un mexicano que trabaja en México sólo para mexicanos.

No presto discos ni siquiera a la chica más guapa. Tampoco invito cafés ni cervezas. Si alguna vez lo he hecho debió ser porque pensé que mi vida dependía de eso. Es más probable que te grabe un disco o te haga algo muy grande, pero nunca te invitaré un café.

Odio ‘ir por un café’.

Si pudiera regresar a un día de mi vida para no echar a perder lo que ya eché a perder, sé perfectamente a cual volvería y qué haría.

No creo en la democracia, creo que las personas no son iguales y que cada ser humano debe saber su lugar y hacer algo al respecto, la idea de que todo el mundo tiene los mismos derechos y voz no es más que una de las formas más brutales de la demagogia, como decía Borges: si la gente puede votar, podemos esperar la peor de las inmundicias. Las personas no merecen un trato de persona por el hecho de serlo, deberían ganárselo. Un sistema de justicia que trata como persona a un hombre que escupe en el piso, carraspea al hablar, enseña los dientes a los extraños y ataca a su esposa o asesina a un hombre cualquiera no es una persona, es un animal, y, como sociedad, nuestro primer paso hacia una sociedad ordenada sería reconocerlo

La mejor etapa de mi vida fueron los noventas, y sé que no hay década que vaya a apreciar tanto en toda mi vida.

Jamás doy propina, aunque de eso dependiera mi vida.

Cuando una persona que escribe sólo con mayúsculas, o ke eskribe kon kas o con faltas de ortografía en general, le pongo la tercera parte de atención y seriedad que normalmente pongo, que, no obstante, es mucha.

Estoy de acuerdo con Camus en que el buen gusto radica en no insistir.

El mundo no tolera que alguien no sepa bailar, y desde niño esa fue una de las primeras pruebas que encontré de que el mundo no se mueve contigo, sino contra ti, pero que sólo así puede ser. Las personas que se mueven con el mundo no me gustan.

Estoy de acuerdo con Houellebecq en que sólo los animales que son capaces de reír son capaces de la crueldad.

No necesito ver toda la carpeta para saber si es un artista pretencioso, fracasado, ingenuo o todas las anteriores.

Las chicas con copete y los cretinos que usan sombreros hipsters son personas que no puedo tomar en serio.

Escribo estas cosas malaonda sólo porque no sé qué postear, llevo siete días sin salir de casa.




en otro orden de ideas, el otro día conocí a sabandija y me dedicó un post. si alguien confía en mi es que la humanidad no puede estar tan mal. otros detalles no les importan, metiches




sí los amo, y mucho, no lo duden nunca, volveré