25 feb. 2008

marcador en contra

(Thomas Hirschhorn)


La lista de chicas que confiesan que su simpatía por un servidor disminuye cuandos se enteran que llevo en mi pecho los colores del América es, hay que decirlo, regular, pero eso no quita que sea de preocuparse, sobretodo porque la mayoría de esas chicas son chicas guapas. Ya había hablado de esto, en la mayoría de las cosas las chicas feas y evidentes malas personas son un cero a la izquierda. Guillermo Fadanelli, en el que muy probablemente sea uno de los cinco mejores libros que haya leído, Malacara, dice: "no ser molesto para una mujer hermosa es algo que no llegamos a apreciar lo suficiente". Ayer, tras una apacible tarde tipo woody allen una chica me contó que, para ella, toda la impresión que tenía de mí se vino abajo cuando se enteró de mi filiación águila. Creo que ya voy a empezar a moderarme. Ahora mismo me he propuesto tener fe otra vez. El optimismo me inunda poco a poco.





Pasando por el hi5 de una amiga para dejarle los comentarios usuales (sigo sobrio y sin novia, etc.) me encontré con que cambió su frase favorita. Miren:





"Tu nunca eres una victima. No existen accidentes en la vida. Lo que es tuyo te llega, y lo que no es tuyo nunca se quedará contigo. Tienes exactamente las circunstancias que necesitas para transformarte hacia tu proximo mejor nivel."





Es el tipo de frases hondas que me gustan, como "El tiene lo que quería pero perdió lo que tuvo". Otras cosas interesantes se aprenden en el hi5, por ejemplo, que son las lesbianas las que más enseñan en sus fotos o que si buscas a alguien, digamos una chica, usando las palabras clave "Me Gusta Viajar" el buscador registra 3800 personas. Sigo sin encontrar a mi amor platónico de la secundaria en el hi5 ni a la niña que me quitaba el sueño en la primaria.





Casi nunca tengo dinero suficiente para pagar ninguna de las tres premisas básicas de mi anterior post. No fumo y no utilizo taxis ni en defensa propia. No sé, pero nunca tomo taxis, prefiero caminar, en el peor y menos presuroso de los casos. Sin embargo, de un tiempo a la fecha creo que el beber solo se ha reivindicado, aunque tampoco funciona del todo. A fin de cuentas las opciones son más bien limitadas. Revisen la frase de arriba, al final del día tiene cierta razón.





El otro día platicábamos, un amigo y yo, sobre la gente que sabe de tés. Una vez en casa del Ruy Guka (¡qué hay, Ruy!) miré varias cajas con sobres de té. Sé que es reincidir en la clasemediez, pero no puedo evitar sentirme brutalmente ignorante cuando veo cajas de té importadas y con diseños más atractivos que los de té Lags o La pastora que hay en mi casa. Yo tomo té de limón de vez en cuando. Mi salud avanza, ya no le pongo azúcar. Como sea, comentábamos lo inquietante que es ver tanta especialización en el té. Lo pienso y no dejo de sentirme ignorante. En general nunca sé con certeza lo que ingiero. Cuando alguien adjetiva algún alimento (chocolate alemán, agua carbonatada, pasta escocesa, etc.) recuerdo que el abanico de comida para mí se reduce a la materia prima. No importa cuán elegante sea, el pollo siempre será pollo -o una especie de pollo- para mí. No distingo tés, vinos (me da igual si es de tetrapack), carnes, salsas o pastas. Durante un tiempo anduve con una chica que me contaba, con lujo de detalles, todo lo que comía en su estancia en otros países. Mientras leía la lista interminable de nombres rimbombantes me sentía profundamente 'corto'. No sé. Soy un sujeto poco viajado y poco comido, aunque según yo sigo estando gordo.





Hay muchas cosas que a lo largo de mi vida he querido ser: zurdo, filólogo, saxofonista tenor, vegetariano, Thurston Moore, caricaturista, músico experimental, Thomas Hirschhorn.





Deberían dar clases para socializar, conversación casual, empatía. El curso se llamaría "Ventajas Competitivas en las relaciones sociales" o algo así. De un tiempo a la fecha ya no sé cómo arreglármelas para sostener una conversación simple y llana. Creo que es un problema severo (por mi cabeza han pasado alternativas extrañas). El sábado, en el camión hacia Jumex me encontré con una chica que evidentemente era mi compañera de cursos. La saludé, pero fueron minutos largos, llegaron momentos donde los dos nos veíamos como pensando: ¿qué decir?. La escuela es un tema de conversación que se agota rápido. Igual el domingo tuve que hacer una llamada por teléfono, mientras marcaba me di cuenta que me temblaban las manos. No es justo. Recuerdo que el viernes, en el acceso de espontaneidad más grande que he tenido en un rato (y lo planeé unos cuantos minutos, lo admito) me levanté y abordé a alguien. Improvisé y, de hecho, todo salió bien. No entiendo. Estuvo bien pero no entiendo.

Me gustan las películas de Woody Allen, la gente camina tranquila por el parque y hablan de exposiciones y libros.

18 feb. 2008

Proyecto para galería autónoma, una intervención del Colectivo Caja Rápida

(tercera llamada):





PROYECTO PARA GALERÍA AUTÓNOMA
Una intervención del Colectivo Caja Rápida
(Osvaldo García Delgado
Roberto García-Hernández
Carolina Maldonado Galindo
Javier Miranda Nava
Omar Vega Delgado)
Del 22 de Febrero al 7 de Marzo de 2008
Inauguración: Viernes 22 de Febrero, 2:00 pm.
Galería Autónoma, Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), UNAM.
Av. Constitución 600, Col. Barrio La Concha, Xochimilco, Ciudad de México.
Igual y ya vieron el post de nuestra anterior pieza en Ecatepec. Este proyecto tiene rato que venimos planeándolo. Probablemente todo se decida unas horas antes, pero tenemos fe. Están todos invitados a la inauguración este viernes a las dos en la enap. Habrá aguas de horchata vaciladoras y de las serias, pero no hagan escándalo. Los espero allá a todos, ojalá que puedan ir. Si no saben cómo llegar, pregunten al correo electrónico de costumbre. La exposición estará abierta dos semanas, pregunten, no sean tímidos.

16 feb. 2008

plenamente incómodo


Para efectos de orden, que es lo que más me complica sacar adelante el post, sugiero un índice:


-shhhhhhhhhhhttttttt/cada vez peor persona

-varias horas de viaje

-no tengo ganas de arreglármelas

-necesito novia

-segunda llamada




Shhhhhhhhhhhttttttt/cada vez peor persona


El jueves las circunstancias me llevaron a la biblioteca central de CU a verme con el greñas. Antes pasaba un buen rato en la central, pero cerraron la sección de arte, quitando lo bonito de vagar entre anaqueles a ver qué se encontraba uno y perdiendo definitivamente algunos libros que las gordas que atienden no atinan a encontrar, y entonces te regresan tu papeleta inútil, y hay que hacerla de nuevo, y sacar la credencial gastada de la cartera gastada, y te envileces poco a poco. Ahora, la sola idea de meterme a la central me deprime. Dos cosas me fastidian sobremanera y las evito con medidas a veces ridículas: sacar fotocopias y sacar libros con papeleta y demás trámites. Sin embargo, la atmósfera de la central el jueves era tan típica que fui y saqué un par de fotocopias. Estoy autistamente convencido que la única persona en este mundo que me comprende sin la necesidad de conocerme es Michel Houellebecq, chequen:


"Sin embargo, cada individuo es capaz de producir en sí mismo una especie de revolución fría, situándose un instante afuera del flujo informativo-publicitario. Es muy fácil de hacer; de hecho nunca ha sido tan fácil como ahora situarse en una posición estética respecto al mundo: basta con dar un paso a un lado. Y en última instancia, incluso este paso es inútil. Basta con hacer una pausa; apagar la radio, desenchufar el televisor; no comprar nada, no desear comprar nada. Basta con dejar de participar, dejar de saber; suspender temporalmente cualquier actividad mental. Basta literalmente, con quedarse inmóvil unos segundos."


Pero el punto es que desde que entré sabía que andaba mal. En un momento sonó el celular, nadie reconocible. Volvió a sonar y contesté. Buscaban a un tal Juan con una voz apenas audible. Salí de la biblioteca pero no obtuve mayores razones de la chica confundida. Regresé y el greñas me pregunta:


greña: ¿quién era?

yo: puta madre, una pendeja que estaba confund...equivocad..digo, que confund, que se equivoquen con uno de casa pero con celular, me caga que...

greña: no te enojes.


Ahí fue cuando sabía que algo definitivamente estaba mal. Y pasó sin necesidad, de hecho. Una vez que obtuve mis copias de "El Mundo como Supermercado" sonó el celular otra vez y lo apagué. Subí a encontrarme con el greñas y su chica, que estaba revisando libros. Me senté apaciblemente en la mesa en la que estaban instalados además de otra persona y pregunté, como mero intercambio de información que se acompaña con el acto de sentarse, si había encontrado lo que buscaba. Inmediatamente, y con una enorme cara de circunstancias, greñas me pidió que me guardara silencio. Lo lamento, pero las caras de circunstancias me exasperan. Casi cualquier cosa ceremoniosa que me digan con caras de circunstancias me pide a gritos que la desdeñe. Es algo patológico, creo, pero si alguien baja la voz, cambia su expresión a una angustiosa-apenada y te pide algo como si te lo rogara, todo con una voz que te obliga a acercar la cabeza al otro, me irrito y trato de restaurar una voz normal, una manera sana de comunicarse con el otro. A esto yo no estaba gritando ni mucho menos. Aún así, tras el odioso shhhhttttt le dije al greñas, con un tono de voz bajo pero sin dejar de ser una voz normal que "Hasta en mis tiempos se podía hablar en la biblioteca". Me replicó con otro shhhttttt. Evidentemente se refería a la otra persona en la mesa, pero ni siquiera era audible ni mucho menos molesto. "¿Qué?" Más shhhtttt. Entonces se levantó la persona en cuestión y mientras se alejaba de la mesa se dirigió a mí, no dejó de alejarse y apenas alcanzó a voltear la cabeza un segundo o dos mientras me increpaba. No entendí casi nada de lo que me dijo, pero lo hacía con un tono abiertamente agresivo. Creo que me dijo chavo, también creo que había un tono de pregunta. Me imagino que habrá sido algo así como si me iba a quedar ahí a hablar a altos volúmenes sólo para molestarla a ella con todas mis intenciones. Yo ni siquiera sabía que la persona en la mesa era una chica. Me indigné más que si hubieran pasado diez RTP's exclusivos para mujeres, tema que me sigue haciendo apretar los puños. Mientras trataba de procesar lo que me había lanzado, recargado con desgarbo en la silla, le pregunté al greñas qué había dicho. Al parecer, antes que yo llegara ya les había lanzado una bandada de reclamos a él y a su novia por hablar también. Me imagino que lo habría hecho tan rápido que para cuando me había sentado ya habían convenido en adoptar una actitud de absoluto silencio. Me abstuve de seguirla y responderle por puros motivos de practicidad: creía que había ido con alguna bibliotecaria a sacar un libro. Pero volteé y había dejado el que estaba leyendo: ¿Qué es la filosofía? de Deleuze y Guattari. Estaba decidido a que, cuando llegara, le reclamaría su tono evidentemente ofensivo -me dijo chavo- con uno implacablemente refinado y mamón. En todo el tiempo que me quedé allí no regresó. Nos pasó de largo y se perdió en los anaqueles. Dió vueltas y no volvió, aunque su libro y sus cosas seguían allí. Tuvimos que irnos antes de que regresara, ya era tarde. Yo estaba dispuesto a decirle:


"¿Oye? No entendí nada de lo que me dijiste cuando te levantaste pero me imagino que era porque estaba hablando, pero te alejabas y me dejaste sin poder responder, así que evidentemente no tenías la menor intención de hablar conmigo sino de advertirme o decirme algo sin importar lo que tuviera que responder, además que se te escuhaba un tono agresivo y ofensivo, creo que me dijiste chavo. La verdad ni siquiera había notado que estuvieras ahí, pero tampoco hablé fuerte, así que espero que no pensaras que hablaba sólo para molestarte. Eso sí habría sido ofensivo, pero no fue lo que pasó. Así que quien tenía ánimos de molestar eras tú, pues bastaba con decir si podía hablar más bajo o, en el peor de los casos, reprenderme diciendo que estábamos en una biblioteca y que no podía proferir una sola palabra, porque me imagino que más abajo del nivel de mi voz lo que sigue es no hablar. Pero no lo hiciste, te paraste para que no pudiera decir nada, me dijiste chavo con un tono agresivo y te fuiste. Entonces yo debería ser agresivo contigo. Te diré que no me agrada tu actitud. Yo pierdo la fe en la humanidad cada vez que salgo de mi casa, pero sigo creyendo que es posible tenerle fe, cosa que creo que deberías hacer. Ahora mismo, a pesar de haberme inmiscuido contigo porque te enojaste conmigo, no pierdo mi fe en la humanidad, pero tú deberías intentarlo. La verdad soy una pésima persona, pero deberías intentarlo."


La idea, por supuesto, era que se desesperara y echara a gritarme o que me abofeteara ante semejante mamonería mía. Que me golpeara habría sido maravilloso. Vaya que soy un marica quejumbroso, pero gente así es peor que todo. El greñas nos dijo, ya con el Mario Flores sentado en el lugar recién liberado, que la chava estaba emputadísima. Pues que vaya y se la cojan, pero que no me regañe innecesariamente cuando no hago ruido. Yo soy de los que no hablan ni en defensa propia en el cine o en clases o en la biblioteca. Trato de no meterme en las vilezas de nadie, hasta me da pena hablar por celular en un lugar cerrado. Yo hago mi parte, cualquier cosa que venga de afuera es un contratiempo para mí.


Varias horas de viaje


El jueves de mi borrachera absurda e infantil (soy de la opinión de Radha, ponerse hasta atrás no es la onda) le preguntaba a una amiga que se había sacado el premio del que les hablaba sobre qué iba a hacer con el dinero. Se iría a Nueva York. Cuando le manifesté mi empatía y mi entusiasmo ante semejante -y necesario- idea me preguntó si ya había ido. Mi respuesta fue la misma de siempre en el tópico de los viajes: "Una vez fui a Oaxaca, es lo más lejos que he llegado". A mis veinticuatro años no he ida más allá, le dije que ni siquiera tenía pasaporte ni visa ni cartilla militar y me dijo que las iba a tener. Le respondí que "no sabría decirle". Ella insistió optimistamente diciendo que no me estab preguntando, que me estaba diciendo que las tendría. Le dije que no sabría decirle y se rió amablemente y se acabó el tema. Viajar es una cosa maravillosa, me imagino, pero requiere gastos. En mi carrera es moneda común decir que uno de los objetivos a corto, mediano y largo plazo de uno es viajar. Nunca he entendido cómo es que una actividad supuestamente de esparcimiento se convierte en una meta profesional prácticamente dada por hecho. La verdad es que en el plano de viajar soy un malcogido. Una vez una chica con la que anduve me reprendió mi no afición a viajar y le dije lo de siempre: poco dinero. Me dijo: "Se llama vivir, Bob". Me estaba dando campo abierto para replicar pero me detuve. La cosa se vino abajo, al fin de cuentas. Mi posición, una vez obviado el asunto de mi baja y tacaña economía, es que viajar ha de ser bonito pero no me muero de ganas por que me cuenten cómo es que, allá, en un lugar diferente, la vida, la gente, la comida, las calles y las costumbres son diferentes. Es casi enternecedor escuhar a alguien maravillado de que otro lugar sea otro lugar. Cuando por fin vaya a Europa voy a regresar de mi viaje a hablar de nada más que de mi viaje a Europa hasta que la conversación llegué a los óídos de una chica guapa que también haya ido a Europa y que también desee con urgencia hablar de su viaje a Europa. Entonces vamos a hablar horas y horas de nuestras experiencias en Europa y nos vamos a hacer amigos "en Europa", es decir, hablando de Europa y de nada más. Cuando llegue un nivel de intimidad considerable, en medio de nuestras risas, le voy a decir: "Somos unos pendejos, vamos a enamorarnos".


No tengo ganas de arreglármelas


Rechazar los cargos de antipatía me pone muy nervioso. No se puede decir nada cuando te dicen: "No seas mamón", "wey, no mames". Si te dicen que eres un jodido antipático no te queda nada con qué defenderte. ¿Qué vas a decir? Nada. El caso es que el pasado jueves, evadiendo los cargos, me reclamaba el Mario Flores que no quisiera ir a la casa del ex preparatoriano graduado del que ya conté porque ya era tarde y no tendría cómo regresar. Me preguntó por los horarios de los camiones que me llevaban a mi casa (¿por qué hacerlo, uno se supone que conocería mejor su ruta de camiones?) y por otras maneras. Sugirió un taxi (no me subo a un taxi ni en defensa propia), sugirió varias soluciones. Entonces, evidentemente desesperado y sin ganas de condescender, me dijo:


Marioflores: Pues wey, te las arreglas y ya.

Bob: No tengo ganas de arreglármelas.


Uno suele escuchar frases que se le quedan grabadas en la cabeza por distintas razones. Por lo general dichas frases las profieren amigos o libros, pero aún así, en cuanto dije esto último, No tengo ganas de arreglármelas, me sonó a que allí estaba todo el problema. El problema es que no se me da la gana arreglármelas, pero hasta antier no sabía cómo decirlo. No se me da la gana arreglármelas. Ahí está el problema.



Necesito novia


Mi etiqueta de posts de 'necesito novia' ya es más una actitud que una súplica. Vivo con, no contra eso. El mismo miércoles pasado me llegaron pistas de que tal vez mi actitud estóica no es tal, sino una plena y simple necesidad. Mi maestra me dijo que necesito novia, así, que mi trabajo está my frío y que la madre y media y que vamos a presentarle una chamaca a Roberto o hasta dos. No se tocó el corazón y lo sugirió no una ni dos sino tres veces en el día, llegando la tercera a sugerir tres chicas. Yo sé mis límites, le dije. Afortunadamente cuando lo hizo no se encontraba alguna chica guapa cerca a la que pudiera parecerle patético que me recomendaran tener novia. En estos menesteres las chicas feas son un cero a la izquierda, pues si les parece material de burla uno siempre puede replicar con malicia, y si ocurre lo contrario siempre está la condescendencia, tan cálida, del sexo opuesto.

Más tarde ese miércoles, mientras hacía algunas cosas urgentes en la computadora, mi mamá, desde su cama, me decía:


mi mamá: Mañana es catorce de Febrero, Rober, ¿no tienes novia?

yo: Sí, mamá. Estoy aquí en la computadora.



Segunda llamada


Caja Rápida invade la ENAP. Viernes 22 de febrero 2008, 14:00 hrs. Todos invitados.

9 feb. 2008

Will you join me in casting these beautiful gems among the swine?


slowly going down


El jueves fuí al centro cultural ese "Estación Indianilla" porque iban a exponer (creo que sólo esa noche) un cuadro manufacturado por un servidor junto con lau, una amiga con quien suelo ir a bodas cristianas. A los pocos minutos de estar allí comencé a desinflarme rápidamente. Dios sabe que lo he intentado. Luego intenté abstenerme de alcoholizarme pero fracasé:

-¿No vas a tomar nada, Roberto?
-No.
-¿Nada nada?
-Tal vez después, ahorita no.
(entra mesero)
-¿Caballero, le gustaría algo de tomar?
-Tráigame un vodka.

Normalmente, desistir de participar en la ebriedad colectiva no es cosa de salud, sino de sentido común: tres pesos en la bolsa y así. Pero todo era gratis. No pasó mucho tiempo para terminar vulgarmente ebrio, aunque mis ánimos mejoraron, por lo menos. Hace tiempo que dejé de profesar la fe alcóholica, lo que no deja de ser incómodo, pero beber solo restituye cierta dignidad perdida. No recuerdo cuándo fue que dejó de serme prioridad. Tal vez tras aquella vez que, en una fiesta de la chica del greñas, me pusé brutalmente mal, al grado -mi primera vez- de no recordar cosas. La verdad yo creía que eso sólo pasaba en los comerciales y las películas ("Pasa en las películas, pasa en la vidad real", cuanta sabiduría tiene la publicidad). El lunes siguiente amanecieron solicitudes del hi5 de gente que, sólo después me enteraría, conocí aquel día:
-Greñas: ...Es su hermana. ¿Neta no te acuerdas, Bob?, que hasta le dio un llegue al mezcalito directo de la botella que traías y le dijiste: "A partir de ahora eres más hombre que yo".
-¡Oh, qué gran frase!

Como sea, todo acabó bien, no ganamos el premio que se podía ganar (y a juzgar por dos de los ganadores no estábamos ni remotamente cerca), pero, ¿quién necesita los concursos? Odio los concursos. Una vez, cuando niño, en un McDonalds rifaban entre los niños que se encontraban en la zona de juegos un carrito hot-wheels que lo mojabas con un hielo y cambiaba de color. Escribí mi nombre en un papelito con mi letra atropellada: Ro-ber-to Gar-cí-a. Cuando a un niño se le detecta mala letra ya no hay nada que hacer, es permanente, lo sé por experiencia. Todas mis boletas de primaria ostentan calificaciones arrogantes pero siempre con la recomendación: "mejorar letra". Y ahí está esta adolescente torpe que trabaja en vacaciones de verano y organiza los concursos del restaurante porque asegura que le gustan los niños y saca un papel: "Roberto G-gomez. ¡Qué coincidencia, otro Roberto!, pensé. Nadie respondió. La pendeja se las había arreglado para modificar el garcía por gomez. Y repetía el nombre sin dueño, y la indignación, con todo y mis ocho o nueve años, se apoderaba de mí y me negaba a decir que tal vez, sólo tal vez, se refería a mí. En serio, qué pendeja. ¿Por qué exagerar la mala letra? Habla mal de quien hace como que no entiende. Pereza mental, eso les digo. A la semana siguiente volímos al McDonalds y esta vez la empleada de la semana anterior no se equivocó. Justicia divina, supongo. Nunca he ganado nada que implique la ansiosa espera del nombre propio a través del micrófono, salvo aquella ocasión en primaria cuando gané un arcón navideño:

-Yo: Vas a ver que me voy a sacar el arcón. Me lo gano o dejo de llamarme Roberto García-Hernández.
-La causante de mis desvelos en primaria: Ay sí.
-La directora: el alumno Roberto García-Hernández...

Y todo es felicidad, más cuando tienes diez años, o cuando existe una causante de tus desvelos a la que no encuentras en el hi5 trece años después, o cuando estás borracho y llevas saco y camisa y el mesero te sugiere una posible remuneración antes de cerrar la barra porque cree que tienes para comprar tus propios sacos y camisas. Pero nos escabullimos a la salida, el Osbaldo y un servidor. Las propinas son un mal, me lo dijo una vez el Ruy y me quedó muy claro. Las propinas están mal, en serio, son un cáncer. Por ejemplo, el IMSS da a sus trabajadores una cantidad ridícula de "incentivos" por hacer su trabajo. ¿Hacerlo bien? No, sólo hacerlo, lo mínimo posible: bonos extras por no llegar tarde, por no faltar más de tres veces, por ir toda la semana. Al final del mes, un obrero de la salud que haya hecho lo que tenía que hacer gana algo así como una tercera parte más por no dejar de hacerlo. Es un ejemplo exagerado pero, en serio, ¿no hay algo mal en recompensar lo mínimo? También soy de la idea que los sindicatos son el arma del diablo. No puedo esforzarme o el sindicato... Es increíble, pero en el mismo siglo se crearon carreras para hacerse rico y organizaciones para trabajar lo menos posible. ¿O los sindicatos son del siglo XIX? Me da igual.
Y luego al día siguiente salgo y toda mi fe en la humanidad se va al diablo cuando me subo al rtp en Periférico, y llegó al salón y me vuelvo a desinflar, y me duermo hora y media. Yo pensé que, de vuelta en la escuela, todo se iba a poner mejor. Error. Y luego me dan motivos para dejar de desinflarme y dejo de hacerlo y acaba el día bien. No es justo. Ya casi no me emociono como antes. He estado escuchando mis discos viejos de Nirvana, en especial el Bleach, eso sí que me emocionaba. Mi recomendación de la semana: Love Buzz y Swap Meet. También he visto, con agrado, que el América se levanta. Ni por un segundo dudé de la victoria ante el atlético pumitas, aunque renegué varias veces cuando pudieron golear a Tecos. Ayer una chica decidió retirar su agrado por un servidor ante la afiliación de rigor:

-¿le vas al América?
-(silbido afirmador)
-Mmm, me caías bien

Ventilar la afición siempre viene a colación, sobretodo cuando uno se topa con esa banda que cree que el futbol arruina el país, separa familias, no es cultura y así. No hago menos que regodearme de aburrimiento cuando alguna analista sesuda y sin marido dice que el futbol es el mal porque nos distrae de los verdaderos problemas y mata el alma y demás. Claro que en extremos innecesarios ya es patológico, como aquel cuate que tenemos que, bien briago, saca la mitad del cuerpo por la ventana del coche y le grita a las prostitutas o a las patrullas: ¡Pumas! Hay tanta verdad en donde a uno le dicen que no la hay: las caricaturas, el futbol, los programas matutinos de variedad. Uno de los objetivos de mi vida, además de ser director técnico de un equipo de futbol llanero, es iniciar complejos ensayos con citas de caricaturas o comics del santos. En la prepa, como parte de un burdo -pero efectivo, snif- programa para apuntalar la autoestima, tus compañeros te escribían tus defectos y tus virtudes en un papel colocado en la espalda. Curiosa inversión, que te escriban condescendencias en un soporte habitual del "pateame" o "escúpeme" es como recibir medallas en la picota. A mí, en un comentario sin remitente, me escibieron "Ve muchas caricaturas".
En resumen, el alcohol sirve sin mucha grandiosidad, en un tono casi clínico, pero sirve. Lamento el tono anodino -más que de costumbre- de este post, hecho mientras veo el fut. Sigue sin ser justo, estoy convencido.


primera llamada
Colectivo Caja Rápida meets la ENAP, Febrero 2008. Estén pendientes.

4 feb. 2008

El optimismo me inunda

Fischli & Weiss, Suddenly this Overview, 1981
Sin gas
El miércoles se fue el gas. Las razones son simples pero no dejan de parecerme injustas: el recibo no había llegado y no nos enteramos de cuándo hay que pagar, se pasa el tiempo y te lo cortan de todos modos. Nunca había pasado. Hay que ir al día siguiente y pagar, además, la reinstalación. Putos, les digo. Como sea, lo extraño -y bastante estúpido de mi parte pero no lo puedo evitar- es que tras la tragedia doméstica menor me invadió un espíritu de solidaridad para con las medidas que habría que tomar en ausencia del flamable líquido. No conocemos ese invento del hombre blanco que es el microondas, ni siquiera sé cómo se escribe, pero tenemos un hornito. Pero volviendo al drama familiar, no sé, ante la adversidad me acomedí más de lo que acostumbro, gruñí menos, casi no pasé tiempo alzando el puño contra la compañía de gas natural, a pesar de que son unos putos; digamos, ofreciendo disculpas de antemano, que me sentí menos envilecido que de costumbre. Es todo lo que puedo decir.
Presas de sí mismos
Hace poco me enteré que en un poblado de Chiapas son presas de sí mismos: hay algo así como cinco patrullas para vigilar el pueblo, de las cuales sólo dos salen de ronda y las otras tres se dedican a oxidarse bajo el sol en el patio de la comandancia. La cosa es que últimamente ha habido montones de robos y demás. No es nada del otro mundo, pero suena triste: los delincuentes son locales. Esto no es lo interesante, sino lo siguiente: hasta antes de entrar a la prepa iba cada verano a casa de unos familiares lejanos pero, extraño, más queridos que otros más apestosamente cercanos. Vivían en un rancho grande por la frontera de Hidalgo, es un pueblo llamado El Carmen. Pasé muchos días de mis vacaciones desayunando el mejor huevo del mundo, caminando por milpas y comiendo dulces (tres de cada cinco casas tienen una especie de tiendita microscópica instalada en algún lugar). Toda la gente se conoce, cuando escuchaba las pláticas de los adultos sentado en la mesa de la cocina siempre hablaban de alguien y remataban su nombre con parentescos como 'el hermano de' o 'el primo de' o 'el que se casó con'. Me parecía increíble y me lo sigue pareciendo cuando me acuerdo. Salen y desde la barda se saludan amablemente. No fue sino hasta hace meses cuando pensé en algo que me llamó la atención: jamás vi un policía o una patrulla ni nada similar. Hace dos semanas volví a verles después de años y lo primero que le pregunté a mi tío (que realmente es mi padrino pero siempre me ha parecido una palabra larga e impersonal) fue si nunca había habido riñas entre pobladores, algún muerto, peleas campales en las que saliera a relucir el machete, justicia a la vieja usanza. Nada ni remotamente cerca; hasta hace un par de años colocaron un módulo de la policía de caminos en la entrada del pueblo (sólo hay dos caminos: uno sale y otro entra), aunque fue puesto como una medida de esa lucha encarnizada contra el narco, por lo que no se meten ni un centímetro adentro, más bien se quedan con la vista puesta en la carretera. Y allí están estas personas que no se matan entre ellas, que no aprietan los dientes ni se gruñen entre sí. Cuando los vi allá en La Villa, entre miles de peregrinos que comían afuera de la iglesia y parecían pasárselo bien mientras descansaban pensé que me gustaría ser creyente, mucho, que todo sería más fácil. No sé si sea cosa de depositar la moral en la fe (lo cual considero impensable), pero hay algo de cándido en trabajar, cansarse, comer bajo el sol y regresar a casa. En verdad, la idea de cansarse, comer y dormir me parece tan lobotómicamente apacible. Y allí estaba yo, en un acceso sincero y relajado de humanidad, cuando entre el mar de fieles, la chica más guapa que haya visto en mucho tiempo acudía a una carpa improvisada donde un padre subido en una tarima, sentado frente a una mesa con monedas que llegaban con rapidez, aplicaba eyaculaciones de agua bendita de una cubeta con una indiferencia monumental. Ya es cosa clínica, necesito novia.
Dulces varios
Hoy comí dulces hasta que mi sistema nervioso me lo permitió. Inútil enumerar cuántos y cuáles, valga decir que acarrear las envolturas al basurero de la cocina me llevó dos viajes. Mientras revisas la bolsa del botín de dos niños que, por lo mismo, reciben dos bolsas en las fiestas de cumpleaños, encuentras algunos elementos extraños, te das cuentas que también los dulces cambian a través de los años. Me comí tres cabezas de Elmo de gomita. A diferencia de los jugos Jumex de uva y manzana, que hacen que me duela la cabeza después de cinco o seis, los dulces básicamente me ponen los nervios de punta, me siento más intranquilo que de costumbre, lo que ya es decir algo. Recuerdo haber estado en un convivio en la escuela, con demasiada carne en el estómago e ingiriendo helado directo del envase, de los tres envases. Estuve paralizado un buen rato. Se supone que haría ejercicio, cierto, pero cómo te contienes cuando tienes dos kilos de dulces varios en las piernas. Algunos dulces, estoy seguro, estarán allí mucho tiempo todavía antes de ser tocados: una paleta de calavera que sabe a refresco de cola -hubo que probarla para saber qué carajos era-, otra en forma del tigre insoportable de winnie pooh que se ve inmasticable, paletas que parece que las hacen en el sótano de una casa emprendedora, gomitas polvosas. Prometo fotos cuando se pongan francamente amenazantes.


diálogo que me gustaría escuchar

chica increíblemente atractiva 1: ¿No crees que hacemos sufrir a algunos hombres nada más con salir a la calle, que los llenamos de una impotencia abrumadora cada que alguien nos ve? Nunca se me había pasado por la cabeza pero se me ocurre que es algo importante.
chica increíblemente atractiva 2: Yo soy hombre.


Recomendaciones de la semana

Ya vi algunas cosas del festival este de documentales, recomiendo ampliamente Lovely Andrea y November de Hito Steyerl que están jodidamente interesantes y sobretodo Kurt Cobain: About A Son de A.J. Schnack. Si son de esos que no le hacen o no le hicieron a Nirvana, qué pena en verdad, la película es bien emotiva y capaz de sacar lágrimas, como cuando Kurt habla de cosas a largo plazo, dentro de diez años, o sea hace unos cinco o seis; gran momento para el amargado que le aburre el rockcito actual, que no se le hace chistoso y que no se emociona con Radiohead cuando Kurt dice que el rock ya es cosa de poses y letras anodinas y monkey bussines y comenta que dentro de veinte años las cosas sólo estarán peor y más aburridas. También despotrica contra los periodistas de rock. También ponen Son Of A Gun en la versión original de The Vaselines, qué cosa más llegadora. Hasta al Greñas, que no le entra a Nirvana, le gustó, así que denle una ooprtunidad. Qué feliz era cuando descubría a Nirvana y escuchaba el unplugged todo el día y aprendía a tocar la guitarra tocando Dumb. Por alguna razón jamás me aprendí On A Plain. Hay partes de la adolescencia que a uno no debería prohibírsele recordar con curislería.
Ah, y háganse un favor y vayan pero ya a la Sala de Arte Público Siqueiros a ver La Confabulación del Cenicero de Mónica Espinosa, desde ahorita le doy mis cinco estrellas en lo que va del año, así, sin más.

Ahora mismo se me antoja un dulce.
(mientras intento salvar las fallas de blogger al momento de comerse renglones y espacios pierdo todo el optimismo, puta madre, odio a blogger)