15 abr. 2010




Jim O'Rourke, tocando en 1999


La primera vez que descubrí que en mi laptop prestada de 1999 podía reproducir varios archivos de sonido al mismo tiempo y generar capas y capas de ruido me emocioné. Desde que tengo memoria, nunca he tenido las herramientas más nuevas (o mínimamente prácticas) para hacer varias cosas, y técnicamente eso no ha cambiado casi nada. Por ejemplo, pasé mi educación, así, completa, sin una computadora, escribiendo a mano y pasándolo a una velocidad desesperante a Word. Cuando decidí que quería hacer cosas con sonido, lo que tenía a la mano era una grabadora en formato cassette doméstico (no de las chiquitas de reportero, sino un tabique), dos walkmans, un cable doble-macho, un amplificador de guitarra y un tornamesas viejísimo que apenas servía y que tuve que tirar. Pasaba 56 minutos sentado frente a mi amplificador sólo manipulando las perillas, grabando en cassettes viejos que compré en una librería de remates de Copilco (que hoy es un restaurante), alejando y acercando el walkman sintonizado en AM al estéreo y haciendo un ruido horrible (que, eventualmente, fundió el micrófono de mi grabadora y ahí se acabó todo). Estaba haciendo un archivo colosal de ruidos en cassettes de una hora, cosas simples, como grabar el sonido de una gota por una hora, que luego rotulaba con un papel en el que explicaba, con un diagrama, qué está conectado a qué y así. Totalmente artesanal, pero prácticamente todo lo que hago (y eso incluiría hacer ruidos con archivos reproducidos al mismo tiempo en el mediaplayer de una compu de 1999) es quasi artesanal. Lo que más me gustaba era poner en AM el radio del taller de pintura donde trabajaba en un día de no-actividad, subirle al máximo y tocar la antena con un gancho de ropa, haciendo unos ruidos brutales, noise a las 9 de la mañana. Cuando le platicaba a alguien de mis procesos forzosamente análogos lo primero que decían era que por qué no lo hacía en mp3’s y yo tenía que lanzar un ‘no, si no tengo ni computadora ni nada’, y me respondían que ‘ah’ y ahí acababa todo. Cuando vi esta foto de Jim O’Rourke en 1999, tocando con una laptop aparatosamente llamativa y con cassettes en la mesa recordé lo que dicen, que algunas personas brillan (esto lo leí en un post de lo radha), que las ves y sabes que brillan. No es como eso de que algunas personas tienen un eje de rotación distinto al de los demás y los cronopios y eso, no, brillan. Es bonito cuando algo tan simple como un jpeg te hace recobrar ganas de hacer cosas complicadas y un poco inútiles. Quienes hayan pasado horas escuchando las variaciones de sonidos que produce un amplificador sin nada conectado sabrán de lo que hablo. Ya se habrán dado cuenta que por el momento no tengo nada que postear y que tuve un momento de revelación al ver esta foto, muy cursi si quieren, pero muy emotiva. Creo que es más sano y lúdico que postear rebuscadas teorías socioeconómicas basadas en lo que veo en televisión (y en las que, no obstante, creo). Les juro que me gustaría cambiar el giro del blog, pero no sé cómo, actualmente tengo pocas fuentes. No sé qué postear, este es de esos posts muy sinceros en los que, básicamente, les digo que soy un ñoño complicado que los ama a todos.

También es un post de los que incluye canciones que a nadie podría no gustarle, una particularmente muy en el humor del post:

Jim O’Rourke, Movie on the way down, Eureka, 1999

2 comentarios:

No va a pasar. dijo...

Odio la era digital. Ahora en vez de comentarte, mejor te voy a mandar cartas, aunque ya ni en el correo confíes.

Lear dijo...

Supongo que a lo mejor es cierto eso de que a la creatividad es más fácil asociarla con las manos y con su relación con el objeto que se crea. No sé, hay gente que se la pasa diciendo que escribe a mano porque cuando lo hace en computadora no siente la misma conexión con lo que escribe, aunque cuando uno les pide que expliquen en qué consiste esa conexión no tienen idea de que responder. A mí me gusta pensar que es uno quien crea ese espacio y se acomoda de una u otra manera. A mí me gusta su espacio, amigo Bob, y, de paso, me quejo por la estúpido derrota águila el sábado.