8 sept. 2010

mini post it #3: ya no veremos el futuro

En el 2006 tomé un curso sobre teoría de dibujo contemporáneo. Sonaba a un sueño hecho realidad, sobre todo porque empezaba a interesarme en el tema por mi tesis (misma que prácticamente ya tengo, pero no he hecho el puto servicio social). Lo bueno del curso es que me dieron unos textos poca madres que me cambiaron muchas ideas, la mala es que jamás se habló sobre dibujo (una vez vimos unas fotos todas genéricas de piezas). El profesor, aunque preparado y listo y buena onda -demasiado buena onda- prefirió que la clase no la diera él, sino provocar el diálogo entre los veintitantos desocupados que íbamos los sábados en la mañana hasta Jumex. El tema era arte contemporáneo general y sus tópicos generales, él mismo dijo que si él quisiera dar un curso de dibujo contemporáneo solamente no podría hacerlo. Ajúa. Aunque nos basábamos en las copias y el prof iba preguntando: '¿a ver, qué opinan de esto?', lamentablemente, en menos de lo que nadie se hubiera esperado, las pláticas se tornaron indagaciones sin sentido (y sin control) sobre aspectos ético, morales y monetarios en el arte contemporáneo, lo cual me crispaba y me ponía a la defensiva cabrón. Era ridículo. Un sujeto se quejaba que en la inauguración de Gabriel Orozco en Bellas Artes, sucedida en esos días, José Kuri iba mostrando las piezas en plan de venta. El prof dijo que eso era normal. Otra decía que las piezas de Santiago Sierra eran inhumanas y no entendía cómo eso era arte, que ismplemente no entendía (es increíble cómo la mayoría de las piezas de Sierra suelen funcionar tan perfectamente, pero tan perfectamente, que ellas mismas cierran su público y ellas mismas facilitan su satanización: no nos quita el sueño ver gente mierable viviendo bajo un puente haciendo labores por casi nada, pero si un artista nos lo pone en evidencia, nos escandalizamos cabrón porque, pues, básicamente, esa gente nos vale pito, pero si se meten con nuestra calidad moral, nos lo tomamos muy a pecho). Otra decía que estaba mal que un artista ganara mucho dinero por sus piezas. Mi gesto más común en esa clase era ponerme la mano en la frente como hacía Garfield (estoy releyendo a Garfield, ahora veo muchos chistes que nunca entendí en mi niñez). Curiosamente, en aquella clase yo me mantenía escribiendo todo el tiempo, era increíble, no recuerdo una clase en la que escribiera tanto. Es como si a uno lo motivara con mayor facilidad las tonterías alrededor de uno que las afirmaciones, es como si esas afirmaciones no las aprendiéramos, sino que las reafirmáramos, como cuando en una conferencia o leyendo un muy buen libro, uno se sorprende asintiendo con la cabeza como lelo. Mi inclinación a escribir tanto y a sentirme tan incómodo con la tónica torpe de las pláticas hizo que en muy poco tiempo mi actitud a la defensiva se volviera una especie de patología y no le hablara a nadie y me sintiera muy incómodo (iba sólo, sólo una amiga se metió, pero dejó de ir porque es de esas chicas que 'ay que difícil es su vida'). Recuerdo que una vez una chica me empezó a hacer la plática en un receso para tomar el aire, fumar y beber jugos del refri que estaba en el salón. Mi estado debía ser crítico, porque no lo hizo ligeramente, sino de la manera más llana, me dijo hola, su nombre, y me preguntó cómo me llamaba, además yo no pasaba estos recesos afuera, como todos, sino que me quedaba en mi asiento viendo la vida pasar y fingiendo que releía mis copias, así que su esfuerzo debió incluír, también, el quedarse adentro. No recuerdo sentirme más nervioso en toda mi vida. Nos saludamos un par de veces después, pero yo me seguía sintiendo raro. En fin, en muy poco tiempo empecé a verme como una especie de inadaptado peligroso. El día final, cuando debíamos comentar de qué iba a ser nuestro ensayo (esa era nuestra evaluación final), y yo empecé, hablé como nunca en la clase, de hecho, supongo que muchos de los que iban ni siquiera conocían mi voz. Mi tema era, básicamente, mi tesis: el dibujo actual, los patrones mentales que iniciaron con el collage, la relación entre texto e imagen y las estructuras intelectuales que se desarrollan, la idea de afirmación, fragmento positivo y el espacio que generaba, decisión artística y chorros de cosas, en serio, chorros. Yo, obvio, estaba sentado hasta atrás, así que cuando terminé lo único que vi fueron sujetos volteados hacia mí con cara de 'qué pedo con este wey'. El prof dijo que eso no era un tema de ensayo, sino de tesis doctoral. Me sentí ligeramente orgulloso. Si iba a ser un raro, e incluso un raro mamón, por lo menos sería un raro mamón listo. El caso es que al despedirnos, cada uno pasaba a hacerlo personalmente con el prof, y como estábamos en navidad, la cosa incluía un abrazo amable. Cuando hice lo propio, prácticamente se despidió de mí como si fuera un caso clínico, sólo le faltó decir "todo va a estar bien, Roberto". En fin, el caso de este post es uno de los sujetos que más participaba de las discusiones. Había toda una gala de personajes en esa clase: una niña de 15 años que quién sabe por qué estaba ahí, una pareja como de 45 años que, curiosamente, nunca hablaba y siempre la veo en inauguraciones (la cosa rara es que parecen todo menos entendidos del arte, se veían como comerciantes informales en su día libre). Los que más habla eran fácilmente identificables: un sujeto de mediana edad, evidentemente de los que iban a surtirse de libros traducidos al Gandhi cada quince días y que seguro sería maestro de sociología en la UAM, otra, una española guapísima que no tenía mucha idea de nada, ya saben, de opiniones ligeras, casi silvestres, también tenía cara de 'ay, qué difícil es mi vida' (creo que tomaba néctar de manzana), la otra, y que se volvió un verdadero pain in the ass, era una gorda de esas que usa bolsas del mandado como bolsas y lentes negros muy grandes, que daba clases creo que ella sí en la UAM y que organizaba eventos ridículos tipo 'conferencia por la diversidad social en las zonas pobres' o 'festival cultural de Iztacalco' y que, tras el curso y la obvia repartición de mails, empezó a mandar mails de cuanta cosa hacía y, lo peor, saturaba tus cuentas de Hi5, Myspace, MSN y Facebook con invitaciones, y si las negabas, insistía. El único sujeto que me caía bien entre ellos era un tipo gordo, muy gordo, que usaba una playera de Morrisey (el concierto había sido por esas fechas). Era de los más sensatos y tranquilos. En una ocasión, como fin de una larga discusión sobre por qué 'todo está tan mal hoy día', dijo algo así como que, bueno, actualmente hay muchas cosas fuera de su sitio y con las que no estamos de acuerdo, pero que muy probablemente no seremos nosotros quienes las terminaremos de resolver, sino una generación futura, y que a él le entristecía mucho eso, porque él no iba a ver ese cambio. Su disertación era simple, estructuralmente hay tantos huecos que no estamos siquiera cerca de llenarlos, y qué mal pedo. Todos emitieron un profundo y sincero 'Uuuh' cuando dijo esto, sin embargo, yo entendí las cosas completamente al revés, tanto que me avergüenza un poco (sobre todo porque entendí hasta muy tarde, años después): crei que le entristecía el que no vería esos cambios porque era muy gordo y, obviamente, moriría muy pronto, y que cuando todos dijeron 'Uuuh' es porque lo sabían y lo compadecían. Me pregunto qué será de él actualmente, nunca lo he vuelto a ver. ¿Les ha pasado algo similar? Mi educación está hecha a base de huecos, y si no los hay, yo los hago. Eat your heart out!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pinche Roberto, te odio y te amo, cabrón.

Poala dijo...

Me acuerdo que los primeros días de la prepa, todos me caían mal y no quería estar ahí, pero yo no di un speech impresionante ni nada, creo que se me paso el enojo y me empecé a llevar con gente que no me sacaba de onda.