9 sept. 2007

Mi infancia vol.1

Cuando era niño usaba gorra. Aclaro de una buena y rápida vez que siempre consideré a la palabra cachucha muy inferior, y más aún a sus hablantes; gorra no es una palabra particularmente bonita de decir, pero cachucha suena a intención de molestar. Ok, continuo: decía que de niño usaba gorra, no la usaba de vez en cuando, la usaba siempre, hasta los quince o dieciseis años más o menos. Apenas salía de la primaria y estaba libre para usar mi gorra. No la usaba en casa, pero no era muy factible verme en la calle, en horas no escolares sin una gorra, algunas entrañables, como una de los San Antonio Spurs que me gustaba por el color cenizo-sucio y por su increíble precio de $14 000, otra de los Miami Dolphins blanca u otra de los DallasCowboys que sólo tenía la estrellita azúl. No había mucha ciencia, usaba gorra para evadir la responsabilidad de peinarme, carente de mucho interés, mi cabello era negro, lacio y aburrido. Usar gorra era algo así como una medida profiláctica, qué incómodo me resultaba dedicarle tiempo a peinarme cuando podía jugar nintendo o futbol. Días felices eran los días de educación física, cuando llevaba gorra a la escuela. Aquí reside el motivo inicial de este post. No se le deja vivir en paz al que usa gorra. Por supuesto, hoy día la gorra me ha legado a servir para marcar claras diferencias sin necesidad de usar la experiencia. El útimo sujeto que de antemano pensaba era un cretino usaba gorra, el último profesor que tuve que ejercía su puesto sin un titulo de licenciatura gracias al nepotismo más obvio usaba gorra (jamás le vi la calva, aún cuando fui a su casa un par de veces), me imagino que los conductores de nuestra radio alternativa usaran gorra o capuchas de sudadera (ok, sé que se les dice hoodies, vale). Como sea, la vida es difícil para el niño que osa usar gorra. Desde aquella vez que mi preciada de los dallascowboys terminó en una cacerola gigante de grasa de cerdo hasta aquella en que mi flamante modelo de los miamidolphins versión negra acabó en algún punto de los confines restringidos de la montaña rusa de la feria de chapultepec, eso sin contar las múltiples monsergas de quitársela a dos o tres lerdos que, años después, uno se entera de qué ha sido de ellos y se avergüenza de llamarles lerdos. Hoy día que las gorras de camionero han proliferado no es muy recurrente recordar las gorras de la infancia con el matíz abusón y lúdico de antes, pero, en serio, ¿ es en verdad irresistible quitarle le gorra por la viscera a un niño rechoncho? Recuerdo hace un par de años en una fiesta de disfraces, a Mario con una de la policia de Tijuana. En aquellos días el Pulque todavía se juntaba con nosotros, y junto con greñas y un servidor tratamos de revivir la camaradería quitándole la gorra a la menor provocación. No tuve mucho tiempo para sopesar el placer de hacer esto porque Mario ardía en cólera la primera, la segunda, la tercera y las muchas veces que se la quitábamos. Tal vez allí estaba el chiste, como sea, que chinguen su madre los abusones de mis gorras. En algún momento le dije a mario: "Mira wey, primer y único consejo, entre más la quieras de vuelta, más te la van a quitar", respiró hondo y me dijo "Ya ca'on, dónde-está-mi-cachucha?". En conjunción con mi adolescencia, vino la segunda y un poco menos impopular medida para evitar peinarme: dejarme el pelo largo, método que aún sirve. Recuerdo un par de ocasiones en que era el mundo adulto el que se metía con mi haraganería y poco cuidado personal: una vez en que me llevaron a una iglesia rara donde todos gritaban muy fuerte y se daban las manos una madre de familia me recomendó recibir al señor sin gorra, "por respeto". He allí el punto, ¿cómo coños puede uno considerar irrespetuoso el que alguien en el mismo cuarto que tú use una gorra? Cuando entré a la prepa, en los últimos días de la gorra, el mismo "reglamento de convivencia de prepa 6" (un panfleto hecho en word por los que formaban el comité de bienvenida y porras allá por 1998) le dedicaba un apartado, en la sección de qué no hacer, a las "cachuchas". Decía que por respeto a los maestros y a la intitución no debía usar gorra en el salón de clase, ya que siendo equipo deportivo no tenía qué hacer en un aula; futa, qué bueno que nunca me vieron los pies o me quitaban los tenis de correr que usaba para caminar. El papelito con intenciones de ser amable tenía largo alcance, eran más los eskatos (moda en repentino florecimiento en esos años) que la usaban y luego se veían forzados por profesores que, en efecto, se sentían ofendidos por la gorra. Tal vez todo radica en el tono de voz con que se le pide a un quinceañero que se la quite. Te hablan con la misma voz con que te dirían que vaciaras tus bolsillos para ver lo que seguro te robaste, como si no entendieras, de principio, que no deberías llevarla y con mayor razón no hay mucho sentido en dar muchas explicaciones, sólo quítatela. OK, mucha gente que conozco hoy día usan gorras y son grandes personas. Como sea, es una vida difícil la del niño que usa una, sobretodo cuando ni eres un matón ni tienes el fracaso tatuado en la frente y sientes que mereces usar gorra y que se te trate como normal. Grave complejo.
Ah, y particular cariño para la maestra toñita que me dió sexto de primaria, la mejor maestra que he tenido y la única que era lo suficientemente lista para dejarme usar gorra y personalizar mi banca.

Y aprovechando que este blog sólo lo lee un servidor y Le corriendo despacio de vez en cuando, aprovecho para anotar algo que seguro si no anoto se me olvida: LA MER DU GLACE EN UNAS LÁMPARAS DE NEÓN

1 comentario:

Corriendo despacio dijo...

"Me imagino que los conductores de nuestra radio alternativa usaran gorra o capuchas de sudadera"

No solo amo usar gorras u hoodies, todos lo saben, ahora mis dibujos estan llenas de esos personajes. Debería montarme una expo con ellos y dejar que este sea el texto curatorial, hay mucha verdad en sus palabras.

Es lo malo cuando uno se clava my dear Bob, mucha gente lo leerá pero pocos lo admitirán. A mi me encanto su post y por su pollo la expo de la Jumex en Puebla de los ángeles "Baygon casa y jardín" Ji ji ji.