14 oct. 2010

MINI POST-IT #15 el peor turista del mundo



He viajado poco, prácticamente no he viajado, conozco unas pocas ciudades del país y eso por circunstancias más bien afortunadas: una invitación, una exposición a la cual ir al otro lado del país, un amigo que presta su casa, pero ir y organizar un Ladies' trip a la playa es algo que no se me da, casi con la misma contundencia que no se me da bailar cumbias. Nunca he salido del país y no veo cuándo ocurrirá.

Cuando entré a la Enap, a pesar de lo horrible y coja que es la carrera de Diseño, una de las cosas que más disfruté fue tener que comprar una cámara reflex y tomar fotos. En aquella época uno debía cargar con la cámara a todos lados y uno sacaba fotos casi instintivamente. En serio, de todo. Hoy día, cuando salgo, ni siquiera me nace, es como si el gen que maneja sacar fotos impulsivamente se me hubiera perdido. Hace 2 años, cuando fuí a la Bienal de Monterrey, le pedí su cámara a una amiga para sacar fotos de la pieza y la expo, ya saben, cosas que uno debe tener en su archivo. Como la cámara no era mía, la cuidé como nada, en ningún momento salí sin ella, incluso cuando fuí al Marco no me atreví a dejarla en paquetería y la cargue conmigo a pesar que no se pueden sacar fotos (que para el caso sirve para lo mismo). De manera que mientras caminaba por el centro, por la Macroplaza, por el Paseo Santa Lucía y anexas, nunca jamás me nació tomarla y sacar una foto just for fun. A veces lo tomo por el lado más racional y mala leche: ¿qué haces cuando tienes cientos y cientos de fotos en tu compu, cuando tienes GB's enteros de fotos, es decir, qué se hace con ellas? Cuando me cambié por primera vez de casa entendí que uno debe deshacerse de las cosas lo antes posible, que ese 'ya veré que hago con ella luego' nunca llega, y suele resolverse en pocos segundos cuando ya tienes el basurero enfrente. Desde entonces cuido cualquier cosa que al final, de una manera u otra, deba almacenarse. En mi computadora en donde guardo mis fotos de obra, aparte de ella, sólo tengo algunas cosas que al final del día también me sirven para mi trabajo, como comics bajados en gif de Jack T. Chick o la colección completa de los Garbage Pail Kids en jpeg's. Incluso cada cierto tiempo borro canciones de mi iTunes que sé que nunca escucharé. De algún modo, y mi educación de artisto está metida en esto, me hice de una especie de posición de antiturista en la que uno no saca fotos ni compra souvenirs (si alguien leyó mi post "Contre le tourisme" sabrá de lo que hablo). Una novia que tuve que viajaba MUCHO me criticaba por hacerlo tan poco, me decía 'pero eso es vivir, Bob'. En aquel momento tenía posiciones más testarudas y menos racionales, pero yo encontraría maneras de explicar cómo es que se podía vivir, entonces, sin salir. ¿Se acuerdan de un proyecto que tengo? El de los mapas, yo te doy un mapa de una ciudad en la que nunca he estado y tú recorres una ruta que yo te doy y sacas fotos del cielo como único registro no-anecdótico ni emotivo de esa experiencia (lamentablemente el proyecto está como que parado temporalmente). La primera vez que se realizó lo hizo una amiga (la del post de abajo) en algunas ciudades de Europa. Mi premisa es simple: al buscar el que sería el 'souvenir'más neutro y concreto de una experiencia, el cielo resulta ser lo más homogéneo. Por supuesto, de algún modo lo que estoy diciendo es que es MI experiencia, como alguien que permanece aquí, lo que resulta homogénea y parca. Cuando las hizo, dijo que veía el cielo desde la ventanilla del avión y en las caminatas y que pensó: 'No, Roberto se equivoca, los cielos cambian'. Cuando dijo eso sudé un poco, es como si ella estuviera violando un pacto no escrito de lo que cada uno sabe del otro, como si ambos supiéramos que la cosa no iba allí, pero que quiso mencionarlo y hacer temblar el edificio. Hay una pieza de The Atlas Group que en cuanto la vi entró en mi Top 5 de piezas, se llama "Civilizationally we do not dig holes to bury ourselves" y son fotos falsas, supuestamente, de un doctor que nunca salió de su país salvo por un viaje corto a París y Roma y que las fotografías de ese viaje son las únicas que se conservan de él. Siempre que veo estas piezas pienso en cómo las personas podemos ser como recipientes cóncavos. No sé, pero siempre me he considerado el peor turista del mundo, no sólo por mi reticencia a usar sandalias y bermudas caquis, sino porque los demás turistas me molestan mucho. Me gusta salir de casa unos días y sentarme en la calle a ver la gente pasar, o pasar entre ella, es todo. Así que si alguien de provincia quiere invitarme unas semanas a hacerla de mueble en su casa con gastos pagados, sólo digan.

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