4 jun. 2010






siempre que recuerdo mi educación en la enap termino, invariablemente, en el mismo punto: fue casi traumática. aprender a pintar como yo aprendí es algo difícil, con la pequeña recompensa de formar mucho carácter. si diera clases haría lo que me hicieron, sé, de primera mano, que funciona. siento como si fuera dewey, el de malcolm in the middle, es que está escribiendo esto. como sea, no obstante mi relación difícil con la pintura, también estudié escultura. la clase de modelado y cerámica el ao siguiente siempre fueron como el recreo. acababa la clase de pintura y yo salía corriendo a escultura, entraba de malas y salía de ahí de buenas. sólo una vez me quedé después de clase para seguir pintando, pero todo el tiempo me quedaba tarde a escultura. no obstante, también me las arreglé para hacer de mi aprendizaje una cosa complicada. el caso es que a pesar de aprender a hacer escultura de manera normal, como dios manda, nunca me metí de lleno porque eso requería un espacio, y dinero, y mucha labor, y lo que hago me gusta que quepa en una mochila, así que nunca me compliqué.

cuando conocí el trabajo de thomas hirschhorn mi idea de escultura cambió de golpe y mucho. aunque a veces uso cartón y cinta y me gusta cómo se ve la pluma bic sobre el cartón, lo que más tomo de él son sus ideas rough, sobre accesibilidad, compromiso y esas cosas que no discutiré aquí porque ya de por sí me quedan repoquitos lectores. ahí me di cuenta que mi idea de escultura viene más de la manera en que se acomodan las cosas, pero nunca me interesaron mucho las cosas en sí, cómo se producían, sino en moverlas de algún modo.

si hay algo que merma la relación con mi madre no son los tópicos comúnes y vulgares de otros hogares, no, es algo más bien tonto (el tipo de cosas que tus amigas que tus amigas dirían que es una tontería), es su disposición de las cosas en el espacio. deja sartenes listos para que sean golpeados, cerillos justo sobre la puerta del refri, macetas, vasos y jarras justo al borde de caer. desde que reconocí esto me dije que si algún día me preguntaran de dónde viene mi trabajo diría que todo lo que sé lo aprendí de mi mamá.

el miércoles entrevisté a javier marín para echarle la mano a tamara en gatopardo, y una de las cosas que más me sorprendieron es que cuando le pregunté de dónde venían sus primeros accesos con la escultura me dijo que eran los mismos que los de cualquier otra persona, la misma idea de escultura como el david o la venus del milo. siempre he pensado que los principios de los artistas siempre son particulares, quizá no espectaculares ero sí particulares. el papá de jim lambie, por ejemplo, tenía una disco, y eso explica su trabajo y bien. yo nunca había pensado en escultura propiamente, porque nunca pienso en todas las cosas que siento que yo no podría hacer (p.ej., construir computadoras, hacer una película, lidiar con gente), pero pensándolo ahora, creo que mis primeros accesos sí eran más con la manera en que uno ordena las cosas. esto no quiere decir que mi trabajo como 'escultor' es del tipo de 'disponer objetos' (soy como muy hosco, necesito ver que hice algo para decir que eso es trabajo), pero la manera de disponer sí es una forma de construcción.

cuando vago por aquí siempre hay algo nuevo que hizo mi mamá, y como no tengo una cámara digital nunca registro nada de lo que hace. una vez hice un cuadro que amaneció en un marco. me tomó meses descubrir que mi mamá había clavado un clavo justo en el centro de una mandarina para asirlo al marco. a un plato de la catedral de westminster le puso un pedazo de papel aluminio para evitar que se viera un golpe, hace poco encontré un portavasos colgando de una tira hecha con alambritos del pan. le regalaron unos alcatraces artifiales todos horribles y arrancó unos cuantos para diseminarlos cerca de los portarretratos. desde hace unas semanas, puso un pliego de papel aluminio sobre la pared y hasta la fecha no sé para qué. siempre que leía entrevistas con artistas me entristecía un poco que siempre recalcaban un punto curioso en su infancia que marcó su educación (como que su papá era proyector en un cine, o su abuelo hacía muñequitos con latas de atún y así) y que yo no tenía nada de eso. creo que en este caso, de algún modo, aplica.

no sé por qué posteo ya, la pieza de la foto es de urs fischer.




los amo pero no tanto como siempre

1 comentario:

Sabandija dijo...

"Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación" dice-dijo Mark Twain, cosa en la que yo fracasé rotundamente, y ni siquiera puedo decir que salí con carácter curtido ni nada parecido. bueh.
Lo del espacio es algo que nunca he entendido, estoy como atrofiada en la materia. Se me figura como la música; sabes que está ahí, incluso la disfrutas, la percibes, pero no sé cómo funciona, cómo se construye. A´lgún día desempolvaré mi violín checo (sí, tenía que decir que es checo y qué) y retomaré mis clases, a ver si no termino más frustrada. En tu caso tu mamá es tu referencia de inclinación, en mi caso mis papás son la causa de mi confusión, seguro. POr ejemplo, el otro día fui a su casa y el trapeador tenía como palo un tronco de árbol delgado, con tronquitos salíendole y toda la cosa y ni siquiera estaba derecho, estaba profundamente curveado y amarrado al trapeador con trapos viejos. Ése era su trapeador. Ese fue mi entorno cuando viví en su casa, rodeada de las cosas más locas e inverosímiles que te puedas imaginar. Sólo que a mí me arruinó mi relación con las cosas y el espacio y así.

Mi mundial favorito fue el del 98, con todo y canción estúpida de Ricky allez allez allez.Del 94 lo que recuerdo no es el mundial, sino el eclipse.

Aquí en cada esquina acecha un establecimiento de santa clara, así que por ese lado no creo que alguna vez rompamos relación, s´lo lo traiciono cuando en el df el jagen daz me asalta en despoblado. ¿Lo has probado? Si sí o si no, vamos, ándale

Y lo del celular, bueno. Hoy en día es prácticamente imposible desconectarte de los demás, porque si no es el cel, queda el feis, y el msn y el blog y el twitter y tanta madre para "estar en contacto". Estaremos en contacto, sí, pero cada vez menos comunicación, uarever dat mins. Todavía en mis años mozos despegarse del cel y del mail sí implicaba dejar de saber de los demás y viceversa. Yo lo hacía por semanas enteras, casi por meses alguna vez y fueron mis épocas más apacibles, y productivas y de reflexión y de vastas lecturas y de echar la hueva como se debe y de divagar y de blablablá. En fin, espero que vayas bien con eso.
Saludos