7 abr. 2009

Oh, bueno, como sea, olvídalo

I

Con la soberbia victoria del América ante el Puebla de la franja (nota, ¿ha intentado explicarle a un extranjero la expresión 'ponerse la del puebla'?, es de lo más lingüísticamente complejo del vocabulario popular), se puede decir que la jornada ha vuelto a estabilizarse, nada de conciertos gloriosos, nada de atletas en los últimos días de sus carreras, nada de actrices que presienten el fin de sus carreras y se quitan la ropa, aún, con una especie de pudor torpe y mezquino. Los puntos muertos de cada año, los que para mí marcan como un 'empezar de cero', son representados con la clausura del campeonato de futbol, que suele ser acompañado por las loas al equipo campeón, que no tarda en perderlas la temporada siguiente, ya sea por decepción (como le pasó al Atlante) o por vulgar y cruel continuidad (como le pasa al invicto Toluca). Otros eventos importantes son el término de la temporada electoral o la aparición de monstruos del erario en la ciudad (léase albercas y pistas de hielo). En algún lado leí que si el recuento del tiempo en sociedades agrícolas se media con la cosecha, en sociedades industriales solía medirse en datos más arbitrarios, como la nueva temporada de lencería fancy, el nuevo ipod a la venta o las nuevas consolas de videojuegos o la nueva temporada de House M.D. ¿Cuál fue el último comercial de un nuevo modelo de celular que vieron? Ya son menos, ahora la publicidad se concentra en planes tarifarios engañabobos, pero ya no es novedad un gadget cada vez más pequeño, o uno más parecido a una computadora, o el más cool, o el más ruidoso en el mercado. Quizá es cierto que, después de todo, hay un punto en el que las cosas (y la gente está incluida en esto) dicen "no más", que hay un punto de mínima resistencia, algo que te dice que ya has apretado demasiado. No demasiado fuerte, sino con demasiada insistencia. Quizá en un futuro muy cercano el reggaeton se acabe y con él la gente que lo escucha, pero hay algunas cosas más biológicas que teóricas en este mundo, y eso complica todo. Es cierto que la pluma es mñas fuerte que la espada (¿alguien ha notado lo vulgar y ñoño de esta expresión?), pero una bomba de bacterias acaba con la gente y con los libros por igual, creo. No estoy seguro, pero sería muy poético, o algo así.



II

Platicando con Ruy, comentábamos que la moda Ochentas y su inevitable y pronto declive quizá no sería algo tan sencillo como decir que se aproxima la moda noventera. A mí me interesan las ventajas competitivas de una moda más sobria y seria (incluso engreída), de cómo un sistema económico se vuelve uniforme, y los uniformes siempre son confeccionados por alguien. Cuando la moda noventas me golpeó, la década acababa de terminar, estábamos en plena efervescencia del año 2000 y nadie más de mi salón de sexto de prepa usaba camisas de franela con tanta asiduidad como un servidor. Por alguna razón, y de esto ya he hablado antes, cuando acabaron los noventa, la mayoría de los medios que me tocaba ver que hacían recuentos y compilaciones notálgicas de noticias de esa década, tenían un tufo a "ólvidalo" increíblemente vulgar y declarado. Era como si nadie quisiera saber nada de los noventas. Son una década importante, en ella se murió el rock por fin y de manera definitiva, los tatuajes y piercings, de ser low-scum, se volvieron middle class. El conformismo comenzaba a tomar formas insospechadas. Pero ahora es factible (no demasiado, pero factible de todos modos) pensar que un revival de los noventa puede venirse (estoy muy de acuerdo, Sinué), y de cómo lo trendy se va a amoldar a los precios de lo fancy y todo esto se va a amoldar a los términos de lo sexy me parece que será de lo más apasionante. Ya en la segunda mitad de los noventa, era relativamente común encontrar publicidad con modelos usando franelas a medio abrir, mostrando abdómenes cuidados y limpios. Este mundo no es un mundo complicado, nada complicado de hecho, y eso es lo que, a veces, molesta.



III

Hace poco, estoy casi seguro que en un cartel del Metro, una cita de Octavio Paz decía que una nación sin elecciones libres era como algo sin ojos ni oido ni boca. O algo así, se entiende la me-tá-fó-ra, habrá que agradecer, como decía Mafalda, a aquellos funcionarios que prefieren enseñarnos a hacer relaciones simples (mismas que puede hacer un simio o un pez) que a leer. El caso es que yo recuerdo en una entrevista a Borges, que decía que si la gente podía votar entonces podíamos esperar las peores de las inmundicias. Con la temporada electoral (una particularmente desabrida, al menos en comparación con la guerra sucia de hace tres años), un par de voces redentoras dicen que anules tu voto, que votes inteligentemente o que reconsideres lo que se ha hecho. Siendo humilde, y tomando en consideración mi papel de elector libre que ve la televisión mientras ingiere sus alimentos (la palabra sobremesa no es conocida aquí), no puedo decidirme entre Maite Perroni defendiendo unas especies de las que en mi vida había oido hablar, la chiva apoyando el uso del chivo, la niña cocinera cuyos publicistas creen que es muy linda al no saber deletrear con precisión o Lucero y el botox pagado por el EdoMex. Es obvio que Perroni es más hot que todas las anteriores, pero imaginármela montada en un delfín no me enciende casi nada. Si alguien les dice que hagan tal o cual cosa con su voto (como ahora mismo), cambien el tema al futbol nacional, díganle que tener un juego de llaves de un cubículo univeristario no cuenta como derecho de opinión ni le asciende a categoría de voz pública en la mayoría de los países civilizados y en vías de desarrollo, cuenten la cantidad de errores de vestimenta (o huelan las omisiones a la misma) y no le inviten una cerveza, bajo casi ninguna circunstancia. Que la calidad moral sea un factor mesurable es un dato erróneo tan expandido que es casi imposible de desmentir, pero que no necesites permiso para golpear en la nuca a alguien que sabes que debería ser golpeado en la nuca es una verdad demasiado amplia como para que aquel te pida una razón (resumen de todo el párrafo anterior: métanse sus carteles de "Yo anularé mi voto" por el culo).



IV

Nunca confíen en un rocker o en un rockerito, jamás, bajo ninguna circunstancia.

6 comentarios:

Lear dijo...

Cuando las cosas parecen agotarse puede que sea el momento de que aparezca algo rompemadres y le parta la respectiva a todo lo demás. O puede que no, y que en realidad Luis Miguel saque otro disco que venderá menos que el nuevo modelo, cualquiera que sea, de la playera de la selección.

Anónimo dijo...

Ay bob, si hubieras publicado esta entrada mucho antes mi vida ahora sería otra. (Por eso del rockerito)

PIiNkY dijo...

Yo solo estoy esperando ver a Paquita la del Barrio apoyando a López Obrador para correr a votar.

Liz_Misterio dijo...

ea joven ya te vi en la lista de estacionarte 2009, muchas felicidades y invite a la inagureishon no?

;)

Me dicen la china dijo...

No sólo el ipod te deja sordo... cinemex también tendrá mucha culpa cuando nuestra generación haya perdido el 40% de su audición... Y no falta mucho para que eso ocurra... Será un problema peor que la obesidad infantil, lo juro. Toda una generación sorda a los 40, ya verás.

Sr. Bob, gustazo verlo el viernes.

Yo soy el amor dijo...

Sí lo hice! a una exnovia... Fue complicado, pero muy divertido. Sí lo entendió :D