26 feb. 2010

al menos eso es lo que dijiste

-Mi papá buscaba mariachis, se fue a Garibaldi (no se le ocurrió buscar en la sección amarilla), y fue con los primeros que vio y les dijo que los quería contratar para que fueran a tocar; les pidió que fueran discretos y que entraran de sorpresa en un horario que les dio, era un horario amplio, de días y horas, algo así como cualquier día de la semana en casi cualquier hora del día. Le preguntaron dónde o cómo lo verían y se extrañaron cuando mi papá les dijo que la sorpresa era para él: quería que unos mariachis que él mismo estaba pagando le tocaran de sorpresa. Los mariachis le dijeron que lo usual es que alguien le mande los mariachis a otra persona para felicitarla por algo, no que uno se los mande a sí mismo. Lo tacharon de loco, pues. Desde entonces, mi papá odia a los mariachis. Era un tipo solitario, mi papá, la verdad odiaba ese tipo de música, pero, al igual que muchas cosas tontas de mal gusto que uno hace cuando está borracho y lleno de endorfinas (y otras personas), como bailar, cantar canciones del Tri o cantar en un karaoke, mi papá pensó que cantar con un mariachi en una sorpresa planeada era una cosa que se disfrutaría por igual aunque fuera sólo él.
-Y por eso se suicidó con un traje de mariachi
-Por eso
-Lo bueno que no lo encontró tu hermana
-A ella todo le parece bien, la música
le da igual
-Ah

Últimamente veo demasiada televisión. Es fantástica. Es increíble que la televisión tenga tantas cosas de valor para alguien que estudia o estudió arte y que uno no se dé cuenta. El segundo capítulo de mi tesis inicia con un episodio de Ren & Stimpy, específicamente Stimpy’s Big Shot, en el que Stimpy escribe un poema sobre arena Gritty Kitty y se vuelve estrella televisiva. En este, escribe un poema totalmente improvisado y al final lo único que escribió fueron garabatos. Cuando son hijos únicos pretenciosos pueden escribir ensayos de 2 cuartillas sobre eso y meterlo en una tesis, pero el caso de esto es que le comenté esto a una amiga con el mismo remate con el que empecé este párrafo: la televisión enseña muchas cosas obre arte que la gente desdeña por ser caricaturas. Ella me dijo que no, que yo las encontraba y que eso era lo bueno. Si yo fuera maestro o tutor o coordinador de arte de alguien o de un grupo les dejaría de tarea ver mucha televisión. Sería un maestro genial, se los digo. La última vez que entré a un salón alguien dijo “yo quiero que Bob sea el maestro”. Entendí mucho de Paul McCarthy y Santiago Sierra viendo el ya extinto programa de Facundo (cuyo nombre ni siquiera recuerdo). Si lo analizas, la narrativa de Mi Papá es un Duende, con su gran anticlímax lento y desconcertante es muy similar a piezas como Bossy Burger o Painter. Las que creo que son mis ideas menos malas para hacer una película las saqué de la televisión: la de un equipo de vendedores de coches que son clavadistas amateur se me ocurrió viendo Hasta que el Dinero nos Separe; la del actuario que pasa todo el día viendo las noticias para enterarse de los daños de la competencia se me ocurrió viendo el noticiero de Paola Rojas. Si tuviera una clase les encargaría ver Se Vale y proponer una pieza de eso. Y del periodismo periodístico. Al primer cretino que se hiciera el chistoso haciendo una pieza de Pare de Sufrir lo correría. Lo humillaría antes, con tanta clase que me amaría no obstante, ya luego lo corro. No es que sea un inciso necesario saber ver la televisión si eres artista, pero cuando desdeñas esas cosas terminas siendo de esos cretinos que no saben de futbol pero dicen que le van a los pumas porque estudiaron en la UNAM y que los americanistas somos malos. El arte es más importante de lo que creen.

Continuando con la sección artística de este blog (empezó en el párrafo de arriba, pon atención), me invitaron a colaborar con una página tipo periodismo cultural entusiasta (hacen reseñas de artistas y discos y esas cosas) llamado Bolten Inc. Lo que su servidor tenía que hacer era dar una idea de la mal ponderada pregunta de ¿Qué es el arte? Si quieren leerla, den click aquí.

No conforme con hacerme un peor ser humano cada vez que me acerco a ella, mi escuela olvidada de la mano de Dios quiere que vaya el miércoles a recibir un diploma absolutamente palomero y engañabobos (como estudiar una maestría y similares). Quieren que lleve traje y si quiero, familia. Llevaré mis tenis de colores y mi única corbata, que tiene el nudo hecho desde hace como dos años. Lo peor es que este tipo de eventos suelen estar llenos de familia arreglada con gusto feo y lágrimas y accesos de orgullo. Me deprime, mucho. ¿Les he dicho que soy ñoñísimo? Resulta que soy el 2º mejor promedio de mi generación sólo por debajo de una gorda lesbiana y gente de ese tipo (lo que sí es triste es que de no haber trabajado en un taller de esos con excesos de orgullo en los que ponen 9 en vez de 10 y de ahí hacia abajo, la hubiera rebasado por mucho). Mejor ser segundo que tercero, más posteable. Ojalá que nos pregunten cuál es la clave para ser unos excelentes universitarios de promedios ridículos: yo les diría que la clave es la culpa y el miedo. Durante toda mi carrera estudiantil no he sentido nada más que culpa y miedo –pero así, cabrón-, y siempre he sido un ñoño. Afortunadamente, un dejo de buen gusto me ha hecho no despuntar tanto (la gente del tipo que dice que lee para su tesis siempre me ha parecido por lo menos risible). Ay, estudiante de arte de clase media, qué grande es tu soberbia.

Con alzado quieres decir acentuar la maqueta, no hacer los planos. Alzado se refiere a que ya pasaste por la parte física de la escultura o la maqueta (que se pueden entender como la misma cosa) y necesitas ponerlo a nivel de plano, justo ahí se da el alzado. Como acabar de hacer algo y empezar a hablar de ello. Es algo ridículo, no obstante.

Vayan al blog de Radar a enterarse de los eventos, no sean lelos.

Como dice Jeff Tweedy: It’s good to be alone

18 feb. 2010

dibuja una línea recta y síguela







En temporadas y circunstancias como estas:

Soy mejor ser humano pero no mejor persona.

Me molesta la alegría de los demás (pero no la felicidad de los demás, aunque eso no se ve).

Mis tweets son declaradamente odiosos.

Mis proyectos se vuelven colosales pero no necesariamente inalcanzables (hasta el momento incluyen una pieza para piano de más de una hora y un catálogo en video de escenas negras).

No mando mails a nadie.

Mis gastos se reducen drásticamente.

Trato de sentirme mejor comprando libros, pero ya casi no funciona.

Agudizo mi voz aún más de lo que suelo hacer, y está mal.

No se me ocurren ideas para mis películas.

Me deprime ver los contactos de mis amigos cuando mandan mails comunales, o ver sus estados de Facebook en la página de inicio.

Paso cinco o seis días sin salir de casa.

Hago comentarios artísticos incendiarios aunque nadie los considere incendiarios en realidad o no se den cuenta.

Uso términos médicos o de organización animal en mi trabajo.

Desearía ver Bob Esponja todo el día, o que The Most Daring durará hora y media, o que los Simpson pasarán más seguido.

Le hago plática a mi mamá, soy casi un buen hijo.

Quiero comprar supresores de sonido en Radioshack.

Digo ‘puta madre’ mientras camino hacia el teléfono sonando (si suena).

Veo más televisión de la que debería (es decir, veo más tele de la que mi ‘proceso de artista’ necesita, por puro gusto).

Me despierto después de las 11:00 AM

Hago chistes antifeministas.

Me duele todo.

Tu estado de facebook me parece más torpe que de costumbre.

Tengo mejores ideas.

Que un post alcance los 11 comentarios me pone de buenas.

Se me quitan por completo las ganas de insistir o de ejercer algún poder de convencimiento (de eso ya tiene años).

Exagero mis malos hábitos a la ‘n’ potencia.

Soy igual de responsable e igual de intolerante con la gente irresponsable.

Los partidos del América no me hacen lo que feliz que me hacían.

Escucho mucho a Feldman y Jim O’Rourke.

Me río de todo lo que veo en la tele.

Mis ideas rebasan lastres como ‘condescendencia’ o ‘empatía’ y pienso con la cabeza fría dentro de lo que cabe.

Me baño cada tres o cuatro días.

Carezco de empatía con casi todo el mundo.

No leo.

Me da igual.

Juego super nintendo en la computadora.

Escribo mucho.

Tengo más ganas de caminar pero no lo hago tanto como debería.

Llamo por teléfono menos de lo que suelo (prácticamente nada).

Me vuelvo mucho muy hipocondríaco.

Las páginas hechas en Flash me ponen de pésimo humor.

Mis mejores ideas me llegan viendo o recordando programas de televisión.

No tengo ganas de ir a exposiciones.

Me emociono mucho escuchando ciertos discos.

No me importa y ni siquiera lo intento.

Hago comentarios provocadores que, por suerte, no me han costado lo que deberían.

Me da igual no exponer.

Soy intolerante con la gente que le da igual la música que escucha, lo que lee o la plática que te hacen.

Tengo obsesiones artísticas por temporadas.

Me da igual comer lo mismo todos los días.

Aprieto los dientes.

No puedo dibujar tanto como quisiera.

Me hago el tonto con casi todo el mundo.

No hago gomitas, no me cocino pasta.

Tengo una visión más clara de algunas cosas, pero eso no es pensar con la cabeza fría.

Casi todos los olores me asquean.

Desearía trabajar en la televisión o en alguna revista.

Casi no cambio mi estado de Facebook.

Mi desayuno es a la hora del almuerzo.
Quisiera trabajar en algo que me canse, comer bajo el sol y regresar en la noche muerto de cansancio.

Me siento un poco menos mal por no querer a gente que es relativamente buena conmigo y entiendo las implicaciones humanas detrás de eso (ya escribí de eso antes).

Temas como arte y género o feminismo me parecen aun más insignificantes.

Pienso mucho en palabras que me gustan mucho pero rara vez uso, como: supervivencia, comodidad, handicap, transliteración, suficiencia, impulsos, priorización, fuera de lugar, drone, resistencia o apenas tolerable.

Hablo de televisión.

Uso frases como ‘¿tienes algún tipo de retraso o no escuchaste?’ o ‘tus padres invirtieron mucho tiempo y dinero en tu educación para que salgas con cosas como esas’ o ‘¿se supone que estoy negociando contigo?’ o ‘¿esa es tu versión de convencimiento?’.

Temo lo peor.

Me deprimo menos y me enojo más.

Uso la misma plática con el 95% de la gente.

Quiero escuchar discos nuevos de los mismos músicos.

Es mi mejor temporada, invítame al cine.

Sigo amando a todos los que leen esto.

14 feb. 2010

este catorce de febrero




-Monsiváis
-¿En serio, Monsiváis?
-Claro, Carlos Monsiváis es el escritor más valioso en este país de sentimentales y analfabetas.
-¿Y tú hablarás muchos idiomas, no?
-Tres y medio
-Yo apenas y hablo inglés y no soy tan soberbia como para llamarle analfabeta a todo un país.
-Aunque tú fueras políglota seguirías siendo analfabeta.
-¡Oye, mir…
-No, espera, controla tus hormonas y no grites, piénsalo, es suficiente para que pases por lo menos tres días pensándolo, te serviría, es educación, ¿sabes?, también podrías pensar en cómo eres capaz de decir que no eres tan soberbia como para ser soberbia
-¿Qué te pasa?
-No estoy en el humor que me gustaría estar, estoy enojado, no sé por qué.
-Mmm, ¿estás bien?
-Sí, pero lo de decirte analfabeta sigue en pie.




La vida es decepcionante y llena de pena. Sería inútil, entonces, escribir más novelas realistas. En general, ya sabemos lo que la realidad tiene guardado para nosotros; y no tenemos el menor deseo de saber más. La humanidad en sí misma no nos inspira nada más que una apacible curiosidad. Todos sus “escritos” en su prodigiosa sutileza, sus “situaciones”, sus anécdotas… Todo esto no logra nada, una vez que el libro está cerrado, salvo confirmar en nosotros una ligera sensación de nausea ya lo suficientemente nutrida por cualquier día de la ‘vida real’.

Cuando uno ama la vida uno no lee. Difícilmente va al cine, incluso. Es decir, que el acceso al universo artístico está más o menos reservado para aquellos que están un poco alterados.

Michel Houellebecq, H.P. Lovecraft, contra el mundo, contra la vida, 1991



Las personas que en una discusión te detienen diciendo que te estás contradiciendo son personas que creen que toda conversación es una competencia para ver quién la tiene más grande.



Everybody hates you, won’t tell you why
Letter from the doctor says you’re gonna die
Cute little kittens drowned in a sack
Everybody screaming sky turning black
I don’t wanna live no more
I don’t wanna live no more

Peter
just called to say he saw
A slug eating a chip
I’ve just had a terrible haircut
A flashing light never stops flashing
When you’re watching it flash
We should be living better lives
Than we’ve been living
We shouldn’t take so much pleasure
In watching others fail and suffer
We should drink less
We should eat more
We should speak to people
We should go outside

David Shrigley, Sad Song, en Worried Noodles, 2007



Cuando ya no te quedan ganas ni del autoescarnio ni de masturbarte es señal de que sí estás muy mal. Si no sueles hacer ninguna de las dos cosas muy probablemente no tienes sentido del humor (por lo primero) y nunca has sufrido realmente (por lo segundo).



Morton Feldman, 1966
William Gedney
Photographs
Duke University
Rare Book, Manuscript,
And Special Collections Library



La hamburguesa más solitaria del mundo se enfrenta en una pelea a muerte contra la caguama más triste del mundo.



El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo queda la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.

Michel Houellebecq, Las Partículas Elementales, 1998





este catorce de febrero:

debería caminar hasta donde estás (pero no sé dónde estás)

deberías llevarme a Finlandia

deberíamos cocinar algo difícil (que incluya harina y queso)

debería ver más películas y emocionarme

deberías escribir una pieza para piano y voz, tú en el piano y yo en la voz (como en el concierto de Stockhausen, pero sin el disfraz)

deberíamos seguir a alguien en la calle e inventarnos historias sobre su vida o lo que está pensando o a dónde va

debería regalarte “Cambiando el Destino” (la película que grabó Magneto) en VHS

deberías hacer esculturas muy chicas y regarlas por la calle con algunas señas para que yo las encuentre (como banderitas de maqueta o leds conectados a pilas de teloj o con marcas de gis en el suelo)

deberíamos ir a un bosque y poner hojas con textos en los árboles

debería hacerte cumplidos con más frecuencia (aunque técnicamente no te hagan falta)

deberías bajar la guardia y hacer cuentas

deberíamos hacer un fanzine fotocopiado de 200 páginas con dibujos y textos y no enseñárselo a nadie hasta que alguno de los dos sea famoso

debería dejar de esperar nada

deberías acompañarme a buscar gimnasios con fosa y plataforma de 10 metros para clavadistas amateur para mi película

deberíamos recorrer el país visitando oxxo’s, comiendo y discutiendo nuestros proyectos en ellos, así cada vez que vieras un oxxo pensarías en arte, o en mí, o te reirías (aunque sea un poco)

debería revisar mi horóscopo

deberías pensar en voz alta aunque sea un poco de vez en cuando

deberíamos hacer el 30% de todo lo que decimos que deberíamos hacer

debería?

deberías leer entre líneas



10 feb. 2010

hoy sí te la quedo a deber




Cuando iba en diseño en la Enap, mis compañeros, amigos cercanos y en ocasiones los maestros teníamos todos un blanco común: el asshole (pronunciado el ásjol). Este tipo era increíble, llegó un lunes al salón, habiendo escapado del turno vespertino, y a los 3 días ya era apuntado como el tonto del pueblo. Lo curioso del caso del ásjol es que no era un teto al que le gustaran los pumas y todos se lo cabulearan por vivir debajo de un puente, no, decía que quería ser rico, hacer mucho dinero, vivía a unas cuadras de la Del Valle (aunque él aseguraba que la Santa Cruz Atoyac ya era la Del Valle), era un electrofreak fan de las compus y la música electrónica tipo Tiesto o Armin Van Buren. Aparte de sus ojos rasgados, no era particularmente feo, y siempre andaba con chicas fresísimas. Era un yippie perfecto, como si Douglas Coupland hubiera escrito Shampoo Planet 10 años después (estamos hablando de principios del 2002). El ásjol abía su lugar, se movía en él; de hecho, en un par de semanas ya andaba con una de las chicas asediadas por el sector masculino del salón (ni la chica ni el sector masculino merecen mucha mención: muchas chichis por un lado y mucho pelo peinado para atrás por el otro). Las pocas veces que trataba de salir de posición, él mismo notaba su falta y regresaba: quería ser hippie (o así decía), fumar mota y ser relajado todo el tiempo, pero sus audífonos de Dj de $3000 y sus bermudas de Astral Freaks no le dejaban. En una ocasión dijo –me contaron- algo así como ‘es que para eso de las corrientes estoy bien güey’. Creo que sabía que el salón le menospreciaba un poco, pero no parecía importarle. No era malo, sus intenciones eran relativamente nobles, pero no era suficiente. Lamentó que me hubiera rasurado diciendo que entre más barba tengas más atractivo le parecerás a las mujeres. En fin. Una vez, en clase de estética, preguntó cuánto costaba el David de Miguel Ángel, y cuando se le explicó que se trataba de un patrimonio mundial insistió: ‘sí, bueno, ya sé, pero si se vendiera, por decir, si se pudiera vender, ¿como cuanto costaría? Nuestra maestra era otro caso: una mujercita que antes de entrar al salón le decía a sus alumnos hombres que le ayudaran con la bolsa de Liverpool donde guardaba las tareas que recibía –el argumento era contundente, eran hombres, la maestra una dama- y que al describir arte prehispánico simplemente no podía pronunciar palabras como ‘pene, vasija en forma mamaria o figurilla masturbándose. También se le iba la hebra (amo esa expresión, pero no me gusta usarla) y se ponía a contarnos, por horas, cómo los hombres se le quedaban viendo las piernas en el metro y cómo otro intentó tocárselas y ella le pegó con su bolsa (tal vez debió pedirle ayuda a otro hombre para pegarle al agarrinche). La verdad no podías culpar a esos hombres imaginarios agarradores de piernas, tan malos ellos: aparte de una expresión de constante incógnita y miedo en su cara y de hábitos de belleza propios de la educación femenina de la clase media, la maestra, siendo honestos, se defendía, no tendría más de 33. O tal vez no se defendía en lo absoluto, no sé, en ocasiones me siento atraído por chicas relativamente feas. Debe ser una especie de patología sexual, pero sería una patología sexual políticamente incorrecta y seguro nadie apoya la moción. El caso es que nuestra maestra hizo lo que pudo dentro de su salario pagado por la UNAM para explicarle al ásjol que nuestro sistema cultural impide una pregunta como ‘¿cuánto cuesta el David?’, pero él quería una cifra, y en cuanto se cansó volteó hacia mí: a ver, Roberto, explícale. Debo decir una cosa: a pesar de todo, esta era mi clase favorita, me movía como pez en el agua en ella, participaba, era el consentido absoluto de la maestra, un cretino sabiondo de 18 años, y emocionarme estudiando estética eventualmente, junto con otras cosas, me alentaría en mi decisión de cambiarme a la carrera de Arte y dejar ese punto ciego de Dios llamado Diseño y Comunicación Visual. Si son lo suficientemente perspicaces y suman todos los factores, entenderán que el momento en que la maestra me pidió hacer su trabajo para con un alumno de capacidades diferentes yo estaba en el lugar y situación correcta: apasionado de la discusión estética más puritana, antipático con el enemigo común, ligeramente atraído por nuestra pequeña e indefensa maestra, detractor – en aquel entonces- de la sola idea de dinero en una obra de arte (y estábamos hablando del David). Yo hice lo más elegante que pude: volteé sobre mi banca, brazo apoyado sobre el respaldo, y le dije que ya no se trataba de un objeto cuantificable, sino de un ícono invaluable, y que no se podía decir cuánto costaría. Debí rematar con un ‘¿algo más, querida?’. El ásjol suspiró un ah, bueno y se acabó. Esta elegante anécdota no es el tema de este post, pero arranca más o menos con lo siguiente: como todos los tontos de profesión, el ásjol siempre te hacía la plática, te decía cosas, te miraba mientras te las decía para ver tus reacciones, creía que estaba llevando a cabo una conversación. En una ocasión, creo que afuera de una tienda, me empezó a contar las revelaciones que tuvo en la semana: un sujeto, creo que un vagabundo, le dijo algo así como que las chicas tontas, las que eran guapas e iban por la vida olvidando fechas y tirando todo, bailando la canción de moda, rompiendo corazones, sin muchos objetivos, eran las que tenían la verdad, que ellas detentaban los más grandes problemas filosóficos. El ásjol le preguntó ‘¿en serio?’ y el vagabundo le dijo que ‘¡claro que no, esos somos nosotros, pon atención!’ Quizá después de eso le pidió dinero: el único valor de los vagabundos (o hablando más concretamente, la única cosa que hacen por la que tal vez quieras recompensarlos) es cuando te disparan con un momento de revelación. En esto la risa no sirve: un vagabundo no te hace reír porque este humor no deja de ser muy amenazante en manos de un vagabundo, en cambio, cuando te quieren compartir la basura que se han inventado viviendo en la calle piensas que se están abriendo contigo. Es parte del culto a la gente dispersa, como la de ser un vagabundo à la Bukowski y escribir verdades en servilletas, hacer declaraciones con prosa de taxista, sin alzar mucho el tono de voz. Es por eso que Paul Auster vende tan bien. En fin, el caso es que recordé esta cosa que le contaron al ásjol a propósito de otra cosa que leí y de otra en la que pensé. Hace más de diez años leí una entrevista con Borges en la que le preguntaban qué prefería, la inteligencia o la bondad. Respondía que no podía escoger porque van juntas, la gente inteligente es buena, la gente estúpida es mala. En su momento y hasta la fecha estoy demasiado de acuerdo con eso. Es ahí cuando se me ocurrió esto: pensaba en alguien que conozco hace poco, es una persona de hueva absoluta pero muy buena persona, muy noble, linda, ya saben, todos somos amables y valiosos. Lo que más me trastorna es que es alguien que simplemente se limita a no decidir nada, a dejar que el mundo le pase rozando los oídos, cara y cabello, que el mundo le quiera, le solicite. Un ejemplo estrictamente perfecto del término ‘resignación femenina’. Si debía resumir, me veía obligado a decir que se trataba de alguien muy buena onda pero una puta hueva. Para mí esto no encajaba, me incomodaba tener que verla así, como una especie de contradicción de términos, ambos igual de ridículos. Cuando recordé la cita de Borges no sabía de qué lado entraba, pero sobre todo, me molestaba poder verla así cuando conmigo suele ser relativamente buena persona. O algo así. La gente mala nunca es inteligente, pero, ¿puede alguien ser estúpido pero bueno? Sé que no hablamos de silogismos de libro de lógica, sino de personas, de variables, sin embargo, me gusta apegarme a la ecuación ‘bueno-inteligente, malo-estúpido’ porque no es gratuita, para nada es gratuita. Y además, es Borges. Si decimos que alguien estúpido puede ser bueno estamos pensando que la bondad se limita a no hacer cosas malas, a dejar que las cosas pasen sin meter las manos. No parece haber mucho libre arbitrio en eso, es como ser un animal. Los animales no son buenos ni malos: son útiles (como los bueyes), o son objetos de ornato (como los gatos o los hurones), o son tiernos (como las foquitas), o son empáticos (como los perros), pero no son buenos ni malos, eso es lo que hace horrible la vida animal: cuando el lobo devora al venado no es malo ni bueno, sólo es algo que pasa entre animales; lo que hace horrible esta carnicería es que no hay trasfondo moral. Así nacieron las fábulas. Regresando al caso de mi conocida poco brillante, poco interesante, poco emocionante, pero que me apena considerarla así porque también es buena, noble, linda, pienso que tal vez confundimos la forma en que una persona se conduce en el mundo, ante la humanidad, con la forma en que esta persona se porta con nosotros, cómo nos trata. Deberíamos estar hablando de bondad, de algo absoluto y severo (como lo es Borges), pero lo hacemos de una manera ligera, tolerable, apenas relevante. Es lo que entendemos como “ser buena persona”. Si somos igual de severos, alguien a quien le basta con dejar que el mundo le despeine (un poco) y no moverse en él, realmente, en serio, realmente, estamos hablando de alguien no particularmente bondadoso: no está involucrado con el mundo ni con la humanidad, sólo está en él, pero esto tampoco le importa. Es por eso que lo que más me movió de Céline después de leer Viaje al fin de la noche es que se sentía un amor por la humanidad gigantesco: cuando describe a la mujer que aborta y a su madre que no la quiere llevar al hospital porque le preocupa qué dirá la gente del pueblo, cuando habla de los negros con sus tambores, cuando habla de lo miserable que alguien puede ser, puede parecer duro, pero era su manera de relacionarse con la humanidad, y creo –estoy muy convencido de esto- que hay más amor en esto que en esta persona que le da igual y deja que las cosas pasen alrededor, casi por gravedad, que no es antipática contigo porque sigue el contrato social. En dos acepciones, no está haciendo nada: no está haciendo algo y está haciendo nada. Dejar que tu relación con el mundo se resuma en la brisa que te despeina, en las cosas que pasas y tú tomando las que te sirven y dejando las que no, es cero. Y como dice Douglas Coupland en Microserfs: Cero al infinito es cero (gracias a Elso por el dato, aún no lo leo). Y sonará escandaloso (sobre todo para mí, a ustedes qué les importa) decir que esta persona es mala, pero tienes que redefinir (o conseguirte por primera vez una definición) de lo que es ser bueno y ser malo. Y no involucrarte es malo, y es estúpido. Y cuando rebasas esta barrera de llamarle a alguien estúpido y malo aunque te salude efusivamente, aunque te felicite en ciertas ocasiones que lo ameritan, aunque te sonrían, te das cuenta que somos tan insignificantes y soberbios que pensamos que el mundo está para nosotros, y no es así, somos parte del mundo. No sé cómo seguir explicando esto, mis conclusiones, creo, son simples: todo es un problema ético-moral. Y a los filósofos que lean este post les parecerá muy torpe y casi juvenil (como a mí me parecen torpes y juveniles otros blogs). Lo que no sé cómo explicar es que, aunque suene increíblemente pesado, y ridículo, y pretencioso, y soberbio, tener una cosa ético-moral no es precisamente como hacer pesas o correr en las mañanas. Sobre todo por que nunca he corrido (literalmente me moriría). Quizá lo que nos mueve sea algo más rasposo, más difícil de sostener entre las manos, pero no sé cómo decirlo.

7 feb. 2010

Te respeto más como mujer que como artista

Muero de ganas de tener ocasión de decirle esto a alguien y tener bases para hacerlo. Nadie quiere a la gente racional, es poco espontánea, detallista (o son detalles demasiado dedicados, y eso asusta), y siempre parece mamona. Si le das un golpe a alguien y le explicas las razones por las que lo hiciste y por las que debiste hacerlo lo olvidará antes de que termines de decírselo, pero en general no se debe golpear a nadie. Es el problema de suponer que vivimos en un mundo moderno y sensato: olvidamos desventajas naturales que, en el momento en que dejamos de tomar en cuenta, la vida se vuelve, no menos elegante pero sí más complicada.


Organización, jerarquización y priorización errónea de varios impulsos básicos

Mike Kelley decía que el gusano de biblioteca confunde lo intelectual con lo sexual, y Sartre dice que conoció el mundo a través de libros. Me gustan ambas cosas porque son de esas citas que cuando las haces no sabes si te estás metiendo autogol. Cuando era chico no entendía ni pito de las clases de filosofía ni psicología, en verdad pensaba que era medio tonto, y siempre pensaba que el truco de participar en clase era decir algo que no te pudiera pegar, pero que le pegara directamente al que lo escuchara. Era como elevar la popular "Puto el que lo lea" a un nivel filosófico. Con el tiempo te das cuenta que el truco de las citas es, en primer lugar, no hacerlas, y en segundo, si las vas a hacer, debes encargarte de que sea a tí a quien le peguen en primer lugar. Hay animales que lo primero que hacen al estar en desventaja es fingir aun más desventaja. Por supuesto, elevar a los animales a nivel casi humano-poético es una basura. Los animales se comen entre ellos y te comerían si pudieran. La metáfora del lobo estepario y el ave que vuela libre no incluyen a los conejos a los que se les rompe el cuello mientras todavía están vivos ni los ratones que, de repente, tienen un pico hurgándole los intestinos. Sólo le voy a los animales cuando se trata de un toro contra un español (o alguien que se cree español) en mallones o cuando se trata de un niño alegre contra un changuito que le roba su paleta, como en Sopa de Videos, porque, en general, los niños creen que los animales son extensiones de los adultos y que deben servirles. Si los animales pudieran hablar, los niños los tratarían aún peor que con la punta del pie. Los niños suponen que todo el mundo sabe su nombre, si un niño es presentado con un adulto y éste le dice niño en vez de su nombre el niño se siente. No es una cosa personal ni sentimental, simplemente creen que el mundo los quiere. La capacidad de conservar este sentimiento con los años, a saber, el de que el mundo te quiere, distingue muchas cosas, pero el que escribe este blog no es tan listo.


Hola niños, soy un hipotálamo, controlo el hambre, el sueño, la sed, el deseo sexual y toda la mierda que te pones en la cara también

Desconfío de muchas cosas en la gente: los que fuman todo el tiempo, los que escriben todo el tiempo en mayúsculas, los que les urge ir por chelas, los que dejan que sus gatos jodan a las visitas, los intolerantes con los alérgicos a los gatos, la gente rapada, los que rinden culto a los dispersos, los que leen de la misma manera en que toman café, los que no les gusta el futbol porque se creen muy cultos, los que les gusta decir que la cosa está difícil, los estudios de género, las lesbianas, las señoras, el apogeo del bálsamo labial y la censura a un posible estudio sobre su impacto real en los organismos humanos, los periodistas de música juvenil, los que no usan su verdadero nombre en facebook, los graffiteros -porque creen que el mundo les debe cosas, pero nada más-, la gente pobre, la gente rica que dice que deberías confiar en la gente pobre, las muletillas y sustitutos de plática como '¿cómo ves?', los que organizan tours en los que vas a trabajar en campos con indígenas y te cobran por ello, los que tienen rastas, las que les gustan los que tienen rastas, los que no les gusta ir a fisgonear a Waldo's o creen que venden pura basura. Las chicas guapas pero de hueva brutal están bien porque nunca te hablan por teléfono, y si lo hacen les va a sonar el celular antes de que acaben de decirte lo que iban a decirte, y lo vas a agradecer, y si eres descortés con ellas y no les pagas el cine ni les llamas quizá te consideren un lobo estepario y se sientan atraídas hacia tí, y muy probablemente esto quiere decir que lo hacen por las razones equivocadas, pero igual no tienes que hacer nada.


Foxy Grandpa

Me deprime entrar al messenger y ver a los mismos contactos de siempre. Y a los que no. También me deprime ver los estados de facebook de mis contactos, y ver los contactos de mis contactos en un mail comunal me deprime también. No puedes decir que soy mala persona, no se trata de personas, sino de direcciones de correo electrónico, perfiles de información y alteraciones a tu nombre con frases de lo que estás haciendo, tipo Marceeeeeee - hacindo maletas para PRAGUA (no disponible). En el futuro, los niños más listos serán los que distingan entre contacto y persona, como cuando en matemáticas le preguntas al profesor la diferencia entre número y cantidad y no te contestan porque dicen que para tu nivel no es importante. Siempre hay un mañana.


50% algodón, 50% cosas sin tradición ni cultura

Ok, la cosa es bien simple: si son asiduos lectores-oficinistas-desempleados de este blog, no sólo sabrán que me la paso haciendo citas pretenciosas para ver si alguien entre el auditorio entiende que le estoy lanzando petardos, o hablando de los juegos de américa, sino que una vez al año hablo de lo mismo: ya se viene Radar, el festival de música contemporánea, electrónica experimental, improvisación, avant-rock y arte sonoro del Festival de México. No es como la semana de la poesía ecológica en la que leo fragmentos de mi último libro fotocopiado con colectas hechas por el cubículo escolar a la que los invito, no, se trata de la semana más feliz de mi año, la única semana en la que respondo los comentarios torpes de Facebook, la única semana en la que no me dan ganas de responderle a mis contemporáneos menos listos con comentarios maloras. A diferencia de abril, el mes del arte en la Ciudad de México en el que simplemente se me quitan -un poco- las ganas de ser artista, la semana de Radar es fabulosa, es descubrimiento tras descubrimiento tras descubrimiento. Los mejores conciertos de mi vida han sido en Radar: Otomo Yoshihide tocando platillos de batería en tornamesas, Keiji Haino pateándonos el trasero por hora y media, Thurston Moore lanzando al público a las baterías, Irvine Arditti tocando a Cage. Por extrañas y favorables situaciones del destino (te amo tamara), el editor y copy de este blog, su blog arty favorito, se encarga de hacer la publicidad fan from hell en blogger, facebook y twitter de Radar. Así que, la cosa está así: a menos que sean del sector que vive en provincia (las amo, no obstante), vayan al blog del festival, enamórense, bajen los mp3's y vean los videos, enamórense, vayan a los conciertos, enamórense de nuevo. Hay un enlace arriba a la derecha (fíjate bien), vayan, en serio, háganle promoción. Por su parte, este blog seguirá en su dinámica usual de un post cada cierto tiempo y de lanzar petardos a la misma persona (no me has llamado, lo malo es que no me sorprende)






los amo, no dejen de venir

2 feb. 2010

si habla como una educadora, camina como una educadora y se ve como una educadora, seguro no quiere nada contigo, en serio

Ya pasó un mes desde que empezó esta década y no he hecho gran cosa: trabajar, hacer posts para este blog (y abandonar los de este, que total, ya nadie viene por aquí), burlarme de los que esperaban el Ficco de este año (yo esperaba Trash Humpers, fuera de eso, está bien), emocionarme orque ya viene Radar. Trabajar en tu cuarto-taller y salir menos de la mitad del mes tiene varios plus, como engordar y acumular calor para combatir los frentes fríos, o gastar aun menos dinero de lo que gastabas. La contra es que te cansas de caminar en círculos viendo cómo están quedando las postales y empiezas a pensar que todo el mundo anda detrás de tí. Pero como decía Woody Allen, no porque yo sea paranóico significa que no me están siguiendo. Debe haber, en alguna obra de arte, en algún sitio del mundo, una especie de apología de todas las metáforas domésticas del aislamiento, pero también, como decía Truffaut, una obra de arte nunca puede ser un ajuste de cuentas. Me gusta trabajar solo, mucho, pero todo lo demás.

Un pequeño acto de justicia con el mundo y todos nosostros sería hacer conteos y top 10's cada mes, no cada año ni década. Como habrán entendido de lo anterior, no hay mucho qué contar en este mes (de hecho sí, pero a ustedes qué les importa), así que esperen por nuevos posts. Este es mi top 3 de Enero del 2010, y es especial, porque es de enero.




Harmony Korine // Julien Donkey-Boy, 1999 Después de ver Mister Lonely quedé impactado: lo primero que pensé era que Harmony Korine era un genio. No entiendo cómo funcionan muchas cosas de Mister Lonely, pero de algunas cosas que alcanzo a entender es que es un sujeto con una manera de contar historias totalmente radical pero increíblemente eficiente. A partir de un fanatismo lento pero fuerte por Korine, empecé a buscar cosas de él (fanzines y cortos). Julien Donkey-Boy, filmada a sus 25 años, es igualmente incréible en su manera de contar cosas, pero con una manera de dejar en claro sus procesos más abierta que Mister Lonely. Julien es más rough, menos complaciente, completamente experimental, pero con un grado de conseguir involucrar al espectador muy alto. Los diálogos son increíblemente oscuros, las tomas son preciosas, la edición es rizomática (no volveré a usar el término, lo juro). Las actuaciones son inmejorables: ver a Werner Herzog escuchando Sugar Baby de Dock Boggs en su cuarto mugroso, o contar la historia del conquistador español a punto de morir, o saltar del suelo, o ver a su amigo sin brazos tocar la batería, a Pearl cantar Lamb of God en el trigo, Julien negociando con el niño judío, Herzog contando el final de Dirty Harry. Suena estrafalario, pero cuando lo ves no te queda tiempo de ser antipático. O ver a Chris subir las escaleras. ¡La hizo a sus 25 años y ya estaba haciendo una nueva manera de hacer cine! Hasta donde leí en Wikipedia, Korine sufrió una especie de etapa difícil en la que no hizo mucho, por eso entre Julien y Lonely pasaron 8 años. Actualmente es casi imposible que traigan Trash Humpers a México, pero la espero con ansia. Harmony Korine tiene 36 años apenas, y cualquier cosa que salga de él se enterarán por aquí.




Jim O'Rourke // Happy Days, 1995
Conocí este disco porque partes de él aparecen en Julien Donkey-Boy. Es un disco increíble, lo bajé de internet en casa de un amigo al día siguiente (aparte de Tamper y Disengage), lo cargué a mi reproductor de mp3 del que escribí hace poco y me fuí a mi casa. Lo escuché en el tramo Portales-Zapata-Plateros. Tarde mucho tiempo en empezar, de manera que cuando comienza se escucha extraño, como fuera de tiempo. Te tardas algo en darte cuenta que de hecho todo el disco está fuera de tiempo. Happy Days, grosso modo, empieza con dos notas de guitarra acústica que se repiten por unos 8 minutos, y poco a poco empiezan a entrar distorsiones y repeticiones que hacen un drone brutal de 47 minutos. En la película, Julien camina con la calle con supresores de sonido mientras pasa este disco, de manera que esto, junto con mi experiencia de escuchar el disco de regreso a casa, hicieron que relacione a Happy Days con caminar. Es una experiencia increíble, caminar y escucharlo muy muy fuerte. Este disco es algo cercano a Feldman (o yo siempre entiendo todo como Feldman): está lleno de repeticiones y cosas que insisten por mucho tiempo, pero no te atreverías a decir que es repetición o que O'Rourke repite. No sé todavía cómo funciona eso (y cómo lo hacen), pero Feldman decía que no permitía que sus alumnos pusieran esos puntitos que indican que se debe repetir una parte: "Qué tal que luego quieres cambiar de opinión". Este disco puede ser una especie de introducción a este tipo de música para muchos que no se entiendan demasiado con ella. Bajen Happy Days de Jim O'Rourke.



Jean-Paul Sartre // Words, 1964 Llegué a este libro por casualidad en una librería de viejo por $9. Es increíble. Nunca había leido a Sartre ni un poco, pero no sabía que fuera tan contundente ni tan rabioso. Habla de su abuela como una perra que se daba a desear, de su madre como algo totalmente desperdiciado y de su padre como un trauma que no tuvo. La cita de los perros del otro día me ganó por completo. Me gusta cuando alguien reviste sus recuerdos de niñez con grandilocuencia porque en general la niñez no es grandilocuente, sino bastante simple (y en esto radica que sea lo que es). Yo lo suelo hacer: hace mucho tiempo le contaba a 'alguien' que en una de mis últimas visitas a la iglesia de niño me mareé y debí salir de la iglesia, que estaba llena. Mi madre apenas se conmiseró de su infiel y enfermizo hijo: estaba sudando, y cuando volteé, sentado en esa jardinera afuera de la iglesia, había una rata negra. No me dio miedo, pero pensé: 'esto no tiene nada de ultraterreno ni especial, esto es lo más corriente, Dios no debería dejar que estas cosas pasen'. Siempre me ha deprimido que la vida no sea como en las películas, pero mucho, al grado de que empieza a joderme la vida y no me deja hacer muchas cosas. Supongo que no se me quitará esa idea hasta que viaje a primer mundo. Todo Les Mots de Sartre es así: una niñez medianamente difícil se lee increíblemente dura. Y también creo que así debería ser en general.



Esto es lo último que he leído, visto y escuchado en este mes, y ustedes deberían también si la oficina les deja tiempo.