23 abr. 2010

waterjump projects announces that we are now a sound art gallery (sí, bob, he estado buscando lo milagroso, buscándolo toda la noche)



Así como con los libros y los oficios, en mi casa no heredé discos, los únicos que más o menos veía a lo lejos eran unos LP’s en el mueble de la sala, de cuando en aquel departamento de la Del Valle vivíamos 8 personas. Había uno que recuerdo vagamente, tenía a Superman en la portada y era de la familia de mi tía, y sólo una vez mis primos accedieron a ponerlo (me tomó segundos descubrir que era aburridísimo). Mi madre tenía sus LP’s también, había unos de Juan Gabriel con Rocío Durcal y uno de Neil diamond y una serie de discos que regalaba la marca Relox, que tenían en las portadas chicas en traje de baño (nada revelador, pero tremendamente sugestivos, de hecho, creo que algo vulgares) y se llamaba ‘La Música más hermosa del mundo’ en varios volúmenes. Salvo por una mínima excepción que no escucharía sino hasta mi adolescencia (Juan Torres y su órgano melódico), todos esos discos me deprimían enormemente, me olían a viejo con un tufo prácticamente insoportable. Creo que, en cierto modo, para nuestra generación, que creció con cassettes y cd’s (y algunos de ustedes, mp3’s), los LP’s nos llegaron directamente como una reliquia, no como música, y por eso para muchos melómanos, ver en acetato un disco que conocimos en otros formatos resulta una especie de nostalgia más bien ficticia, casi trasladada directamente al campo de la memorabilia sin pasar por el de la música. Para mí, en cierta manera, los LP’s me funcionan del mismo modo que un cuadro de Luc Tuymans. Como sea, yo crecí viendo LP’s detrás del sillón, polvorientos y aburridos en comparación con los cassettes que veía en la Comercial Mexicana, eran principios de los noventa, así que nunca les presté la atención y siempre les tuve como antigüedades. A partir de ahí, los únicos criterios que podía aplicar para escoger mis primeros discos eran más bien por la portada o las referencias, y si algo puedo rescatar es que mi madre me llevaba a la venta semestral de cd’s y cassettes de la Comercial Mexicana (40% de descuento) y me pedía que escogiera alguno. Es curioso, aunque pero recuerdo bien que su primer argumento para comprarme cassettes era que no tenía ninguno, mi madre veía en mi caso una especie de pobreza o carencia musical, lo que era más extraño si tomamos en cuenta que mi madre prácticamente no consume música, técnicamente hablando. Hace 12 años me compró, por mi cumpleaños, una grabadora, esta vez de doble cassettera, y en verdad decía cosas como ‘no tiene en dónde tocar sus cassettes’. El otro día, mientras comía con mi tía (que ya aplicó la de venir a quedarse todos los fines de semana), le decía: siempre está cantando. Por alguna razón, hay una especie de vena musical no explotada en la familia. Cómo sea, mi madre fomentaba mi consumo de música, el de un niño que no sabía la diferencia entre derecha e izquierda, y en ese orden de ideas tuve (y aún tengo) el cassette de la película de las tortugas ninja o el de The Simpsons sing the blues. Sin embargo, uno de mis accesos más importantes a la música fue a través de los videojuegos. Me encantaba la música de los Megamanes, era como rock progresivo (varios años después, escuchando a Liquid Tension Experiment en el discman del MarioFlores, lo primero que le dije fue ‘suena como a Mega man’). Hoy día, que bajé en formato de computadora todos los juegos de Nintendo que jugué en mi infancia, la música de todos los juegos que recordaba reapareció como si de verdad hubiera marcado mi vida. Hay personas que se enternecen cuando escuchan un cencerro al tiempo que una pezuña pisa el heno y el viento sopla, a mí me pasa con la música de Mega Man 3. No entré a la música sino hasta 1993 o 1994, por el radio (escuchaba Pulsar FM todo el día, ya les había dicho), me gustaba All that she wants de Ace of Base (pero mi favorita era y siempre ha sido The Sign) y las de Gipsy Kings, e incluso una que decía ‘tú, y yo, a la fiesta, tú y yo, toda la noche’. Tengo que bajarla.

El viernes por la noche, mientras escuchaba el Satie, Piano Works Vol. 3 de Naxos hubo un cortocircuito de memoria. El tercer track, Je te veux se iba ajustando a una melodía que ya conocía, pero no del disco. Me tomó segundos recordar que era la misma de un videojuego: Binary Land, desarrollado por Hudson Soft en 1985. Quienes vivimos el infierno disfrazado de orgía que representaban los cartuchos de Nintendo japoneses pirata que traían 300 juegos en 1 (yo sólo tenía uno de 30 en 1), recordarán que se trataba de un juego tipo laberinto en el que debías controlar a una pareja de pingüinos (uno verdizaul, la otra rosa), pero que los movimientos de ambos eran simétricos, de manera que el chiste del juego era lograr mover a la pingüino con movimientos inversos, además de sortear arañas a las que podías rociar con spray, para que al final los dos pingüinos tocaran un corazón al mismo tiempo y pasaran al siguiente nivel (ahí sonaba el Himno a la Alegría, de Beethoven). Cuando reconocí a Binary Land en Je te veux hubo un vuelco. “Ay, Bob”, ok, pero cuando fuentes de tiempos distintos, en un extraño movimiento, se mezclan, entonces algo se mueve hoy, ahora. Esto no es ningún descubrimiento, está anotado en el artículo de Wikipedia sobre la pieza y sobre el videojuego, pero no sé, un videojuego, un acceso de otro tiempo, entremezclándose con un acceso mucho más reciente, como es Satie. Desde que conocí a Satie la manera en que escuchaba la música cambió de golpe, fue un giro de 181º. Si ni Satie ni la música del Nintendo son maneras directas de entrar a la música, entonces es suficiente para hacer un post y dejarlo hasta aquí. Lo siento, hasta cuando estoy de buenas soy complicado.

pedazo de Erik Satie, Je te veux, Piano Works Vol. 3, Klara Körmendi, piano.

(un pedazo cantado)

pedazo de Binary Land, Hudson Soft, 1985

en serio, estoy de buenas

1 comentario:

Sabandija dijo...

"bailando bailando, amigos adiós, adiós, el sileeencio loco, bailando bailando" creo que así sigue, gran canción, cómo no.
De los videojuegos no sé absolutamente nada ni tuve el más mínimo contacto, tristemente (como con las caricaturas), pero le creo a tu post.
En serio
¿Y por qué será que lo milagroso se busca en la noche?