8 feb. 2009

de la dificultad física como condicionante de la sensibilidad o de por qué yo era un gordo sin sentimientos (fuí a escuelas públicas toda mi vida)...

Anoche, viendo el documental "Hide and Seek" de Su Friedrich en el Carrillo Gil (dentro de este festival de Ambulante, ya saben), la niña protagonista me puso a pensar en algo: Lou -así se lamaba- pasaba por cambios físicos y no le gustaba la idea de hacerse mujer y toda esa madre, el caso es que, en más de una ocasión, a esta niña taciturna y generalmente triste, se le veía, en la película, sentada en el suelo, con los brazos alrededor de las piernas, el mentón sobre sus rodillas... es, creo, la posición más triste y de miedo/protección, digamos, 'por excelencia'. La niña, recipiente de manera violenta de un mundo que giraba demasiado rápido para ella, con la misma violencia y espontaneidad, iba y corría y se refugiaba en su casa del árbol y se acostaba y era, básicamente, una niña, sin división entre su cuerpo y su cabeza. Me puse a pensar en cuántas rabietas y temores me atacaban de niño, y creo que jamás pasó semejante cosa, y si lo hacía, se remediaba yendo a casa a jugar nintendo por horas. Yo era un gordo insensible, los miedos me llegaron, como estoy seguro que pasa con todo el mundo, con la edad 'adolescente y posterior'. Como sea, más que pensar en que nunca tuve una crisis por un cuerpo que se separaba, más bien me llamó la atención que yo, por razones prácticas obvias -era un niño gordo-, nunca pude sentarme con las piernas entre mis brazos y apoyar el mentón en mis rodillas y esas cosas, o si lo hacía era, en definitiva, un gesto forzado. Esto me trajo a la mente, antes de seguir, un episodio sintomático -ejem- de lo que digo: en 1996, en segundo de secundaria, a la hora de sacar la foto de grupo, a mí, dada mi estatura, me enviaron adelante (los enanos de menos de 1.65 detrás de nosotros pero parados y los término medio en las orillas... de alguna manera las fotos escolares no son retratos de climas, sino estrategias de batalla y formaciones de ejércitos...). Como sea, uno de mis compañeros, afeminado y repulsivo, se sentaba con sus rodillas como ya putas dije. El gesto, tomando en cuenta lo relevante que podía ser en una fotografía, me pareció obligatorio, o por lo menos un poco más elegante que la posición más cómoda y a la mano: piernas cruzadas (algo me hacía pensar, todavía hasta ahora un poco, que lo más directo y natural, ergo elegante, debería ser lo menos cómodo, no estaba etendiendo las cosas en su médula, el mundo en carne viva...). La fotografía final resultó en ese gesto, definitivamente poco cómodo hasta para quien vea la foto sin saber nada de ella. Mi madre, recibiendo las noticias del frente -revisando la foto- me reprendió: "saliste todo mal, rober, te hubieras sentado con las piernas cruzadas"... desde que tengo memoria siempre he sabido que uno no tiene a su terapéuta en su propia casa, nunca. Ahora pienso en cómo no podía asumir una posición corporal de miedo y resguardo, ya sabes, ir y descargarte con algo o alguien, llorar no por los miles de juguetes que no tendrás, sino por cosas más profundas, algo así, quiero imaginarme. Creo que realmente no me descargaba con el nintendo, si acaso me entretenía. Más tarde, muy poco más tarde (pero recuerden que para un niño un año es muchísimo tiempo) dejé los videojuegos porque en mi generación, después de los quince años, eras mal visto si todavía jugabas nintendo, por supuesto que eso ya no pasa, el mercado de los videojuegos aporta aún más dinero que el del cine, bien puedes tragarte tus enseñanzas de vida basadas en abandonar lo que te gusta hacer con argumentos tan contundentes como esos. A la fecha, creo que era y sigo siendo -sólo un poco ya- un gordo sin sentimientos. Piensen en todas las películas que han visto en donde un niño es el protagonista: los infantes que cambian sus vidas en una aventura campestre, que descubren el mundo de repente, que ven cómo pasan de una etapa a otra, que pueden hacer llorar al espectador y enseñarle algo incluso, nunca son gordos, los gordos corren lento, nunca van a alcanzar el tren ni huirán a otra vida. Kerouac era skinny, igual Dean Moriarty. Es la carne de cañón más inútil que existe, narrativamente hablando. Ya, más tarde, esas cosas pasan y tienes tanto miedo como cualquiera o mucho más, ves todo colgando de un hilo, las conversaciones, las relaciones, las amistades, cabezas de animales domésticos. Hoy día, empero, tengo momentos cursis, y seguro si tú estás leyendo esto y eres gordo también, seguro puedes decir lo mismo. Es una especie de consecución lógica, pero no voy a hablar de eso ahora. Tal vez hay una especie de inversión energética y pasas tanto tiempo sobreviviendo y haciéndote el gracioso que llorar por tus amores platónicos parece un lujo. Lo siento, es que anoche terminé -por fin- Viaje al Fin de la Noche de Céline, y terminas, quieras o no, gordo insensible o no, saco de emotividades espontáneas que se encierra en su casa a pensar en sus malos entendidos o no, como sacudido***.


***Lear, tercera vez que lo digo, pero da igual: cuánta razón, vale cada puto centavo, el libro. No obstante, al menos aquí en el df, ya hay una edición un poco más económica flotando por ahí.



Encontré esto en un libro de Daniel Guzmán:

"Sólo el amar, sólo el conocer es lo importante; no el haber amado ni el haber conocido. Es angustia el vivir de un consumido amor. Deja de crecer el alma."

P.P. Pasolini




Este blog envía un saludo y un agradecimiento a Sinué, que ya no atiende su blog (díganle que lo haga), pero que me ayudó a arreglar mi teclado de juguete de $10 y me va a ayudar a hacer un theremin de bolsillo.



Ah, y ya hay nuevo post en Radar. Vayan y léanlo!



pronto: un post de la prepa 6

9 comentarios:

Lear dijo...

Es uno de esos libros que hay que leer de a poquito porque si no uno se intoxica de no sé qué, pero se intoxica: por eso me lo traje. Yo fui gordo durante toda mi infancia-adolescencia (ahora comienzo a serlo de nuevo, pero por elección) y también fui chaparro,de los primeros de la fila. Uno no sale limpio de esas cosas, yo siempre pensé que eso de que los últimos serán los primeros siempre me pareció cierto, porque hasta adelante uno sólo conseguía represalias.

Silvia Black dijo...

soy y siempre he sido muy flaca... pero nunca atlética, creo que tengo igual o peor condición que cualquier persona gorda por lo que tampoco seré heroina en ninguna película, nunca alcanzaré el tren ni nada de eso... pero si puedo abrazar mis piernas y poner la cabeza sobre mis rodillas XD

Octopus Queque dijo...

En Kids (sí, la de los niñs drogos), se me hace bien lastimera la escena donde la chica se sienta en el sillón a llorar después de saber que tiene SIDA y ve al wey que era su novio tirándose a una chavita en una fiesta. En esa forma se sienta, con la cabeza en las rodillas y es bien feo, bueno al menos se siente bien acá.

Leeré a céline. Jamás me han decepcionado sus recomendaciones, monsieur Bob! Y bueno, la cita de Pasolini está con madres.

No puedo esperar a comprar mi boleto de nurse with wound! me emociona demasiado verlo, así, cabrón. ¿No sabe si en eso de Benjamin Franklin cobran recargos? Es que tickemaster sucks en ese aspecto.

Besos y saludos monsieur Bob!

C. De La O dijo...

¿Es necesario el post de P6? Me intriga.

Por lo aquí descrito básicamente se puede decir que eres la versión adulta de Cartman.

Paulina Primera dijo...

Yo he deambulado desde los 50 hasta los 60 kilotes, es deambular de la gordibuenez para arriba y para abajo.. nunca tan flaca, nunca tan gorda.

Aún no compro mis Panam, deberíamos ir este fin de semana y hacer ya ya nuestro intercambio.

¡El teclado!.. el pedal.. el sonido que bonito.

joseph stam dijo...

creo que para ningún nicho o tal vez para alguno su infancia fue padre, por una u otra razón.


saludos!

kid dijo...

Yo estaba ahì!
creo,.. antes de ese documental hubo otros dos me parece. Uno de judìas que rapaban en el nazismo, y otro de Singapur.
Y bueno ya. que coinsidencias, no.

Poala dijo...

Yo digo que mi infancia genial viene a compensar todo lo que paso y pasa después.

Contacto dijo...

Yo podía doblar las piernas y posar mi barbilla en mis rodillas, incluso rodeaba con mis brazos mis extremidades inferiores metiéndolos por debajo de las rodillas y luego hacia un tipo de contorsión para alcanzar mi cara regresándolos por el otro lado, en fin.
Ninguna posición fue lo suficientemente cómoda aún cuando en el 96 (1o de sec) pesaba 26 kg.
Las fotografías que se mueven 24xseg darían la ilusión de movimiento en tiempo rea, conforman millones de estrategias, creo que la sensación de estar en un campo de batalla, cambio hasta que fui libre de crearme mi propio mundo, finalmente el fin de la guerra supone la libertad y el reconocimiento del valor de los soldados, no?