1 ene. 2010

Un sujeto entra en una floristería y compra semillas, al salir tropieza y cae en cemento fresco, mientras tanto, la guerra nuclear se desata y el mundo perece con él, sumergido en cemento, que por su humedad y densidad le salva y lo convierte en el último hombre sobre la faz de la tierra. Días después, al alzar la cara, nota que las semillas florecieron sobre el cemento. "Tal vez no nos merecíamos esto", piensa. Lós últimos años de su vida los dedica a pavimentar kilómetros y kilómetros plantando flores. Mientras lo hace, se imagina edificios corporativos rebosando de flores por todos sus muros, con ejecutivos saliendo de sus oficinas en la tarde y cortando una para llevársela a sus esposas. Sólo por si alguien hubiera llegado a sobrevivir, desde entonces lleva a cabo su tarea vestido de traje para tener ambas cosas a la mano: la formalidad del saludo del hombre elegante y el detalle amoroso de tener una flor a la mano.







Este post se me ocurrió después de escuchar Ghost ship in a storm, de Jim O'Rourke, que viene en el disco Eureka y es mi disco favorito ever.

3 comentarios:

No va a pasar. dijo...

Ayer di de alta un señor que se apellida Carro Perfecto.
No llevaba -yo- flores pero sí el traje.
Comienzo a guardar todas esas cosas para las futuras visitas semanales.

sirako dijo...

deja-vú

Guillermo N. A. dijo...

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No hace mucho... de hecho hace muy poco, escuché por la radio un cuento... no recuerdo el título ni el autor... sólo capté que es parte de un libro que lleva por nombre "Otra cebolla de cristal"... Tiene gran, y sin embargo distante similitud con esta entrada tuya...

Pregunté por el libro en "El Sótano", sucursal Juárez, Centro Histórico... mi librería favorita... rara vez visito otra... pero no lo tenían... otra vez... quizás...

Saludos...

P. D. Posteriormente me enteré que es un libro de cuentos de Eduardo Langagne, aditado por la Dirección de Literatura de la UNAM, y la Editorial Ficticia, disponible en la red de librerías de la UNAM... que cosas...
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