14 mar. 2010

lightly tapping

Proyecto: entrar a trabajar en eventos de entrada por salida (de organizador, edecán, volandero en ferias, demostrador), hacerme amigo de una edecán y hacer una película basada en su personalidad. Por sobre todas las cosas, no tratar de explotar sus aspectos básicos, como documentalista de tercer mundo, sino hablar de la edecán como ser humano.

I

Es curioso, una de las cosas que distinguirá a estas generaciones, incluida la nuestra, es que como seres humanos no perdemos una de nuestras fijaciones culturales básicas, la de querer abrir la boca, sólo que a través de la seguridad de la distancia que brindan las plataformas digitales (léase desde los estados de Facebook, pasando por los blogs hasta llegar al ad nauseam del twitter). Se ha escrito que las personas nacidas en los ochentas y finales de los setentas cargan la cruz del objetivo generacional más ridículo que podamos rastrear en todas las generaciones: ser famosos. Habiendo vivido el momento del nacimiento de la vida digital (llamada virtual por varios teóricos que no notan el mal gusto que la palabra conlleva), estas generaciones ven la posibilidad de la fama literalmente a la mano; mientras algunos se llevan una gran tajada de la noche a la mañana, los demás, con las mismas herramientas, se limitarán a tuitear lo que están comiendo y con quién y en dónde. Por supuesto, no todos queremos obtener un pedazo de notoriedad haciendo que se sepa nuestra opinión de cada mísero aspecto del mundo en el que vivimos, a mí incluso me incomoda que mis contactos de Facebook puedan saber a dónde fui a escribir cualquier tontería, pero las posibilidades, al menos tecnológicamente hablando, son más o menos las mismas para todos, y eso es lo que hace tan deseable tener 47 comentarios en tus posts o 3,000 followers. Por ejemplo, últimamente, con la enorme preponderancia del twitter como instrumento de contacto con los consumidores, muchos conductores de noticias, actrices y comediantes abren una cuenta de twitter para tener mayor contacto con sus fans. Aunque de manera exagerada, pensaba en que tal vez las televisoras están cavando parte de sus propias tumbas: la idea de inaccesibilidad y distancia necesarias para que una persona, cualquiera, detenga un cierto nivel de fama, se hecha a perder también en parte cuando puedes leer los chistes que eventualmente hace gente como Sasha Sokol en sus tuits. En el futuro, la idea de fama estará completamente viciada, seguirá manteniendo sus características principales (inaccesibilidad, distancia, deseo), pero perderá cierta distancia que acrecentará la batalla por la fama desde tu computadora. La idea de que todos podemos ser famosos seguirá en el aire, pero no será lo importante que se pensaba que sería cuando empezó (recuerden todo lo que se escribía sobre los blogs cuando nacieron), sino que será parte de la vida digital. O, como decía Douglas Coupland, eres visible o no eres visible. Esto no creará una aldea global más unida ni más cercana, pero sí prescindiremos de términos como aldea global, porque no necesitaremos distinguir entre contacto y persona. Hablaremos distinto (piensen en sus amigos k eskriben aci). De hecho, en el futuro la carrera de diseño y anexas se eliminará y dejará de existir como la conocemos porque las maneras de decir de la población mundial (al menos la de los países más o menos desarrollados) estarán enfocadas desde el principio a transmitir una idea de deseo y doble sentido, actualmente necesarias para comunicarse. Todos seremos publicistas natos. La literatura del futuro, la verdad, me llena de emoción, siento que hay una gran piedra allí, pero no seremos mejores seres humanos necesariamente. Técnicamente, no puedes comunicarte así, pero nadie dijo que nos estábamos haciendo más sencillos.

II

También hay que notar otra cosa: el 97% de estas personas que pretenden que se les escuche por sus tweets o sus fotos de letreros callejeros con faltas de ortografía, que de una u otra forma pretenden adquirir un cierto nivel de fama, hacen uso pleno del humor. Se ríen, parecen disfrutar la vida en demasía. Piensen en su tuitero o blogger favorito: es muy probable que les guste principalmente porque tienen un gran sentido del humor. Hay tres cosas bien importantes que dice Michel Houellebecq (oh sí, lo siento): Número uno, que si en los sesentas se leía tanto a Beckett, Sartre o Camus era porque se trataba de una época de bonanza económica, la gente podía darse el lujo de leer libros tristes porque la vida era buena en aquellos tiempos, que ni ustedes ni yo vivimos. Número dos, que pocas épocas como esta se ha perdido tanto el gusto por la vida, y nos repetimos a fuerza de una extraña capacidad de convicción que la vida es agradable y divertida, que nos lo pasamos bien, que tratamos de convencernos como nunca lo habíamos hecho. Y Número Tres, que el humor no nos salva, que uno puede afrontar la vida, toda su vida con una actitud humorística, pero al final la vida cobra su parte, que al final ya sólo queda el silencio y la muerte. Ninguna generación ha abusado tanto del sarcasmo (y esto se explica en el párrafo de arriba), nos esforzamos tan violentamente en fingir que todo está bien, que nos estamos divirtiendo, que construimos un bunker con el lastre de los días, ese mismo lastre del que un libro más viejo, de otros tiempos, más optimista, nos recomendaría deshacernos. O tal vez, como decía Oliveira (el director de cine, no el cronopio), que de hecho cita un texto de la historia antigua, tal vez sólo reímos para no llorar. El problema aquí, como seres humanos que viviremos por lo menos veinticinco años más, es la capacidad de llorar.

En esta parte debería citar la letra de Less than you think del A Ghost is Born de Wilco (Nonesuch, 2004), pero deberían buscarla ustedes. Así fue mi viernes y mi sábado.



Vi 50 segundos de Trash Humpers de Harmony Korine, es una mezcla de Matthew Barney sin presupuesto y el mejor Paul McCarthy; me urge verla!


Viajar es algo así como estar en el mismo sitio que el cuerpo ocupa

Ezequiel Martínez Estrada. Radiografía de la pampa. Edición crítica de Leo Pollmann, España, Archivos, 1991




no sé qué postear, me encanta el festival, estoy tratando de reaterrizar después de mucho mucho tiempo, mientras tanto los amo a todos ustedes

1 comentario:

Lear dijo...

Amigo Bob, es verdad que padecemos un exceso de sarcasmo y chistes y que abusamos de la risa como herramienta liberadora, lubricante social, fácil camino a la fama. Pero lo que más me molesta en estos días es el abuso de lo que suponemos son situaciones humorísticas. No hay peor cosa que leer estados de facebook, blogs o lo que sea donde la gente debe o siente la necesidad de festejase sus propias taradeces pensando que son divertidas. El abuso se expresa con las onomatopeyas "ja ja" o "je je" o variaciones por el estilo. Un asco, lo juro. Como si hubiéramos perdido el sentido del humor pero nos esforzáramos por ocultar esa pérdida...En fin, sobre esto podría seguir hablando, pero caería en el primer vicio descrito en el post.

En otros temas, escuché el disco de Jim O’Rourke y me gustó al grado de la serenidad auditiva. Gracias.